The private memoirs and confessions of a justified sinner (Memorias privadas y confesiones de un pecador justificado)

•diciembre 5, 2016 • Dejar un comentario

James Hogg es una importante figura de la literatura escocesa de principios del siglo XIX, famoso por su cualidad de autodidacta, pues aprendió a leer (y a tocar el violín) por sí mismo, mientras durante su juventud trabajaba como pastor de ovejas para diversos patrones (algunos de los cuales fomentaron y facilitaron sus estudios). Tras su muerte, acaecida en 1835, su obra pasó por un período de menosprecio (debido en parte a ediciones censuradas durante la era victoriana), y no fue reivindicada hasta ya entrado el siglo XX, gracias al renovado interés suscitado por su obra más famosa, la novela “The private memoirs and confessions of a justified sinner” (1824).

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Resulta difícil caracterizarla. Es en parte hija de los movimientos literarios de la época, en especial la novela gótica, aunque no en su forma original, sino transformada por las diversas sensibilidades de las que fue origen, desde la novela histórica (con influencia directa de Walter Scott, uno de los principales valedores de Hogg) a la tradición macabra alemana. Su peculiaridada es que es, al mismo tiempo, precursora de muchos estilos que no se desarrollarían hasta décadas después, empezando quizás por el terror psicológico (que perfeccionaría Edgar Alan Poe) y mostrando elementos de lo que mucho después se configuraría como fantasía histórica, novela de crímenes o incluso fantasía de tintes urbanos (o todo lo urbanos que era posible a principios del siglo XIX).

Esta multiplicidad de enfoques queda también de manifiesto en una estructura compleja, que convierte la novela casi en una compilación de textos de diversa condición, unidos en la exploración de un tema más o menos común. Para empezar, el primer tercio de la novela lo constituye un preámbulo del supuesto editor, que se propone narrar los hechos “objetivos”, desde una perspectiva claramente histórica (los hechos referidos tienen lugar mayoritariamente a principios del siglo XVIII).

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Así, se nos narra la existencia de dos hermanos disímiles, hijos del laird de Dalcastle, que ha contraído nupcias con la joven Rabina. Desde el primer momento es un matrimonio complejo, con un enfrentamiento directo suscitado por el fanatismo religioso de la novia, que profesa una de las formas más estrictas del cristianismo reformado (nunca se nombra por este nombre, pero hoy en día lo tildaríamos de calvinismo). El primer hijo de tal unión, George Colwan, es repudiado por la madre y criado como heredero por el padre, mientras que el segundo (aunque se insinúa su origen bastardo, como hijo natual del reverendo Wringhim, confesor de Rabina), Robert Colwan, es repudiado por el laird y educado en los estrictos principios religiosos de su madre y su guía espiritual.

Al alcanzar determinada edad, encontrándose ambos hermanos en Edimburgo, el menor comienza a acosar insistentemente al mayor, en medio de un clima de inestabilidad política (con un conflicto entre whigs y tories) y religiosa (presbiterianos, congregacionalistas y otras iglesias reformadas). A la postre, esta confrontación acaba resolviéndose con la muerte en extrañas circunstancias de George Colwan, lo que convierte a Robert en heredero del Laird (al menos por un tiempo, aunque no entraré en más detalles).

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En este punto comienzan de verdad las memorias y confesiones, pues se nos empieza a narrar a grandes rasgos la misma historia desde el punto de vista de Robert Colwan, quien justifica todas sus acciones en la defensa del verdadero cristianismo, justificando cualquier acción, incluso las más reprobables, con la doctrina del predeterminismo. Esto ha dado pie a entender la historia como una parábola religiosa, en contra de determinadas interpretaciones de esta idea (que sostiene que el número e identidad de los salvados esta predeterminado desde el inicio de los tiempos), en especial el antinomismo, la idea (considerada herética por la mayor parte de las doctrinas, aunque achacada a menudo a los calvinistas) de que esta salvación predestinada cubre cualquier pecado que el fiel pudiera cometer.

Las interpretaciones se complican, sin embargo, con la entrada en escena de elementos fantásticos, primero en la forma clásica de un doppelgänger, un potentado de un lejano país que comienza a instruir a Robert y a llevarlo por la senda que ya conocemos, apoyado en el autoconvencimiento de la imposibilidad de yerro (al contarse entre el número de los elegidos). A lo largo de la historia queda ampliamente insinuado que este personaje, de apariencia variable, es el propio diablo, aunque también podría entenderse como una proyección de Robert Colwan (no es sólo que la novela no lo aclare, sino que hasta es posible que el propio autor no lo tuviera muy claro); y del mismo modo se da cierta fenomenología que apunta a fuerzas opuestas, que estarían en conflicto por el alma del joven.

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Por desgracia, James Hogg pasa de puntillas por las escenas que ya nos han sido narradas “objetivamente”, tal vez por evitar redundancias, aunque nos priva así de la posibilidad de explorar a fondo la verdad subjetiva de Robert (y las racionalizaciones que elabora para justificar sus actos), así que el interés de esta sección oscila, siendo máximo cuando el “guía” hace su aparición y dirige las acciones del justificado pecador. Mayor interés reviste la narración cuando comienza a avanzar por senderos inexplorados, insinuando nuevas posiblidades, como que durante largos períodos de tiempo el cuerpo de Robert Colwan es poseído por un espíritu maligno que le induce a cometer tropelías de las que luego su personalidad más comedida no recuerda nada (un segmento que pudo influir en Robert Louis Stevenson para la escritura sesenta años después de “El extrañon caso del doctor Jekyll y señor Hyde”).

A la postre, resulta difícil precisar qué ocurre exactamente y qué parte de lo que narra Robert Colwan es veraz (con mentiras que podrían serlo incluso para sí mismo). ¿Podría ser todo fruto de su imaginación? ¿Una lucha interna entre la justificación religiosa y la conciencia que finalmente despierta? ¿Una metáfora del fanatismo religioso? ¿Algo más universal sobre el potencial dual (bien/mal) del ser humano?

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No es fácil realizar una exégesis clara del texto (y quizás sea imposible), lo que tal vez contribuya a que siga manteniendo su fascinación cuando los vaivenes sociales que lo alumbraron han quedado atrás.

Para concluir con la descripción, cabría mencionar un pequeño epílogo contemporáneo (es decir de en torno a 1820), que narra la exhumación de un cuerpo sepultado bajo extrañas circunstancias y el hallazgo por parte del editor del texto que conforma el núcleo de la novela (y donde se menciona incluso de pasada a un tal James Hogg, como un personaje más de la trama). Resulta un recurso curioso, ya que intenta aportar un halo de verosimilitud al texto, proporcionando una explicación a su descubrimiento, al tiempo que introduce suficientes detalles chocantes como para hacer resaltar claramente su artificiosidad. Ahí tenemos de nuevo una muestra de dualidad ambigua, contradctoria; quizás la idea que, independientemente de las intenciones iniciales, mejor caracteriza a la novela.

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En el Proyecto Gutenberg puede encontrarse la edición electrónica en versión original de “The private memoirs and confessions of a justified sinner”, con la peculiaridad (que puede suponer al mismo tiempo un atractivo y un obstáculo) de que determinados personajes no hablan en inglés, sino en escocés (o cuando menos en un dialecto del inglés muy influenciado por el escocés).

Otras opiniones:

Rescepto: Año nueve

•noviembre 11, 2016 • 2 comentarios

El año pasado (ya casi llegamos a la confluencia) fue el noveno de Rescepto Indablog. Como ya comenté en la anterior entrada del anuario, la orientación del blog había empezado a virar de forma acusada hacia una perspectiva histórica, tendencia que se vio acentuada con la creación de dos nuevos índices, el índice por nombre del autor y, sobre todo, el índice por año de publicación original.

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El ponerlo todo rojo, verde y azul sobre negro me permitió visualizar claramente por dónde flojeaba, y alimentó la quimera de abarcarlo TODO (por si no hubiera ya bastante con intentar completar lo dos o tres frentes abiertos). Así pues, durante todo el 2015 me centré especialmente en la literatura fantástica anterior a la Primera Guerra Mundial, centrándome primero en la ciencia ficción (cuyo punto de partida sitúo en 1634 con “Somnium“, de Johannes Kepler) y extendiéndome con posterioridad al terror (que era la pata descuidada del blog). En cuanto a la distribución temporal, durante ese curso publiqué la que es por ahora la reseña a una obra más antigua (“Las aves“, de Aristófanes, estrenada en el 414 a.C.), así como las dos reseñas a obras de en torno al año 170 (“La metamorfosis“, de Apuleyo, e “Historia verdadera“, de Luciano de Samosata).

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En general, sin embargo, fueron obras más “contemporáneas”, como “Across the Zodiac“, “El año 2000“, “The last american“, “Edison’s conquest of Mars“, “La nube púrpura“, “Sultana’s dream” y “El cielo envenenado“, por lo que respecta a la ciencia ficción; o “El castillo de Otranto“, “Vathek“, “El vampiro“, “Carmilla“, “Historias de fantasmas de un anticuario” y “Carnacki, the ghost-finder“, como representantes del terror.

Todo ello sin descuidar (demasiado) pasados empeños, como el repaso a la historia de la fantasía (“El golem“, “¡Guardias! ¿Guardias?“, “Dilvish, el maldito“, “Darkness weaves“, “El retorno de los dragones“, “Bosque Mitago“, “Un hechizo para Camaleón” o “Caves of terror“) o un último arreón a la Hugolatría (“La ciudad y la ciudad“, “El libro del cementerio“, “Barrayar“, “Todos sobre Zanzíbar“,”Un abismo en el cielo“, “Paz interminable“)… y ya que estaba, lo empecé a ampliar para incluir también en el foco los premios Nebula, Locus y World Fantasy (“Rito de iniciación“, “Gloriana“, “Remolcando a Jehová“), ¡o incluso los simplemente nominados! (“Los cien mil reinos“, “El colapsio“, “La espada del demonio“, “Boneshaker“, “Ingenieros del Mundo Anillo“…).

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Como curiosidad, en 2015 se amplió el número de idiomas con los que me he atrevido en Rescepto, con la reseña de “L’allevatore di dinosauri“, del italiano Yambo.

Aparte de todo esto, publiqué unos pocos ensayos más de lo habitual: sobre el género distópico, la faceta ética de la serie de Parque Jurásico, la diversidad sexual en la literatura fantástica, el feminismo utópico de primera ola en la ciencia ficción o la serie sobre la música de cine.

2015 fue también el año en que publiqué “La búsqueda del grifonicornio“, aunque la verdad es que no ocupó demasiadas entradas (más o menos a la par que mis colaboraciones para las antologías “Antes de Akasa-Puspa” y “Mariposas del oeste”). El último tercio del año estuvo, me temo, muy ocupado con la edición de “El abismo mecánico”, y la periodicidad de las publicaciones se resintió (algo que, me temo, se ha convertido ya en crónico).

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En el terreno de los hitos, el blog quedó en puertas de las 1.000 entradas y se superó el medio millón de visitas, con una media diaria que volvió a subir un poquito con respecto al curso anterior (aunque, al quedarse en 203, no recuperó los niveles de los mejores años). También concluyó el año con más de 500 seguidores por un medio u otro (sin tener en cuenta duplicaciones). Lo que puede llegar a conseguir la cabezonería…

También en esta serie:

Ganadores de los premios Ignotus 2016

•noviembre 6, 2016 • 8 comentarios

Pues sí, para mi absoluta sorpresa “La bestia humana de Birkenau” ha resultado ganador en la categoría de mejor cuento.

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No tenía demasiadas esperanzas puestas en este resultado, aunque sí puedo afirmar que lo considero mi mejor cuento, uno que me costó mucho escribir. Ya no sólo en tiempo (que también; cinco años desde que se me ocurrió la idea hasta que por fin la plasmé), sino sobre todo desde una perspectiva emocional. Tuve que hacer equilibrios para evitar por todos los medios caer en las trampas que presenta el tema (banalización, explotación, glorificación incluso), al tiempo que lo mantenía históricamente riguroso y pertinente. Terminarlo me dejó muy, muy tocado, pero valió la pena.

He de agradecer a Mariano Villarreal que me invitara al proyecto que acabó transformándose en “Mariposas del oeste”. Llevaba mucho tiempo sin escribir ficción, y es posible que sin ese estímulo el relato nunca hubiera visto la luz (por cierto, premio Ignotus de ilustración para la portada, obra de Juan Miguel Aguilera).

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Por desgracia, “El abismo mecánico” tuvo que plegarse ante la potencia pura de “A la deriva en el mar de lluvias”. Competir con una compilación formada principalmente por ganadores y finalistas de los premios Hugo y Nebula (entre otros) de los últimos años era una quimera, pero estar ahí, en el grupo de finalistas, ya fue todo un logro para una edición tan modesta como la nuestra.

Copio a continuación la lista completa de ganadores (que incluye a varios amigos). Enhorabuena a todos.

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Mejor Novela: Challenger, de Guillem López (Ed. Aristas Martínez)

Mejor Novela Corta: “Naturaleza humana”, de César Mallorquí. En Trece Monos (Ed. Fantascy)

Cuento: “La bestia humana de Birkenau”, de Sergio Mars. En Mariposas del Oeste (Ed. Sportula)

Antología: A la deriva en el Mar de las Lluvias, selección de Mariano Villarreal (Ed. Sportula)

Libro de ensayo: Yo soy más de series, coordinado por Fernando Ángel Moreno y Víctor Miguel Gallardo (Ed. Esdrújula)

Artículo: “Antologías de ciencia ficción en España”, de Cristina Jurado. En SuperSonic 1 (Ed. Cristina Jurado)

Ilustración: Cubierta de Mariposas del Oeste, de Juan Miguel Aguilera (Ed. Sportula)

Producción Audiovisual: El Ministerio del Tiempo, de Pablo y Javier Olivares (guion); Onza Partners (producción). Serie

Tebeo: ¡Universo!, de Albert Monteys (Ed. Panel Syndicate)

Revista: Delirio. Ed. La Biblioteca del Laberinto

Novela Extranjera: Las primeras quince vidas de Harry August, de Claire North (Ed. Colmena)

Cuento Extranjero: “Algoritmos para el amor”, de Ken Liu. En A la deriva en el mar de las Lluvias (Ed. Sportula)

Sitio Web: Sense of Wonder, de Elías F. Combarro (http://sentidodelamaravilla.blogspot.com.es)

Tras el largo silencio

•noviembre 4, 2016 • Dejar un comentario

El pasado 22 de octubre fallecía a los 87 años Sheri S. Tepper, autora que dio inicio a su carrera literaria muy tardíamente, en 1983, cuando ya contaba con 54 años, pero que fue muy prolífica en los años ochenta y noventa, acumulando en total alrededor de medio centenar de novelas, con una orientación muy característica.

Por un lado está el estilo, que podría definirse alternativamente como fantasía con un sustrato de ciencia ficción o bien ciencia ficción con una apariencia de fantasía. Por otro sus temas característicos, feminismo y ecología, con unos planteamientos en realidad más propios, por su beligerancia, del feminismo de Segunda Ola (entre diez y veinte años antes).

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En España se han publicado nueve de sus libros (incluyendo dos de los de terror o misterio que escribió originalmente bajo seudónimo), siendo de especial relevancia el apoyo que recibió por parte de Miquel Barceló en la colección Nova. Allí apareció, por ejemplo, su novela ganadora del Locus de fantasía, “La bella durmiente”, y algunos de sus títulos más característicos: “La puerta al País de las Mujeres”, “El árbol familiar“, “Despertar” y “Las siete Margarets”; no así su única nominación al premio Hugo, “Hierba”, que publicó Ultramar (dejando inconclusa la trilogía Arbai). También permanece completamente inédita la que podría considerarse su obra principal, “The True Game”, una serie compuesta por tres trilogías.

El año pasado le fue concedido el World Fantasy Award a toda una vida.

“Tras el largo silencio” (“After long silence”, 1987) es una novela independiente, que nos traslada al planeta Jubal, sometido por el momento a las restricciones propias de los mundos recién colonizados, hasta que se ha determinado la no existencia en ellos de vida sintiente nativa. Su peculiaridad radica en la existencia de las Presencias, gigantescas estructuras cristalinas (de hasta varios cientos de metros de altura) que se alzan por doquier, entre los pequeños enclaves de sueloprofundo, y dificultan sobremanera los viajes, pues sus superficies estallan a la menor alteración de su entorno.

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El único modo de moverse por Jubal es en carromatos de mulas, con la ayuda de cantores, que interpretan en los pasos problemáticos complejas partituras que tienen la virtud de aquietar a las Presencias. A lo largo de los años se han realizado numerosos intentos de interpretar estas canciones como un lenguaje, aunque sin éxito, y en el momento de comenzar la acción la empresa exportadora de brou (el único producto comercial autóctono, una especie de hierba narcótica) está presionando para que se levanten las restricciones que pesan sobre el planeta.

El protagonismo se reparte entre el maestro cantor Tasmin Ferrence (con sus discípulos) y la caballero explorador Don (Donatella) Furz, quien acaba de presentar una nueva partitura para el Enigma, una Presencia que se ha resistido hasta entonces a los esfuerzos de los cantores (la edición inglesa de la obra lleva por título “The Enigma score”). Por una serie de circunstancias, el hermano pródigo de Tasmin, Lim, acaba probando el Santo y Seña… con resultados catastróficos tanto para él como para la mujer del cantor, lo que le impele a viajar a la costa en busca Don y de respuestas a lo acontecido.

Se mete así de lleno en los complots del corrupto gobernador de Jubal y el sádico (literalmente) propietario de la empresa exportadora de brou, cuyos designios amenazan no sólo la vida de Tasmin, Don y sus compañeros, sino la propia naturaleza salvaje de Jubal, sus mortales maravillas cristalinas y a toda su fauna nativa (incluyendo a los esquivos vigis). Para alcanzar sus fines no dudarán en recurrir a fanáticos religiosos (los cristalitas, cuya organización controlan desde las sombras), asesinos sociópatas, sobornos, espionaje y cualquier otra influencia que se pueda comprar con dinero u obtener con amenazas.

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Frente a ellos, un pequeño grupo de humanos, enamorados de Jubal, dipuestos también a arriesgarlo todo, incluso su propia presencia en el planeta, con tal de preservar su belleza.

“Tras el largo silencio” es una novela que nos sumerge de lleno en una sociedad extraña, mediatizada por la existencia de las Presencias y sometida a un forzado retorno a tecnologías pretéritas (pues los inmensos cristales suelen reaccionar mal ante las radiaciones electromagnéticas). Por medio del recurso del personaje bienintencionado que se tropieza sin pretenderlo con una conspiración, la autora va tejiendo su trama, con tintes claramente ecologistas y anticapitalistas. Como suele ser habitual en ella, la sutileza brilla por su ausencia (los personajes malvados carecen por completo de cualquier atisbo de cualidad redentora, mientras que los que se alinean en la posición moralmente “correcta” son invariablemente buenos), pero la trama es lo bastante ágil como para que esto no suponga un problema demasiado grande.

Las influencias quedan bastante claras. Sobre todo el libro planea la sombra ineludible de Ursula K. Le Guin (“El mundo de Rocannon”, “El nombre del mundo es Bosque“), aunque también se aprecian otras fuentes de inspiración. Así, las similitudes temáticas con “Encuentro en Zarathrusta” de H. Beam Piper (1962) no parecen casuales, de igual modo que todo el libro transpira una afinidad enorme con los temas y enfoques de la primera época de Orson Scott Card (desconozco, por ejemplo, si por plazos de edición “La voz de los muertos” se publicó a tiempo de influir en “Tras el largo silencio”, pero la postura filosófica de comprender plenamente las acciones de alguien a través de múltiples puntos de vista antes de juzgarlo presenta puntos muy evidentes de contacto).

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La pretensión de Tepper de abarcar quizás más de lo que puede atender en un volumen relativamente breve (poco más de trescientas páginas), hace que algunos personajes y algunas tramas secundarias queden un poco desdibujados, pero aun así logra crear un mundo evocativo, con una sociedad singular (por la presencia de cantores y exploradores) y unos valores ecologistas que logra transmitir sin caer en el sermoneo de algunas de sus otras novelas. También la faceta feminista (menos prominente) queda implícita, sin necesidad de bombardear al lector con las ideas en bruto.

En su conjunto, “Tras el largo silencio” constituye una novela que sabe transmitir a la perfección la fascinación por la naturaleza, aunque sea una naturaleza alienígena, y cuyo maniqueísmo se queda justo en el límite de resultar molesto. Prescindiendo de Presencias, posibles inteligencias alienígenas y complots en las más altas esferas, lo que tenemos es la historia de un cantor tratando de dar sentido a su relación truncada con un hermano al que tal vez despreció injustamente toda su vida y con una esposa a la que nunca llegó a entender por completo. Esa habilidad para conjugar los grandes y los pequeños temas hacen de su lectura una grata experiencia.

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Sheri S. Tepper (16 julio de 1929 – 22 de octubre de 2016)

IN MEMORIAM

Otras obras de la misma autora reseñadas en Rescepto:

Espantabrujas: I Cónclave de Terror en Santa Cilia

•octubre 20, 2016 • Dejar un comentario

Este fin de semana se celebra en Santa Cilia (Huesca) Espantabrujas, una convención de aficionados al terror. Queda un poco apartado, pero si andáis por la zona, tal vez os apetezca pasaros por alguna de las actividades.

Copio a continuación la programación (en la que, si miráis con atención, podréis encontrarme en un par de actos).

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Siguiendo los pasos de Penumbra y soñando con vivir nuestro propio Villa Diodati, las asociaciones culturales La Biblioteca Fosca y Tusitala convocan este cónclave de terror con la colaboración del ayuntamiento de Santa Cilia y la A.C. Tezigüela.

El encuentro tendrá lugar los próximos días 21, 22 y 23 de octubre y la entrada y participación en todas las actividades es gratuita.

No obstante, sí que es necesario apuntarse si queréis participar en alguna de las comidas. En ese caso, enviad un email a jornadas.penumbra@gmail.com indicando para cuáles reserváis y si tenéis alguna particularidad alimentaria: cena del viernes, comida del sábado y/o cena del sábado. Todas estas comidas se realizarán en el mismo pabellón de las jornadas con un servicio de catering el sábado y una parrillada para la cena del viernes.

Igualmente, si queréis reservar alojamiento, podéis hacerlo en jornadas.penumbra@gmail.com. Las casas rurales disponibles para los asistentes a las jornadas tienen un precio de 20 euros/noche por persona y todas están dotadas de cocina propia.

Si alguien viene de fuera y necesita ayuda para saber cómo llegar a Santa Cilia, puede contactarnos en el mismo email y le ayudaremos.

Finalmente, si alguien desea camisetas de las jornadas, vamos a realizar una tirada limitada. Podéis reservar la vuestra, indicando la talla, en jornadas.penumbra@gmail.com. El precio será de 15 euros. Las camisetas son negras, de manga corta, 100% algodón, 155 gr/m2.


Viernes 21 de octubre


Mañana

Cuenta cuentos de terror infantil (con Juan Ángel Laguna Edroso, autor de El club de los gatos de medianoche).

Taller de literatura infantil: Leyendas populares y otras fuentes de las que sacar monstruos y escalofríos (con Juan Ángel Laguna Edroso, editor y autor de La maldición de los comensales).

17:00 horas – Inauguración de Espantabrujas

17:15 horas – El horror de elegir tu propia aventura (con Juan Ángel Laguna Edroso y los valientes jóvenes que se atrevan a subir al escenario: habrá premio para todos).

18:00 horas – Panorámica del fantaterror: escenas para la memoria (con Elías Fosco)

19:00 horas – Debate abierto: el formato predilecto del horror

20:00 horas – La melodía del horror (con Fernando Lafuente, locutor de Metalmanía, y Pedro Moscatel, escritor, músico y compositor)

Pausa para cenar

22:00 horas – Monólogos de terror abierto a quien se atreva. Incluirá intervenciones de José María Tamparillas, que improvisará un relato de terror con los elementos brindados por el público.

Sábado 22 de octubre


11:00 horas – Mesa redonda Juegos de rol: el terror puede estar en los dados (con Fernando Lafuente y Juan Ángel Laguna Edroso)

12:00 horas – Conferencia La raíz de todo horror: los monstruos que produjo el sueño de la razón (con Sergio Mars, editor de Cápside y autor de El precio del barquero)

13:00 horas – Mesa redonda La fusión del terror y la ciencia ficción (con David Jasso, Sergio Mars y Pedro Moscatel)

Pausa para comer

17:00 horas – Mesa redonda Terror clásico vs horror cósmico vs pánico materialista (con José María Tamparillas, Sergio Mars y Juan Ángel Laguna Edroso)

18:00 horas – HorrorQuiz: Concurso popular de cine, literatura y cultura general de terror. Abierto a todo el mundo e inscripción en el momento.

19:00 horas – II Edición de los Microduelos de Sangre: concurso de microrrelatos de terror en directo. Bases disponibles en la web de Saco de Huesos.

20:00 horas – La captura del monstruo de tres cabezas (con David Jasso) y final de los Microduelos de Sangre.

Pausa para cenar y queimada de postre realizada por José María Tamparillas.

22:00 horas – Paranormal Monológuity (con David Jasso): historias de terror paranormal contadas en primera persona con la complicidad del público.

Domingo 23 de octubre


Excursión de terror: Visita a la estación fantasma de Canfranc y, si el tiempo acompaña, a la Cueva de las Güixas. (Amenizada por José María Tamparillas).

11:00 horas – Partida de demostración de Walpurgis: el retrojuego de rol de fantaterror (con Fernando Lafuente, coordinador de la línea Laberinto de Saco de huesos). Inscripciones en stikud@hotmail.com.


11:00 horas – Taller de literatura abierto: literapia de grupo.

Actividades en continuo:

Exposición de Verónica Leonetti: Verónica a través del espejo

Pozo de libros

Stand con firma de autores

Libro de las faltas

Concurso de disfraces

Información útil

Reserva de alojamiento y comidas: jornadas.penumbra@gmail.com

Web de Santa Cilia: http://www.santacilia.es/

Web de Espantabrujas: https://www.facebook.com/events/967717723354333/

Con el patrocinio de Nosolorol – La Pastilla Roja – Planeta DeAgostini Cómics – Ediciones Hades – Ediciones Cátedra – Duendelirium – Cápside Editorial

The uninhabited house (La casa deshabitada)

•octubre 18, 2016 • Dejar un comentario

Charlotte Riddell fue una de las escritoras más populares de la era victoriana. De origen irlandés, aunque londinense de adopción, su extensa obra (incluyendo 65 novelas) describe con gran detalle el paisaje de un Londres que está creciendo y transformándose a pasos agigantados durante todo el siglo XIX. Pese a la notoriedad que llegó  adquirir dentro del panorama literario británico, en la actualidad apenas se la recuerda por una pequeña porción de su obra, la que tiene que ver con historias de fantasmas, que abarca cinco novelas y un buen puñado de cuentos (que no fueron apreciados por sus contemporáneos, pero que hoy en día son imprescindibles en cualquier antología de relatos de fantasmas victorianos que se precie).

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De las cinco novelas concernientes a lo sobrenatural (en particular, a casa encantadas), cuatro fueron publicadas en rápida sucesión entre 1872 y 1878, empezando por “Fairy water” e incluyendo “The uninhabited house” en 1875 (firmada como “Mrs. J. H. Riddell”, correspondiendo las iniciales al nombre de su marido, de quien también tomó el apellido).

En contra de lo que podría esperarse en una historia de fantasmas, la autora se toma su tiempo para ira asentando su historia y presentando a los personajes: el joven Patterson, un humilde empleado del bufete del señor Craven, y la señora Blake, una solterona de “fuerte” personalidad, tia y tutora de Helena Elmsdale, una hermosa joven azotada por la tragedia (los elementos autobiográficos abundan en su biografía, con el cruel destino de Helena, huérfana a una edad temprana y abocada casi a la pobreza, como reflejo de la dura juventud de la autora). Prácticamente el único activo que tienen para su sustento tía y sobrina es River Hall, una propiedad en Addlestone imposible de alquilar, pues invariablemente los inquilinos acaban abandonando el lugar, escenario del suicidio del coronel Morris, padre de Helena.

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El primer tercio de la novela se presenta así como un relato casi costumbrista, centrado sobre todo en los quebraderos de cabeza a los que se enfrenta la firma legal en su gestión del legado de Elmsdale (suscitados tanto por las dificultades asociadas al presunto encantamiento del lugar como por la pintoresca personalidad de la señora Blake, todo un carácter). Todo ello desemboca en un juicio que sirve para cambiar de tercio, con Patterson asumiendo sobre sus hombros la tarea de desvelar el misterio de River Hall (enamorado en secreto de Helena, por supuesto).

Sigue una típica historia de casa encantada, que apela más a suscitar sobrecogimiento frente a lo sobrenatural que auténtico terror. Sigue siendo una narración elegante, aunque con el paso de la señora Blake a un segundo plano la novela pierde buena parte de la frescura y casi todo el humor que impregna los primeros capítulos. Sea como sea, Patterson se erige en una suerte de detective de lo oculto aficionado (una figura poco explotada hasta la fecha, con el precedente más obvio en el doctor Hesselius de Sheridan Le Fanu, aunque la aproximación amateur de Patterson no puede ser más diferente).

Pronto queda de manifiesto, sin embargo, que la solución al misterio, más que en el plano etéreo, podría encontrarse en el mundo físico, pues el joven se descubre bajo constante vigilancia por parte de una figura tan siniestra como misteriosa, y así, aunque el fantasma del coronel Morris sirve de desencadenante de la acción, los puntos más importantes de la trama se dirimen en una arena mucho más cotidiana (y a la postre temible) para la mayor parte de los británicos de la época.

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Charlotte Riddell se muestra en “The uninhabited house” como una escritora con una enorme sensibilidad, capaz de trasladar con eficacia la cotidianidad de la segunda mitad del siglo XIX a nuestros días, sin que en el proceso se pierdan los matices. También cabe destacar cómo una fina ironía lo permea todo (empezando por el título), siendo particularmente notable un feminismo incipiente, que equipara por ejemplo, como quien no quiere la cosa, el razonable resquemor masculino con los tontos temores femeninos (dejando clarito para quien quiera entender que la única diferencia es mera cuestión de formulación).

Las escenas sobrenaturales son igual de efectivas, algo que consigue sobre todo la naturalidad con que se nos presentan, aunque mucho ha cambiado en ese campo, y a ojos modernos todo el asunto puede antojarse un poco simplón (y difícilmente terrorífico). Por supuesto, el fantasma no es en modo alguno el verdadero núcleo del horror de la historia. Todo gira en torno a la mutabilidad de la fortuna, los reveses capaces de destruir el bienestar económico de un golpe y la angustia de la estrecheces pecuniarias con familiares al cargo (la propia Charlotte Riddell se lanzó a la literatura para sustentar a su madre viuda, enferma de cáncer, quien no llegó a ver el éxito de su hija, huérfana a los veinticuatro años).

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Esa mezcla entre humor sutil e inteligente y actitud esperanzadora, sobre un poso omnipresente de tristeza, hacen de “The uninhabited house” una lectura mucho más sustanciosa de lo que su sinopsis da quizás a entender. Los temores y anhelos de una sociedad sometida a enormes tensiones y a cambios literalmente revolucionarios (en el rol de la mujer, sin ir más lejos), encontraron reflejo en los cuentos de fantasmas, que se trasladaron de los viejos castillos medievales a los no tan folclóricos pero cercanos hogares urbanos, donde mejor podían ejemplificar esas fuerzas inhumanas y amenazadoras que se cernían sobre los hombres (la economía, sin ir más lejos).

La novela, que tan sólo cuenta con una traducción al español, puede descargarse en versión original a través del Proyecto Gutenberg.

Otras opiniones:

The old english baron; or The champion of virtue (El barón inglés)

•octubre 16, 2016 • Dejar un comentario

La novela gótica, al menos tal y como la conocemos, bien hubiera podido nacer y morir con “El castillo de Otranto” (Horace Walpole, 1764), de no ser por la intervención de una lectora, fascinada por sus intenciones pero contraria a lo que identificaba como burdos excesos. Esa lectora fue Clara Reeve, hija de un reverendo de Ipswich, que se propuso, tal y como describe en un informativo prólogo incluido a partir de la segunda edición, volver a contar esa misma historia expurgándola de sus elementos más obviamente fantasiosos.

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Así, en 1777 apareció la obra anónima “The champion of virtue”, presentada al igual que su modelo como la traducción de una obra original de los tiempos góticos (siglo XII). Un año después, sin embargo, tras la favorable acogida, volvió a publicarse una versión corregida bajo el nuevo título de “The old english baron”, atribuyéndola ya a Clara Reeve (aunque mantiene el artificio de traducción, haciendo mención incluso de páginas perdidas en el manuscrito original).

Pese a sus intenciones originales, la aparición de esta nueva obra suscitó el debate de si era preferible una fantasía desbocada, como la del Walpole (con cascos gigantescos que caen del cielo, por ejemplo) u otra más sutil; más proclive, por tanto, de ser creída por lectores con un criterio poco firme al respecto. Sea como fuere, cuando la novela gótica cobró fuerza en la última década del siglo, fue básicamente el modelo de Reeve el que se impuso, llevándolo incluso al extremo de desarrollar el recurso de lo paranormal explicado (acontecimientos aparentemente fantásticos que a la postre se muestran como naturales), abanderado sobre todo por Ann Radcliffe, la gran dama del género gótico.

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Pese a su importancia histórica, la historia en sí reviste de escaso interés. Por un lado tenemos a sir Philip Harclay (el Campeón de la Virtud), quien a su regreso de las Cruzadas acude a visitar a un viejo amigo, descubriendo para su consternación su fallecimiento muchos años atrás. Así, el castillo de Lord Lovel se encuentra ahora ocupado por el baron Fitz-Owen (el viejo baron inglés), cuñado del heredero de Lovel (quien acabó trasladándose a sus posesiones en Escocia).

En el castillo de Lovel, sir Philip conocé a la familia y sirvientes del barón, entre quienes destaca Edmund, un muchacho de origen humilde pero con grandes virtudes. La lealtad del joven hacia su señor impide que entre allí mismo al servicio del caballero, pero con el correr de los años los sobrinos del viejo Fitz-Owen, envidiosos de sus cualidades, traman contra él, predisponiendo en su contra incluso al heredero del barón y forzando su marcha. No antes, sin embargo, de descubrir un terrible secreto, durmiente por años en un ala abandonada, por encontrarse supuestamente encantada, del castillo.

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No voy a contar mucho más por no reventar las pocas sorpresas que depara la historia (si acaso hay alguna). La autora se empeña una y otra vez en destruir cualquier anticipación que pudiera estar gestándose, marcando claramente cada paso y telegrafiando con suficiente antelación cualquier giro futuro de la historia. Su interés, desde luego, no radica en transmitir emoción, sino más bien en instruir, como buena hija de reverendo, sobre el alcance de la Providencia divina, la importancia de la virtud, el castigo último de la maldad y la vía de escape del arrepentimiento sincero.

Por cumplir esa agenda, Clara Reeve es capaz de manipular la historia del modo más burdo, encajando las piezas para que todo cuadre, los personajes honorables reciban su recompensa y a los malvados les llegue su castigo (sin pasarse)… algo en verdad difícil cuando por el planteamiento del conflicto no es posible satisfacer las aspiraciones honorables de todos los personajes. Sí, al final fuerza una solución, pero es tan rocambolesca e implausible que tira por tierra cualquier pretensión de credibilidad. El mensaje importa más que la trama.

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Otro grave defecto reside en la insoportable santurronería de muchos de los personajes, en particular de Edmund, el supuesto protagonista más soso de la historia de la literatura (basta con ver cómo ninguno de los dos títulos que llegó a ostentar la obra hacen referencia a él). Si a todo ello le añadimos que pierde el atractivo del exceso que sí tenía “El castillo de Otranto”, es fácil entender que a ojos modernos “The old english baron” resulte una lectura muy poco estimulante (y para nada terrorífica; hasta el punto de que voy a clasificarla como de fantasía).

A su modo, sin embargo, resultó también innovadora. Novedoso fue, por ejemplo, el situar la acción no en un país lejano, sino en la misma Inglaterra (una característica que aún tardaría décadas en popularizarse). También consolidó muchas de las características del gótico (apariciones fantasmales, romance, secretos antiguos, personajes que no son lo que parecen…) y, sobre todo, apuntaló el que podríamos llamar “modelo Otranto” (durante muchos años se publicaron ambas novelas de forma conjunta), lo que posiblemente resultó crucial para que el goticismo se impusiera sobre el orientalismo de la un poco posterior “Vathek“.

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“The old english baron” fue también la primera novela del que podría llamarse “gótico femenino”, una tendencia que cobró fuerza entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, abarcando autoras como Ann Radcliffe, Eliza Parsons, Eleanor Sleath o la propia Mary Shelley, y que a su vez enlazaría con la obra de autoras un poco posteriores como Jane Austen o las hermanas Brontë (diluyendo cada vez más la faceta sobrenatural, hasta hacerla prácticamente desaparecer, al mismo tiempo que el gótico inspirado en “El monje” de Matthew Lewis se iban haciendo más y más explícito).

Conozco al menos un par de ediciones en español, traducidas ambas como “El barón inglé (aunque la más antigua añade “El campeón de la virtud”, al considerarlo, con acierto, un título más atractivo). La primera es de 1854 y no sé de otra hasta una muy limitada y reciente (2006) de la Universidad de Málaga. En versión original, puede descargarse gratuitamente a través del Proyecto Gutenberg.

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