Starfish

En el panorama de la ciencia ficción hard actual es posible destacar dos núcleos principales. Por un lado están los autores británicos, tales como Iain Banks, Ken McLeod, Alastair Reynolds, Charles Stross o Stephen Baxter, que a menudo entremezclan con su especulación científica otra vertiente social y presentan en varios casos cierta querencia hacia la space opera. Por el otro, nos encontramos con los escritores canadienses, tales como Robert Charles Wilson, Karl Schroeder o Robert J. Swayer, más predispuestos a examinar aspectos filosóficos.

Todos estos autores, nacidos entre 1954 y 1966, comparten ciertas inquietudes. En su mayor parte, publicaron su primera novela hacia finales de los 90 (aunque en los casos más precoces este acontecimiento se adelante hasta una década). Tras el optimismo inicial que marcó la resurrección de la ciencia ficción dura y la reacción en contra del cyberpunk, el futuro pintaba mucho más negro e ignoto, con varias incógnitas pendiendo sobre nuestra capacidad predictiva como espadas de Damocles (por un lado el concepto de singularidad, extendido más allá de la original superinteligencia informática; y por otro el desprestigio cada vez mayor de la ciencia, incapaz de ofrecer respuestas a cuestiones tan cruciales como la inminente crisis energética, el estancamiento tecnológico o los desequilibrios económicos).

El canadiense Peter Watts sumó su voz a este panorama con diversos cuentos desde 1990, que culminaron con su primera novela, “Starfish”, publicada en 1999. En ella hace gala de su formación como biólogo marino (aunque se aleja de su especialización en mamíferos acuáticos), al tiempo que dibuja un futuro tenebroso abocado a un desarrollo catastrófico. Es el sino de los tiempos. El porvenir ya no es una brillante proyección de infinitas posibilidades, sino un pozo negro hacia el que nos vemos abocados a sumergirnos. Lo cual explica en parte la escasa popularidad actual del género.

“Starfish” toma el ambiente y el personaje principal de “A niche”, el cuento que lo puso en el mapa en 1990 (y le reportó un premio Aurora en 1992), expandiendo a partir de esa pequeña semilla, subiendo poco a poco las apuestas, hasta llegar al βehemot. Pero mejor vamos por partes.

El escenario principal de la novela es la estación Beebe (en honor del naturalista William Beebe), un complejo situado a tres mil metros de profundidad, cerca de la dorsal oceánica Juan de Fuca, que separa la placa tectónica homónima de la Pacífica. Allí, grandes generadores tratan de ordeñar la energía del núcleo terrestre para alimentar las siempre crecientes necesidades energéticas de la humanidad. El problema es que el entorno resulta tan alienígena y hostil que hace falta un tipo particular de operarios para trabajar allí, lejos de cualquier luz, sometidos a una presión aplastante y rodeados de una fauna monstruosa (ya no sólo abisal, sino aquejada localmente de gigantismo debido a la ecología particular asociada a las fumarolas sulfurosas).

La solución que encuentran los psicólogos de la empresa consiste en enviar a las profundidades a personas con graves problemas emocionales, fruto por ejemplo de haber padecido (o infligido) maltratos, adictos (a su pesar) a la sensación de hallarse en constante peligro. Una serie de operaciones e implantes los transforman en anfibios, capaces de soportar las condiciones reinantes en el fondo oceánico, lo cual, unido a los condicionantes psicológicos,  los aleja aún más de la humanidad (transformándolos, por cierto, en personajes difíciles; fríos, extraños, casi extraterrestres). Son los rifters.

Buena parte de la novela trata sobre su integración en el nuevo ambiente y sobre los problemas de convivencia que surgen entre ellos. Pese a tratarse de una localización de nuestro propio planeta, el fondo oceánico es tan ajeno a nuestra experiencia como la superficie de la Luna (quizás más en determinados aspectos). Watts consigue a la perfección transmitir esa extrañeza no exenta de fascinación (¿Quién no se ha maravillado ante una fotografía de esos peces que son todo dientes gigantescos, unidos a un diminuto estómago siempre hambriento?), al tiempo que los rifters van estableciendo sus propias normas y estilo de vida, llegando en ocasiones a alejarse tanto de la senda de la humanidad que ya no pueden retornar a ella.

Pero el mundo exterior no va a dejarlos en paz. Una serie de descubrimientos sobre la fauna local, de los que no voy a hablar mucho por no fastidiarle a nadie la sorpresa, lanza la historia en una dirección completamente nueva, haciendo que todo el tercio final de la novela sea un crescendo de revelaciones, a cual más fascinante, que plantea un escenario interesantísimo… que por desgracia cierra en pleno cliffhanger, emplazándonos a seguir con los libros que cierran la trilogía de los rifters: “Maelstrom” y “βehemoth” (protagonizados ya claramente por Lennie Clarke, personaje presentado en “A niche”, cuyo nombre parece un claro homenaje a Arthur C. Clarke, también fascinado con la investigación submarina, como quedó de manifiesto con “En las profundidades”).

La fama de Peter Watts llegaría más tarde, con su novela de 2006 “Visión ciega” (nominada al Hugo), y ciertamente en “Starfish” se perciben problemas de neófito. En particular cuestiones de ritmo a lo largo de los dos primeros tercios, así como exposiciones no muy claras, a lo cual no ayuda un lenguaje que hace de la economía expresiva su principal característica, muy en consonancia con las barreras afectivas que erigen frente a sí la mayor parte de los personajes. También resulta un tanto tópica la presencia de grandes conglomerados empresariales demonizados, así como faltaría quizás una mayor definición de la situación mundial (se alude a grandes masas de refugiados y a problemas de diversa índole, pero el foco de atención rara vez se aleja demasiado de la estación Beebe, por lo que desconocemos con exactitud la situación global).

La excepcionalidad del entorno, sin embargo, compensa estos escollos, mostrándonos un escenario fascinante, rara vez explorado en la literatura (aunque podría mencionarse la película “The Abyss” de James Cameron, otro gran aficionado a la investigación submarina, con un guión novelizado por Orson Scott Card en 1989). Por añadidura, cuando la especulación arranca (con la introducción de los geles neuronales o “head cheese” según el argot de la novela, la vida exótica endémica de la dorsal Juan de Fuca… y no me refiero sólo a los peces abisales, así como una serie de atrevidas propuestas neurofisiológicas) alcanza cotas realmente notables, siendo además de agradecer el cambio de tercio, desde la ingeniería/física característica en el género a la biología (en diversas ramas, siendo quizás la más curiosa la neurobiología aplicada tanto a la psicología como a la informática).

“Starfish” no ha sido todavía traducido al castellano, pero la versión original en inglés está colgada a disposición de los lectores (bajo una licencia Creative Commons) en la página web del autor (junto con “Maelstrom”, “βehemot” y “Blindsight”), que incluye además algunos apuntes técnicos sobre los rifters, la estación Beebe y las fumarolas hidrotermales de la dorsal de Juan de Fuca. Puede llegar a ser un lectura un tanto exigente, pero muy recomendable para todo aquel que busque nuevos desarrollos en la ciencia ficción.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en octubre 8, 2012.

7 comentarios to “Starfish”

  1. Gran reseña del que parece un libro capaz de diseñar un escenario muy muy novedoso.

    Dos preguntas: ¿ podría leerse como una novela independiente o, cuando menos, con un final abierto? y ¿ no sabrás de alguna editorial española que esté interesada en su publicación …?. En cualquier caso, gracias por tus reseñas y tu blog, del que soy puntual seguidor.

    victorderqui

    • Puede leerse como novela independiente… más o menos. El problema es que hacia el final va abriendo tal abanico de posibilidades fascinantes que te quedas con la sensación de que lo mejor aún está por llegar, lo cual supongo que hace casi obligatorio continuar con la trilogía (que por otra parte conforma un arco dramático único).

      Respecto a editoriales interesadas… Bibliópolis apostó hace poco por la última y más famosa novela de Watts (“Visión ciega”). Lo que ya no sé es si existe intención de explotar también su obra previa (aparte de ser una trilogía, al parecer la tercera novela es bastante voluminosa, lo cual incrementa los riesgos).

  2. Pues una auténtica pena que no esté traducido, porque promete mucho y porque Visión Ciega es de los mejores libros de ciencia ficción de los últimos años. Me quedé un poco decepcionado cuando me enteré que lo último que había publicado era una novela basada en Crysis, aunque si no estoy equivocado creo que también era guionista de la segunda parte del videojuego y que estaba bastante implicado (no solo era dinero fácil), después pensé que quizá por fin un videojuego podría tener una novela que no fuese un truño.

    Ojalá alguna editorial (Capside :)) se animara a publicarlos en castellano, aunque supongo que debe ser arriesgado por estar colgados gratis en su propia web. Aunque Blindsight también estaba colgado de gratis y Bibliópolis llego a publicar una segunda edición, todo un logro para un libro de ciencia ficción de un autor praticamente desconocido en nuestro territorio, y un libro de ciencia ficción bastante exigente.

    Saludos!

    • Aún no he leído “Visión ciega” (por supuesto, ahora lo tengo pendiente en inglés), aunque por lo que he husmeado por ahí, me atrevería a aventurar que “Starfish” comparte sus virtudes y defectos (siendo de esperar un estilo más pulido en la última). En cuanto a Crysis 2, sí, Peter Watts fue consultor del equipo de diseño… y posiblemente la novelización le haya reportado más beneficios que toda la trilogía de los Rifters. La economía manda (ya me gustaría a mí poder dedicarme de tanto en tanto a las novelizaciones si ello me permitiera desarrollar mis propios proyectos). [NOTA: Si algún productor se pasa por el blog, que sepa que aquí tiene a un novelizador bien dispuesto]

      Cápside, por el momento (y en un futuro previsible), juega en otra liga. Aunque tengo en mente un par de proyectos que considero igualmente intrigantes…

      • Oye, pues no te creas que es imposible porque Dmitry Glukhovsky andaba buscando escritores para ampliar el universo de Metro 2033 por todo el globo, y oye el Metro de Madrid mola. Te vienes un par de días por aquí para documentarte y escribir el nuevo Hit de Timun Mas y de paso presentas en la FNAC La ley del trueno. Me encanta que los planes salgan bien xD

      • No te creas, que de la red de metro de Valencia, aunque no muy extensa, se pueden sacar hasta profundos por lo superficial del nivel freático.

        Respecto a Madrid… Me gustaría ir por allí a presentar “La ley del trueno”. A ver si cuando pase todo el lío de la Hispacon puedo empezar a estudiar puntos de distribución.

  3. Muchísimas gracias por tu respuesta Sergio. Mucha suerte con la Ley del Trueno.

    victorderqui

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