Blindsight (Visión ciega)

En 2006, tras publicar la serie de los Rifters con un éxito comercial discreto, Peter Watts se encontraba en una encrucijada. Su editor, Tor Books (que ya había convertido su trilogía en una tetralogía), se mostraba reticente a apoyar su nueva novela, “Blindsight”, pese a tratarse de una obra bastante más accesible. Como resultado, los (pocos) libros que llegaban a las tiendas se agotaban y nadie los reponía. Había que hacer algo, así que Watts tomó la decisión de poner el texto gratuitamente a disposición de los lectores en su página web.

Blindsight

La jugada salió bien. El boca-oreja pronto se disparó y las ventas (sí, las ventas) empezaron a aumentar, situando a la postre al autor en el primer plano del género y cosechando una nominación a los premios Hugo, así como un tercer puesto en los Locus (el ganador en ambos casos fue Vernor Vinge por “Al final del arcoiris”, con “La casa de cristal” de Charles Stross siendo también muy destacada ese año). Casi siete años después el panorama digital es bastante diferente (ha pasado de ser la novedad marginal a constituir un importante segmento de mercado), pero ello no resta relevancia a la experiencia (en todo caso, cuestiona la necesidad de la gratuitidad, cuando un precio justo podría servir igual de bien): cuando te ignoran, a veces, toca puentear el sistema.

La edición digital sigue disponible, bajo una licencia Creative Commons que permite su libre distribución, lo cual me ha permitido acceder al texto en su idioma original (de ahí que titule la entrada “Blindsight”, dejando entre paréntesis su traducción en la edición en español de Bibliópolis, “Visión ciega”). Vaya por delante pues el aviso de que en la reseña emplearé terminología en VO o con mi propia traducción ad hoc.

Peter Watts es un ejemplo paradigmático de la nueva ciencia ficción hard que, acorde con los tiempos, lejos del optimismo de anteriores encarnaciones asume una perspectiva opuesta, casi deprimente, con un fuerte sesgo existencialista. En “Blingsight”, la civilización terrestre, sumida en cierto grado de crisis espiritual (con un porcentaje cada vez mayor de la población optando por autoexiliarse a paraísos virtuales), recibe en torno al 2082 la súbita confirmación de que no estamos solos en el universo, al iluminarse al unísono los cielos de la Tierra por la activación simultánea de miles de sondas alienígenas.

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El episodio, conocido como Firefall, se interpreta como una especie de fotografía panorámica del la civilización humana, y pone en marcha una serie de acontecimientos (que no voy a detallar) que desembocan en el envío de una misión de exploración tripulada a la nube de Oort, donde ciertas mediciones han detectado la presencia de un misterioso cuerpo subestelar (algo mayor que Júpiter y con tres veces su masa), al que apodan Big Ben. La tripulación, consistente en un comandante vampiro (más sobre esto después), una especialista en comunicación con cuatro personalidades independientes empleando el mismo cuerpo, una especialista en combate y otro en medicina con implantes de todo tipo y Siri Keeton, un sinteticista que, tras una hemisferectomía padece un transtorno del espectro autista (similar a un síndrome de Asperger) que lo convierte en un observador y narrador objetivo, capaz de sintetizar y recodificar la información sin necesidad de comprenderla.

Al llegar a su destino, los expedicionarios descubren en órbita de Ben una estructura artificial del tamaño de una ciudad, que se identifica a sí misma como Rorschach, derivando desde ese momento la novela en una escenario de primer contacto (más deudor de obras como “Cita con Rama” que del típico encuentro diplomático trekkie). Las prioridades son claras: determinar si los alienígenas son pacíficos u hostiles, y en cualquier caso aprender tanto como se pueda sobre ellos.

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Así, en un entorno brutalmente hostil (por la radiación electromagnética), los expedicionarios se ven obligados a intentar comprender lo incomprensible (un poco como en “El invencible“, de Stanislaw Lem, aunque con una perspectiva mucho más científica), bajo la amenaza de un poder capaz de hacer uso de objetos cuasi estelares a su antojo, a un año luz de la ayuda más próxima y con todos los indicios apuntando a un plazo límite improrrogable.

De todas formas, aunque la exploración de la estructura alienígena resulta sin duda fascinante, tal vez haya que mirar hacia otro sitio para encontrar el verdadero punto focal de la especulación. Al igual que las manchas de un test de Rorschach desvelan información sobre el sujeto que las interpreta, “Blindsight” no trata tanto sobre un primer contacto con una especie alienígena como sobre una suerte de primer contacto con nuestra propia mente, que por mucho que estemos acostumbrados a ella (a sus resultados al menos) sigue siendo un completo misterio a poco que intentemos profundizar en su funcionamiento.

Así, Watts aprovecha para darle vueltas a conceptos como la autoconsciencia y su valor adaptativo, llegando incluso a oponerse a la habitual conexión entre ella y la inteligencia. Otro tanto podría decirse de la empatía, la libre voluntad o la propiocepción, procediendo a una suerte de desmitificación que reduce nuestro sistema nervioso al producto, para nada óptimo, de un azaroso proceso evolutivo, que nos ha dejado un legado de parches, soluciones de compromiso, chapuzas de cableado y circuitería improvisada que acaba siendo permanente; quedando por encima de todo ello la ficción de unicidad que llamamos personalidad.

Con el fin de lograr su objetivo, el autor confronta nuestra visión de la mente con estados patológicos (provocados por el entorno agresivo de Rorschach), mentes extraterrestres (Watts se esfuerza de verdad por hacer alienígenas a sus scramblers, tanto en el plano fisiológico como sobre todo mental) y ejemplos transhumanos e incluso parahumanos. Así, cualquiera de los tripulantes de la Teseo (que así se llama la nave) nos sería extraño, llevándose la palma Sarasti, el comandante vampiro.

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En el futuro delineado por Watts, los vampiros son una rama de la evolución humana extinta, devuelta a la vida por medio de la ingeniería genética. Aún siendo extremadamente parecidos al homo sapiens, sus procesos mentales difieren hasta el punto de hacerlo idóneo como jefe de la misión (por su capacidad para aplicar lógica que se nos escapa a los simples mortales). El autor se preocupa también de “explicar” científicamente buena parte de las características del floclore vampírico, aunque está más interesado en la relación depredador-presa que resulta innata entre ambas especies.

Resulta un tema que sobrepasa los límites del libro, hasta el punto que constituye el eje principal de “Echopraxia” (título provisional), una especie de secuela que narra los sucesos que acontecen en la Tierra durante la misión del Teseo (básicamente, que los vampiros deciden que el mundo es un inmenso buffet libre). Para saber más sobre los vampiros de Watts, así como para curiosear sobre otros detalles de la novela, podéis visitar la sección dedicada a ella en la web del autor.

Como se puede apreciar, falta de ideas no está “Blindsight”. Si acaso, sí se le podría achacar ciertos defectos formales. Su estructura, por ejemplo, es extraña, forzada. Salta de escena en escena de interés, prestando muy poca atención a los conectores e intercalando además pasajes de la vida de Siri Keeton que, aun proporcionando contexto, definiéndolo y profundizando en el examen de la mente, no terminan de encajar. El estilo, por añadidura, peca de críptico. Es aceptable lo de no hacer demasiadas concesiones al lector (los personajes se explican cuestiones científicas entre sí, pero como lo haría un especialista altamente cualificado a otro, no en plan documental de divulgación), pero si además complicas la comprensión con alguna que otra floritura estilística gratuita tal vez estés tensando demasiado la cuerda.

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En el plano científico, también cabría achacarle que deja poco espacio a la interpretación, forzando sus propias conclusiones (en boca de sus personajes) sin dejar espacio para la reflexión (no propone exactamente un todo o nada, pero se le aproxima bastante). Lo cual resulta de especial relevancia cuando utiliza fundamentos no demasiado firmes. Así, personalmente encuentro que aplica un excesivo reduccionismo al problema de la mente, optando por apoyar conclusiones de gran calado a partir de un conjunto de datos muy, muy limitado. Es verdad que de no hacerlo no habría novela, y que precisamente por eso es ficción en vez de ensayo, pero aún así me resulta a veces un tanto forzado (que no comparta algunos de sus planteamientos evolutivos es otro problema añadido).

En conjunto, sin embargo, no es de extrañar que la novela haya despertado tanta expectación. En una época en la que la ciencia ficción está acusada de estancamiento, “Blindsight” viene a demostrar que el género aún tiene mucho que decir. Tal vez ya no pinte futuros tan bonitos y esperanzadores como antaño, y quizás la ciencia de base empiece a entrar en el terreno de lo cabalístico, pero si a escenario tan manido como el del primer contacto aún se le puede sacar tanto jugo será que todo lo que necesita es un ligero cambio de enfoque (y una reevaluación de expectativas).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 9, 2013.

4 comentarios to “Blindsight (Visión ciega)”

  1. Muy buena reseña, pero lo que me ha puesto los pelos de punta ha sido esta frase:

    “se mostraba reticente a apoyar su nueva novela, “Blindsight”, pese a tratarse de una obra bastante más accesible.”

    ¡Más accesible! Yo disfruté muchísimo con la novela pero no me pareció especialmente accesible. Tiemblo al imaginar como deben ser los de Rifters. En fin. Como también están libremente disponibles me esperan en el lector, así que ya lo descubriré ;-)

    Recuerdo haber leído, en su momento, que Watts estaba trabajando en una “sidequel” de Blindsight, una novela que explicara lo que sucedía en la tierra mientras la nave cumple su misión. No sé si el proyecto sigue en pie, pero la verdad es que me encantaría leer esa novela.

    Saludos,

    Miquel

    • Hum… quizás tendría que haber escrito “más comercial”. “Blindsight” es una historia de exploración espacial y primer contacto, que se antoja más familiar al lector tipo de ciencia ficción (aunque es posible que sea científicamente más dura). Lo que ocurre además con los rifters es que casi todos los personajes hacen que Siri Keeton parezca extrovertido.

      En cuanto a la sidequel, según el blog de Peter Watts lleva ya justo un año en el cajón del editor (la menciono en la entrada: “Echopraxia”).

  2. Yo lei blindsight casi inmediatamente cuando el autor había decidido “liberarla” en internet, hace unos seis o siete años. Después lei el primer libro de la saga Rifters. Me gusto mucho la prosa de Watts, aunque en aquel entonces no juzgue a fondo ninguna de las dos novelas.

    Aunque no estoy muy familiarizado con la ciencia ficcion contemporanea, reo que se trata en ambos casos de libros muy peculiares. En el caso de “Starfish” (primer libro de los rifters) creo que ayuda mucho a hacerlo accesible el que se puede leer fácilmente como una fabula del rechazo de la sociedad hacia unas personas que son un tanto diferentes. Creo que eso y el hecho de que no sea tan “hard” ayudan mucho a hacerla mas accesible a primera vista, al menos desde el punto de vista del editor y pensando en el prospecto de las ventas.

    Por lo demás estoy muy de acuerdo con la reseña.

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