La afirmación

Christopher Priest fue una adición relativamente tardía a la New Wave británica, con sus primeros cuentos publicados en 1966 y su primera novela, «Indoctrinario», en 1970. Pronto, sin embargo, empezó a destacar, llegándole el reconocimiento crítico con «El mundo invertido» (1975), que le valió su primer BSFA.

Suele considerarse 1981, con la publicación de «La afirmación» («The affirmation») como un punto de inflexión en su carrera, que empezó a dirigirse (un poco a la estela de Ballard) hacia un slipstream más literario, reduciendo el componente fantástico aunque sin renunciar a algunos de sus temas favoritos como la naturaleza maleable de la realidad o, de un modo más específico, la disociación entre percepción, narración y realidad.

affirmation2

Precisamente en torno a esos tres ejes se articula «La afirmación», que se nos presenta inicialmente como una suerte de autobiografía escrita por un tal Peter Sinclair, un joven londinense de veintinueve años que ha sufrido en rápida sucesión tres rotundos golpes. Primero, la muerte prematura de su padre; segundo, su despido del trabajo especilizado que venía desempeñando en una empresa química; tercero, una ruptura traumática con su novia, Gracia. A resultas de todo ello, ha acabado autorrecluyéndose en la casa de campo de un viejo amigo de su padre, con el compromiso de realizar los arreglos que necesita. Allí, con el propósito explícito de conocerse mejor, comienza a escribir la historia de su vida.

Durante los primeros compases de la novela Priest parece dedicarse principalmente a reflexionar sobre el proceso creativo, desde una perspectiva metaliteraria. Peter empieza varias veces su biografía, hasta que llega a la conclusión de que el mejor modo de mostrar la verdad subyacente es a través de la metáfora. Nace así Peter Sinclair, un joven jethrano de veintinueve años que ha ganado la lotería de Collago, una nación insular, perdida en el interior del Archipiélago del Sueño, que ofrece mediante ese mecanismo azaroso un exclusivo procedimiento médico llamado atanasia, cuya finalidad es prolongar indefinidamente la vida (conservando, además, una salud envidiable).

afirmacion

Supuestamente, la vida de ese otro Peter Sinclair y sus encuentros con personajes equivalentes a aquellos que han sido relevantes en su vida debería ofrecernos claves para describir al verdadero Peter… y lo hacen, aunque no como se supone, porque no tardamos en descubrir algo inquietante: Peter Sinclair es un narrador mentiroso.

La irrupción de su hermana mayor en el retiro autoimpuesto nos revela que todo lo que nos ha estado contando sobre sus avances en la restauración de la casita es falso. En vez de eso, ha vivido cada vez más recluido en sí mismo, huyendo, ahora lo «sabemos» de lo que le ha ocurrido, porque resulta que inmediatamente después de la ruptura que conocemos, Gracia ha intentado quitarse la vida con una sobredosis de medicamentos, y eso al parecer resultó ser demasiado para Peter, que se ha refugidado literalmente en la campiña y metafóricamente en ese Archipiélago del Sueño, donde ha «conocido» a otra novia, Seri, que lo acompaña a la clínica donde le realizarán el procedimiento de inmortalización. A partir de ahí, todo se complica.

affirmation3

Priest juega con las dos realidades que ha plasmado para Peter, saltando de Londres a Collago, de su reluctante proceso de reinserción en la vida que había abandonado en Londres a las dudas que le suscita el proceso de atanasia, que al parecer implica necesariamente una amnesia total y una reconstrucción de su personalidad a partir de un prolijo cuestionario previo. La cuestión es que pronto empiezan a entremezclarse esos dos escenarios, con la irrupción en la trama archipelágica de la autobiografía escrita en Inglaterra, con la peculiaridad de que desde esa perspectiva realidad y ficción intercambian posiciones.

Por teminar de embrollar las cosas, Seri se manifiesta en Londres, justo cuando Peter parece estar reconciliándose con Gracia, y cuando ella está cerca el propio Londres parece transmutarse en Jethra, aunque al mismo tiempo resulta evidente por cómo reaccionan los testigos que todo ese vaivén de realidades acontece en la mente del narrador. Ahí es donde el trabajo previo de Priest comienza a dar frutos, porque antes de jugar con estas percepciones claramente patológicas Peter ha estado cuestionándose sobre la fiabilidad de los recuerdos y la capacidad de la mente (y de la narrativa) para reescribir el pasado. Claro que, ¿dónde empieza y termina el pasado? ¿Existe realmente un ahora o, como sugiere nada menos que el segundo párrafo de la novela, en el proceso mismo de fijar el presente ya se está convirtiendo en pasado y, por tanto, deviene en falseable?

afirmacion2

Hablando de recuerdos, es buen momento ahora para recordar que Peter Sinclair es cualquier cosa menos un narrador sincero. ¿Por qué nos está dando a entender todos esos fallos de percepción? ¿Qué está intentando ocultar bajo todas esas capas de «creatividad autobiográfica»? La habilidad de Christopher Priest para entremezclar las perspectivas nos lleva incluso a preguntarnos cuál es la realidad objetiva de Peter. ¿Se trata de un londinense que se fuga al territorio imaginario de las islas, que vendrían a representar su subconsciente, o es un jethrano que se ha inventado por algun razón incognoscible un lugar llamado Inglaterra, obligando además a los técnicos de atanasia a reconstruir su personalidad a partir de esa ficción?

Ya casi al final una nueva revelación nos ofrece la última pieza del rompecabezas que es Peter Sinclair. Ahora bien, ¿cómo insertarla entre las demás? Supongo que esa es una decisión personal de cada lector. Particularmente, considero que hay algo en la naturaleza del escenario imaginario de Priest que nos ofrece una pista de interpretación. En él, Inglaterra, una isla, se ha transformado en el continente de Faianland, un señorío vagamente decimonónico, aunque con tecnologías anacrónicas. En él, quien ha fallecido es la madre, no el padre de Peter. Análogamente, ¿qué podemos inferir de esa búsqueda de la inmortalidad? ¿De qué realidad podría estar fugándose Peter?

No menos ambigua resulta otra cuestión que el magnífico final acaba suscitando: ¿Quién es el autor de la novela autobiográfica que hemos estado leyendo? Evidentemente, es Peter Sinclair, sí, ¿pero qué Peter Sinclair?

affirmation

«La afirmación» le valió a Christopher Priest su segunda nominación al BSFA de novela, aunque en esta ocasión perdió frente al inicio del Libro del Sol Nuevo de Gene Wolfe («La sombra del torturador«), una novela que casualmente está narrada también por un personaje no fiable. J. G. Ballard fue igualmente finalista por «Hola, América». El Archipiélago del Sueño, que de hecho había sido imaginado previamente en algunos relatos, volvería a aparecer en la antología «The Dream Archipelago» (1999) y las novelas «The islanders» (2011) y «Expect me tomorrow» (2022).

Para concluir, tan solo unas divagaciones sobre la adscripción genérica de «La afirmación». ¿Se trata de fantasía o de ciencia ficción? Es una cuestión peliaguada, para empezar porque no contamos con una definición inequívoca de qué es ciencia ficción. Podría argumentarse que la existencia de la atanasia le confiere los créditos especulativos suficientes para poder ser considerada como tal. El caso es que no hay realmente una tesis en la novela. No está intentando llegar a ninguna conclusión. Es un collage de percepción, narración y realidad, abierto por completo a la interpretación del lector. Personalmente, en estos momentos la interpretaría como fantasía… aunque eso es algo que podría perfectamente cambiar en algún momento futuro.

Otras opiniones:

~ por Sergio en septiembre 11, 2022.

2 respuestas to “La afirmación”

  1. El interjuego de supuestas realidades o la duda acerca de qué es real y qué no, resulta fascinante. Lo que me hizo por momentos difícil la lectura fue lo seco, astringente casi, diría, de la prosa. Recuerdo pasar páginas y no encontrar ninguna -pero ninguna- descripción que incluyera alguna comparación siquiera levemente metafórica (más allá de las metáforas que se puedan encontrar en la lógica narrativa misma y en la trama en sí). Por momentos me parecía estar leyendo más un informe que una novela.

    • A mí sí que me convenció el estilo. Es una narración instrospectiva. El mundo exterior (ya sea real o imaginario) queda siempre en segundo plano, porque lo importante es la vivencia subjetiva. Pienso que la narración directa, simplemente enunciativa, es importante para transmitir esa preponderancia del yo. Todo está supeditado a definir (o difuminar) a Peter Sinclair.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

 
A %d blogueros les gusta esto: