La guerra de la paz

Activo desde 1966, Vernor Vinge alcanzó la prominencia dentro del campo de la ciencia ficción a principios de los años ochenta, gracias a dos hitos significativos. Por un lado, la novela corta de 1981 “True names”, que fue la primera en presentar (aunque no en bautizar) un ciberespacio; por otro, su tercera novela, “La guerra de la paz”, que si bien acabaría siendo eclipsada por su secuela, “Naufragio en el tiempo real“, le valió el reconocimiento de los aficionados y lo puso en la senda que le depararía, entre otros premios, cinco Hugos en los veintipico años siguientes.

“La guerra de la paz” se ambienta a mediados del siglo XXI, cincuenta años después de que la autonombrada Autoridad de Paz pusiera fin a las guerras gracias a un avance tecnológico crucial, instaurando en su lugar una dictadura blanda, que solo se preocupa por prohibir determinadas tecnologías (la industria pesada y la investigación en altas energías) y controlar cualquier posible desafío a su predominio. La tecnología en cuestión es la generación de burbujas, campos de fuerza esféricos, impenetrables tanto a la materia como a cualquier forma de energía, con un tamaño que puede variar entre unos milímetros de radio y unos pocos kilómetros (atrapando en su interior ciudades enteras).

Si bien su actuación evitó la guerra nuclear que parecía inevitable, el mundo de la Paz está lejos de ser una utopía. Ya no es solo que los conflictos locales, en los que se emplearon armas biológicas, hayan acabado diezmando a la población (y provocado un grave problema de infertilidad), sino que además la Autoridad de la Paz se procupa activamente por fomentar cierto grado de desorganización, lo que ha llevado, por ejemplo, al antiguo territorio de los EE.UU. a fragmentarse en pequeños pseudoestados independientes, cada uno con sus propias peculiaridades.

Bajo la superficie de tranquilidad, sin embargo, bulle una revolución inminente, sustentada en grupos clandestinos, más o menos organizados, que rechazan el statu quo. Así, sobreviven todavía grupúsculos de biocientíficos, temidos y despreciados por una población a la que se le ha enseñado a temerlos, y sobre todo la cultura de los quincalleros, que ha ido desarrollando, dentro de las limitaciones impuestas por la Paz, una avanzada tecnología electrónica, gracias sobre todo a Paul Naismith, un genio matemático de avanzada edad, que por fin, tras décadas de insistencia por parte de sus vecinos, por fin parece haber encontrado a un aprendiz en la persona de Wili, un joven negro, fugado de Aztlán, con un cuerpo debilitado por la enfermedad y una profunda desconfianza hacia todo el mundo, pero la mente de un genio matemático.

“La guerra de la paz” trata muchos de los temas que le son queridos a Vinge, empezando quizás por el rechazo a cualquier tipo de autoritarismo, aunque sea uno aparentemente tan bienintencionado como el del Cuerpo de Paz (cuyo liderazgo a acabado empobreciendo al mundo), y siguiendo por el conflicto entre tecnologías y filosofías, con un bando anclado en conceptos y tecnologías con medio siglo de antigüedad, fosilizado en su propio éxito, y otro que, pese a contar con unos recursos varios órdenes de magnitud menores, ha sabido adaptarse y progresar, lo que a la postre le acabará concediendo la ventaja definitiva.

Resulta quizás paradójico (habida cuenta de la evolución posterior de la Serie de las Burbujas) que, una vez analizado todo, el verdadero antagonismo de la novela sea el estatismo. La Autoridad de la Paz está condenada al fracaso porque ha proscrito, por miedo, el avance científico. Toda su tecnología, por muy poderosa que sea, data conceptualmente de al menos cincuenta años atrás, y eso acaba probándose como un error fatal. No quiere decir que Paul, Wili y el resto de quincalleros vayan a tenerlo fácil (después de todo, es más fácil defender una posición que atacarla), pero todo el sistema se sustenta en un equilibrio frágil, que cualquier movimiento inesperado, como por ejemplo el que las burbujas más pequeñas formadas tanto tiempo atrás empiecen a reventar, puede hacerlo caer.

No voy a desvelar ningún detalle adicional, porque parte del interés de la novela reside en ir descubriendo los giros a medida que lo hacen los protagonistas (por desgracia, tras haber leído “Naufragio en el tiempo real”, yo ya sabía de una propiedad fundamental de las burbujas), pero sí que puedo afirmar que “La guerra de la paz” es ya una novela madura, que en modo alguno desentona con lo mejor de la producción de Vinge.

Sí que es cierto que el gran tema por el que se le conoce principalmente, la singularidad tecnológica, aún no está presente, y buena parte de la especulación de la novela es… indistinguible de la magia (como diría Clarke), pero la historia lo compensa de sobra, con unos personajes adecuadamente delineados y una trama bien trazada, que conduce certera hacia una conclusión satisfactoria. Siendo además de la longitud justa, es una obra que no puedo sino recomendar, a ser posible antes de abordar su más famosa secuela. Hablando de lo cual…

Un año después, en 1985, Vinge publicó la novela corta “The ungoverned”, que muestra la fracasada invasión lanzada por la República de Nuevo México sobre la más avanzada sociedad anarco-capitalista de Kansas (de nuevo, un conflicto en el que la fuerza bruta y la brecha tecnológica trabajan en bandos opuestos, y donde la incapacidad para entender una filosofía ajena juega un papel crucial), mientras que en 1986 tocó el cielo con “Naufragio en el tiempo real”, que aprovecha el concepto de las burbujas para explorar en detalle la Singularidad Tecnológica.

“La guerra de la paz” le valió a Vinge su segunda nominación al premio Hugo de 1985 (tras “True names”)… aunque ese fue el año en que Neuromante“, de William Gibson, arrasó (merecidamente) con casi todo (los Locus suelen ser notablemente lentos a la hora de reaccionar a los cambios de tendencia). También estuvieron nominados Larry Niven con “Los árboles integrales” (que fue, de hecho, quien ganó el Locus), Robert Heinlein con “Job: Una comedia de justica” y David Palmer con “Emergence”. También fue finalista del premio Prometheus de ese año (que quedó desierto… aunque dos años después Vinge lo conquistó con “Naufragio en el tiempo real”).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto

~ por Sergio en junio 7, 2020.

2 comentarios to “La guerra de la paz”

  1. Se escucha muy interesante la novela; agregada a la lista de lectura. Sergio, muchas gracias por la reseña.

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