Behemoth

Hace meses que concluí la trilogía de los Rifters con la lectura de “βehemoth”, pero no había encontrado ocasión para escribir la preceptiva reseña (cosas de mi inconsistencia bloguera de un tiempo a esta parte). Es quizás un lapso excesivo, pero habiendo empezado, y por tratarse de una información bastante especializada y que es difícil que llegue por otros conductos, creo que os debo el comentario.

La historia de publicación de la novela es un tanto accidentada. En 2004, Tor Books decidió dividirla en dos volúmenes, “βehemoth: β-Max” y “βehemoth: Seppuku” (que se publicaron en julio y diciembre), debido a la reticencia de los tenderos a poner a la venta tochos caros de autores poco conocidos. El autor protestó airadamente en contra de esta medida, he incluso se aseguró de que en cada volumen se indicara claramente que contenía sólo la mitad de la historia. Cuando subió a su web una edición electrónica bajo una licencia Creative Commons restauró la unidad de la historia, y desde entonces se ha conjurado a que algo así no vuelva a suceder (de forma harto vehemente).

Lo curioso es que la división es bastante natural, quedando incluso menos forzada que el cliffhanger con que concluye “Starfish“.

Behemoth_Bmax

La primera parte, “β-Max” traslada la acción de nuevo al fondo oceánico, pasando de la dorsal Juan de Fuca del Pacífico norte a la estación Atlantis, en algún lugar junto a la dorsal central atlántica, donde han buscado refugio en torno a un millar de personalidades políticas y económicas de N’Am junto con un puñado de rifters (para más información al respecto, me remito a mis reseñas de los libros precedentes).

Tras cinco años de inestable convivencia entre rifters y corpses (un juego de palabras, derivando corpse o cadáver a partir de la contracción de “corporativo”), las tensiones acumuladas están a punto de estallar, siendo el detonante perfecto la constatación de un cataclismo imposible: la aparición, donde no debería haber llegado, de una cepa especialmente virulenta de la bacteria βehemoth, a la que bautizan como β-Max.

Lo peor, sin embargo, está por llegar, pues en medio de la hostilidad creciente entre facciones llegan a la conclusión de que ni la cepa ni su liberación en el entorno de Atlantis pueden obedecer a dinámicas naturales. Es decir, han sido descubiertos y atacados. Tan sólo cabe romper el aislamiento y afrontar la amenaza en un territorio del que no se sabe nada desde hace un lustro, pero que en el momento de su huida se abocaba a la catástrofe.

Behemoth-Seppuku

Así pues, en “Seppuku”, los rifters Lennie Clarke (quien fue el inconsciente vector de propagación de la infección) y Ken Lubin (el agente de inteligencia enviado originalmente a matarla) regresan al territorio de N’Am (Norteamérica) en busca de respuestas, encontrando una civilización devastada, en la que los privilegiados viven aislados en ciudades fortificadas mientras βehemoth campa a sus anchas por el resto del arruinado continente. Para agravar las cosas, un misterioso agente está bombardeando el territorio con otro patógeno, el seppuku, con el supuesto propósito de esterilizar la región y evitar que la plaga se expanda.

Otros dos personajes revisten importancia. El agente de alto rango de la CSIRA Achilles Desjardins, un psicópata bioquímicamente privado de conciencia (por un error de juicio explicado en “Maelstrom“), que tiene bajo su control los menguantes recursos defensivos de la región, y la doctora Taka Oullette, que recorre el yermo con su vehículo medicalizado atendiendo a los desfavorecidos en penitencia (oficial y personal) de un grave error que la exilió de su ciudad fortificada.

Resulta difícil abordar el análisis de la obra sin recurrir a su división interna, así que no voy ni a intentarlo. “β-Max” supone un retorno al ambiente claustrofóbico de “Starfish”, aunque careciendo tanto de la novedad como del alubión de revelaciones que caracterizan a la primera entrega de la trilogía. La única novedad en verdad relevante sería quizás una explicación adicional sobre el patógeno infeccioso original, que además explica (parcialmente) uno de los puntos débiles del armazón especulativo original (que tiene que ver con dinámicas evolutivas y con la introducción de un elemento ancestral en medio de una carrera armamentística que lleva miles de millones de años en marcha).

behemoth

En cualquier caso, aunque ese detalle se agradece, no me parece que aporte lo bastante (desde la triple perspectiva de argumento, ambientación y especulación) como para justificar un segmento tan voluminoso; porque las relaciones interpersonales, que hubieran podido sustentarlo con igual facilidad, no son el fuerte ni de Peter Watts ni de sus emocionalmente dañados personajes.

Mejora bastante la cosa con la incursión de Ken Lubin y Lennie Clarke en la degrada N’Am, adquiriendo la historia unos tintes postapocalípticos. La dinámica social, que crea un paisaje en el que el Juez Dredd se sentiría cómodo, resalta el pesimismo de Watts (ya bien restregado en nuestras narices a través de las revelaciones del segmento anterior). Destacaría la evolución del Maelstrom (la salvaje red nacida de nuestro internet) hacia un páramo habitado por los monstruosos shredders, evolucionados (¿criados?) a partir del virus memético de la Madonna del Apocalipsis (cuyo modelo fue Lenie Clarke).

Peeeeero… de repente me cambian al autor y todo empieza a dirigirse hacia una ¿salvación milagrosa de última hora? No, algo no encaja. La trilogía de los rifters es pesimista. Acabar bien es cosa de gente como David Brin (capaz de encontrarle salida a cosas como “Tierra“). En Peter Watts resulta casi antinatural (y forzado, muy forzado).

Behemoth_french

La comparación entre la conciencia (o ausencia de ella) y los actos de los cuatro personajes principales (Ken, Lenie, Achilles y Taka) se pierde en una trama casi propia de Bond (aunque Lubin es aún más psicópata que 007). No es que no revista cierto interés (hay un abordaje para viajar de polizones en una especie de superzepelín que no tiene desperdicio), pero es un desarrollo que no termina de encajar con lo que hemos llegado a esperar de la trilogía. Acabarla con un brote de esperanza se percibe casi como una traición, como si el autor no se hubiera atrevido a llevar sus ideas hasta su conclusión lógica (tirando más hacia Brunner que hacia Brin).

En conjunto, “βehemoth” resulta un colofón algo decepcionante para la serie de los rifters, a lo cual se añade que el ratio entre páginas e ideas se desequilibra en favor de las primeras, disminuyendo así el principal atractivo de la ficción de Peter Watts.

No puedo concluir sin un comentario (o aviso) adicional. Hacia años que una novela no me ogligaba a consultar tanto el diccionario (menos mal que con el e-reader eso es fácil). De ser posible, el autor opta por usar palabras con raíces germánicas antes que latinas, y aunque en general eso conduce a escoger términos populares antes que cultismos, el abuso le lleva a emplear algún que otro vocablo ciertamente inusual (tampoco he leído tanta ficción en inglés canadiense como para descartar que sean simplemente modismos locales).

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en marzo 26, 2014.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: