La marea del despertar

•Noviembre 21, 2009 • Dejar un comentario

Cuando te dedicas a esto de darle a la tecla, resulta imposible leer un libro y no preguntarte, aunque sea un interés meramente anecdótico: ¿Podría haberlo escrito yo? En el caso de “La marea del despertar” de Roberto Malo, he de contestarme un rotundo “No”.

“La marea del despertar” nos cuenta la historia de Jesús (bueno, la cuenta él mismo), un joven músico con una capacidad extraordinaria (aunque poco útil) que recién acaba de descubrir: es una especie de portal entre el mundo de lla vigilia y el de los sueños, o quizás sea que vive a mitad camino entre ambas realidades, que para el común de los mortales constituyen reinos separados e inmiscibles.

La literatura onírica no es algo nuevo, ni mucho menos. Se ha utilizado a menudo como recurso para dar rienda suelta a la imaginación y crear escenarios surrealistas, no atados por las férreas reglas de la cotidianeidad o incluso del fantástico tradicional, a veces con intencionalidad simbólica, otras como simple liberación. En esta novela, sin embargo, hay un elemento diferenciador. Jesús es capaz de transportar al mundo de los sueños los objetos (y algo más que los objetos) con los que se acuesta a dormir. Así pues, introduce en el mundo onírico elementos… llamémoslos lúcidos, y de igual modo influye en el desarrollo onírico con intenciones lúcidas premeditadas. Por supuesto, no es algo tan sencillo como suena. La lógica del sueño sigue siendo intrínsecamente ingobernable. Jesús se limita a introducir semillas en torno a las que se articulan las imágenes del subconsciente.

Pero la cosa no acaba ahí. De igual modo que a través del protagonista el mundo de los sueños se ve impregnado por una pequeña influencia del mundo real, cuando está despierto la novela nos ofrece una realidad que tiene importantes elementos oníricos, como si Jesús dispusiera de la facultad de arrastrar parte de la libertad de los sueños a su día a día.

Supongo que hace falta ser Roberto Malo para conseguir que este entrelazamiento funcione. En una crítica a “La luz del diablo“, su última antología de cuentos, el reseñador apuntaba a la existencia de una especie de Universo Malo, que vendría a ser un lugar en el que las reglas , aun existiendo, poseen la flexibilidad necesaria para permitir la incursión de pequeños brotes de surrealismo que no desentonan para nada. Así es el mundo cotidiano de “La marea del despertar”, y su reflejo soñador es una experiencia surreal donde los pequeños brotes de voluntad consciente se incorporan con igual facilidad.

Pese a todo, la novela no acaba de llegarme (quizás porque soy un racionalista radical, lo cual no deja de ser paradójico habida cuenta de los géneros por los que me muevo). Todas las escenas oníricas son fascinantes, te atrapan en su lógica interna, que no puedes comprender pero que sabes que está ahí (vamos lo que ocurre cuando soñamos, que todo nos parece de lo más normal). Los diálogos son desternillantes y lapidarios en este sentido. Su contrapeso real ya es otro cantar. Y lo lamento porque me atraen de igual forma las aventuras de Jesús mientras duerme como sus peripecias estando despierto (él es, básicamente, el mismo personaje entrañable, y sus amigos también viven un poco en ese Universo Malo donde la facultad de Jesús es inverosímil pero no del todo imposible). Llega cierto punto en que los períodos de vigilia apenas parecen interludios necesarios entre sueños que hay que ventilar lo más rápidamente posible (aun a costa de dar la impresión de que Jesús se pasa sobando veinte horas al día).

Por último, también está la cuestión de la conclusión… Supongo que no cabría esperar que todo quedara atado y bien atado (después de todo, va de sueños), pero va aproximándose el final y empiezas a preguntarte si la trama va a apuntar a algún sitio o si, simplemente, va a terminar, obviando por completo las convenciones de presentación, planteamiento y desenlace.

Algo hay, pero no lo suficiente para satisfacer mis expectativas, claro que yo soy muy mío en estas cosas. Si ya no me gustan los cabos sueltos, aceptar que a veces no hay grandes explicaciones que lo dejen todo bien estructurado se aleja demasiado de mis esquemas mentales (una de las múltiples razones por las que no podría haber escrito algo como “La marea del despertar” ni en mil años).

En resumen, como experiencia particular, la lectura de esta novela ha sido una experiencia muy satisfactoria fragmento a fragmento y ligeramente frustrante en su conjunto. No todos tenemos la capacidad de conectar con nuestros sueños de este modo. Al menos tenemos a Roberto Malo para que lo haga por nosotros.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Historia alternativa (volumen 2)

•Noviembre 18, 2009 • Dejar un comentario

Hace unas semanas, Grupo AJEC sacó al mercado su segundo volumen recopilatorio de ucronías, incluyendo varias historias ganadoras o finalistas del premio Sidewise, el certamen de referencia del subgénero. No es uno de mis favoritos dentro de la ciencia ficción, sobre todo en relato (de hecho, los textos que más me han gustado en estas dos antologías son novelas cortas). Quizás porque carezco de los conocimientos necesarios para valorar en su justa medida el juego parahistórico. Sin embargo, “Historia alternativa Vol. II” contiene textos realmente meritorios y nos permite catar a algunos de los autores más interesantes del momento.

La antología se abre con la novela corta “El frente humano” de Ken McLeod, donde el autor explora un desarrollo alternativo de la segunda mitad del siglo XX. Tras la derrota de Hitler, EE.UU. y la URSS se enzarzan en una guerra que prosigue ininterrumpida hasta los años 80. Stalin se convierte en un líder revolucionario que se opone al imperialismo americano y las ideas socialistas cobran un gran auge en toda Europa, dando lugar a grupúsculos y partidos que se mueven en una especie de vacío legal. Uno de ellos, es el Frente Humano, una organización comunista clandestina británica a la que pertenece el protagonista de la historia, que pasa de chaval fascinado por la figura casi mítica del Tío Joe (Joseph Stalin) a guerrillero de una cédula comunista (cabe señalar que McLeod ha explorado en sus novelas el resurgir de la Unión Soviética y su anexión de Europa).

A todo esto se le añade una subtrama que tiene que ver con unos misteriosos bombarderos (unos pedazo ovnis de cuidado), que son los que conceden superioridad militar a las fuerzas americanas y que a la postre aportan una conclusión que se separa tan radicalmente de lo precedente que casi parece como si estuviéramos leyendo una historia diferente. Al parecer, la inclusión de elementos fantásticos o de ciencia ficción es una constante en la literatura de historia alternativa actual (a mí, particularmente, me parece un poco como hacer trampas, pero bueno… yo no creo que vaya a ganar nunca el Sidewise).

En “Los ojos de América” Geoffrey A. Landis se permite una desbarrada absoluta en torno a la carrera presidencial en EE.UU. en los primeros años del siglo XX. Plantea un escenario tan desquiciado como que el candidato republicano fuera Edison y el demócrata Tesla, aplicando ambos su considerable ingenio como inventores para lanzar las respectivas campañas a un nivel sólo equiparable con los actuales despliegues mediáticos. Y por medio pulula otro de los personajes favoritos de los americanos, Samuel Clemens (a.k.a. Mark Twain), sacando partido de la invención ni más ni menos que de la televisión en color por parte de Tesla (no mediante un tubo de vacío, sino con un sistema más similar a los actuales televisores LED). En fin, un vodevil a mitad camino entre la política, la ingeniería y el espectáculo que no se toma demasiado en serio a sí mismo (y pide otro tanto del lector).

John Kessel ofrece con “El imperio invisible” uno de las aportaciones más flojas de la antología. En el cuento (también de los más breves) ofrece la visión de una organización feminista que emplea métodos e iconografía propios del Ku-Klux-Klan para defender a las mujeres en un pasado reciente alternativo en que están aún más oprimidas. La verdad es que choca la dicotomía entre objetivos y medios (no tanto por lo que se muestra, que es bastante inocente, sino por las connotaciones). En definitiva, una muestra tardía y bastante inapropiada de ciencia ficción feminista… escrita por un hombre.

Con “El misterio del pacífico” tenemos la menos ucrónica de todas las narraciones. Sí, se basa en un mundo en que los nazis ganaron la guerra (porque el océano Pacífico no puede ser cruzado, Japón nunca atacó a EE.UU. y estos no se involucraron en la contienda), pero la historia de Stephen Baxter pasa de puntillas por encima de todo esto. En realidad, es un cuento steampunk con giro topológico incluido (que tiene un sabor muy clásico, aunque emplee conceptos relativamente modernos). Interesante de cualquier forma, aunque quizás no en la forma en que sería de esperar en una antología centrada en la historia alternativa (una vez más, fue finalista del Sidewise, así que me pliego ante la opinión de quienes deben saber más que yo).

William Sanders ofrece en “Lo desconocido” una ucronía sobre la colonización de norteamérica de la que no comentaré nada más ahora porque me ha sorprendido encontrarla (la reseña se basa en un fichero preliminar que, por ejemplo, carecía también de los artículos conclusivos). Más adelante quizás subsane esta deficiencia. Es que tengo prisa por llegar a “Recuperando el Apollo 8″ de Kristine K. Rusch.

La narración más larga del volumen es también la mejor. Un relato de una obsesión constructiva (en su mayor parte, no deja de presentar aspectos oscuros) en torno a la colonización del espacio tal y como hubiera podido ser de contar con una gran fortuna privada dedicada a impulsarla más allá (incluso por encima) de condicionantes políticos.

El punto jonbar, aunque la parte ucrónica es casi una excusa, lo supone el destino de la misión Apolo 8, que en nuestro continuo temporal finalizó con éxito, suponiendo un importantísimo impulso al programa en su conjunto al completar la primera órbita tripulada de la Luna. En l realidad alternativa de Rusch, el módulo lunar sufre una avería y se pierde en el espacio, llevando con sigo a sus tres tripulantes. Este acontecimiento marca la vida de un niño, Richard Johansenn, que desde ese mismo momento consagra sus considerables cualidades y energía a rescatar algún día a los tres héroes. Focalizado en ese objetivo, construye con el paso de los años un imperio industrial orientado hacia el espacio.

Se nota que es un texto muy personal. La autora tenía en 1968 (fecha en que tuvo lugar el histórico vuelo) ocho años, los mismos que atribuye a Richard. Por aquel entonces el futuro de la exploración espacial se veía esplendoroso. En 1969 el hombre ponía pie en nuestro satélite y el resto del Sistema Solar aguardaba a los exploradores humanos. Sin embargo, la cosa se torció. Desde 1972 no hemos vuelto a salir del terruño (todo lo más, nos hemos asomado a las ventanas), y ni hablar todavía de misiones a Marte. Todo aquel optimismo desbordado de 1968 se consumió en recortes presupuestarios y problemas “mundanos”. “Recuperando el Apollo 8″ es la reacción ante esta realidad decepcionante. Pinta un futuro (la mayor parte de la acción tiene lugar en lo que sería nuestro futuro inmediato) tal y como lo hubiera deseado cualquier niño de ocho años que en 1968 hubiera estado pegado a la radio o la televisión esperando noticias sobre tres héroes empeñados en viajar más allá de lo que nadie había llegado antes. Me atrevo pues a sugerir que Kathrin K. Rusch sublima en Richard deseos y frustraciones, porque Richard no sólo lucha, sino que triunfa en su empeño, y su triunfo es el que todo lector de ciencia ficción ansía en su fuero interno.

Una novela corta imprescindible.

Tras esto, se imponía un cambio de registro brutal para cerrar el volumen, y eso es lo que aporta John Scalzi con “Misimas del futuro posible 1: resultados de búsqueda de historia alternativa”. En pocas palabras, la aportación de Scalzi es una gamberrada que juega con uno de los puntos jonbar más populares (la muerte de Hitler) y con el concepto mismo de historia alternativa.

Véase también en Rescepto:

Extremidades virtuales

•Noviembre 14, 2009 • 2 comentarios

Hoy no sabía muy bien con qué actualizar (la última crítica actual era demasiado reciente y no me apetecía embarcarme en la documentación necesaria para escribir una entrada de la Hugolatría), así que bien puedo aprovechar el trabajo que ya tenía hecho y ofrecer una pequeña muestra de lo que fue la ponencia sobre realidad virtual en la pasada HispaCon (y, de paso, pruebo a insertar unos vídeos, que no se diga que el blog se queda estancado).

Voy a tratar sobre un tema que creo que fue de lo que más llamó la atención: la posibilidad de controlar un entorno virtual con el pensamiento.

Con anterioridad, ya había dejado más o menos establecido que el futuro de la realidad virtual no consiste en entornos 100% artificiales (no es buena idea desligarse por completo de una realidad tangible que te puede deparar, con suerte, un buen golpetazo), sino en una realidad ampliada inmersiva (perdonad que vaya soltando conceptos sin profundizar, pero tampoco es cuestión de ocupar demasiado espacio con los preliminares) .

Grosso modo, en la realidad ampliada inmersiva se superpone sobre aquello que estamos acostumbrados a considerar realidad física capas de información generada artificialmente. Esto puede ir desde algo tan simple como carteles informativos interactivos y personalizados (al modo de los dispositivos de realidad aumentada comercializados actualmente) hasta entornos de virtualidad real, capaces de transformar por completo el aspecto de lo que percibimos (adaptados a la volumetría física para evitar que tropecemos, pero con muy pocas limitaciones más).

Surje entonces la problemática de cómo interactuar con lo que no está “realmente” ahí (esto es un concepto muy relativo, pero no vale la pena profundizar en ello ahora).

Un primer nivel, que tal vez se implemente ya en las consolas de última generación el año próximo, es el reconocimiento antropométrico, que interpreta nuestros movimientos (incluso nuestras expresiones) y los transforma en órdenes. Algo así como lo que hacía Tom Cruise en “Minority Report”, sólo que sin necesidad de estar frente a una pantalla.

Microsoft presentó en la pasada E3 (Electronic Entertainment Expo) su Proyecto Natal para la Xbox 360. Podéis seguir este enlace para informaros sobre el particular. Básicamente, consiste en un sistema para interaccionar con un entorno virtual no inmersivo (la pantalla de nuestro televisor) a través de gestos y movimientos. El producto final no parece que esté todavía muy refinado, pero si han desvelado sus cartas es que deben tener una gran confianza en su implantación exitosa. Basta con extender esta misma tecnología a un entorno tridimensional envolvente y ya tenemos una experiencia nueva e inimaginable hace apenas unos años (podemos ir despidiéndonos de los datagloves, al menos para todas aquellas aplicaciones que no requieran ultraprecisión).

Sin embargo, eso de ir haciendo aspavientos por ahí, reconozcámoslo, queda muy bonito en pequeñas dosis, pero resultaría un peñazo a largo plazo. Lo que el ser humano ha buscado siempre ha sido realizar el menor trabajo posible. Así pues, el sistema más eficiente para interaccionar con el medio es aquel que requiere el menor esfuerzo: utilizar el pensamiento.

No es ciencia ficción.

Hoy en día ya contamos con varias opciones para controlar sistemas con el simple concurso de nuestra mente.

Por sólo 300 dólares (más gastos de envío) puedes hacerte con un periférico que transforma nuestros pensamientos en comandos. Se trata del sistema Emotiv de Epoc.

Mediante el uso de dieciséis sensores, el casco Emotiv registra el electroencefalograma del jugador y es capaz de detectar cambios en la emisión de ondas cerebrales, en particular las ondas alfa, cuya intensidad está probado que aumenta al emplear técnicas de meditación. Literalmente, el usuario es capaz de transmitir órdenes concentrándose (“Siente la fuerza, Luke”).

En el fondo, es un sistema bastante burdo. Para empezar, requiere de cierto entrenamiento y no todo el mundo es capaz de ejercer un control voluntario sobre estas ondas cerebrales (aunque sí una mayoría de la población, lo cual plantea la interesante pregunta de si tiene alguna utilidad evolutiva o si es un mero subproducto de algún otro sistema). El control se complementa con otros sensores que registran datos como la posición de la cabeza o la tensión de los músculos faciales (de ahí que se venda como un dispositivo capaz de registrar las emociones). En cualquier caso, o mejora enormemente la capacidad de discriminación o el número y variedad de órdenes que se pueden emitir será siempre muy limitado.

Ahí entra en juego el doctor Andrew Schwartz, director del laboratorio Motorlab en la Universidad de Pittsburg.

Trabajando con monos, Andy Schwartz y su equipo han conseguido implantarles sensores que miden la activación fina de grupos de neuronas motoras de la corteza cerebral, y han enlazado esta actividad con el movimiento de brazos robóticos. Durante las primeras sesiones, los movimientos del brazo son espasmódicos, casi aleatorios mientras el sujeto experimental aprende una nueva habilidad, pero con el paso de las semanas los monos aprenden a utilizar esta extremidad con tanta precisión como sus propios brazos.

Aquí os dejo con un vídeo demostrativo que no puede ser más espectacular. Os recuerdo que no hay ninguna conexión física entre el brazo robot y el mono, lo cual no supone ninguna diferencia fundamental, ya que se mueve activando grupos de neuronas exactamente igual que ocurre con las extremidades 1.0 (la única diferencia es que en éstas la orden se transmite a los músculos a través de nervios, mientras que los servomecanismos se ponen en acción bajo el control de señales eléctricas originadas en el dispositivo de medición de la actividad neuronal).

Se trata de una habilidad indistinguible de cualquier otra física (salvo por el detalle de que no se recibe feedback propioceptor). Es decir, una vez aprendida, recrearla se convierte en una actividad automática, y es como andar en bicicleta: nunca se olvida.

Hoy en día, la idea de trepanarnos el cráneo para instalarnos un dispositivo de medición de la actividad neuronal es demasiado extrema, pero estamos en los inicios de esta tecnología. Ya se han utilizado señales nerviosas que llegan hasta el pecho para controlar brazos protésicos (en casos en que las terminaciones nerviosas que llegan hasta el muñón están demasiado dañadas). La mejora de tecnología no invasiva como la del Emotiv podría llevar a permitirnos una supervisión fina de la actividad de la corteza cerebral. ¿Cuáles serían las posibilidades entonces?

Bien, nuestros hijos (a nosotros a lo mejor nos pilla un poco anquilosados) podrían interacturar en un entorno virtual (o de realidad ampliada) mediante extremidades virtuales, que podrán manejar con tanta precisión como nosotros controlamos nuestras buenas y viejas manos.

¿Cuál es el límite? Ni idea. Las posibilidades de esta tecnología apenas las podemos empezar a imaginar. ¿Conducir vehículos con el pensamiento? Quizás. ¿Trabajar en un proyecto con varias extremidades virtuales simultáneamente cual Doctor Octopus del ciberespacio? No sé. A mí me cuesta coordinar sólo dos manos, pero hay por ahí pianistas que controlan con perfección milimétrica diez dedos y no se me ocurre ninguna razón a priori por la que no pudieran existir virtuosos de la realidad ampliada. En cualquier caso, seguro que todos podríamos aprender, con un poco de práctica a realizar acciones simples, como encender o apagar las luces sólo pensando en ello o, cuanto menos, manejar un puntero virtual con el poder de la fuerza.

Y esto es sólo una de las formas en que la realidad virtual puede cambiar nuestra forma de enfrentarnos al entorno.

¿Revolución neolítica? Bienvenidos a la futura revolución neológica (si antes no nos las arreglamos para mandarnos de vuelta a la época preindustrial, claro).

El enviado

•Noviembre 12, 2009 • 4 comentarios

¡Vaya con la percepción! Me dispongo a reseñar una antología publicada en marzo del 2007, hace tan sólo dos años y medio, y ya parece que fue en la prehistoria. Es lo que tiene el ciclo comercial cada vez más breve de los libros, no digamos ya si son de género fantástico y para mayor escarnio de autor español (lo cual implica editorial pequeña, distribución testimonial y una buena dosis de prejuicios).

Todo ello afecta y mucho, pero sobre todo en casos como el presente, en que nos encontramos con un perfecto desconocido, J.E. Álamo, que irrumpe en escena casi, casi de la mano de su primera antología. “El enviado” es un tomo que, dada la oportunidad, puede fermentar y atraer a los aficionados a una experiencia realmente notable. Por desgracia, como viene siendo habitual, desapareció muy pronto de las tiendas. Yo mismo no me lo compré en su momento (aunque lo hojeé en la FNAC antes de que desapareciera el único tomo que llegó a las estanterías). Por fortuna, existen iniciativas dentro del mundillo que sirven para llamar la atención sobre algunas de estas joyitas que se escurren entre las grietas de nuestra percepción colectiva (no son perfectas, pero cumplen su función). Así pues, si ya el año pasado “El enviado” cosechó una nominación como mejor antología en los premios Ignotus, hace poco tuvimos ocasión de catar un fragmento en el volumen recopilatorio “Fabricantes de sueños 2008“. El siguiente paso lógico tras leer “El comienzo de la partida” es buscar y adquirir la obra completa (por sólo 7,5 €) y además, si se dispone de una tribuna como Rescepto Indablog, predicar sus excelencias para conseguir más conversos, porque es una pena que alguien pueda perderse la experiencia de leer “El enviado” por mero desconocimiento.

Enviado_alamo

“El enviado” está compuesto por nueve relatos entrelazados, con distinto tono y longitud pero un protagonista más o menos constante (aunque en algunos casos deja el primer plano y se retira entre bambalinas), un ser misterioso, que se nos presenta bajo aspecto humano, embarcado en una misión cuya naturaleza se explica en parte durante la lectura del libro. Nos ofrece pues la posibilidad de apreciar los cuentos de forma individual o en su conjunto, pero no como una simple secuencia cronológica. J.E. Álamo juega a contarnos la historia sin respetar el orden temporal normal, alterando la percepción del princpio de causa y efecto y proporcionándonos información que matiza y enriquece los relatos posteriores/anteriores. Nuestro conocimiento privilegiado se cierne sobre las historias, equiparándonos con el propio Enviado en cuanto a cierto grado sobrenatural de omnisciencia y atemporalidad.

El núcleo central del libro es, cómo no, el quinto relato: “Luis: El comienzo de la partida” (el seleccionado para el “Fabricantes de Sueños 2008″). Su influencia radia hacia el inicio del volumen, iluminando con una nueva luz las historias que ya conocemos, y hacia el final, constituyendo los cuatro últimos relatos un examen de las consecuencias de aquello de que somos testigos y de la propia misión del Enviado. Además, se trata de un cuento extraordinario, capaz de aunar la cotidianeidad (de un bar mugriento y una partida de póker entre personajes de dudosa catadura moral) y lo sobrenatural (con la actuación del Enviado), que inserto en su contexto, como núcleo de la antología, alcanza todo su potencial.

El resto de relatos se mueven entre estas dos facetas, aproximándose más a una u otra dependiendo del momento. Lo fundamental es que todos los conflictos son cercanos, sin huir de temas sórdidos como la pederastia, el abuso de poder o la sumisión a la injusticia. Como puede apreciarse, los temas también se entrelazan y complementan unos a otros, por lo que a fin de cuentas nos encontramos con un tapiz en el que habría que hilvanar también las nociones de autoengaño, castigo y, como elemento redentor (muy poco recurrente), amor.

La resolución final del misterio del Enviado se antoja, eso sí, poco trabajada, demasiado facilona en comparación con planteamiento y desarrollo, explicada igualmente en los relatos más flojos (y con menor entidad propia). La atmósfera de ambigüedad se pierde en un exceso de optimismo que desentona quizás un poco. Sin embargo, se trata de una consideración menor, porque la fuerza del volumen la encontramos en el conjunto (aunque destacaría también como una narración magistral la que da inicio a la antología, “Roger: El poder”, que despista bastante sobre lo que vamos a leer a continuación pese a que los temas y conexiones están ahí, para que vayamos atando cabos a posteriori).

La edición es mejorable (y la editorial ha mejorado desde entonces), con una portada muy poco atractiva y un mal uso de los guiones de diálogo (por culpa en parte de la fuente elegida). Pero se trata de una distracción menor, que no debería suponer un obstáculo insalvable para disfrutar de la lectura.

Constituye, en definitiva, una carta de presentación que nos anuncia que J.E. Álamo ha llegado al panorama de la literatura fantástica para quedarse. Innovar siempre es difícil y arriesgado. Conseguirlo con una antología temática, siendo a la vez la primera publicación, tiene muchísimo más mérito. Veremos qué nos depara el autor en el futuro. Lo que sí es seguro es que no será nada convencional.

Otras opiniones:

Mi no-crónica de la HispaCon

•Noviembre 10, 2009 • 8 comentarios

Me gustaría poder realizar una crónica exhaustiva de estos tres días (cuarenta y ocho horas, en realidad) pasados en Huesca, pues se han erigido en toda una fiesta del género fantástico nacional (con permiso del muy grande Steve Redwood) y eso es precisamente lo que siempre quisimos impulsar desde Rescepto. Sin embargo, me temo que tendré que conformarme con una no-crónica, pues un año más me he encontrado atado de pies y manos entre actos en los que participaba como ponente y cuestiones organizativas (la HispaCon es el momento cumbre del año para la junta de la AEFCFT).

Hispacon

Así pues, vayan por delante mis más abyectas disculpas por no haber podido atender a todo el mundo como me hubiera gustado. Cuando no estaba corriendo hacia o desde algún lugar, estaba preparando una charla o terminando de montar la presentación de los Ignotus (sí, me temo que la tenía desensamblada y el viernes por la noche, en vez de asistir a los monólogos de NOCTE, estuvimos hasta altas horas de la madrugada dándole al Powerpoint y ensayando). Mil perdones pues a Mariano (¡y mira que habíamos intercambiado mails con anterioridad!), Ismael (al menos me compré “Infierno nevado”, ya leerás aquí sobre él), Jorge (al final no hubo ocasión para la cervezita/refresco), David Mateo (pero bueno, viviendo en Valencia no es tan grave, aunque sólo nos veamos cuando nos desplazamos 400 kilómetros hacia el norte), Ramón (contigo al menos pude intercambiar algunas frases de vez en cuando), mis compañeros nocteños en general (a los que dejé plantados durante la asamblea paralela; muchos de los cuales despaché con un apretón de manos y unas pocas palabras entrecortadas, mirando de reojo el reloj), Juanmi y Fernando (me hubiera encantado seguir charlando después de la mesa redonda, pero mis compañeros de junta ya me estaban esperando a la entrada del salón de actos para secuestrarme) y a todos los que se me acercaron y no reconocí (mi incapacidad para asociar rostros con nombres bordea lo patológico; el término técnico es prosopagnosia). Tanta gente y tan poco tiempo. Ahora leo crónicas y me pego de cabezazos contra la pared (“¡Fulanito estaba allí!”). El año pasado, acudiendo de “civil” pude confraternizar mucho más.

En fin, el caso es que por los mismo motivos sería un cronista pésimo. Los actos a los que acudí pueden contarse con los dedos de una mano, así que mi visión en ese plano sería extremadamente parcial (y eso que nadie puede vanagloriarse de haber asistido a la mayor parte de los actos, pues se celebraban en tres salas en paralelo… por no hablar de la siempre pujante PasilloCon). En buena parte es culpa mía, por no llegar con los deberes hechos. Hasta prácticamente dos días antes no había encontrado la forma de meterle mano a mi charla sobre realidad virtual del viernes. El miércoles por la mañana no era más que un montón de ideas sin un solo atisbo de estructura y la presentación la ensamblé el jueves (terminaba a las 00:30 del propio viernes, apenas ocho horas antes de meter los bártulos en el coche y partir al encuentro de la A-23 y dieciséis y media antes de tener que impartirla; me gusta trabajar con cierta presión, pero aquello fue excesivo).

Respecto a los Ignotus… en fin, me volví un poco esquizofrénico pues era el responsable de la animación pero al mismo tiempo candidato, así que me vi en la necesidad de estar metido hasta las orejas en la parte técnica del proceso y desconectado por completo de la votación, recuento y toques finales (poner los nombres en la presentación; encargar, recoger y montar las plaquitas, acondicionar el salón…). Eso sí, valió la pena. Estoy muy agradecido a mis compañeros por no escamotearme la experiencia; los nervios de aguardar el resultado, la decepción de no conseguir el de antología y el subidón de hacerme con el de novela corta.

Ignotus_ganadores

Del domingo, mejor ni hablar. Asamblea de la AEFCFT, saludo en la de NOCTE, comida y cuatro horas y media de autovía de vuelta a casa.

Pese a todo, hay consideraciones generales que sí me gustaría resaltar.

Empecemos por las positivas.

Mi más efusiva y entusiasta enhorabuena a Diego, Abigail y el resto de integrantes de Oscafriki por una Hispacon que ha dejado el listón muy, muy alto (lo superaremos, porque esto va para arriba, pero habrá que trabajar muy duro). Desde el pasado Liter Imaginarius, al que tuve la suerte de asistir, sabía que la capacidad y la ilusión estaban ahí, pero afrontar una convención con más de 120 asistentes, celebrando actos en paralelo en tres localizaciones y con varios subgrupos con necesidades específicas son palabras mayores.

Recuerdo perfectamente el sentimiento con que abandonamos Almería hace un año. El consenso general era que esto se acababa y que había sido bonito mientras había durado. Supongo que para muchos el anuncio de Huesca como sede y de Oscafriki como organizadores no supuso ni mucho menos una garantía de excelencia, a lo que hubo que añadir las apreturas temporales. Sin embargo, el trabajo estaba ahí, y poco a poco fue surgiendo a la luz. Me alegro enormemente con su éxito, que es además una demostración palpable de que hay por ahí afuera muchísima gente válida, con ganas de trabajar, a la que poder reclutar (o con la que poder asociarnos) para impulsar a mayor altura estos géneros que no son tan minoritarios como nos gusta a veces aparentar.

En serio, si algo se ha respirado en el pasillo del Centro Cultural del Matadero de Huesca ha sido optimismo. No creo equivocarme si afirmo que nos hemos vuelto casi todos para nuestras casas con una buena inyección de moral y con ganas de desempolvar viejos proyectos. ¡Magnífico! Ahora, a aprovechar el impulso antes de que el rozamiento acabe anulándolo. Un poco de trabajo, si es constante, nos puede llevar a las estrellas (como dejamos claro durante la mesa redonda del sábado al referirnos a las velas solares).

En la casilla de los aspectos negativos, sin embargo, no puedo dejar de señalar cierta tendencia a corregir. Evidentemente, hay muchas cosas que personalmente y como miembro de la junta de la AEFCFT podría mejorar (comunicación con la prensa, por ejemplo), pero eso son cuestiones internas y, no lo dudéis un segundo, ya nos flagelaremos con ellas el sábado en la reunión post-hispaconera (después de preparar convenientemete las espaldas a base de palmaditas reconociendo lo machos que somos). Aquí quisiera llamar la atención sobre casos como la excesiva separación en subgrupos (NOCTE por un lado, Aznaritas por otro, amiguetes de tal o cual región o de tal o cual foro de internet…). Es lógico y normal, pero lleva a situaciones un poco violentas cuando alguien que no pertenece a ningún subgrupo tiene que enfrentarse a una sala vacía porque da la casualidad que las otras dos están ocupadas en actos semi-internos. Vamos, el típico desamparo del novato. Tenemos que trabajar más en la integración. Sé que son pocos días y muchos amigos a los que se ve de uvas a peras por saludar y contactos por realizar, pero aun así nuestro objetivo debe ser seguir creciendo, y ello sólo se consigue integrando a nuevos compañeros de batalla.

Hispacon_casetas

Hablando de lo cual, me ha parecido mal el exilio al que hemos tenido sometidos a los esforzados editores que se han presentado en Huesca con su fondo bibliográfico a cuestas para facilitarnos la adquisición de ese ejemplar inencontrable en las tiendas locales. Ojo, no digo que la localización no fuera buena (estar de cara al público también tiene sus ventajas, aunque quizás faltó algo de promoción), pero cada vez que salía a charlar con Fermín (Tusitala), Juan o Miguel (Saco de Huesos), Jorge (Sirius) y, claro, Raúl (AJEC), los veía a los pobres más solos que la una. ¡Que éramos 120! Me extrañaría que hubieran vendido 120 libros entre todos.

Uno de los pilares de nuestro futuro son los editores (aunque en ciertos aspectos sean el enemigo natural de los autores, se trata de una relación que forzosamente ha de girar en torno al binomio amor-odio). Una HispaCon sin editores no es lo mismo, y si no los cuidamos ¿para qué querrían continuar acudiendo?

La HispaCon no es sólo un foro para darte a conocer o para tratar más estrechamente con aquellos con quienes ya te relacionas, sino que debería servir para expresar el apoyo de un grupo con intereses afines hacia aquellos que trabajan por los mismos objetivos, aunque no los conozcamos previamente. ¡Que mejor lugar que la HispaCon para abrir perspectivas!

Así, quizás, en el futuro gente que no se plantea acudir porque nos ve (en parte con razón) demasiado cerrados, se animaría y, poco a poco, iríamos creciendo en una dinámica beneficiosa para todos. Ése es, a grandes rasgos, el objetivo de la actual junta de la AEFCFT durante los dos años que nos quedan: cambiar la concepción de fándom exclusivista a fándom integrador, y purgar al término de tantas connotaciones negativas como nos sea posible.

La XXVII HispaCon (Huesca 2009), ha sido un gran paso adelante, pero en ciertos aspectos no ha alcanzado su pontencial (en otros lo ha superado). Sin desmerecerla en absoluto, que la del año que viene sea aun mejor y que si podemos reunirnos 200 no seamos 150 (y si pueden ser 250, mejor que 200) y, sobre todo, que no se vaya nadie sintiendo que no ha sido una experiencia provechosa (encima, como son tan pocos, la sensación de impotencia es doble).

Ignotus_entrega

Sea como sea, poniendo en un platillo los aspectos positivos y en otro los negativos, los primeros vencen sin esfuerzo, determinando una valoración global excelente de la HispaCon 2009. Así pues…

Muchas gracias Oscafriki.

Muchas gracias compañeros de la AEFCFT.

Muchas gracias Nocte, Escuadrón Delta, Sevilla Escribe, Abadía Espectral, Sirius, Saco de Huesos, Tusitala, AJEC, Silente, escritores, lectores, críticos y aficionados “de a pie”, que son al fin y al cabo los que deben sustentar a todos los demás.

Nos vemos en la del 2010.

Cuarenta siglos os contemplan, premio Ignotus 2009 a mejor novela corta

•Noviembre 8, 2009 • 18 comentarios

El título de esta entrada lo dice todo.

Mi novela corta “Cuarenta siglos os contemplan”, publicada por Grupo Editorial AJEC en la antología “El rayo verde en el ocaso“, ha sido galardonada con un premio Ignotus. Como es fácil suponer, ha sido todo un alegrón y, de las tres nominaciones con que partía, era la que esperaba con más ilusión (pues se trataba de uno de los textos más recientes, y más cercano por tanto a mi estilo actual).

rayo_verde_ocaso_Ignotus

Muchísimas gracias a todos los votantes por este reconocimiento. Significa muchísimo para mí.

Podéis consultar la lista completa de ganadores en la página web de la AEFCFT (mi enhorabuena también a todos ellos).

Hispacon Día 2

•Noviembre 7, 2009 • 4 comentarios

Aprovecho este ratito muerto a mediodía para comentar algunas cosillas sobre este segundo día de Hispacon, aunque esta noche actualizaré con los eventos de la tarde y, sobre todo, con el resultado de los premios Ignotus.

Los actos han dado comienzo a las 11, y pronto las tres salas estaban ocupadas con conferencias, presentaciones y el segundo taller psicotrónico de literatura marciana y reprogramación mental de David Jasso. Sin duda, ha sido una mañana NOCTE, pues buena parte de los actos estaban enfocados al terror. De todos ellos, destacaría quizás dos presentaciones editoriales, la del editor-guerrillero Fermín Moreno, que saca adelante bajo el sello de Tusitala proyectos tan peregrinos como una revista fantástica ¡con los tiempos que corren! (lo de la antología de relatos en italiano o el volumen de poesía también tiene su aquel). Lamentablemente, debemos haber pillado un punto muerto en la convención (por lo demás muy concurrida), pues estábamos casi en familia.

Algo después, he asistido a la presentación en sociedad de la nueva editorial Saco de Huesos, que a tenor del interés suscitado tiene un futuro muy brillante (o fosco, según se mire) por delante.

Reparador_biblias

Y ya que estoy, comentaré algo que me dejé en el tintero ayer: la bolsa de bienvenida. Este año nos hemos encontrado, además de los folletos informativos pertinentes,  la hoja de votación de los Ignotus y la publicidad local de rigor, con cuatro publicaciones. Por un lado, un ejemplar de la revista Sable (en mi caso, el número 1), además, la novela “Asura” de Santiago Eximeno, publicada por la editorial AJEC y un ejemplar de parte de los chicos de Saco de Huesos (aunque, claro, perteneciente a proyectos previos a la creación de la editorial), en mi caso el volumen “El desván de los cuervos solitarios”, del Círculo de Escritores Errantes. Por último, hoy mismo ha aparecido Alejo trayendo ejemplares del tradicional volumen promocional de Gigamesh, este año le había tocado el turno a Tim Powers con “El reparador de biblias”, una miniantología de cuatro cuentos.

Por cierto, ya ha llovido (un chaparroncito de nada), así que la tradición hispaconera se mantiene un año más.

Por la noche, en esta misma entrada, más.

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Bueno, ya es de noche y toca escribir más.

En fin, que hay mucho que contar. La tarde empezó bastante suave, con la habitual actividad de pasillo hispaconera, hasta allá a las siete, cuando me tocaba participar en una mesa redonda junto con Juan Miguel Aguilera y Fernando Lafuente. La cosa iba sobre la colonización del espacio, pero, como era de esperar, pronto se desmadró y empezamos a profundizar en nuestras obsesiones particulares. Lástima que tuviera que terminar tan pronto (sólo una horita), porque teníamos cuerda para rato.  ¡Ah!, y como recalcó Juan Miguel, mil gracias al público, que prefirió estar allí, oyéndonos desbarrar, antes que asistiendo a la charla sobre “sexo, drogas y rock and roll” (en la literatura de terror), que impartía Alfredo Álamo en la sala contigua.

El caso es que finalizamos el acto apenas veinte minutos por encima del horario previsto, y corriendo de vuelta al hotel para terminar de disponerlo todo para la entrega de los Ignotus durante la cena de gala.

Y lo que ocurrió allí…

Eso tengo que contarlo en otra entrada.

Hispacon Día 1

•Noviembre 7, 2009 • 2 comentarios

Casi sin tiempo para asentarnos, nos encontramos con que ya ha transcurrido la primera (media) jornada de la HispaCon. Tras cuatro horas y media de viaje, Huesca nos ha recibido con mucho mejor tiempo del que esperábamos (cielos totalmente despejadas, 14 ºC de temperatura…). Pero no hay que desesperar, seguro que se cumplirá la tradición y lloverá, aunque sólo sean unas gotitas, en las jornadas que aún nos restan (esta noche ha amagado un poquito).

El Centro Cultural del Matadero es un lugar espléndido para la celebración de eventos. Los organizadores nos han recibido entre nerviosos y aliviados porque por fin se concretan meses de esfuerzos. Al final somos 120 inscritos, lo cual no está nada, pero que nada mal. Se nota que había ganas de “reajuntarse”. A ver si mañana puedo colgar alguna foto, que hoy no he tenido tiempo ni de sacar la cámara.

Supongo que tendría que hablar de los actos celebrados, aunque me temo que, después de la inauguración, celebrada con puntualidad relativa a eso de las 17:15, me he enclaustrado en la Nave 2 a preparar mi charla sobre realidad virtual (que, supongo que ahora puedo confesarlo) no tuve montada hasta ayer pasada la medianoche (demasiada información, no conseguía estructurarla de forma mínimamente coherente) y no he salido hastas pasadas las 20:30. Al final, creo que la cosa ha ido bastante bien, aunque eso no me correponde a mí juzgarlo. El público, por supuesto, maravilloso. Todo un lujazo.

RV

En otras salas, David Jasso ha abierto fuego con la ponencia “Tópicos, utopías e hispacones. Del big-bang a Huesca”, Fernando Lafuente ha hablado sobre “El futuro está en las ondas. La ciencia ficción en la música rock” y Susana Vallejo, José Antonio Cotrina, Javier Ruescas, Juan Ángel Laguna Edroso y Alfredo Álamo han departido sobre “El auge de la literatura juvenil”. Por otra parte, Juan Miguel Aguilera y Óscar Bribian han presentado sus nuevos libros, “La red de Indra” y “Mentes perversas”. 

Mañana espera un día movidito, con veinte actos desde las 11 de la mañana, que, por supuesto, culminará con la cena de gala y la entrega de los premios Ignotus. En esta época del wifi omnipresente, vamos a intentar informar casi en tiempo real de los resultados, pero de todas formas cuando toque actualizar ya subiré el listado de los ganadores. A ver si hay suerte y cae alguno, aunque la competencia lo hace realmente difícil.

En otro orden de cosas, ya he comprado mis dos primeros libros: “Reina de la nieve” de Joan D. Vinge (para alimentar la Hugolatría) y “El enviado” de J.E. Álamo, porque después de leer el cuento seleccionado en el Fabricantes de sueños 2008 cualquiera no se agencia el libro entero. Mañana atacaré el stand de Equipo Sirius.

Nos vamos al matadero

•Noviembre 5, 2009 • 1 comentario

Mañana migramos 400 kilómetros en dirección nor-noroeste y subimos quinientos metros para salir al encuentro de la ola de frío polar en Huesca. ¡Hay que ver las cosas que se hacen por asistir a una convención friqui!

ovejas[1]

Para los que vayan a acudir, nos vemos en el Centro Cultural del Matadero (y después aún se extrañan de que este año predomine el terror). Para los que no, wifi mediante, intentaré publicar alguna actualización rapidita durante los tres próximos días.

Hispacon09_Sede

No voy a repetir los compromisos que tengo, porque voy tan retrasado que sólo de pensarlo me entran sudores fríos. La información sobre los actos puede consultarse en esta entrada anterior.

¡Nos vemos! (o nos seguimos leyendo cuando me recupere).

Por no mencionar al perro

•Noviembre 3, 2009 • 1 comentario

Con todo el lío de las últimas semanas tengo bastante abandonada la Hugolatría, que como objetivo anual cada día se va poniendo más difícil. Bueno, tampoco importa demasiado. Mientras siga dando para alguna entrada de vez en cuando… (además, así voy dando tiempo a que reediten un par de ganadores que están anunciados).

Hoy toca echar un vistazo a 1999, año en que triunfó por segunda vez Connie Willis, con una novela estrechamente relacionada con su anterior galardonada, “El libro del día del juicio final” (premiada en 1993), “Por no mencionar al perro, cómo encontramos por fin el tocón de pájaro del obispo” (aunque en portada, tanto en inglés como en castellano, se obvia el subtítulo).

Por_no_mencionar_al_perro2

La obra utiliza como sustrato el “universo” de los historiadores de un Oxford futuro (2.057) que se hallan en posesión de una máquina del tiempo que les permite enviar estudiosos al pasado. Ahí acaban las semejanzas entre ambas historias. Pues si “El libro del día del juicio final” es un desgarrador retrato de una aldea inglesa azotada por la peste negra, “Por no mencionar al perro” es un remedo de comedia de costumbres victoriana (con aderezo de novela detectivesca anacrónica). Así pues, aunque la trama gira en torno a la posibilidad de una colapso irreversible del continuum espacio-tiempo, lo cierto es que la narración jamás abandona el tono ligero, humorístico incluso (un humor británico, por supuesto), funcionando tanto a un nivel de homenaje-idealización de la sociedad (alta) victoriana como en forma de juego metaliterario (con respecto a la literatura británica, claro).

Existen poderosas razones por las que no me había aventurado hasta ahora en “To say nothing of the dog”. Como narradora, no me gusta Connie Willis. Me aburre, me sepulta en palabrería innecesaria, y no conecta conmigo a nivel humorístico (en todo el libro sólo recuerdo haber sonreído dos veces), pero es que además detesto la literatura victoriana (y, por extensión supongo, la cultura victoriana). Los únicos autores realmente victorianos que no sólo soporto sino que idolatro son dos escritores que “vieron mundo” antes de iniciar su producción, así que supongo que en cierta medida se desanglificaron un poquito (manteniéndose cien por cien británicos). Me refiero a Rudyard Kipling y Henry Rider Haggard, e incluso éstos empezaron a publicar en las postrimerías de este largo período, para cualquier obra anterior a 1885, prefiero mil veces cruzar el canal y disfrutar con los autores franceses. Sirva pues esta confesión como matiz de mi opinión con respecto a “Por no mencionar al perro” que, como no será complicado vaticinar, no es demasiado positiva.

Mi principal queja reside en la hipertrofia de la historia. El misterio, simple y llanamente, no es lo bastante enrevesado para servir de soporte a 700 páginas de monótona prosa (no en sí misma, sino por la carencia de hitos claros que actúen como clímax intermedios; su lectura me da la impresión de un recorrido por un largo valle narrativo con la promesa de un pico allá a lo lejos). Por añadidura, la densidad informativa es tan escasa que cada vez que deja caer una pieza del rompecabezas que será reconstruido al final, destaca como si lo hubiera subrayado (y marcado con signos de exclamación). La novela de detectives funciona a base de saturación y agilidad. El ritmo de “Por no mencionar al perro” es totalmente inadecuado. Cuando ves llegar los giros con cincuenta o cien páginas de adelanto la verdad es que pierden mucho.

ToSayNothingOfTheDog(1stEd)

Fallido pues uno de los pilares de la historia, queda la recreación (exaltación) del victorianismo como principal soporte, y ahí sí que admito que mi desprecio por el parasitismo indolente de las clases altas británicas de la época, por la irrelevancia de sus pequeños dramas y, en definitiva, la futilidad de su existencia, interfiere con mi objetividad. Si además no me hace gracia el humor británico, apaga y vámonos.

Por mucho que lo he intentado, no me he visto involucrado en la misión de Ned Henry y la “prima” Verity por corregir una incongruencia temporal (algo así como una paradoja, pero más simple, pues no implica necesariamente una imposibilidad lógica, sino tan sólo la alteración del curso temporal “correcto”) y encontrar, de paso, el tocón de pájaro del obispo. En parte, supongo que se debe a que son personajes singularmente pasivos. Se dejan arrastrar por los acontecimientos (en general por verse imposibilitados de presentar oposición), los cuales, por fortuna, se van arreglando solos, aunque ello implique el recurrir a un deus ex machina como la copa de un pino. De nuevo, la solución hubiera podido ser aceptable… presentada con la mitad de palabras e involucrando mucha menos injerencia del continuum, pues hacia el final (y la misma Connie Willis se da cuenta de ello e intenta justificarse por boca de sus personajes), la solución es tan arbitraria que cualquier otro desarrollo, con cualesquiera otros personajes, hubiera podido valer igual de bien (eso sí, se preocupa de encajar con sumo cuidado las piezas que presenta… lo cual es mucho menos impresionante cuando te das cuenta de que existen varias docenas mutuamente intercambiables).

Como sublectura, es posible entresacar una reflexión sobre la naturaleza de la historia y sobre qué elementos son históricamente significativos. El peso de la argumentación recae en el profesor Peddick, un catedrático de Oxford entre cuyas manías se cuentan la defensa de la personalidad de personajes clave como elemento pivotal del desarrollo histórico (en contraposición a las fuerzas ciegas de un determinismo casi psicohistórico, defendidas por su más enconado rival) y el coleccionismo de peces. Este discurso se estructura en torno a múltiples ejemplos, entre los que destacan los elementos clave en el desenlace de la batalla de Waterloo. Paradójicamente, la conclusión a la que llega, que la historia es un sistema caótico en el que no hay relación directa entre la magnitud de una causa y la de su efecto y, secundariamente, que la actuación de los protagonistas individuales es relevante, se opone frontalmente a la premisa bajo la cual se resuelve la novela (ATENCIÓN, sáltese el final de este párrafo si no se desea conocer detalles reveladores del la conclusión): que el continuum espacio-temporal es determinista, y que cualquier alteración, grande o pequeña, se corrige a sí misma para producir a la larga el mismo resultado.

por_no_mencionar_al_perro

No ayuda tampoco la traducción, muy correcta aunque también poco inspirada, que se come por completo los juegos de palabras, convirtiendo algunos diálogos en poco menos que incomprensibles (por ejemplo, en los primeros capítulos, Connie Willis juega con la similitud de “cat”, “rat” y “cab”, algo que se pierde por completo cuando en la traducción se comienza a mencionar a “taxis” y “taxistas”). Y, por supuesto, en recuerdo de mi época de devorador de novelas de Agatha Christie (todas salvo las de Miss Marple, pues nunca he soportado a esa viejecita entrometida), me choca profundamente leer “Hercule” y no “Hércules” Poirot.

Para concluir, incluso algunas de las críticas positivas resaltan la escasa entidad de un año, 1998, que la destaca como mejor obra publicada (tanto para los votantes del Hugo como para los del Locus; el Nebula de 1998 lo ganó otra novela muy menor, “Paz interminable” de Joe Hadelman, que competía directamente con “Por no mencionar al perro” a pesar de haber sido publicada en 1997). Aún faltaba un par de años para que la fantasía irrumpiera con fuerza en este coto privado de la ciencia ficción (aunque sea soft), en caso contrario quizás hubieran tenido su oportunidad “Chocque de reyes” (de George R.R. Martin, premio Locus a mejor obra de fantasía) o “Stardust” (la presentación en sociedad de Neil Gaiman como novelista en solitario). Otras obras destacables del año fueron “Darwinia”, la obra que puso en el radar a Robert Charles Wilson (magnífico planteamiento, intrigante desarrollo y un final anticlimático e inconsistente como pocos), y “El globo de oro”, enésima reimaginación de los temas heinlenianos por parte de su sucesor espiritual, John Varley (para mí, pese a sus pequeños fallos que no le permiten alcanzar las cotas de “Playa de acero”, la más interesante novela de ciencia ficción de aquel año).

Otras opiniones:

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