Nicolai Klimii iter subterraneum (Viaje al mundo subterráneo)

•abril 18, 2016 • Dejar un comentario

Ludvig Holberg está considerado el padre de la literatura danesa y noruega moderna. Aunque nació en la actual Noruega en 1684, por aquel entonces los reinos de Dinamarca y Noruega se encontraban unidos, con preponderacia política y cultural danesa (por los estragos que la Peste Negra causa en la vecina Noruega). Tras viajar en su juventud por toda Europa, acabó optando a diversas posiciones públicas en Dinamarca, mientras desarrollaba una productiva carrera literaria que produjo numerosas obras teatrales cómicas, poemas, ensayos y tratados históricos, con la adición de una única novela, la que nos ocupa en esta entrada.

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Tras haberla escrito posiblemente en su juventud, y temiendo la reacción que la mordaz sátira que impregnaba sus páginas pudiera suscitar (poniendo en peligro sus cargos públicos), acabó publicándola en 1741… en latín y en Alemania. El gran éxito de esta edición propició su “traducción” al danés en 1742 y, sobre todo, que la obra alcanzará una difusión y popularidad que difícilmente hubiera conseguido de otro modo.

La novela se encuentra evidentemente inspirada en “Los viajes de Gulliver” (Jonathan Swift, 1726), al narrar el periplo fantástico del noruego Niels Klim por los reinos del interior de la Tierra, lo que le sirve al autor para repartir críticas y alusiones más o menos veladas hacia los comportamientos hipócritas de sus contemporáneos, sin ahorrar munición contra el clero, el funcionariado, los académicos e incluso la monarquía. Aunque al igual que hizo Luciano de Samosata con “Historia verdadera” no existe en ningún momento intención de pasar por ciertas sus ocurrencias (en evidente crítica también hacia los libros de viajes fantasiosos, que tantos siglos después seguían proliferando), se ha etiquetado a menudo la historia de Niels Klim como de proto ciencia ficción, por ser uno de los primeros ejemplos del uso en la ficción de la hipótesis de la Tierra Hueca.

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El planteamiento científico de esta hipótesis se lo debemos a Edmond Halley, quien en 1692, para explicar las anomalías del campo magnético terrestre (y de paso las auroras boreales), propuso que el interior de nuestro planeta contiene otras tres esferas concéntricas, de los diámetros de Marte, Venus y Mercurio, con una atmósfera luminosa ocupando el espacio entre las sucesivas capas. El concepto alcanzó el pico de su popularidad en torno a 1818, gracias a los esfuerzos de John Cleves Symmes, quien casi consiguió que el gobierno de los EE.UU. le financiara una expedición del Polo Norte en busca de una de las supuestas entradas al interior de la Tierra. En algún momento entre estas fechas, alguien (se ha propuesta sin una base firme el nombre de Leonhard Euler) propuso que en el interior hueco de la Tierra podría incluso existir un sistema solar en miniatura, hipótesis que emplea Holberg en su narración (posiblemente porque fue la idea más descabellada con la que se tropezó).

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La historia nos la narra el propio Niels Klim, quien nos relata cómo, tras licenciarse con honores en filosofía y teología en la universidad de Copenhague, decide investigar una caverna en una montaña cercana a su ciudad natal de Bergen (la misma de Holberg). Al explorar una sima, la cuerda que lo sostiene se rompe y empieza a caer, y caer y caer… hasta que surge de nuevo a la luz del sol, aunque no se trata del Sol terrestre, sino de uno que alumbra el interior hueco de nuestro mundo.

Ese espacio contiene también un planeta (Nazar, como descubre más tarde), que orbita durante un tiempo (siendo confundido con un cometa, al arrastrar todavía tras de sí parte de la cuerda), antes de que un ave gigantesca lo haga precipitarse hacia el mundo, que encuentra habitado por una raza de árboles inteligentes. El mayor reino de Nazar, allí donde aterriza, es Potu, un estado utópico en el que Niels pronto es empleado de acuerdo con sus aptitudes… como mensajero. Esta baja ocupación le permite al menos conocer el resto de estados de Nazar, como por ejemplo el reino de los filósofos, una parodia de la República de Platón en el que todos están tan ocupados pensando en abstracciones que lo cotidiano (incluso las mujeres) se encuentra desatendido. Por último, a nuestro protagonista se le ocurre que el único método de escapar de tan deshonrosa posición consiste en realizar una propuesta política popular, para lo que sólo se le ocurre sugerir el privar a las mujeres de sus derechos (que son idénticos en todo a los varones, con los cargos otorgados a quien reúna más méritos independientemente de su sexo, así que es muy posible que Potu sea la primera utopía feminista).

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El resultado de la clamorosa derrota de su propuesta es el destierro inmediato, que se verifica por medio de unos pájaros capaces de transportar cargas entre Nazar y el Firmamento (el interior de la corteza terrestre). Esto, junto con ciertos detalles al narrar el primer tránsito, sugieren que Holberg estaba familiarizado con “The man in the Moone“, de Francis Godwin (1638), reforzando sus credenciales como una obra de ciencia ficción temprana.

En el Firmamento, las aventuras de Niels Klim van cobrando una naturaleza cada vez más desquiciada. Su primera parada es Martinia, una tierra habitada por monos parlantes, que de nuevo lo juzgan poco capaz y lo hacen porteador. En este caso, sin embargo, sus empeños por mejorar de posición obtienen mejor fruto, pues logra introducir en el reino la moda de las pelucas (con resultados hilarantes), obteniendo fama y fortuna… situación que se ve truncada por las aproximaciones amorosas de la mujer del emperador (una constante a lo largo del viaje, la del acoso sexual al que someten una y otra vez al pobre Niels).

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Esclavo en galeras, Niels participa en un viaje comercial que es todo un derroche de imaginación. Visitando entre otros estads el imperio de Mezendore (donde los animales gobiernan, con los agentes de aduana siendo lobos, los clérigos burros (por la potencia de su voz, que no por ninguna otra razón, por supuesto) y así con todas las especies bien asignadas a una profesión acorde con sus “virtudes”. A bordo del navío conoce también la obra de un explorador mezendorano del mundo exterior, que describe para pasmo de sus conciudadanos las características de los grandes países europeos (punto en que la sátira alcanza su nivel más sangrante).

Por último, tras un naufragio, Niels llega al reino de Quama, el único habitado por humanos, aunque son éstos tan simples e ignorantes que el suyo es el estado más mísero del interior de la Tierra. Por fortuna, ahí está él, y gracias a sus consejos no sólo derrotan a sus belicosos vecinos (incluido un reino habitado por tigres inteligentes), sino que poco a poco van construyendo un imperio, e incluso acaban nombrando a Niels emperador, iniciando una política expansionista que le lleva a conquistar todos los estados del interior de la Tierra.

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La narración va oscilando así entre la sátira despiadada (dirigida contra religiosos, académicos, gobiernos y funcionarios por igual) y la parodia exagerada de los libros de viajes y de aventura, ganando en agilidad (si bien pierda un poco de enfoque) a medida que va avanzando la historia.

No hay ascenso sin caída, así que antes de volver accidentalmente a la superficie, Niels lo pierde todo debido a su orgullo, regresando a su hogar trece años después de abandonarlo, con un montón de historias descabelladas y un aro de oro a modo de corona para dar razón de su prolongada ausencia.

Con “Viaje al mundo subterráneo” (tal y como se ha sido traducida al español), nos encontramos con un ejemplo más de los fantásticos viajes satíricos que proliferaron durante los siglos XVII y XVIII, y que precisamente por la necesidad de exagerar las vicisitudes de sus protagonistas constituyen cuando menos esbozos de los temas e ideas que en siglos posteriores acabarían nutriendo a la ciencia ficción. A los ya mencionados cabría añadir, por ejemplo, “Historia cómica de los imperios y estados de la Luna”, de Cyrano de Bergerac (1662) o el cuento “Micromegas“, de Voltaire (1752), o inspirada en todas ellas el “Icosameron”, de Giacomo Casanova (1788).

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Ciertamente, las aventuras de Niels Klim parecen gravitar más hacia la fantasía desbocada, con la mayor parte de sus elementos de ciencia ficción carentes de originalidad… salvo por el escenario de la Tierra Hueca. La novela se convierte así en precursora de títulos como “Symzonia” (1820), “Viaje al centro de la Tierra” (Jules Verne, 1864) o las utopías feministas “Mizora” (1880), “Etidorhpa” (1895) y “NEQUA” (1900), y así hasta la serie de Pellucidar de Edgar Rice Burroughs (iniciada en 1914 con “En el corazón de la Tierra”). A partir de entonces, el descrédito científico del concepto (por no hablar de la apertura de todo un universo en el que ubicar las fantasías más desbocadas sin necesidad de recurrir a improbables formaciones geológicas) hizo que la Tierra Hueca pasara a formar parte de los descartes del género, apropiada tan sólo como homenaje nostálgico a una ciencia ficción dejada atrás.

Su vertiente satírica, sin embargo, mantiene mejor el tipo, pues al fin y al cabo el ser humano hoy no es muy diferente del de hace casi tres siglos (y basta con leer libros como éste para corroborarlo). Ciertamente, algunas de las referencias quedan descontextualizadas por el tiempo (y el espacio, que después de todo no creo que haya muchos por estos lares que puedan presumir de conocimientos profundos sobre el reino de Dinamarca y Noruega del siglo XVIII), pero muchos de los vicios que critica Holberg a través de su obra son universales (a mí en particular me ha hecho mucha gracia el método por el que se confieren honores académicos en Martinia: al candidato se le echan encima tres cubos de agua perfectamente pura, luego se lo unge con aceites perfumados y por último se le da un vomitivo para que expulse todo lo que lleva dentro… No han cambiado mucho las cosas, no).

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En el Proyecto Gutenberg podéis encontrar el texto en finés, neerlandés y (supongo que de mayor utilidad) inglés (en este último caso, con una traducción que data de 1845).

Otras opiniones:

Hartmann, the anarchist

•abril 13, 2016 • Dejar un comentario

Hacia finales del siglo XIX varias ideas confluyeron en Inglaterra para dar lugar a un subgénero dentro de la ciencia ficción temprana que combinaba la fiebre por conquistar el aire con vehículos más pesados que éste con una sensación de crisis económica, política y social, lo que se ha venido a denominar espíritu de fin de siècle. Inspirados en “Robur el conquistador” (Jules Verne, 1886), aparecieron varias obras que plasmaban esta inestabilidad en tecnológicas amenazas aéreas, bien en manos de una de las peores manifestaciones de la misma, el por entonces muy activo terrorismo anarquista, bien como sombra anticipatoria de las grandes guerras del siglo XX (subgénero éste de la guerra futura que, obviamente, dejó de resultar atractivo con el estallido de la Primera Guerra Mundial).

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Una de sus primeras manifestaciones llegó de la mano de Edward Douglas Fawcett en 1893, con “Hartmann, the anarchist, or, the doom of the great city”, aparecida en The English Illustrated Magazine (entre junio y septiembre, por lo que empezó a publicarse después, pero terminó antes, que “The angel of revolution”, de George Griffith, publicada en Pearson’s Weekly entre enero y octubre).

Fawcett fue un escritor, poeta y articulista, asociado a la Teosofía, que a lo largo de su vida publicó tres novelas de ciencia ficción, siendo la que nos ocupa la primera. A ella siguieron en rápida sucesión “Swallowed by an earthquake” (una ficción de Tierra Hueca, en la que los protagonistas se ven arrojados un mundo subterráneo prehistórico, claramente deudora de “Viaje al centro de la Tierra”) en 1894 y “The secret of the desert or how we crossed Arabia in the Antelope” (un viaje extraordinario por los desiertos de Oriente Medio a bordo de un tanque anfibio, con descubrimiento de imperio perdido incluido) en 1895. A partir de entonces, quizás por no haber obtenido la repercusión esperada (o por haber quedado eclipsado bajo la alargada sombra de H.G. Wells y en menor medida de George Griffith) su obra parece centrarse en la “no ficción” (y entrecomillo lo de “no ficción” por su orientación teosófica).

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El que su obra no estaba suficientemente equipada para competir con sus contemporáneos queda claramente de manifiesto en “Hartmann, the anarchist”, un relato sin la complejidad filosófica de Wells ni el talento para el espectáculo de Griffith (quien en 1895 corregiría y ampliaría enormemente los temas abordados por Fawcett con “Los forajidos del aire“). Sin embargo, la breve novela no está exenta de méritos, y aunque permaneció en el olvido durante décadas, vale la pena recuperarla por su enfoque descarnado sobre un tema tan peliagudo (sea hace ciento veinte años como hoy) como es el terrorismo (y el odio y la sinrazón que lo engendran).

El protagonista y narrador de la historia es Arthur Stanley, un joven político que unos veinticinco años en el futuro (es decir, en torno a 1920, una vez concluida un gran guerra europea), se alinea con el socialismo moderado, que busca la reforma gradual de la sociedad a través de los cauces democráticos. Pese a estos ideales, por afinidad ideológica se encuentra cercano a elementos más radicales, que asociados al terrorismo anarquista buscan incitar la revolución violenta y la destrucción de la sociedad.

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El más prominente de entre los agitadores es Rudolph Hartmann, un terrorista presuntamente muerto una década atrás, tras atentar contra el rey provocando una matanza. Por su asociación con estos elementos (y con la madre de Hartmann, una pobre mujer que intenta todavía asimilar la naturaleza brutal de su hijo), Stanley acaba sabiendo de la reaparición del anarquista, lo que no hubiera podido anticipar es que regresa de la tumba al mando de un vehículo terrible, una aeronave, a la que llama el Atila, capaz de llevar la destrucción, impunemente, al corazón mismo de la ciudad que odia.

Por una serie de circunstancias, Stanley acaba como huésped involuntario del Atila, y a bordo suyo asiste impotente al bombardeo al que somete Londres (complementado con el vertido de petróleo en llamas y con la acción de unos pocos miles de agentes provocadores en el suelo, coordinados para contribuir y propagar el terrible incendio). A la postre, el joven logra que lo dejen ir, con la promesa de ocuparse de comprobar el estado de la madre de Hartmann (quien debería haber abandonado Londres tras las insinuaciones de su hijo, mas engañada por sus propias expectativas, ha permanecido en su casa).

Hartmann

Sin entrar en demasiados detalles que puedan malograr la lectura, las cosas no terminan de ir del todo bien para Hartmann y sus secuaces. Sí, Londres y sus habitantes sufren enormemente bajo su ataque, pero a la larga su plan está condenado al fracaso. La escasez de medios para doblegar a toda una ciudad (pasada la sorpresa inicial), junto con ciertos golpes personales muy previsibles, conducen a la destrucción del Atila y a la muerte de Hartmann, el anarquista, y así un nuevo día amanece sobre el imperio británico, conjurado por el momento el pelibro (aunque Stanley no puede evitar especular sobre las consecuencias de la proliferación de ese tipo de ingenios entre los ejércitos del mundo).

Como se puede apreciar, es básicamente la trama de “Robur el conquistador”… convirtiendo a Robur en un terrorista anarquista (lo cual no es poca novedad). Eso sí, la ficción de Fawcett es mucho más violenta que la de Verne, y las motivaciones de su villano van más allá del desprecio hacia la humanidad, entrando de lleno en el terreno del odio virulento. La ideología de Hartmann resulta aterradoramente familiar. No busca sino destruir una sociedad que detesta, utilizando para ello, irónicamente, un avance tecnológico (lo que busca es un mundo más simple, que corrija el error de la revolución industrial y todos sus males asociados; un borrón y cuenta nueva, aunque ello suponga cercenar el miembro gangrenado y matar a millones de personas).

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Sí, la excusa es distinta, pero en el fondo los terroristas de ayer y de hoy buscan lo mismo, el derrumbe de la sociedad que odian, y sin duda “Hartmann, the anarchist” fue capaz de prever el alcance que esta oposición podría llegar a tener (por no hablar de la amenaza de los posibles quintacolumnistas, camuflados hasta la hora de propinar el golpe en el seno mismo de esa sociedad). Otro aspecto a destacar es cómo la tibieza inicial del protagonista en su rechazo a las proclamas violentas (que, después de todo, buscan un fin similar al suyo propio), va evolucionando hacia una condena sin paliativos cuando por fin es testigo de la barbarie… lo cual no deja de hacerlo culpable, cuando menos, de tolerancia. En ese sentido, la novela puede leerse como un rechazo sin ambages hacia las aspiraciones de implementación de cualquier reforma social, por muy deseable que pueda ser, por medio de la violencia (y todo ello una década antes de la revolución rusa y sus terribles consecuencias). Fawcett se posiciona así muy claramente en una cuestión muy candente en su tiempo (y a lo que se ve y escucha, no totalmente superada).

Por último, cabe hacer mención de la singularidad del Atila, que al contrario que buena parte de los vehículos aéreos imaginados en su época no obtiene la sustentación a través de rotores como un helicóptero, sino que se emparenta más bien con los dirigibles, al estar constituido por un enorme casco hueco (de un nuevo metal, ultraligero pero muy resistente) que almacena hidrógeno. Un aeroplano, dispuesto no transversal, sino longitudinalmente sobre el casco, proporciona sustentación adicional una vez en movimiento, gracias a tres propulsores de hélice posteriores (alimentados por motores eléctricos). No es que tengo mucho sentido (y por supuesto, nada como eso llegó a volar nunca), pero es un diseño que ofreció grandes posibilidades al ilustrador Fred T. Jane (como puede apreciarse en las imágenes que acompañan a esta entrada). Es una pena que la prosa de Fawcett fuera incapaz de transmitir el dramatismo que esas imágenes evocan.

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Como decía al principio, prácticamente todo cuanto ofrece “Hartmann, the anarchist” lo mejoró un par de años después George Griffith con “Los forajidos del aire” (que sin duda guarda una deduda inmensa con su predecesora), pero precisamente por ser una obra más “seria” (menos dada a dejarse llevar por el sensacionalismo), sus villanos resultan más creíbles, menos folletinescos y, por tanto, más aterradores.

Rescepto: Año dos

•abril 11, 2016 • Dejar un comentario

Rescepto Indablog entró en su segundo año huérfano de propósito. Muerto y enterrado Rescepto, el ezine, la única opción de supervivencia pasaba por redefinir su propósito y “diseñar” una estrategia de actualizaciones.

Como resultado, 2008 vio un enorme incremento en el número de entradas, 128, a razón poco más o menos de una cada tres días (lo que quedaría establecido por muchos años como la periodicidad-objetivo), y sobre todo fueron los meses durante los que se empezó a consolidar la orientación del blog hacia la crítica (o la reseña, o algo así; la verdad es que por entonces no estaba la cosa muy clara).

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Para empezar, prosiguió esa querencia del primer año por las críticas cinematográficas, con 21 películas comentadas (dos de ellas, recicladas de un blog previo, una estrategia a la que recurrí ocasionalmente durante los primeros años, hasta que se me agotó la reserva, para mantener la periodicidad). Destacaría quizás mi diatriba contra Sunshine, por prostituir la ciencia y tener la desvergüenza de sacar pecho por su supuesta rigurosidad. Y es cierto que muchos de los comentarios (Los crímenes de Oxford, 10.000, Max Payne, The Spirit…) fueron negativos; por fortuna también hubo ocasión de alabar buenas películas (Iron Man, Wall-e…), e incluso dejar otras en una imprecisa tierra de nadie (Speed Racer).

En cuanto a las críticas literarias, he de confesar que tardaron en asentarse. Por aquel entonces colaboraba escribiendo artículos semanales para el portal Scifiworld, y allí era donde publicaba preferentemente mis reseñas. Luego, en el blog redactaba una entrada redirigiendo allí, a menudo ampliando información, como cuando hablé de Henry Rider Haggard con motivo de la publicación en Scifiworld de mi reseña de “Cuando el mundo se estremeció” (que tiempo después reutilicé en el blog); o de William Hope Hodgson, por la de “La casa en el límite” (que tuvo el mismo destino).

Rider Haggard

Al cabo de unos meses, sin embargo, mi relación con Scifiworld se enfrió. Hubo un cambio de política con respecto a las colaboraciones, y no me gustó cómo se gestionó (o no se gestionó) mi encaje en el nuevo sistema. Así pues, una vez cogida la costumbre de escribirlas regularmente, las críticas que anteriormente iban a parar allí acabaron engrosando directamente los contenidos del blog (aunque a veces me daba por los títulos creativos o las mezclas extrañas, como en Un anillo alrededor de la casa de cristal, donde examiné conjuntamente “Un anillo alrededor del Sol” de Clifford D. Simak y “La casa de cristal” de Charles Stross… en una comparación no demasiado laudatoria para este último.

Al cabo del año, había publicado 26 críticas literarias, más de la mitad de ellas (16 para ser exactos) de libros de autor español recién publicados, utilizando así el blog como herramienta para la promoción del fantástico nacional (que buena falta le hace). También publiqué el primer homenaje con motivo del fallecimiento de un autor, más específicamente, el 19 de marzo surgió la noticia de la muerte de Arthur C. Clarke, y unos días después publiqué también en su honor mi reseña de “Las arenas de Marte“, una práctica ésta de honrar a los autores recién fallecidos que he procurado mantener hasta la fecha.

Arthur C. Clarke, 1952

Para diciembre, el blog ya se parecía bastante a aquello en lo que ha acabado transformándose, con algunas de las críticas de las que estoy más satisfecho, como la de “Más verde de lo que creéis“, de Ward Moore, o mi análisis en dos entradas de “El estanque de la Luna“, de Abraham Merritt.

Pese a esta recién descubierta vocación, a poco que hayáis hecho números os habréis percatado de que entre comentarios de libros y de cine, e incluso añadiendo un puñado de avisos de artículos en Scifiworld, aún falta dar fe de muchas entradas hasta completar el número de las 128, y me temo que en su mayor parte se trataba de puro relleno.

Os recuerdo que Facebook aún no estaba implantado, así que, ¿qué mejor sitio que el blog parlotear un rato? Durante el 2008 publiqué así varias entradas sobre cómo veía el panorama el fantástico (una pista, igual de mal que ahora, sólo que, para lo que sirve, ya paso de quejarme), alguna noticia conectada de algún modo al desaparecido ezine y, por supuesto, novedades sobre el primer libro que publiqué, la antología de ciencia ficción “El rayo verde en el ocaso“.

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Una docena o así de entradas estuvieron dedicadas a avances, presentaciones o críticas aparecidas en torno al libro, con un número similar dedicado a otras actividades relacionadas con la literatura. Hoy todo eso (y algo más) lo he movido a mi página de autor en Facebook, dejando el blog sólo para las noticias más relevantes, pero por aquel entonces no había otro modo de gestionar la autopromoción (tampoco es que ni ayer ni hoy funcione demasiado). Supongo que sería por esas fechas que empecé a trabajar en los widgets esos de la derecha, añadiendo las páginas específicas de “El rayo verde en el ocaso” y la de Acerca del autor (así como el primer índice).

Eso sí, no todo fue de interés tan efímero. En el 2008 escribí uno de los artículos que más visitas ha tenido en la historia del blog (junto con un par de tonterías que, inexplicablemente, también coparon buena parte del tráfico de los primeros años y que no quiero mentar, no sea que se despierten), me refiero al ensayo sobre las chicas del radio, que escribí con motivo de la documentación para una charla. A lo largo del último año aún ha sido consultada por 73 visitantes, y acumula por sí sola más de 1.500.

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Al finalizar el segundo año de vida de Rescepto el número de visitantes diarios se había duplicado hasta llegar casi a los 100, pero más importante aún fue el hecho de que empezaba a definir su “personalidad”. A partir de ahí, la evolución ya ha sido cosa de pequeños (o no tan pequeños) cambios de enfoque… claro que eso será tema para las futuros repasos anuales.

También en esta serie:

I Taller de Cuentos de Terror (en Bibliocafé)

•abril 9, 2016 • 8 comentarios

Permitidme romper por un día la nueva orientación del blog y regresar a aquellos tiempos en los que, de vez en cuando, lo utilizaba para anunciar alguna novedad sobre mis proyectos literarios. La ocasión, creo, lo merece, pues a lo largo de mayo y junio me estrenaré en el mundillo de los talleres literarios, impartiendo un curso sobre escritura de cuentos de terror en Bibliocafé (Valencia).

¿Terror? Pues sí, llevo un tiempo un poco apartado del género, pero en mi cruzada personal por abarcarlo Todo (al menos dentro del fantástico, aunque no me cierro a dar el salto al Todo-Todo) también me he adentrado por los senderos más oscuros del alma humana, lo que se ha concretado en diversos cuentos publicados en varias publicaciones especializadas (Qliphoth, Necronomicón, Miasma, Calabazas en el Trastero, Antología Z), así como en mi antología de 2010 “El precio del barquero“, publicada por Saco de Huesos.

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Ha llovido un poco (estoy en Valencia, claro que ha llovido poco) desde entonces, y es cierto que estos últimos años me he prodigado menos en esa vertiente del fantástico… al menos por lo que se refiere a la creación, porque, sobre todo durante los dos últimos años, he dedicado bastantes esfuerzos a su estudio, con esa perspectiva histórica que tanto me gusta imprimir al blog. Es desde esa experiencia doble, la creativa y la teórica, que me he animado a preparar un programa de trabajo que se extiende por ocho sesiones, a lo largo de las cuales transmitir lo que he aprendido sobre este extraño empeño de hacer que tus lectores lo pasen tan mal que se lo pasen literalmente de miedo.

Por supuesto, la faceta práctica también es importante, de modo que el taller estará enfocado a un objetivo muy concreto: someter nuestras creaciones al que posiblemente sea el jurado más experto y con más prestigio del género en estos momentos en España, el comité seleccionador de la revista Calabazas en el Trastero, que en su XXIV convocatoria ha escogido la criptozoología como tema que deberán abordar las entre cien y ciento cincuenta propuestas que históricamente presentan su candidatura a una de las trece plazas disponibles por número.

¿Cómo se estructurará el taller?

Sesiones 1 y 2: fundamentos del género, recursos básicos.
Sesiones 3 y 4: planteamiento del cuento, recursos avanzados.
Sesiones 5 y 6: Trabajo principal de escritura (en realidad, se extiende a lo largo de tres semanas, entre la despedida de la cuarta sesión y el inicio de la séptima).
Sesiones 7 y 8: Revisión y pulido.

CARTEL TALLERES Mayo 2016

Contenidos y objetivos específicos de cada sesión (los enlaces llevan a críticas realizadas en Rescepto sobre estos autores).

Sesión 1:

¿Qué es la literatura de terror?
La literatura gótica (Horace Walpole, William Beckford, Ann Radcliffe, Matthew Lewis, E.T.A. Hoffman, Charles Maturin, Gustavo Adolfo Bécquer, Edgar Allan Poe…).
Horror versus terror. Apelar a la empatía. Repulsión como último recurso.
Ambientación. Sensación opresiva.
Tarea: Escribir una escena que resulte impactante o repulsiva por sí sola.

Sesión 2:

Poner en común y comentar los escritos.
Amenaza sobrenatural. Fantasmas, aparecidos, maldiciones.
El cuento de fantasmas. Reglas, mecanismos, tradición. (M.R. James, Henry James, Sheridan Le Fanu, Charles Dickens, Walter de la Mare, William Hope Hodgson…).
Tarea: Escribir una escena sobre un aparecido.

Sesión 3:

Poner en común y comentar los escritos.
Horror materialista. Horror cósmico. Existencialismo. (Arthur Machen, Algernon Blackwood, H.P. Lovecraft).
Horror psicológico. El porqué es más terrorífico que el qué. (Richard Matheson).
Miedos generalizados: oscuridad, muerte, payasos (irracionalidad), enfermedad, arañas, tabús…
Monstruos (y su significado): vampiros, hombres lobo, asesinos, fantasmas, zombis…
Presentación del reto de escribir un relato para Calabazas en el trastero.
Tarea: Elección de ambiente y amenaza.

Sesión 4:

Presentación y pulido de las ideas.
Dos niveles: explícito y referencial.
Cercanía: el horror de lo cotidiano (Stephen King).
Sublimación: la amenaza externa como reflejo de tensiones internas (Clive Barker).
Exploración de los miedos personales.
Tarea: Inclusión de un segundo nivel referencial en los relatos.

FLYER TALLERES Mayo-Jul 2016

Sesión 5:

Presentación de los relatos (explicación de qué se quiere contar y cómo se hará).
La construcción de la trama, recursos técnicos, elección de voz narrativa…
Aplicación en común a los relatos del grupo, intercambio de ideas.
Tarea: Comenzar con la escritura definitiva (desde aquí al final del curso).

Sesión 6:

Puesta con común.
Crítica cruzada.
Identificación de los problemas y solución de los mismos.
El terror actual: Ramsey Campbell, Tom Piccirilli, Dan Simmons, Chuck Palahniuk, el terror español actual

Sesión 7:

Puesta en común.
Identificación de los puntos fuertes y débiles de los relatos (consejos para apuntalarlos).
Clase magistral de escritor invitado.

Sesión 8:

Pulido final.
Puesta en común de los últimos retoques. Envío de los relatos.
Compartir la experiencia, comentar ideas para el futuro, autoevaluación y valoración del taller, sugerencias para mejorarlo.

Todo ello complementado por un “taller virtual”, organizado a través de un grupo privado de Facebook.

¿Cuándo y dónde tendrá lugar todo esto?

FLYER TALLERES Mayo-jul 2016

Pues entre el 6 de mayo y el 25 de junio, todos los viernes de ambos meses, de 18:00 a 20:00, en las instalaciones de Bibliocafé (Valencia, C/ Poeta Durán y Tortajada, 20 – Bajo, entresuelo), con un precio de 60 € por mes.

Para inscribirse (las plazas son limitadas) o simplemente recabar más información, podéis optar por la web de Bibliocafé, la dirección de correo info@bibliocafe.es o el número de teléfono 679490198 (por supuesto, si planteáis aquí cualquier duda, os la responderé encantado).

La verdad es que estoy ansioso por empezar. Esto de tener que esperar todo un mes va a ser duro. Seguro que será una experiencia muy satisfactoria, y espero que tenga continuidad en futuras ediciones. ¿Y por qué no? Si hay interés podría extenderse a otros géneros y formatos. ¿Os había comentado ya lo que me gusta eso de intentar abarcarlo Todo?

Un talento para la guerra

•abril 7, 2016 • 3 comentarios

Jack McDevitt irrumpió en el panorama de la ciencia ficción en 1980, dentro de la corriente que buscaba recuperar el viejo sentido de la maravilla de la Edad de Oro. Lo que lo diferenciaba, tanto de los nuevos valores (David Brin, Gregory Benford, Greg Bear, John Varley…) era la edad a la que se iniciaba en la literatura y en el género, cuarenta y cinco años. No es de extrañar que su estilo fuera extremadamente clásico, deudor de los veteranos de la Edad de Oro que, coincidentemente, volvían justo entonces por sus fueros (Isaac Asimov, Frederik Pohl…). Al mismo tiempo, al pertenecer a una generación posterior (y, sobre todo, al haberse desarrollado su formación literaria mucho después), es apreciable en su obra una dimensión adicional, que la hace bastante única como una muestra híbrida, a caballo entre ambas sensibilidades.

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Su primera novela, “El texto de Hércules”, se publicó en 1986, y ya trataba de su tema predilecto, el contacto con razas alienígenas (a veces extintas, otras muy activas). Poco después comenzó a publicar su primera gran serie, la del tratante de antigüedades Alex Benedict, con “Un talento para la guerra” (“A talent for war”, 1989).

La novela trata sobre una guerra, librada entre los mundos humanos y los de los Ashiyyur, una raza alienígena telepática, con un nivel tecnológico similar y similares también ansias expansionistas. Lo singular es que dicha guerra se libró (y ganó) doscientos años antes, y es la investigación de Alex con respecto a uno de sus episodios más míticos, los esfuerzos casi en solitario del gran héroe Christopher Sim y su fragata Corsario durante las primeras fases del conflicto, en pugna por contener al enemigo mientras los distintos sistemas forjan la gran coalición que finalmente les permitió alzarse con la victoria. El escenario es reminiscente de la Segunda Guerra Médica, con Christopher Sim encarnando a grandes rasgos el papel de Leónidas, devenido en un mito fundacional de la nueva unidad política humana.

un-talento-para-la-guerra

El disparador de los acontecimientos es la muerte accidental del tio de Alex, un acaudalado arqueólogo aficionado (en la línea de Schliemann). Así, de repente, nuestro protagonista se encuentra en posesión de una considerable fortuna y de un misterio, pues la última voluntad del fallecido es que su sobrino culmine el proyecto en que se haya inmerso… tarea que pronto se ve complicada por la muy (in)oportuna incursión de unos ladrones cuyo único objetivo parece ser hacerse con los datos encriptados que le habían sido prometidos a Alex.

En tales circunstancias, nuestro protagonista se ve obligado a recrear todo el proceso de recopilación de información, con la ayuda del la inteligencia artificial de su tío (a la que también han borrado la memoria), viajando de mundo en mundo a la búsqueda de pequeños y elusivos retazos de información, que han permanecido ocultos por más de dos siglos y que podrían cambiar la percepción que se tiene de aquellos personajes, cuya realidad histórica se encuentra difuminada entre los velos del mito.

TalentPolaris

McDevitt aprovecha pues esta novela para tratar un tema que le es, por intereses personales, bastante cercano, el de la separación entre realidad histórica y ficciones interesadas creadas en torno a ella, la manipulación de los hechos para ajustarlos a una narración fundacional significativa (y aquí he de mencionar que los doscientos años se ajustan más bien al lapso que media entre la época revolucionaria americana, con sus héroes y traidores, y el período de escritura de la novela, que a los largos siglos que se extienden hasta la batalla de las Termópilas).

Como se puede comprobar, supone un planteamiento original, que obliga al lector a ir descubriendo poco a poco una historia que es ampliamente conocida por todos en el universo descrito, y cuyas ramificaciones aún moldean aquello en lo que ha devenido la humanidad. En el proceso, McDevitt realiza algunas concesiones a las corrientes más punteras del momento (en concreto, se percibe una pequeñísimo influencia del cyberpunk, con escenarios virtuales inmersivos y, por supuesto, Jacob, la inteligencia artificial asistente de Alex y antes de su tío), pero en general se atiene a las convenciones de la space opera más clásica… desde una perspectiva diferente.

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“Un talento para la guerra” constituye casi el análisis histórico de una aventura de space opera clásica, un análisis que se lleva a cabo intentando encajar piezas aisladas, conocimiento cuya veracidad debe ser puesta en entredicho antes de ser aceptado como cierto. Por la novela deambulan personajes obsesionados con el pasado, dispuestos a lo que sea con tal de satisfacer su ansia de conocimiento… o evitar que otros les pisen el hallazgo; y sobre todo ello gravita un misterio cuya relevancia podría abarcar más ámbitos que el meramente histórico.

No es habitual encontrar una novela de ciencia ficción que se fundamente hasta tal punto en disciplinas tan “exóticas” como la biblioteconomía, y sólo por ello ya valdría la pena la lectura de “Un talento para la guerra”. Por desgracia, da la impresión de que el camino es mucho más interesante que el destino. Cuando por fin fructifica toda la investigación, las revelaciones se antojan un tanto anticlimáticas, por no hablar de lo que desentonan unos capítulos finales en los que el autor parece traicionar su propio planteamiento, como si en verdad no hubiera confiado del todo en que la investigación histórica o el estudio de un mito fundacional se bastaran para hacer interesante su novela (eso por no hablar de cierto tufillo a deus ex machina, o cuando menos a as extraído de la manga, que desluce el gran final).

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Otro grave escollo para el disfrute de la novela reside en la traducción, una de las peores con las que he tenido la desgracia de toparme. Lo he leído en su edición en Nova, aunque dudo mucho que en la más moderna de La Factoría se hayan molestado en corregirla (lo que hubiera requerido es descartarla por completo).

Quizás por ese grave defecto, la serie de Alex Benedict no ha gozado de excesiva popularidad en español. Sólo la primera de las seis secuelas (bastante tardías, pues no empezó a publicarlas hasta 2004), “Polaris”, ha sido traducida, en contraposición de la casi completa serie de Priscilla Hutchins, que se inició en 1994 con “Las máquinas de dios”.

Otras opiniones:

The were-wolf (La mujer lobo)

•abril 2, 2016 • 2 comentarios

Clemence Housman fue una escritora e ilustradora (por medio de grabados), muy activa en los movimientos sufragistas de finales del siglo XIX y principios del XX en el Reino Unido. Hermana del poeta y estudioso A. E. Housman y del dramaturgo, ilustrador y escritor (de cuentos fantásticos) Laurence Housman, vivió casi toda su vida junto a éste último, colaborando a menudo en obras que uno escribía y el otro ilustraba.

Su producción literaria es escasa pero de gran importancia. Incluye tan sólo tres obras de cierta extensión: “The were-wolf” (1896), “Unknown sea” (1898) y “The life of Sir Aglovale De Galis” (1905; su única novela, una narración cimentada en las leyendas artúricas). La primera de ellas constituye sin duda una obra cumbre del horror gótico, y quizás la primera gran historia sobre un licántropo desde una perspectiva moderna (se trata de un “personaje” presente en la literatura desde la antigüedad griega). También, a su modo, representa un ejemplo de terror con sublecturas feministas (en una época en que ese tipo de inquietudes solían expresarse más bien bajo la forma de utopías, aunque desde casi los comienzos del género gótico, con Ann Radcliffe, había cobrado gran importancia cierta sensibilidad característicamente femenina, presente también por ejemplo en la obra de las hermanas Brontë).

The_Were-Wolf_by_Clemence_Housman

Por lo que respecta a la figura del licántropo, quizás el antecedente más perminente sea el penny dreadful “Wagner, the Wher-wolf”, publicado entre 1846 y 1847 por el prolífico George W. M. Reynolds, e incluso podemos encontrar una mujer-lobo en un episodio de “The phantom ship”, de Frederick Marryat (1837-1839), aunque en realidad el arquetipo no se popularizaría realmente hasta la eclosión de literatura pulp, a comienzos ya del siglo XX, con toda una mitología moderna construida en torno al folclore tradicional.

La historia de “The were-wolf” es bastante simple. Una comunidad rural, en un norte inhóspito, recibe la visita de una extraña mujer que se hace llamar White Fell (algo que se podría traducir como Pelambre Blanca, haciendo referencia al abrigo de piel que viste, o más ominosamente como Muerte/Crueldad Blanca). La mujer es recibida amablemente por todos, y en especial por Sweyn, que queda prendado de ella, pero cuando el hermano gemelo de Sweyn, Christian, llega a la granja, descubre las pisadas de un gran lobo deteniéndose ante la puerta, lo que lo hace sospechar de la escondida naturaleza salvaje de White Fell.

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Sus elucubraciones, por supuesto, son muy mal recibidas por Sweyn, que las interpreta como un ataque de celos, y antes de la medianoche, cuando supuestamente la bestia debería mostrar su auténtica naturaleza, White Fell desaparece de la granja para consternación de casi todos. Poco después, el pequeño Rol, a quien la mujer había concedido sus atenciones, desaparece en el bosque sin dejar rastro, lo que no hace sino alimentar las sospechas de Christian… y ello a su vez alienta el resquemor de Sweyn.

Resulta, además, que pese a ser gemelos, los hermanos, como suele ser el caso, no son exactamente iguales. Sweyn es más hermoso, más atlético, posee mayores dotes de liderazgo. Christian, de hecho, sólo le supera en una cosa, como corredor infatigable, pero gracias a una personalidad afable siempre ha aceptado una posición subordinada ante su más favorecido hermano… hasta la irrupción de White Fell en sus vidas.

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Una nueva visita de la extraña mujer, y tras ella una nueva desaparición misteriosa. Avivan las emociones, y cuando Christian es testigo de las atenciones que White Fell prodiga a Sweyn su preocupación alcanza las más altas cotas, lanzándolo a una persecución que sólo puede calificarse como épica (de hecho, me recuerda vivamente la del relato de Howard “La hija del gigante helado”), y que concluye de forma inexorablemente trágica, con patentes sublecturas alegóricas religiosas (para nada sorprendentes dado el nombre del corredor).

En su ensayo “El horror sobrenatural en la literatura”, Lovecraft mismo alabó la tensión del relato y la atmósfera casi mítica que sabe evocar, a lo que yo añadiría lo bien escrito que está, el modo en que sabe jugar con las emociones del lector y generar esa sensación de horror a la que toda narración de terror aspira, recurriendo además a un mínimo absoluto de violencia explícita (anque cuando es necesario no se corta un pelo).

Al igual que con “Carmilla“, nos encontramos con una imprescindible versión femenina de uno de los monstruos góticos clásicos, aunque por alguna razón la creación de Clemence Housman es mucho menos conocida que la de Sheridan Le Fanu (quizás porque este último escribió muchos más cuentos de terror… quizás simplemente porque Le Fanu era un hombre). También puede leerse sin ningún tipo de dudas como un precursor directo de la espada y brujería (aunque con un nivel literario muy por encima del que sería habitual en el género), con el horror surgiendo tanto de los elementos sobrenaturales como del conflicto psicológico entre los dos hermanos.

were-wolf

En cuanto a su faceta feminista, tal vez sorprenda hoy en día esta consideración, pues a fin de cuentas el papel de White Fell no se aleja mucho del de mujer fatal, tan a menudo explotado en décadas posteriores por una ficción a menudo misógina. En el momento en que se escribió “The were-wolf”, sin embargo, lo que buscaba era romper con el rol tradicional de la mujer (incluso en el gótico femenino, donde abundaban las “heroínas” que no hacían otra cosa que pensar en casamientos y desvanecerse a la menor ocasión).

El propio título del relato es muy indicativo. “Were-wolf” significa literalmente “hombre-lobo” (siendo “Wer” una forma arcaica, anterior a “man”, para referirse al ser humano masculino). Aplicado a un mujer, le otorga cierta cualidad masculina, la independiza de la visión de lo femenino impuesta por la sociedad. De igual modo, su crueldad con quienes se relación con ella puede intepretarse como una declaración de independencia con respecto a los hijos (el pequeño Rol), la madre (su segunda víctima) y el esposo (Sweyn). El que a la postre sucumba víctima de una figura alegórica de Cristo sugiere un crítica, muy posiblemente inconsciente, contra el carácter patriarcal del cristianismo (aunque desde una perspectiva general no deja de ser una alegoría positiva).

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En definitivas cuentas, “The were-wolf”, bien sea atendiendo a su simbolismo (premeditado o subconsciente) o bien simplemente a la enorme calidad que atesora como narración fantástica, merecería sin duda un mayor reconocimiento y una posición privilegiada dentro de la historia del género de terror. Evoca unas imágenes poderosísimas, arropadas en un aura de horror sugerido y potencial mitopoyético. Imprescindible.

En español ha sido traducida un par de veces. La primera para la revista Relatos de Terror y Espanto en 1972, y la segunda, ya en 2007 (y 2011), para un par de antologías de horror de Valdemar.

Propuesta de candidaturas a los premios Ignotus 2016

•marzo 31, 2016 • Dejar un comentario

Ya estamos ahí, de nuevo en esa época del año en que se deciden los finalistas de los premios Ignotus (concedidos por la AEFCFT para reconocer lo más destacado de la producción fantástica del año precedente; algo así como nuestros premios Hugo). Concluida la fase de inscripción en el censo, se abre la de proposición de candidatos, que estará vigente hasta el próximo 24 de abril (si os apuntasteis al censo, lo que es libre y por supuesto gratuito, habréis recibido ya vuestra papeleta; si se os pasó, tendréis que esperar al año que viene para participar).

Ignotus

Cumpliendo con mi inveterada costumbre de ir alternando años de carestía con otros de “bonanza”, el del 2015 fue un curso en el que volví a estar relativamente activo, motivo por el cual puedo presentar a pública consideración unos cuantos candidatos propios. Cápside, por otro lado, siguió su leeeeenta evolución, con la publicación de un único libro, pero dado que es una antología (y muy buena, todo sea dicho), son varias las posibles candidaturas.

Entrando ya en materia, durante el 2015 vio la luz mi sexto libro, y por esa manía mía de dispersarme de un modo preocupante, no tiene casi nada que ver con los anteriores, pues se trató de fantasía juvenil. Sé que los Ignotus no son muy dados a aventurarse en los terrenos de la fantasía juvenil pero bueno, quien no lo intenta es desde luego quien no lo consigue. Así que ahí lo dejo, candidata a mejor novela nacional: “La búsqueda del grifonicornio“, Sergio Mars (Editorial Hidra).

Grifonicornio_500

En las distancias (relativamente) cortas, 2015 fue también el año en que volví a publicar cuentos, dos para ser concretos, con la inmensa suerte de formar parte de dos grandes antologías (que, ya que estamos, propongo también).

“La bestia humana de Birkenau”, en “Mariposas del oeste y otros relatos” (Sportula)

mariposasdeloeste

y “Gancho en el cielo”, en “Antes de Akasa-Puspa (Sportula)

Antes_Akasa_Puspa

Claro que hablando de antologías, tengo por necesidad que hacer mención de mi criaturita (como editor y coantólogo), “El abismo mecánico y otros relatos sobre la Inteligencia Artificial”

Abismo_mecanico_400

…que además de optar a mejor antología presenta los siguientes contenidos nominables:

Los cuentos:

  • “El abismo mecánico”, de Javier Castañeda
  • “After life”, de Mariló Álvarez Sanchís
  • “Instancias cautivas”, de Pedro Moscatel
  • “Ya no soy Sam”, de Leonardo Ropero
  • “¿Sueñan lo androides con ser estrellas de cine?”, de David G. González
  • “En la noria”, de María Tordera
  • “Inhumanos”, de Shaila Mélmed
  • “El corazón de la máquina”, de Salvador Bayarri
  • “La deformidad de un dios deforme”, de David Luna
  • “O, de Orange”, de Claudio Amodeo

Y, si os parece, mi ensayo introductorio:

  • Prólogo de “El abismo mecánico”

A todo ello, añado como siempre la posibilidad de volver a meter este blog en la pugna por Mejor Sitio Web (en los ocho años precedentes, sólo una vez logró asomar la cabeza en el quinteto de nominados). Los “méritos” del 2o15 podéis repasarlos en la entrada conmemorativa del noveno aniversario. Siendo más concreto, la cosecha fue de 81 entradas (más de 80.000 palabras de contenido nuevo y original), en su mayor parte críticas literarias. Entre ellas un poco de todo, aunque por incluir ese elemento diferenciador, destacaría la relativa abundancia de títulos de ciencia ficción y terror decimonónicos o incluso anteriores (“The last american“, “Historia verdadera“, “Somnium“, “El año 2000“, “Edison’s conquest of Mars“, “Across the Zodiac“, “Carmilla“, “El castillo de Otranto“, “El vampiro“, “Vathek“, “La aves“, “El asno de oro“, “Micromegas“). Por cierto, ya que estamos entre amigos (si has llegado hasta aquí debes de serlo, sin duda) las entradas serían nominables individualmente en la categoría de mejor ensayo (lo sé, lo sé, nunca jamás ha sido reconocidad ninguna de las más de 1000 entradas del blog, pero bueno… algún día podría ocurrir).

Centrándome en aquéllas con estructura más de artículo, podría mencionar, por eso de repartir sugerencias, mi análisis en dos partes de la faceta ética de la saga cinematográfica de Parque Jurásico, mi repaso al feminismo utópico de primera ola en la ciencia ficción o a la diversidad sexual en la literatura fantástica o mi introducción al género distópico.

Sigas estas sugerencias o no, muchas gracias por participar y por votar, cuantas más candidaturas mejor, que buena falta le hace al género un poco de visibilidad en este país tan hostil, tanto a lo fantástico en general como a todo lo que tenga la desfachatez de publicar un compatriota (y ya si juntamos ambas características…).

 
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