Un fuego sobre el abismo

¿Cómo mantener la relevancia en un panorama tan dinámico como el de la ciencia ficción, y máxime dejando pasar más de un lustro entre incursiones? Vernor Vinge parecía haber dominado el truco, cuando tras sendas nominaciones infructuosas al premio Hugo en 1985 (“La guerra de la paz”) y 1987 (“Naufragio en el tiempo real“), se alzó con el galardón con cada una de sus siguientes tres novelas (en 1993, 2000 y 2007), empezando con “Un fuego sobre el abismo” (“A fire upon the deep”, 1992).

afireuponthedeep

El secreto tal vez consistió en saber mantener una profunda coherencia temática personal, al tiempo que mostraba la flexibilidad necesaria para amoldarse a los gustos específicos de la época. Así pues, con “Un fuego sobre el abismo” se propuso profundizar en su especulación en torno a la singularidad (el núcleo de la misteriosa desaparición de casi toda la humanidad a mediados del siglo XXI en “Naufragio en el tiempo real“), al tiempo que abrazaba el estilo y el enfoque de la space opera moderna, siguiendo la “escuela” americana, liderada por David Brin (en contraposición con la británica de Iain Banks y seguidores).

Dada la asumida imposibilidad de coexistencia entre entidades como nosotros y seres evolucionados más allá del horizonte de una singularidad (trascendidos, según la terminología de la novela), Vernor Vinge desarrolla el concepto de las Zonas de Pensamiento, una forzada separación fisíca entre inteligencias con distinto grado de desarrollo. Así pues, imagina una Vía Láctea subdividida en diversas áreas concéntricas, desde las profundidades sin mente del núcleo galáctico hasta el trascenso de la perifería (y, supuestamente, el vacío entre galaxias). Entre medias, un anillo que es la Zona Lenta (donde las leyes físicas impiden el viaje o la comunicación a mayor velocidad que la luz), donde supuestamente se encuentra la Tierra (ha mucho tiempo devenida en mito), seguido de otro, el Allá, donde tiene lugar la mayor parte de la acción.

En el Allá (con su propio gradiente, de Alto a Bajo, según linde con el trascenso o con la Zona Lenta), cientos, quizás miles de especies forman civilizaciones en continua evolución. Algunas se extinguen, algunas cambian y otras, al menos en parte, trascienden, y se transforman en Poderes, de motivaciones y objetivos inimaginables de este lado de la singularidad (y vida breve, apenas diez años de media, antes de, quizás, seguir su evolución hacia metas todavía más arcanas).

Zonas_Pensamiento

En éstas, la colonia humana más cercana al trascenso se embarca en una expedición arqueológica, en busca de datos ha largo tiempo perdidos en un mundo en el límite del Allá Alto. Para su desgracia, lo que consiguen es despertar una Aberración, un antiguo Poder destructivo que se extiende como una plaga, esclavizando civilizaciones (lo cual es un comportamiento extraño, pues las entidades trascendidas suelen prestar bien poca atención a las zonas inferiores) e incluso asesinando a otros Poderes. En el último momento, sin embargo, una nave logra escapar, transportando en animación suspendida a los niños de la colonia y, tal vez, una “cura” para la plaga, enterrada junto con la Aberración por si se daba precisamente aquella eventualidad.

A la postre, la nave queda varada en un mundo primitivo y desconocido por la sociedad galáctica, el el límite del Allá Bajo con la Zona Lenta, sobreviviendo (sin contar los criogenizados) tan sólo dos niños, Jefri y Johanna, de ocho y catorce años. La especie dominante son las manadas (bautizados Púas) por los niños, consciencias múltiples que surgen de la unión mental de entre cuatro y ocho seres parecidos a perros (sus peculiaridades serían muy largas de explicar y, además, descubrirlas supone uno de los mayores alicientes de la novela, así que me las ahorraré). El nivel tecnológico general es más o menos medieval, pues pese a su gran inteligencia, los púas se enfrentan a la desventaja de que no pueden acercarse unos a otros sin perder el control racional sobre sus unidades.

Las noticias sobre el accidente llegan hasta el Nodo (un sistema estelar/corporación dedicado a la gestión de las comunicaciones interestelares), iniciándose una carrera entre quienes buscan rescatar a los niños y encontrar el antídoto y los agentes mismos de la Plaga (junto con algún que otro predador oportunista), que pretenden conjurar la amenaza. Para complicar las cosas, también en el mundo de los púas hay facciones enfrentadas. Por un lado la dictadura (casi teocrática, aunque más que en una religión se fundamente en una filosofía) de Reductor (y su lugarteniente Acero), y por otro el estado casi renacentista de Tallamaderas, con el conocimiento ultraavanzado de los visitantes como premio final.

Unfuegosobreelabismo

Con sólo constatar lo que me ha costado plantear someramente el argumento, ya puede deducirse que no estamos ante una space opera común. Sin renunciar a la desmesura que caracteriza al subgénero, Vinge pretende utilizarlo para explorar ideas bastante exigentes, lo que obliga a un nivel adicional de complejidad. Ya no es sólo el concepto mismo de singularidad (representado literalmente por las fronteras entre las distintas zonas de pensamiento), sino reflexiones en torno al método científico (examinado a través de la peculiar psicología de los púas, impuesta por sus ventajas y limitaciones como consciencias múltiples), especulaciones informáticas (las civilizaciones galácticas se comunican a través de un sistema similar a la Usenet, un sistema descentralizado, que además no requiere demasiado ancho de banda, pero con sus propias carencias, ejemplificadas en el apodo que recibe en la novela: “La red del millón de mentiras”) e incluso antropológicas (al contrario que con Brin, los humanos no salen tan bien parados con Vinge, al menos a escala global, porque su análisis de la esencia de la humanidad, en la figura de Pham Nuwen, es sin duda inspiradora).

Por lo que respecta al escenario o el dinamismo de la trama, el autor demuestra que no tiene nada que envidiar a otros escritores que han hecho del subgénero su principal (si no único) enfoque. La policivilización galáctica es rica y deslumbrante, con alienígenas tan peculiares como los escroditas (una especie de arbolitos sobre plataformas móviles artificiales, que además les proporcionan la memoria a corto plazo de que carecen) o los propios púas (como suele ser habitual, a nivel bioquímico presentan similitudes imposibles con el modelo humano, pero bueno… se trata de un defecto habitual en la ciencia ficción, incluso la dura).

A Fire Upon the Deep_Gollanz

Tal vez con el paso de los años sí que se note que la tecnología del Allá, supuestamente inaccesible bajo las leyes físicas de la Zona Lenta donde nos hallamos, ha quedado un poco obsoleta por lo que respecta a capacidades informáticas (¿Le habrá llevado a Vinge esta misma sensación a indagar en las ideas que fundamentan “Al final del aro iris“?). Como ya demostró William Gibson, cuanto menos ligada a fundamentos técnicos reales, mayor es la esperanza de vida de la especulación. También he encontrado algún escollo en la traducción, sobre todo en términos técnicos (“memoria efímera” por “memoria a corto plazo”) y en ciertos nombres inexplicablemente transformados (Reductor debería ser más bien Desollador, un título mucho más ominoso). No dificultan la lectura, pero se antojan elecciones extrañas.

También me veo obligado a comentar que, una vez planteada toda la situación y establecidas las premisas del escenario, a la novela le falta quizás ese extra de atrevimiento que impulsa las ficciones de los grandes maestros de la space opera hacia el más difícil todavía. “Un fuego sobre el abismo” acaba constituyendo una experiencia más cerebral que emocional, lo cual le resta impacto una vez sus grandes ideas han tenido ocasión de permear (durante veinte años ya) en el corpus general de la ciencia ficción.

La siguiente novela de Vinge, siete años después, “Un abismo en el cielo“, fue una suerte de precuela, centrándose en las andanzas del Pham Nuwen original, milenios antes de los hechos narrados en “Un fuego sobre el abismo”. Habría que esperar hasta 2011 para que llegara la continuación directa, “the children of the sky”, ambientada en el mundo de los púas diez años después (la primera novela de Vinge en casi tres décadas que no ha obtenido premio o nominación alguna, lo cual, unido a la ausencia de reediciones de sus hermanas mayores, tal vez explique que no se haya traducido todavía al español). Los dos primeros títulos fueron reunidos en una edición Omnibus: “Zones of thought”.

Zones_of_Thought

“Un fuego sobre el abismo”, como ya he comentado, se alzó con el premio Hugo en 1993, empatando con “El Libro del Día del Juicio Final” (premio Nebula de 1992, superando entre otros al libro de Vinge), de Connie Willis (con quien también empata en número total de galardones). El resto de nominados fueron “Marte Rojo” de Kim Stanley Robinson (que obtuvo el Nebula de 1993), “China Montaña Zhang” de Maureen F. McHugh (la otra novela que obtuvo nominaciones para ambos premios) y “Playa de acero” de John Varley (mi preferido), constituyendo uno de los quintetos más fuertes de la historia de los Hugo.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 1, 2013.

7 comentarios to “Un fuego sobre el abismo”

  1. No conocía al autor, intentaré leerlo ya que me ha parecido interesante lo que cuentas sobre su historia.

    • Un ilustre “desconocido”. Tres premios Hugo de novela lo avalan, pero al menos en español no parece concitar mucho entusiasmo. Te recomendaría empezar con “Naufragio en el tiempo real” (para seguir la evolución de sus ideas).

  2. […] vuelto a la Ciencia ficción, es inevitable. Esta vez me he decantado por una novela mas moderna . Un fuego sobre el Abismo de Vernor Vinge, premio hugo en […]

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  5. […] la space opera renovadora de las últimas tres décadas escrita por gente como Peter F. Hamilton, Vernor Vinge o, no digamos ya, Iain M. […]

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