Drácula

Pocas novelas hay que hayan alcanzado el estatus de icono como “Drácula”, de Bram Stoker (1897). No fue la primera novela de vampiros, y desde luego tampoco la última, pero su sombra es tan intensa que se extiende sobre todo el género, convirtiéndose no solo en una de las obras cumbres del terror, sino en un referente ineludible para cualquier ficción, ya sea anterior o posterior, que trate sobre vampiros.

Aunque la figura folclórica del vampiro es muy anterior, sus primeras representaciones literarias se remontan a la poesía del siglo XVIII, donde el motivo del muerto (o más frecuentemente muerta) que retorna de la tumba para acosar a un amante e incluso beber su sangre se hizo relativamente popular. Todo ello cristalizó en la representación arquetípica del vampiro moderno, que podemos encontrar en el relato “El vampiro“, de John William Polidori (1819), creador del aristocrático, fascinante y amoral Lord Ruthven (inspirado en Lord Byron). Durante el resto del siglo XIX, el mito literario fue cobrando forma, con aportaciones de lo más diversas (demasiado numerosas como para detallarlas ahora), culminando quizás con la “Carmilla” de Sheridan le Fanu (1872), una de las grandes influencias de Stoker.

Todo ello, sin embargo, palidecería ante el impacto de “Drácula”, la novela que supo reunir, completar y fijar toda la imaginería vampírica previa, conformando un poderoso mito moderno, cuyo poder de fascinación se ha mantenido intacto en los más de cien años transcurridos desde su publicación.

Desde una perspectiva literaria, “Drácula” es una novela gótica tardía, perteneciente para más señas a la corriente conocida como Imperial Gothic, una serie de historias que confrontan lo puramente británico con la otredad extranjera (una preocupación cuya raíz puede rastrearse hasta “La tempestad“, de William Shakespeare), reflejando este temor a lo exótico (y la percepción finisecular de decadencia) a través de la literatura de invasiones, bien fueran sobrenaturales (“Ella“, de Henry Rider Haggard), bélicas (“La batalla de Dorking”, de George Tomkyns Chesney) o incluso extraterrestres (“La guerra de los mundos”, de H. G. Wells). Como no podía ser de otra forma utilizando el arquetipo del vampiro, “Drácula” presenta además un importante componente sexual, que refleja tanto el miedo a la pérdida de pureza por “contaminación” con sangre extranjera, como la desconcertante revolución en la percepción tardovictoriana de la sexualidad (en particular, la femenina).

La otra característica que conviene mencionar antes de hacer una breve (y posiblemente innecesaria) presentación de la historia, es su construcción a modo de novela epistolar. Stoker ensambla el relato principalmente por medio de extractos de los diarios de diversos protagonistas (hasta cinco principales), a los que suma textos procedentes de otras fuentes, como notas de prensa, telegramas, cartas e incluso la bitácora de navegación de un barco (el famoso Demeter). Casi todos los personajes principales tienen (aunque sea brevemente, como es el caso del profesor Van Helsing), la ocasión de presentar su punto de vista, con excepción hecha precisamente del personaje central de la novela, el propio Drácula, cuya amenazadora presencia extranjera se nos muestra exclusivamente a través de los ojos de los héroes (al igual que ocurre con Renfield, el perturbado paciente del doctor Seward que ha caído bajo la influencia del vampiro).

Esta decisión estilística confiere al relato una verosimilitud, tomada en préstamo de la crónica periodística, de la que carecería con un único narrador o peor, un narrador omnisciente. Su desventaja, claro está, es que requiere de la supervivencia del narrador de turno a los hechos referidos, por muy terroríficos o amenazantes que sean. Stoker solventa esta dificultad mediante la gestión magistral de la información, controlando en todo momento lo que cada personaje sabe o no sabe (en virtud de telegramas o cartas que no llegan a su destino, recortes de prensa recopilados a posteriori, amnesias convenientes, caminos divergentes y diarios cifrados). Así pues, el conocimiento del lector sobre lo que acontece es siempre superior al que en ese momento (y en el momento de la escritura de cada fragmento) tienen los protagonistas, lo cual crea una tensión anticipativa de la que resulta imposible sustraerse.

La novela se inicia con la visita de un joven abogado inglés, Jonathan Harker, al castillo de un noble transilvano que desea adquirir una propiedad en Inglaterra. Esta misión, en principio simple, acaba adquiriendo tonos pesadillescos cuando Harker se ve prisionero del castillo, a merced del conde y sus novias. Mientras tanto, en casa le espera su prometida Mina, acompañada de su amiga Lucy, a quien pretenden tres hombres, el noble Arthur Holmwood, el vital americano Quincey Morris y el doctor Seward). El traslado de Drácula a Inglaterra a bordo del Demeter impactará en la vida de todos ellos, especialmente en las mujeres, a quienes busca hacer suyas. Solo el profesor Abraham Van Helsing, antiguo maestro de Seward, contará con los conocimientos necesarios para conjurar la amenaza, no ya solo para este pequeño grupo de personas, sino para la propia Inglaterra, aunque la tragedia acaba abatiéndose sobre la pobre Lucy, e incluso Mina se asoma al abismo, desencadenándose una carrera frenética entre Drácula y sus perseguidores en la que está en juego la mismísima pureza de la ya por entonces señora Harker.

Se trata de una sinopsis familiar para cualquiera que haya contemplado alguna de las múltiples adaptaciones cinematográficas de la obra (Drácula como personaje, aunque no necesariamente siguiendo esta secuencia, ha aparecido en más de doscientas películas). Con un número mayor o menor de discrepancias, omisiones y añadidos, es un esquema presente ya en la famosa “Drácula” de Tod Browning (1931) (e incluso en la no oficial y anterior “Nosferatu”, de Murnau). Ninguna, sin embargo, es capaz de transmitir por completo la sensación de incorrección de la novela, esa atracción fascinante por la maldad pura (y en algún caso, como la adaptación de Francis Ford Coppola, ni lo intenta).

Algo que también suele perderse es el subtexto carnal, que suele limitarse a la atracción que ejerce el vampiro (y las vampiresas) sobre sus víctimas, cuando en la obra de Stoker es tanto o más importante la exploración de la promiscuidad femenina, encarnada en Lucy, la joven que se debate entre sus tres pretendientes preguntándose por qué razón, solo por ser mujer, no ha de poder probarlos antes, y que a la postre recibe transfusiones de sangre de todos ellos (y del profesor Van Helsing), en una metáfora evidente del acto sexual.

En definitiva, con quizás un pequeño bache rítmico hacia la mitad de la novela, “Drácula” constituye un monumental logro literario, capaz de elevar un arquetipo temprano del horror a la categoría de icono transgeneracional, facultado para adoptar una y mil máscaras con tal de adaptarse a lo que exige el clima cultural de cada momento (por mucho que nos rechine la penúltima encarnación como figura romántica). Esto es posible gracias a la riqueza referencial de la obra de Stoker, construida sobre años de cuidadosa documentación que se asienta en un conocimiento profundo de las raíces folclóricas y literarias de la figura del vampiro.

De forma póstuma, Florence (Balcome) Stoker, la esposa y albacea literaria de Bram Stoker publicó el relato “El invitado de Drácula” (1914), considerado como un más que probable capítulo inicial de “Drácula”, eliminado en su momento de la edición canónica por cuestiones de ritmo, en el que se narran las primeras vivencias sobrenaturales de Jonathan Harker en Transilvania.

~ por Sergio en octubre 9, 2019.

2 comentarios to “Drácula”

  1. Un clásico que todavía no me he leído. Algún día caerá (seguro).

  2. Lo tengo que leer, pero admito que el número de páginas me disuade.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

 
A %d blogueros les gusta esto: