Jurgen, a comedy of justice

James Branch Cabell es uno de los escritores de literatura fantástica más influyentes de la primera mitad del siglo XX, y uno de los más vendidos de la década de 1920 en los EE.UU. Al principo de su carrera (que comenzó en 1901), escribió romances históricos y ficción costumbrista, ambientada en un trasunto de su ciudad natal, Richmond (Virginia). En 1913 publicó su primera novela fantástica, “The soul of Melicent”, ambientada en la imaginaria provincia francesa de Poictesme (que se convertiría en el escenario predilecto de su obra) en el siglo XIII (el título original, conservado en todas las reediciones posteriores, era “Domnei, a comedy of woman-worship”).

Pese al apoyo de Sinclair Lewis (quien recibiría el premio Nobel de literatura en 1930), el libro sólo vendió 493 ejemplares, lo cual se convertiría durante unos años en una constante de la carrera de Cabell: gran reconocimiento crítico (entre sus defensores se contaba también, por ejemplo, Mark Twain) y escasas ventas. En 1919 llegó a las librerías una nueva novela, predestinada a sufrir el mismo sino, “Jurgen, a comedy of justice”… sólo que se cruzó en su camino la Sociedad Neoyorquina por la Supresión del Vicio, que la denunció por obscenidad y logró secuestrar todos los ejemplares, así como las placas de imprenta, durante los dos años que duró el publicitado juicio.

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Obtenido el fallo favorable del juez, el resultado fue el obvio: “Jurgen” se convirtió en un superéxito de ventas, iniciando un idilio con el público que se extendería por una década (hasta que la Gran Depresión y el ascenso de los nacionalismos en Europa volvieron inpopular su variante culta de escapismo… al tiempo que espoleaban las formas populares y hacían nacer en el seno de la literatura pulp la espada y brujería).

Jurgen, según propia definición, es un tipo monstruosamente astuto de cuarenta y tantos, que cierto día, a la salida de su tienda de empeños en Poictesme, defiende enfervorecidamente la utilidad de la maldad frente a un abad. Escuchada su diatriba por un misterioso caballero (gentleman, no knight) negro, éste decide premiar sus amables palabras librándolo de la fastidosa presencia de su mujer, la dama Lisa. Convencido por sus vecinos (y los familiares de ella), de que la forma masculina de actuar consiste en partir en su búsqueda, así que se embarca en un periplo que le llevará a los más extraños lugares, tierras tanto remotas como imaginarias, donde vivirá estrafalarias aventuras (las más de las veces involucrando a bellas mujeres, fascinadas por la magnificiencia y el buen uso que sabe hacer de su… espada).

Un rejuvenecido Jurgen (con un cuerpo de veintiún años, merced de Sedera, la diosa de los miércoles y del paso del tiempo) regresa al pasado, al momento en que perdió a su primer amor, y de ahí a la corte de Cameliard, donde corteja a la futura reina Ginebra pocos días antes de que Sir Lancelot llegue para llevársela a Arturo Pendagron. Él, por su parte, viaja con Annaïtis, la Dama del Lago a Cocaigne, donde la desposa y adquiere el rango de príncipe, en una isla habitada por dioses naturales de infinitud de religiones (Annaïtis es tanto una deidad lunar como patrona de la fertilidad y de los placeres carnales).

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Una disputa etimológica aleja a Jurgen de Cocaigne, llevándolo a Leuke, donde reina Helena de Troya junto con Aquiles (y donde él tiene que contentarse con desposar a la Hamadríada Chloris), mas una invasión de los filisteos (cuya soberana queda prendada de las habilidades… matemáticas de Jurgen) destruye este arreglo y lo exilia al Infierno (donde desposa a la vampiresa Florimel). Su búsqueda de justicia, sin embargo, lo conduce después al Cielo y, finalmente, en presencia del todopoderoso Koschei, el que no muere, que lo creo todo tal y como es, hace balance de sus aventuras y toma una decisión final respecto a Dama Lisa.

A lo largo de la novela, Cabell hace gala de un humor irónico, que funciona a varios niveles, desde los dobles sentidos picantes hasta la parodia más descarnada de la sociedad americana contemporánea (contra la inminente instauración de la Ley Seca, por ejemplo, o sobre los derechos pisoteados al vivir tiempos de guerra), pasando por la religión (el Infierno es creado para justificar el orgullo del padre de Jurgen, que exige castigo para sus supuestos crímenes, mientras que el Cielo surge de las delusiones de su abuela y del amor ciego que tiene ésta a hijos y nietos) y, por supuesto, la moral (o doble moral).

Poco a poco, además, van surgiendo de la sucesión de aventuras una serie de temas generales. Por un lado está la crisis existencial de Jurgen, que a los cuarenta y pico echa la mirada atrás y se pregunta cómo él, aspirante a poeta y enamorado de una princesa, ha acabado como vulgar prestamista y desposado con la poco destacada Lisa. La justicia que tanto busca es en realidad un sentido ulterior a la vida, pues ha tiempo ha perdido la fe de sus padres. Necesita que todo obedezca a un plan maestro mayor, y que dicho plan sea inteligible.

La crisis se extiende también al plano sexual. Su viaje recrea su vida amorosa, desde el primer enamoramiento juvenil, pasando por el desenfreno vacuo hasta la idealización de un amor imposible, concluyendo en la aceptación (y apreciación) realista de la vida conyugal normal.

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Al final de su periplo, recuperada ya su verdadera edad, Jurgen no está más cerca de encontrarle sentido a la vida, ni de descubrir en qué momento, si es que así pasó, su glorioso camino se torció. Eso sí, ha aprendido a aceptarse, a ver al mundo tal cual es y a acomodarse, una vez probado todo al menos una vez, en su posición, que no es mala en absoluto. Pese a ser tildada de escapista, esta fantasía muy propia de Cabell se mueve en un complejo equilibrio entre la idealización (de la caballerosidad de antaño, por ejemplo) y un cinismo profundamente desmitificador.

Una buena muestra de esta postura la podríamos encontrar en el hecho de que el texto está plagado de referencias eruditas (desde mitología para nada elemental hasta homenajes a clásicos literarios medievales como “Le morte d’Arthur” de Mallory o “La divina comedia” de Dante), al tiempo que Jurgen apoya sus disparatadas opiniones con citas inventadas de libros que nunca existieron (o que están perdidos). Mejor dicho, no con la cita, sino sólo con la mención de la cita, de forma que sus interlocutores se ven en la obligación de darle la razón con tal de no revelar su ignorancia.

En resumidas cuentas, hay mucho más que bromas simples en la obra de Cabell.

Con lo antedicho no quisiera dar a entender que “Jurgen, a comedy of justice” es una obra que haya resistido plenamente el paso del tiempo. Los diversos fragmentos varían mucho en interés, desde segmentos fascinantes, como los divertidos juegos de palabras, la extraña corte mitológica de Cocaigne o la ácida ironía de las visitas a Cielo e Infierno (con afilados dardos lanzados contra las barbaridades justificadas en nombre de la religión o la idea de democracia imperante en los EE.UU. de la época), hasta otros que se hacen pesados a base de diálogos enrevesados que no parecen avanzar sino a fuerza de infinitos rodeos. El sentido general tarda también bastante en aflorar, por una estructura que prescinde de introducciones para pasar a desarrollar la tesis en bruto (y episódicamente para mayor desafío). Su herencia, sin embargo, es ingente.

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El más fervoroso seguidor de Cabell es ni más ni menos que Robert Anson Heinlein, quien ya en 1939 tituló su primera (y por muchos años inédita) novela “For us the living, a comedy of customs”. Pero es que además su Historia del Futuro se construye a imagen de la Biografía de Manuel de Cabell (un superciclo que agrupa todas sus novelas de fantasía y varios cuentos, siguiendo la vida de Don Manuel de Poictesme y su descendencia a lo largo de los siglos, y que en Heinlein tiene su reflejo en las familias Howard). Por último cabe mencionar cómo su novela de 1984, “Job, una comedia de justicia”, constituye una referencia directa a Jurgen, mientras que llegó a afirmar que tanto “Forastero en tierra extraña” y “Ruta de gloria” se inspiran estructuralmente en Jurgen (algo que, sinceramente, no he sido capaz de apreciar por lo que respecta a la primera).

A partir de ahí, la lista es extensa e ilustre. Poictesme es la precursora de diversos escenarios imaginarios, como la Averoigne de Clark Ashton Smith o la Lyonesse de Jack Vance (aunque ya se percibe la influencia en su ciclo de la Tierra Moribunda). James Blish, por su parte fue durante años el editor de Kalki, la publicación interna de la Sociedad Cabell. Incluso “Las crónicas de Narnia” de C. S. Lewis le deberían su inclusión de criaturas mitológicas en un mundo fantástico. A partir de 1969, además, la edición de seis de las novelas pertenecientes a la Biografía de Manuel dentro de la famosa Adult Fantasy Series de Ballantine (las salvables, ya que la calidad no fue constante; sin incluir, curiosamente, a “Jurgen, a comedy of justice”, quizás porque ya había conocido varias reediciones), presentó al autor a toda una nueva generación de admiradores, entre los que destacan Michael Swanwick (autor de varios estudios sobre su obra), Terry Pratchett (con su propia rama de fantasía cómica) y Neil Gaiman, al que el Infierno de Jurgen inspiró para su saga de The Sandman y la isla de Cocaigne para su multipremiada “American gods“.

Eso sí, el favor del público en general ya no lo volvió a recuperar, y buena prueba de ello la tenemos en que en España tan tólo se ha publicado un libro suyo, precisamente Jurgen, en una única edición de 1984 (Editorial Laertes).

Otras opiniones:

~ por Sergio en marzo 10, 2014.

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