Estrella doble

•Julio 2, 2009 • Dejar un comentario

Ya iba siendo hora de comentar en la Hugolatría alguna de las novelas ganadoras de Heinlein. Después de todo, es con cuatro premios el autor más galardonado (empatado con Lois McMaster Bujold, aunque el retrohugo de 1951 podría servir de desempate) y también el más nominado, con 11 menciones (incluyendo las que se alzaron con el triunfo). “Estrella doble” fue una de sus primeras novelas no juveniles, siendo la única reseñable anterior “Amos de títeres” de 1951 (publicada originalmente en España bajo el título “Titán invade la Tierra”).

Estrella_doble

La diferencia estriba sobre todo en la fuerte carga política de la historia, que apoya, cómo no, el mensaje ideológico. Separar las novelas de Heinlein de la ideología de Heinlein es tarea imposible, sobre todo porque, al contrario que otros autores, era muy consciente de la idoneidad del género para transmitir ideas de carácter filosófico y político, y muchas de sus novelas están concebidas como vehículo de un determinado ideario. La antes mencionada “Amos de títeres”, por ejemplo, constituye un aviso contra la insidiosa infiltración de agentes comunistas en suelo americano y un alegato a utilizar cualquier medio necesario para erradicar el peligro. “Estrella doble” no se libra de esta ambigüedad moral, de esta filosofía de “el fin justifica todos los medios”.

La historia nos la narra en primera persona el actor Lawrence Smythe, que responde al nombre artístico de “El Gran Lorenzo”, quien es contratado en un momento particularmente bajo y casi a la fuerza para interpretar el papel de su vida. Lorenzo deberá actuar de doble de John Joseph Bonforte, candidato del Partido Expansionista a Ministro Supremo de la Gran Asamblea, el principal órgano político del Sistema Solar, que ha sido secuestrado por sus opositores (y dado que Bonforte es el líder de la oposición, cabe suponer que éstos se cuentan en el bando del gobierno saliente). El problema reside en que, aun siendo parecidos físicamente, las convicciones de Smythe y Bonforte difieren en varios aspectos fundamentales, empezando por el empeño del político en otorgar plena representación en la Gran Asamblea a los marcianos (oriundos, no colonos, constituyen una civilización extraterrestre con poco poder industrial o militar, pero gran riqueza cultural).

A lo largo de la novela, Smythe cambia radicalmente de postura por varios motivos. Por un lado está la inmersión total en el papel que le ha sido adjudicado, que le lleva a asumir como propias las ideas de Bonforte (hasta el punto de poder reescribir sus discursos tal y como el mismo Bonforte lo hubiera hecho). Por otro, Lorenzo se ve sometido a un auténtico lavado de cerebro ideológico, incluyendo tácticas como el condicionamiento hipnótico (para vencer su asco hacia los marcianos), extorsión emocional, sometimiento a situaciones de estrés físico extremo y bombardo continuo (también al lector) de la ideología de la Coalición Expansionista. Se trata de una evolución poco habitual en el género en este momento de su desarrollo, que resulta tanto más cercana por cuanto es contada en primera persona. Sin embargo, pierde buena parte de su interés por cuanto es una evolución forzada, ya no sólo dentro del contexto de la novela, sino por imperativo de la trama.

Double_star

La historia entra en terrenos incluso más pantanosos desde una perspectiva moral cuando descubrimos que Bonforte no va a estar nunca en condiciones de retomar su puesto al frente del partido y Smythe se convierte en su doble a perpetuidad, accediendo (él y todos cuantos están al tanto de la sustitución, lo cual incluye altos cargos del estado) a lo que sólo puede calificarse como fraude electoral en aras de la victoria (y, se presupone, del bien último para la humanidad). De un plumazo, por tanto, Heinlein niega el valor de la pluralidad de ideas y apoya sin concesiones un ideario que se basa en la exaltación del individuo como sujeto responsable y libre, con mínima injerencia de cualquier poder centralizado y, paradójicamente, apoyo a la diversidad y a la integración (en otras palabras, una ideología de frontera, similar a la defendida en “Los Stone“). También resulta paradójico que la defensa de la libertad individual se cobre como víctima la individualidad de Smythe, cuya personalidad acaba asimilada y anulada por la de Bonforte.

Por último, un lector habitual del autor podrá distinguir sin problemas los tres prototipos heinlenitas: el joven-Heinlein, un chaval repleto de ideas e ilusión pero un tanto ingenuo, que debe ser guiado por…, el viejo-Heinlein, un ideólogo refunfuñón y ultraindividualista que alecciona sobre las verdades de la vida al joven-Heinlein y la chica-Heinlein, aparentemente fuerte e independiente, pero en el fondo no es sino el apoyo/premio del joven-Heinlein (a menudo cumpliendo una función poco más que erótica). Cabe matizar, sin embargo, que dado que aún no había alcanzado su madurez como escritor, estos prototipos no están delineados del todo y no responden exactamente a la descripción (que se ajusta más bien a su producción de los años 60).

La novela, como suele ser habitual en Heinlein, no ha envejecido demasiado mal, al menos dede un punto de vista de actualidad (o ranciedad). Sin embargo, una historia que en 1956 pudo parecer excepcional hoy en día no pasa de aventurilla bastante simplona (entretenida, eso sí; la satisfacción lectora es algo con lo que siempre se puede contar al recurrir a Heinlein… siempre que no molesten demasiado sus ramalazos ideológicos). De hecho, 1955 fue un año nada malo para la ciencia ficción, pues se publicaron obras como “Las estrellas mi destino” de Alfred Bester (bueno, había ganado en 1953, tal vez hubiera sido demasiado apresurado), “El fin de la eternidad” de Isaac Asimov (considerada por muchos como una de sus mejores novelas y una de las mejores aportaciones al subgénero de viajes en el tiempo) o “Marciano, vete a casa” de Fredric Brown (la respuesta humorística a la oleada de invasiones extraterrestres propiciadas por la guerra fría). Tal vez el premio obedeciera a que “Estrella doble”, con su vertiente política, representaba una mayor divergencia del modelo típico de la Edad de Oro, que justo por entonces estaba dando sus últimos coletazos (debido al cierre de revistas, pues sólo en 1955 cayeron Planet Stories, Startling Stories, Thrilling Wonder Stories y Beyond, aunque cabe resaltar que “Estrella doble” se publicó originalmente serializada en Astounding Science Fiction, revista que aún sigue en activo bajo el nombre de Analog, siendo por tanto la más antigua revista de género que está todavía en circulación, al remontarse su historia a enero de 1930).

Intriga_estelar

En cuanto a su legado, “Estrella doble” ha inspirado al menos dos obras. Por un lado, la película de 1993 “Dave, presidente por un día”, en la que Kevin Klein es un actor reclutado para hacerse pasar por el presidente de los EE.UU. que ha sufrido un embarazoso accidente vascular. Por otro, el remake no oficial de John Varley, “El globo de oro”, publicado en 1998, que traslada la historia a su universo de “Los Ocho Mundos” y construye en torno a la figura del actor itinerante una historia de mucha mayor ambición y calado que, en mi opinión, demuestra que un discípulo puede superar al maestro (Varley, como veremos en otra entrega de la Hugolatría, es todo un especialista en los remakes de las obras de Heinlein).

Como curiosidad, la primera edición de las cuatro que tiene en nuestro idioma (pueden consultarse los detalles en esta página), fue en 1967 en la colección Nebulae de Edhasa y, al igual que pasó con “Amos de títeres”, le cambió el título a “Intriga estelar” (suponiendo, quizás, que el público español no estaba lo bastante metido en astronomía para pillar el doble sentido del original y que convenía algo más impactante).

Lo que han opinado otros:

Metablog (1)

•Junio 30, 2009 • Dejar un comentario

De vez en cuando conviene hacer un alto en el camino y echar un vistazo atrás. Así pues, aunque no se trata de la primera entrada de autobombo, doy por inaugurada la aperiódica sección “Metablog”, donde comentaré, cuando se tercie, cuestiones relativas a Rescepto Indablog.

Ante todo, una pequeña puesta al día. En el momento de escribir estas líneas, han sido publicadas en algo menos de dos años y medio 264 entradas que totalizan más de 227.000 palabras, elevándose la cuenta de visitas hasta las 60.464 (actualmente, estamos por las 4.000 mensuales).

En lo que va de año, la columna de la derecha ha sufrido varias modificaciones (espero que mejoras). En febrero la sección de enlaces sufrió una profunda remodelación desglosándose en los subapartados: Asociaciones, Blogs, Editoriales, Otros enlaces, Rescepto y Revistas. Más recientemente, incluí en la sección de Archivos la información del número de entradas publicadas por mes (entre paréntesis) e incluí la portada de “El rayo verde en el ocaso”  como enlace directo a su página (algo que espero repetir con futuras publicaciones). Por último, ayer mismo, a sugerencia de un nuevo lector (gracias, Esteban), investigué la forma de ofrecer la posibilidad de suscribirse a las novedades del blog.

En la parte superior de la columna hay un enlace que lleva hasta FeedBurner, un servicio de Google en el que he registrado el Feed de Rescepto para que envíe un mensaje al correo electrónico de los suscritos cada vez que detecta una nueva entrada (está configurado para realizar la comprobación y los envíos entre las 19:00 y las 21:00 GMT). Estoy todavía probándolo, pero bueno, ya está disponible. El que se apunte, que se prepare para 10-15 avisos mensuales.

Por último, quería comentar algo sobre las encuestas realizadas hasta el momento (si no se comentan los resultados es como si no se hicieran). Así pues, vamos con ellas.

El 21 de mayo introducía la novedad en la entrada “El libro electrónico: la precuela“, preguntando “¿Cuál es tu postura respecto al comercio electrónico de libros?“. Las cinco opciones iban de la completa ignorancia del tema a la adhesión incondicional a la nueva modalidad. A día de hoy, se han registrado 18 contestaciones, que se desglosan del siguiente modo:

  1. ¿Existe eso? 1 voto, 6%.
  2. Curioso pero irrelevante. 1 voto, 6%.
  3. Recurro a él de vez en cuando. 10 votos, 56%.
  4. Cada vez estoy más enganchado. 3 votos, 17%.
  5. ¡Ya no compro en librerías físicas! 3 votos. 17%.

El resultado muestra que la implantación del comercio electrónico, por lo que respecta a libros de género (con el matiz de su, en general, precaria distribución física), es notable. No sólo es conocido y empleado por la inmensa mayoría de los encuestados, sino que la distribución se decanta decididamente hacia los entusiastas (el triple que los escépticos). Por supuesto, existe un sesgo de partida, ya que es una encuesta realizada en un medio electrónico por lo que quienes la contestan están evidentemente familiarizados con las nuevas tecnologías. Sin embargo, pienso que el consumidor-tipo de esta literatura suele caer dentro del subconjunto de la población general más habituado a internet y sus posibilidades, así que no creo que sea un factor determinante.

Dentro de un año, repetiré, si me acuerdo, la encuesta. Será interesante comprobar cómo han cambiado los porcentajes (si lo hacen).

El 12 de junio, en la entrada “Fantasía dinámica“, decidí recabar vuestra opinión respecto al estado de la fantasía moderna. En esta ocasión, la encuesta permitía respuestas múltiples, siendo el resultado provisional (con 27 votos computados) el siguiente:

  1. Le debe demasiado a Tolkien. 7 votos, 27%.
  2. Ofrece obras muy interesantes. 2 votos, 8%.
  3. Carece de originalidad. 3 votos, 12 %.
  4. Resulta variada y excitante. 2 votos, 8%.
  5. Ya no tiene nada que ofrecer. 0 votos, 0%.
  6. Sigue tendencias prometedoras. 7 votos, 27%.
  7. Es literariamente pobre. 4 votos, 15%.
  8. Está mejor que nunca. 0 votos, 0%.
  9. Naaaaaa… Paso de de la fantasía. 1 voto, 4%.

Son unos resultados interesantes. Las dos posturas más extremas (la 5 como negativa y la 8 como positiva) se van de vacío (lo cual es un alivio). Por lo demás, parece ser que predomina una visión crítica sobre el actual estado de la fantasía, a tenor de los votos obtenidos por las opciones 7 y 3 (entre ambas, cosechan un 27% del total). Decididamente a favor apenas contamos con los dos votantes de la opción 4, mientras que los 2 de la opción 2 tampoco están muy convencidos de la calidad media del conjunto del género, decantándose por salvar, cual Pero Pérez, unas pocas obras de la quema (tal vez no esté muy bien expresado en la redacción final de la opción, pero en los comentarios de la entrada queda bien establecido que ésta es la interpretación que hay que darle). Sin embargo, como en el fondo somos unos optimistas, la postura mayoritaria apuesta por mirar con optimismo al futuro, en la forma de corrientes como el slipstream, el new weird y toda una plétora de etiquetas que tan sólo manifiesta divergencia respecto a lo expuesto en la opción 1 (no creo que sea casualidad que ambas opciones tengan los mismos votos), que la fantasía contemporánea le debe demasiado a Tolkien (para más detalles sobre el particular: consultad la entrada).

Por último, dada mi formación científica, no podía pasar sin incluir un control, lo que en química se denominaría “blanco”, y uno de los votantes tuvo a bien apuntarse a esta opción. El que sólo fuera uno, más que ningún otro resultado, creo que arroja esperanza sobre el futuro de la fantasía.

La última encuesta realizada hasta la fecha es un poco más especializada. En la entrada donde anunciaba la “Presentación de “Alarido de Dios”, el pasado 24 de junio, me interesaba por la utilidad de las presentaciones en nuestra parcelita del mundo literario. Las 10 respuestas han sido bastante heterogéneas, pero aun así pueden extraerse algunas tendencias (tanto a favor como en contra). Primero los resultados. Las presentaciones sirven…:

  1. para dar a conocer las novedades. 0 votos, 0%.
  2. que el autor se pegue un homenaje. 1 voto, 10%.
  3. vender libros a los conocidos. 1 voto, 10%.
  4. reunir a la gente del mundillo. 1 voto, 10%.
  5. que la librería pida unos cuantos ejemplares. 2 votos, 20%.
  6. conseguir algo de publicidad. 4 votos, 40%.
  7. estrechar el vínculo con los lectores. 1 voto, 10%.

Como ya apuntaba José Miguel Vilar, todas las respuestas son correctas, sin embargo yo pedía la más determinante (por ello, nada de permitir elección múltiple en este caso). Resulta curioso comprobar cómo la única opción ignorada es la que justifica el apelativo de “presentación”. Al parecer, todos tenemos muy claro que hoy en día existen otros cauces mucho más eficientes para dar a conocer las novedades (básicamente, páginas web especializadas como foros, comunidades, blogs, sitios de noticias…). Otras razones tradicionales no quedan mucho mejor paradas. Evidentemente, el acto sirve para que el autor se dé un homenaje, venda a los amigotes y reciba el apoyo de lo compañeros de penuria, pero todo eso puede lograrse por otros medios (me sorprende, a este respecto la opción de estrechar el vínculo con los lectores… supongo que por no estar acostumbrado a pensar que a una presentación pueda acudir alguien que no sea amigo, colega o despistado que pasaba por ahí; quizás cuando lleve unos cuantos títulos en las librerías…).

A la postre, los votantes se decantan por las opciones más prosaicas (pero no menos importantes), que son las que más tienen que ver con las ventas a desconocidos (que son, al fin y al cabo, las que determinan si la empresa editorial se verá o no coronada por el éxito). La menos importante es la distribución masiva a la librería (2 votos), que sí, va bien, pero su utilidad está limitada a unos pocos ejemplares, mientras que la opción preferida, con casi la mitad de los votos es “Conseguir algo de publicidad”. Lo bueno que tiene es que se trata de un efecto duradero. Años después aún puedes encontrar, haciendo una búsqueda en internet, páginas que anuncian el evento, y la presencia en la red no tiene precio. A más corto plazo, ayuda a mantener la presencia en “los medios” durante las críticas etapas iniciales de la vida comercial de la criaturita y, si se tiene suerte, hasta es posible pillar cacho en algún medio no especializado que ande corto de noticias de interés humano.

Qué se le va a hacer. Después de los sinsabores y trabajos que representa escribir un libro lo que queremos es que se conozca y se venda lo máximo posible, que así el siguiente funcionará un poco mejor y, tal vez, la siguiente presentación producirá un mayor impacto, hasta el día en que… en que…

En fin, hasta Ese Día.

Para concluir con esta entrada autobombera, quisiera hacer mención honorífica de la gran sorpresa del último mes y medio. La verdad, cuando escribes una entrada nunca sabes qué repercusión tendrá. A veces, cosas que subes con grandes esperanzas pasan sin pena ni gloria y otras que pones casi en plan de coña te reportan miles de entradas (casi siempre por las razones equivocadas). La campeona en este sentido de las últimas semanas, con una afluencia de visitas moderada pero constante, cae en un terreno intermedio. Por un lado, no tiene nada que ver con la literatura fantástica, pero por otro, casi todo el mundo que llega hasta ella sale con una respuesta a sus dudas, y eso resulta muy satisfactorio.

La mención honorífica de la primera entrega de “Metablog” es para: “La etiqueta del champú” (261 visitas desde el 9 de mayo).

Transformers 2: la venganza de los caídos

•Junio 28, 2009 • 2 comentarios

No resulta muy difícil determinar quiénes son los caídos a los que se refiere el subtítulo de la última película de Michael Bay. Una vez eliminado el malo, puesto que a) es sólo uno, y b) durante todo el largometraje es mencionado como “The Fallen” (supongo que por cuestiones de marketing), nos quedan dos individuos: Roberto Orci y Alex Kurtzman, los “guionistas” del engendro, que habían conseguido engañarnos a todos al firmar el libreto de Star Trek.

transformers_revenge_of_the_fallen

No sé. Tal vez no quepa achacarles toda la culpa. Después de todo, el director ya mostró en un glorioso anuncio lo que para él implica el adjetivo “awesome“, y ahí no hay lugar para el desarrollo de personajes, o para el establecimiento de una trama o siquiera para justificar mínimamente las explosiones. Tal vez también haya que repartir agradecimientos a los directivos de Hasbro Inc., coproductores de la ¿película?, que proporcionaron inteligentes sugerencias a golpe de estudios de mercado (literalmente, se realizó una encuesta entre los consumidores para determinar qué nuevos robots aparecerían en la secuela; por cierto, para la 3 tocan los dinobots). Por último, los magos de Industrial, Light & Magic (y en menor medida Digital Domain) se encontraron con carta verde (y cheque sin fondos) para dar rienda suelta a sus más desquiciados delirios. Así pues, Orci, Kurtzman y el recién incorporado Ehren Kruger (en calidad de especialista en la materia) más que guionistas parecen haber actuado como hilvanadores. Su trabajo ha consistido en unir con el más fino hilo las cuentas de un collar de explosiones, efectos digitales y escenarios pintorescos (amén de algún que otro posado sugerente de Megan Fox… nada demasiado obvio, que debía ser PG-13 y eso sólo te permite toda la violencia que quieras mientras no haya sangre y sexo entre caniches).

No es ninguna sorpresa. Cuando entras a ver Transformers 2 sabes a lo que vas. Sin embargo, me ha resultado descorazonador comprobar lo rematadamente estúpida que es la excusa argumental (ni siquiera puede considerársele trama).Según propia confesión, los guionistas han buscado potenciar el papel de Shia LaBeouf (no lo han conseguido; no sé qué ha podido ver Spielberg en el soseras del niñato) y equilibrar mejor las explosiones con humor (o, lo que es lo mismo, convertir a la mitad del elenco en payasos, empezando por la madre del prota y terminando por el ex-agente Simmons, pasando por la parejita de robots gemelos subnormales).Además, según sugerencia (órdenes) de Hasbro, había que meter a un robot multimodular (el ganador de la encuesta, uno que se forma a partir de vehículos de construcción), a unas robotas-moto (”no sabíamos cómo introducir el tema del género en los robots, así que no lo hicimos”, sic), a insectobots surgidos de la nada, a Ravage (que sí, mola) y a varios más que seguro no reconozco (me quedé en los primeros veinte cómics o así de la serie original de Marvel y nunca vi, más que en algún capítulo suelto, los dibujos animados). Solución: recurrir a clichés para presentar a los personajes y justificar su motivaciones. Así no hace falta desarrollar nada; basta con sugerir (es un decir, que la cosa no resulta nada sutil) y el espectador ya cataloga al susodicho y sabe qué esperar de él; recurrir a clichés para montar la historia (¿alignígenas en la tierra? ¡Dioses prehistóricos! ¡Constructores de la Gran Pirámide!); y aderezar con pequeñas gotitas seudomistícas (en torno a la mitología cristiana sobre el Caído y la redención), pero en plan muy light, que la cosa va de evitar que el público piense y no todo lo contrario.

transformers_revenge_of_the_fallen_poster3a

Lo peor es que no estoy para nada seguro de que su público objetivo lo considere así. La peli es awesome y punto.

Mira que me revienta leerme escribir esto. Parezco el típico crítico amargado incapaz de apreciar nada filmado del final de la Segunda Guerra Mundial a esta parte, pero es que “Transformers 2″ no me deja un solo resquicio al que aferrarme. El colmo ya llega cuando descubrimos que Petra está a tiro de piedra de la Península del Sinaí, y que luego cuesta poco más llegar hasta la Necrópolis de Giza, que curiosa y contrariamente a lo que creíamos, no está a 60 kilómetros de la costa más cercana, sino que prácticamente se encuentra a pie de playa. Además, los robots son tan machos que de un mamporro pueden mandar a su contrincante varios miles de kilómetros al sur, hasta topar catastróficamente contra los templos de Karnak y Luxor. Al menos se ahorran la acusación de que la trama presenta agujeros. Lo que no existe no puede ser horadado.

Dejando de lado estas pejiguerías menores, lo cierto es que la película es, claro está, espectacular. Las peleas son mejores y más intensas que en la primera y hay grandes escenas (no sólo con Megan Fox de protagonista). El problema reside en soportar los interludios (la parte de la madre encannabizada es de vergüenza ajena) y en el exceso. Cualquier maravilla en exceso cansa, y dada la nula capacidad de Michael Bay para construir tensión en las escenas de acción (y mira que a mí me encantan las de “La roca”, “La isla” e incluso “Dos policías rebeldos II” y “Pearl Harbor”), al final todo se reduce a contemplar monstruos de metal con miles de piezas móviles, repartiendo leña a una velocidad tal que resulta difícil a veces saber qué estás viendo (por “fortuna”, en los momentos clave el director recurre a la cámara lenta… una y otra y otra vez).

Transformers_2_megan_fox

No hacían falta dos horas y media para eso. Podía haberse reservado tortazos para la 3. Supongo que con lo que cuesta renderizar una escena, luego remuerde la conciencia (si se tiene) dejarla en la sala de montaje.

Conclusión: Aún sabiendo a lo que vas, acaba cansando (y eso que yo en su día me fui a ver “Mi gran amigo Joe” al cine sólo porque había sido nominada a los mejores efectos especiales y tenía interés en comprobar cómo habían implementado el software de generación de pelo virtual… al final aquel año ganó “Más allá de los sueños”), y a la salida conviene realizar un trasplante de neuronas para reponer las que se han muerto por inanición. Eso sí, si se ve, en pantalla grande.

A tenor de los 382 millones de dólares recaudados a nivel mundial en sus primeros cinco días, me acojona pensar que éste pueda ser el cine del futuro (perfecto para quienes tenga su intervalo de atención limitado a cinco minutos). Espero que James Cameron rescate con “Avatar” a finales de año las superproducciones de acción y ciencia ficción para quienes esperamos un algo más de sustancia, porque viendo lo que se nos echa encima (al trailer estrella antes de Transformers fue el de “2012″ de Roland Emmerich)… es para echarse a temblar (y eso que “El día de mañana” me sorprendió favorablemente).

Los Stone

•Junio 26, 2009 • Dejar un comentario

Entre 1947 y 1958, Robert Anson Heinlein escribió 12 novelas de ciencia ficción dirigidas al público juvenil y editadas por Charles Scribner’s Sons. Estas novelas salían invariablemente cada navidad, empezando por “Rocket ship Galileo” y terminando con “Consigue un traje espacial: viajarás”. Esta prolongada colaboración fue un tira y afloja continuo entre autor y editores, pues la idea de Heinlein sobre qué temas eran adecuados para los adolescentes no siempre era compartirda por quienes ponían el dinero. De hecho, la relación se rompió por la negativa de estos a publicar la primera versión de “Tropas del espacio”, que posteriormente reescribiría para meter todo lo que se había dejado en el tintero y le reportaría su segundo Hugo (pero esto ya es cosa de la Hugolatría y ya habrá tiempo de analizarlo en su momento).

El caso es que la entrega de 1952 fue “The rolling Stones”, una obra que ha permanecido inédita en España hasta el año pasado, siendo publicada por la malhadada editorial El Andén (nació en 2007 con la intención de publicar 250 títulos al año y lo último que sé de ella es que se la comían las devoluciones… y desde hace meses silencio absoluto, con buena parte de su producción en la sección de saldos de las librerías). La novela, narra las peripecias de la familia Stone (padre, madre, abuela, hija-florero, gemelos adolescentes protagonistas y crío superdotado) a lo largo y ancho del Sistema Solar, viajando y viviendo en  la astronave “Rolling Stone”.

Los_stone

Podría ser una aventurilla instrascendente y caduca, pero es de Heinlein, y si algo sabía Robert Anson era contar historias con un ritmo perfecto. Además, su aproximación a la literatura juvenil, como ya he apuntado, era muy peculiar. No le tenía miedo a tratar temas polémicos (como por ejemplo el derecho constitucional a llevar armas) o a presentar mujeres aparentemente liberadas (no sé hasta qué punto transgredía las convenciones sociales de su época, pero las tres generaciones de mujeres Stone se nos muestran desde la fuerte y aventurera abuela Hazel, hasta la apocada y neutra hija Meade (encargada por decreto de la cocina, aun siendo teóricamente mejor navegante que sus hermanos pequeños), pasando por la doctora Stone, a medio camino entre la independencia de carácter y la subordinación a su menos brillante esposo.

En fin, dejando de lado la idiosincrasia de la época y del propio Heinlein, hay algo que sorprende en una novela de ciencia ficción de 1952, y es lo increíblemente actual que resulta (algo que ya había tenido ocasión de comprobar, por ejemplo, con “Puerta al verano”, de 1957). El autor sabe plegarse a las imposiciones científicas (sobre todo en cuestión de órbitas y efectos gravitatorios) sin explicitar demasiado y centrándose en los personajes y en constantes del comportamiento humano como la política y el comercio. Así nos ofrece un producto que hoy en día todavía puede leerse casi con la misma frescura que hace más de medio siglo. Lo único que desentona (y lo hace de un modo pintoresco), es el perenne uso de las reglas de cálculo por parte de todo el mundo. Echando la vista atrás, parece incongruente que alguien como Heinlein, que dota a su astronave de algo muy parecido a una computadora de navegación, no fuera capaz de anticipar la aparición de algún tipo de ayuda mecánica para calcular, pero hay que tener en cuenta que en la época concebir a un ingeniero sin su regla de cálculo era como privar a un pintor de sus pinceles o a un médico de su estetoscopio.

Desde un punto de vista ideológico, “Los Stone” es una buena muestra del punto de vista ultraindividualista de Heinlein. La novela presenta dos mensajes complementarios. Por un lado, la idea de que todo hombre (o mujer) que se precie debe ser capaz de sacarse las castañas del fuego en cualquier situación (con ayuda de su familia o, todo lo más, con buena camaradería entre iguales). La excesiva injerencia en la vida privada de instituciones y poderes públicos no es ni aceptable ni deseable. Por otro lado, es una invitación a la expansión de horizontes, a empujar los límites de la experiencia humana hasta los confines del Sistema Solar y más allá (cabe resaltar que aún faltaban cinco años para el inicio oficial de la carrera espacial).

La historia, pues, narra la búsqueda romántica de la frontera, el lugar donde un hombre (o una familia) emprendor puede labrar su propio destino. Los Stone abandonan la Luna cuando la presión social se hace demasiado intensa y en su periplo van adentrándose en lo ignoto, visitando Marte, luego el cinturón de asteroides y, finalmente, planeando la visita a las lunas de los gigantes gaseosos, concibiendo el espacio exterior como el hábitat natural de la vanguardia de la humanidad.

The_Rolling_Stones

Todo muy bonito, aunque, por supuesto, con truco, pues los Stone no son ni mucho menos una familia normal. Quien más, quien menos, es un superdotado (el benjamín de cuatro añitos es un experto ajedrecista, quizás incluso con poderes telepáticos). Así es muy sencillo abogar por una ideología individualista. Siendo los mejores, no tienen nada que perder y mucho que ganar soltando lazos (y renunciando, como por ejemplo hace Hazel con su pensión, a los beneficios de una civilización preocupada por distribuir los beneficios sociales). El espacio de Heinlein está abarrotado de pobres diablos que no han sido capaces de estar a la altura de este sueño de independencia, pero aparecen en segundo o incluso tercer plano, donde no molestan, pues las luces del escenario iluminan sólo a los vencedores, que son, casualmente, nuestros protagonistas (con quienes se busca la identificación del lector).

Lecturas ideológicas aparte, “Los Stone” es una novela ligera que se lee con agrado y facilidad. No desentona para nada con la producción más reciente e incluso se permite un par de pullas contra la típica basurilla ciencia ficcionera de todos los tiempos (primero el padre y luego la abuela consiguen dinero a base de escribir sin aparente esfuerzo guiones inverosímiles para un serial de ese tenor) e incluso hacia compañeros de viaje (en plan amistoso), pues hay un párrafo que se me antoja como referido directamente a Isaac Asimov y a su propia serie juvenil de ciencia ficción, la de Lucky Starr (iniciada en 1952), cuya entrega de 1953 sería “Lucky Starr y los piratas de los asteroides” (esta serie ha envejecido sin duda mucho peor, pues Asimov se centra más en la ciencia y menos en las relaciones entre personajes).

Para fanáticos de Heinlein: no aparecen gatos, pero sí unos seres que parecen la síntesis de sus mejores virtudes, los marcianos gatolisos (protagonistas del último tercio de la novela e inspiración para un famosísimo episodio de Star Trek), y Hazel Stone (de soltera Meade) es un personaje recurrente, que desempeña pequeños papeles en “La Luna es una cruel amante” y “El número de la bestia” y no tan pequeño en “El gato que atravesaba las paredes”.

Presentación de “Alarido de Dios”

•Junio 24, 2009 • 6 comentarios

Este viernes se presenta en Valencia la última novela de José Miguel Vilar (que se va a tirar 1300 kilómetros para vendernos “Alarido de Dios”, novela de fantasía cuya salida ya anunciamos en su momento; ¡eso es dedicación!). La cita es en La Casa del Libro (Paseo de Ruzafa, 11) a las 19:30 y con él estarán David Ruiz, de Equipo Sirius, y David Mateo, prologuista de la novela.

AlaridodeVilar

La verdad es que la última presentación que realizó en dicho marco, la de “Los navegantes” , fue todo un éxito de público (y ventas), al menos por lo que estoy acostumbrado a presenciar (alugnos meses después presenté allí “El rayo verde en el ocaso” y resultó una pifia terrible), y ésta seguro que no se queda atrás. Sin embargo, a veces me pregunto hasta qué punto son últiles las presentaciones.

Por un lado, sirven para tender una trampa a conocidos y amigos, para tenerlos reunidos a ellos y a varios ejemplares de tu libro en el mismo lugar y momento, de modo que no puedan escaquearse y no recurran al socorrido “ya me lo compraré mañana”. Por otro, supongo que es la pequeña celebración pública y triunfal que nos permitimos los autores después de pasarnos meses (o incluso años) peleando por hacer realidad un proyecto tan complejo y solitario como es escribir algo y que otro decida poner la pasta para editarlo. Después, evidentemente, están las ventas. En tiradas pequeñas, como son las que por ahora nos ocupan, salir de buenas a primeras con unas decenas de libros ya vendidos (quizás en varias presentaciones) es imprescindible. La segunda oleada llega, con suerte, con las críticas, pero conseguir un buen punto de partida es fundamental si esperamos que el boca-oreja llegue a tiempo de mantener viva la precaria distribución (he ahí otra, una presentación a la que no acuda casi nadie puede ser un éxito si la librería se queda con varios ejemplares que de otro modo no hubieran llegado nunca a sus estanterias (si son demasiados también puede ser malo, ya que te dejan inmovilizado un activo que podría estar rindiendo en cualquier otro lado).

En fin: las tribulaciones de las tiradas reducidas y los géneros minoritarios.

A mí lo que mejor me ha funcionado ha sido el modelo presentación/conferencia multimedia (incluso a veces prescindiendo de una presentación explícita). Es lo que tiene poseer una vida y unas habilidaddes sociales propias de un escarabajo pelotero, que obliga a buscar mecanismos de promoción alternativos.

Bueno, sea como sea, el viernes estaré en La Casa del Libro, para hacerme con mi ejemplar de “Alarido de Dios” y propinarle unas cuantas palmaditas envid… de enhorabuena a José Miguel. Estoy seguro de que este verano disfrutaré de su lectura (y cuando termine, reseñita al canto).

Para concluir (entrada y mes), creo que voy a proponer otra encuesta, para saber qué opináis sobre la utilidad de las presentaciones (en esta ocasión sólo permito una respuesta, así que, aunque haya varias opciones válidas, hay que elegir la principal; y, por supuesto, me estoy refiriendo a las presentaciones dentro de las tiradas típicas del género fantástico).

Cuidadito, que me frustras

•Junio 22, 2009 • Dejar un comentario

Hace poco ha saltado a la palestra informativa la nueva idea de los geniecillos de Nintendo: el piloto automático. La cosa funcionará más o menos así: cuando el jugador llegue a un tramo especialmente complicado, podrá simplemente darle a un botón y contemplar cómo la consola toma el control del personaje (Mario para empezar) y se lo pasa todo solita. Superado el escollo, si así lo desea, el “jugador” puede retomar el control y seguir hasta la próxima dificultad.

Bueno, es algo viejo. La historia de los videojuegos parece ser una carrera por hacerlos más espectaculares y más sencillos. En las aventuras gráficas, por ejemplo, se pasó de las viejas maravillas de Sierra, en las que tenías que escribir las ordenes (los primeros juegos de Larry, King`s Quest, Space’s Quest y demás) al sistema SCUMM de Lucasfilm, con una docenita de posibilidades de acción y un puntero de lo más revelador (libros, libros, libros, UN LIBRO). Sin embargo, no era suficiente. A principios de los 90 decidieron que morir no molaba y Lucasart eliminó tal posibilidad de sus aventuras. Por su parte, Sierra dio su brazo a torcer y copió el sistema SCUMM, pero “mejorándolo”. A partir de entonces ya sólo habrían cuatro acciones posibles (coger, hablar, ver y usar). Pero no era suficiente. Así surgió el famoso sistema de point&click en el que ni siquiera hacía falta seleccionar una de las evidentes opciones. ¡El programa ya lo decidía por ti! Poco después, la aventura gráfica, como género, estaba extinta (la última gran aventura gráfica fue sin duda “The longest journey” en 1999).

LarryII

He pasado grandes ratos tratando de pasarme varias decenas de aventuras gráficas y puedo asegurar que quedarse atascado es una experiencia frustrante, pero bueno, ¡de eso se trata! Si fuera sencillo, ¿qué sentido tendría? Para disfrutar de los escenarios o de la historia ya me veo una película (o me leo un libro si prescindo de la parte gráfica). Sin desafío no existe recompensa. La mejor aventura gráfica a la que he jugado ha sido “Leisure suit Larry II: Looking for love in several wrong places” (Sierra On-line, 1988) y allí no sólo podías morir (y lo hacías a menudo), sino que tenías que escribirlo todo en inglés (buena parte de mi vocabulario actual proviene de estar sentado delante de la pantalla con el diccionario de bolsillo en la mano). Además, como lo de internet era algo que sólo salía en el cine, si te atascabas o salías del embrollo tú solo o tenías que hacer frente común con otros viciados.

Supongo que las cosas cambian. Ahora, con la Wii y todas esas consolas de nueva generación, la idea parece ser aumentar el mercado potencial a costa de lo que sea. Por ejemplo, a costa de convertir un juego en poco más que una película ligeramente interactiva. El cliente frustrado no es un cliente feliz (y, si se empecina, podría tirarse demasiadas horas tratando de pasarse una pantalla en particular en vez de estar ya corriendo a la tienda a comprarse el siguiente DVD).

Lo peor es que este desarrollo no hace sino seguir la tendencia imperante en todos los aspectos de la vida. Ahora va y resulta que la frustración es mala, diabólica, terrible. Hay que evitarla a toda costa. En educación, por ejemplo. El alumno frustrado se convertirá en un votante amargado. Debemos evitarle traumas a toda costa. Si después sale burro redomado, ya será problema de otros. Un sistema educativo que no eduque es admisible, pero no uno que se dedique a frustrar a los pobres zagales.

Hasta ahora, podían conectarse a la Wii (o a la Xbox o a la que sea) en casa y experimentar esa sensación que se les escamoteaba por su propio bien. Dentro de poco, pues esto se extenderá como la pólvora, ni eso. El resultado, claro está, es que bajará el nivel de tolerancia a la frustración, pues el asunto es un poco como el sistema inmunitario. Si no se mantiene alerta con alguna infección leve de vez en cuando, el primer constipado que llega te manda al hospital.

frustration

En fin, yo al menos me curtí en la época del Spectrum (¡Aquellos juegos sí que eran fábricas de frustración al por mayor, empezando por la duración y lo falible de sus cargas!) y pasé por la EGB y el BUP (vale, no son los sistemas más duros que hemos tenido, pero comparados con lo actual parecen draconianos). Sin embargo, parte de mi público pertenece a las nuevas generaciones afrustradas. Me veré obligado a escribir libros que no frustren ninguna de las expectativas que tengan a priori. La verdad, sería una putada, porque cuando me pongo a ello soy bastante cabroncete. No me veo pasando el fustrómetro. Al menos la carta de rechazo molaría: “Verá, no sabemos como empezar, pero lo cierto es que… en fin… no se nos altere demasiado pero… ¡No, no no! ¡Borre eso! ¡No hay por lo que alterarse! Si es una novela genial, maravillosa, extraordinaria, innovadora. Tan sólo tiene un… no lo llamaríamos defecto sino… ejem, ¿handicap? En fin, que, resumiendo, la hemos pasado por el software de valoración y nos dice… podría estar equivocado pero nos dice que existe la posibilidad de que pudiera resultar demasiado frustrante para nuestros lectores. Lo hemos debatido y, aunque lamentamos muchísimo tener que darle malas noticias, lo cierto es que debemos…. ¿cómo lo diría? Aplazar sine die su publicación bajo nuestro sello. No sabe usted lo frustrados que estamos de haber tenido que tomar esta decisión. Atentamente, La Editorial”.

No sé, quizás me vea abocado a adaptar clásicos para reducir su potencial de frustración. La Disney ya se ha encargado de limar las asperezas de unos cuantos (¡Ay! ¿Qué fue de la mala leche de Victor Hugo?), pero aún quedan suficientes para ir trampeando una temporada.

Al menos, no habrá mucha competencia. Sin cierta resistencia adquirida a la frustración no me veo a nadie aguantando siquiera una semana en esto de intentar sacar un mínimo rendimiento a las horas que hay que tirarse dándole a la tecla.

Pequeños héroes: sexo, drogas y cyber-rock

•Junio 20, 2009 • Dejar un comentario

Vamos con un título cuanto menos curioso, no sé si el único de su género, pero en todo caso estará en muy “selecta” compañía (así, a bote pronto, el único libro que se me ocurre con ciertas similitudes, aunque mucho más desquiciado, es “El tiempo de los señores halcones” de Michael Moorcock y Michael Butterworth, la única novela del mundo de guitarra eléctrica y brujería). “Pequeños héroes” es la típica chorrada que escribiría un fan del rock and roll después de flipar con “Neuromante” y expandir su mente por los viejos tiempos. No es una metáfora, sino una hipótesis bastante firme sobre la posible génesis de la novela. La diferencia estriba en que el fan en cuestión era Norman Spinrad, que sabe una cosa o dos sobre eso de escribir libros.

Pese a ello, alguien que no sea roquero no puede dejar de notar que están presentes las peores características del rock facilón. A saber: autoreferente hasta la náusea (no sé si habrá otro género con tantas canciones que hablen de sí mismo), con delirios de grandeza (somos la leche, nuestro estilo de vida es el futuro, todos los demás son unos borregos) y con manía persecutoria (nos quieren reprimir, no nos entienden, me margináis porque soy roquero). En otras palabras, rebeldía sin causa, o con ella misma como único propósito, sin ninguna meta o intención.

pequenosheroes

Lo curioso es que el libro lo ha escrito alguien que en realidad está metido en todo ese rollo, así que supongo que ha sabido trasladar a la perfección los motivos y el espíritu del género (o al menos de parte de él, no sé lo suficiente para hacer distinciones saliéndome del heavy metal), ya que lo que me parece patético del libro también me lo parece de la música que homenajea.

Pese a todo, ¿vale la pena leerse “Pequeños héroes”?

Supongo que sí. Es un poco cansino (más de 600 páginas), pero está bien narrado y apunta a cuestiones interesantes. Fue publicado en 1987, en plena fiebre cyberpunk (”Neuromante” fue publicado en 1984), y toma ciertos elementos de esta corriente, integrándolos de un modo ligeramente distinto. Siguen dándose ambientes degradados, pero aquí se nos presenta como una exacerbación de la separación entre clases económicas, con un pequeño porcentaje de la población (los “gordos”) integrados en el menguante mercado laboral y grandes masas de desarrapados que malviven de la caridad institucionalizada (nadie muere de hambre si no quiere) y crean su propio submercado sustentado en el crimen a pequeña escala. Entre ambos se encuentran los guardias, armados con uzis y encargados de velar por la seguridad de los pudientes. Es un ambiente interesante y demuestra que había vida más allá de “Neuromante”. El problema es que casi toda la producción que siguió optó por la imitación obsesiva y el subgénero acabó quemado en un tiempo récord.

Pero bueno, volviendo a la novela que nos ocupa, en este contexto, Muzik es la empresa que monopoliza la producción musical. Es el único ejemplo de megacorporación que nos encontramos en la novela, pero ejemplifica, claro está, todas las características negativas: deshumanización, búsqueda del beneficio a cualquier precio, ausencia total de ética… El presidente ocasional de Muzik invita al principio de la novela a Glorianna, una vieja estrella de tercera clase (apodada la Vieja Loca del Rock), a participar en un proyecto destinado a producir el primer disco de oro procedente de una Personalidad Artificial. Con ayuda de Sally, una feucha virtuosa del sintetizador (VoxBox), y Bobby, un mago de la videocomposición digital que tampoco es nada del otro jueves, pero que al menos no está traumatizado por ello.

A partir de aquí, asistimos a los problemas y avances de este improbable trío, mientras crean lo que la empresa demanda (a partir de estudios de mercado y pautas psicológicas)… o al menos algo que se le parezca para ir tirando. Sin embargo, no tienen éxito hasta que no entra en liza otro elemento, un nuevo wire (un casquete que estimula las neuronas mediante electricidad) con todos los beneficios de un buen psicodélico y sin los problemas habituales de ese tipo de droga (quema cerebros).

Little_Heroes

Paralelamente, conocemos la historia de Karen, una chica que fracasa en su intento por reincorporarse a la población productiva de Nueva York y acaba metida en un grupo ciberanarquista (más o menos, en realidad son bastante pipiolos), el Frente de Liberación de la Realidad, y de Paco, un puertoriqueño de la calle que empieza a ascender en la jerarquía de la sub-sociedad a partir del momento en que empieza a conectarse al wire y alucina con parecerse a Mucho Muchacho, la estrella del rock virtual que ejemplifica el machismo más exacerbado (pese a lo cual, esto no le impide emparejarse con Karen).

De nuevo, las conclusiones que extraígo me parecen por completo opuestas a las pretendidas por el autor, ya que todo el desarrollo no hace sino aumentar la impresión de patetismo que me producen los personajes. Ninguno de ellos parece capaz de conseguir nada si no está colgado con el wire. Al final, ni siguiera pueden follar si no es activados, pues entonces sólo perciben una idealización de la realidad (y de su pareja), sin importar lo cutre y asquerosa que sea. El rock se muestra simplemente como un modelo idealizado para que las masas se identifiquen con sus estrellas, muy vocingleras y aparentes pero filosóficamente huecas, y no piensen en su realidad. No es más que opio para calmar al pueblo y enriquecer a los poderosos. Incluso la presunta revolución propiciada por las acciones de Glorianna y el Frente de Liberación de la Realidad no consiguen sino reafirmar el orden establecido. Todo ello por una razón muy simple, ni ella ni el FLR poseen el menor atisbo de plan a medio plazo. Su revolución se basa en la ingenua idea de que todo está mejor con un poco de caos (según afirma uno de los personajes, el punto culminante de la civilización americana se dio en 1969, con la revuelta hippy… sobran las palabras).

Hay otras cuestiones que me resultan igualmente incomprensibles (porque se supone que está a favor del rock). La novela rezuma machismo por todos su poros. Mucho Muchacho acaba inspirando a actitudes heroicas, mientras que su equivalente femenino, Sally Cyborg se erige en el contrincante a batir (y, de hecho, a dominar por un hombre con los atributos bien puestos).

No sé, quizás sea la esencia misma del rock. Desde luego, hay sexo, drogas y estrellas de la canción. A lo mejor sólo se puede extraer de la novela lo que cada cual ya piensa sobre la música que homenajea. Al fin y al cabo, es Norman Spinrad, el autor de “El sueño de hierro”. Si algo se puede esperar de él es honestidad, así que es de agradecer que ofrezca una visión completa del rock, exaltándolo pero sin esconder sus miserias.

Hace años se comentaba que estaba intentando crear una opera rock sobre la novela. La idea era utilizar un gran escenario, quizás un estadio de fútbol, y montar un espectáculo inmersivo, buscando involucrar a los espectadores. Dada la subtrama psicodélica, no me extraña del todo que no haya conseguido su propósito todavía. El proyecto suena a propiciar el mayor alucine masivo a este lado de Woodstock.

No he encontrado otra crítica como tal del libro en internet (al menos en español), pero sí este artículo sobre Norman Spinrad, firmado por Luis Pestarini en Cuasar, que puede ser de interés para situar la novela en el conjunto de su producción.

Los guionistas

•Junio 18, 2009 • 2 comentarios

¿Quiénes son? Pues Julián Gordillo y Raimundo Chueca, la pareja de guionistas más relevante del actual cine porno español, y nos llegan de la mano de Roberto Malo para mostrarnos su amor por el arte de contar historias y por el trabajo bien hecho, aunque sea en un contexto en que esta labor se considera como poco menos que irrelevante.

En una entrevista concedida hace poco por el autor en el blog SoloEnLaOscuridad, Roberto afirmaba que: “El libro refleja las eternas quejas de los guionistas (que no se les reconoce, que no se les paga lo que se merecen), pero, para que hagan gracia estas quejas, a través del cine en el que se da menos importancia al guión: el porno”. Podría aventurarse, con este planteamiento, que el libro es una sátira mordaz o una parodia inmisericorde, pero nada de eso. Hay un elemento que eleva a “Los guionistas” por encima de la simple pataleta. Julián y Raimundo siente auténtica pasión por su arte. Por circunstancias (que se explican pormenorizadamente a base de flashbacks) han acabado en la tesitura de desarrollar su afición a través de los guiones pornográficos, pero ello no es óbice para que se preocupen y para que busquen, a la hora de entregar sus libretos, la satisfacción personal, el sentirse realizados.

¡Vaya, que me siento identificado con ellos! Como autor principiante de literatura fantástica no se me considera mucho más arriba en la escala literaria que un guionista de cine porno, sobre todo en España, así que he leído con una sonrisa en los labios la historia de estos dos escritores que encajan con un encoger de hombros todos los golpes, perseveran, creen en sí mismos y en su trabajo y, a la postre, como en los mejores cuentos de hadas, se ven recompensados. Así pues, discrepo de Alfredo Álamo que, en su crítica en Lecturalia, hacía heredero este guión de las películas de Pajares y Esteso. No, para mí el referente directo sería “Rocky”, o cualquier otra película de superación, aunque con altas, muy altas dosis de humor.

Los_guionistas_m

A este respecto, me gusta que el humor no se cebe en los protagonistas. De hecho, nace de nuestros prejuicios. Si en vez de ser guionistas de cine porno lo fueran de drama urbano (ya se sabe, películas de ésas que tratan sobre una prostituta de corazón de oro que sobrevive como puede en un barrio marginal madrileño), no nos haría tanta gracia. Lo veríamos normal. Nos encontraríamos con un grupo de profesionales tratando de sacar adelante un proyecto con unos medios casi inexistentes. Eso sí, poniendo mucha “pasión” en el asunto (y sin perder, por supuesto, la ocasión de mentar las peculiaridades del mundillo, como podría ser el caso de los castings).

“Los guionistas” es también, en cierta forma, un cuento de hadas. La realidad es mucho más perra de lo que se nos muestra en sus páginas, y eso me encanta. Bastante jodida está ya la vida y bastantas sinsabores me llevo yo para tener que soportar las frustraciones de otros. Si alguna vez se rodara este guión (y si no lo destrozaran cayendo en viejos hábitos y produciendo una “españolada”), sería lo que en EE.UU. llaman “a feel-good movie“, una historia para mostrar que los obstáculos son superables, que la ilusión y el talento tienen su recompensa y que el Muro del Destino tiene una puerta trasera por la que puedes colarte y llegar… quizás no adonde te proponías, pero sí a un lugar muy parecido. Y si por el camino va regalándonos unas cuantas risas, pues mucho mejor.

En un plano puramente literario, “Los guionistas” es también un producto singular. A lo largo de los años he leído unos pocos guiones, pero siempre de películas ya realizadas. El caso es que mi visión ya se encontraba influenciada, bien por la película en sí o, en los casos en que no la había visto todavía, por todo el material promocional que nos inunda (trailers, imágenes, posters, otras películas del mismo director o incluso la película definitiva en el caso de guiones preliminares). Con “Los guionistas” no disponía de nada de todo esto, así que me podía montar la peli en mi cabeza, y es una experiencia entretenida que confiere una nueva capa de disfrute a la lectura (que se pasa en un momento)

Les deseo a Julián y Raimundo el mayor de los éxitos. Se lo merecen.

Novedad: Guerreros de Alavna

•Junio 16, 2009 • 3 comentarios

Acaba de salir a la venta, por parte de Grupo Editorial AJEC, “Guerreros de Alavna”, de N.M. Browne. Al ser un libro en cuya edición he participado como corrector, me limitaré aquí a reseñarlo (siguiendo la política que sólo he roto, porque no tuve otro remedio, con “Diáspora“).

“Guerreros de Alavna” es una novela de fantasía, que sale publicada en la colección Uroboros juvenil, donde se narran las aventuras de Dan y Úrsula, dos adolescentes ingleses que se ven trasladados por obra de una misteriosa niebla amarilla al año 75, cuando Britannia está a punto de ser sometida por completo por las legiones romanas. Los jóvenes son capturados por una partida de guerreros celtas que les informan, para su sorpresa, de que han sido convocados para luchar en la última gran batalla contra el invasor de más allá del mar. Su asombro no hace sino aumentar cuando descubren que ambos poseen misteriosas habilidades que los hacen, después de todo útiles para la tarea que se les ha asignado.

alavna

Si tuviera que buscar alguna obra parecida, supongo que apuntaría a la trilogía de “La canción de Albión” de Stephen R. Lawhead, aunque las similitudes concluyen con la coincidencia temática (personaje contemporáneo que es trasladado al tiempo de los celtas y descubre que posee habilidades excepcionales). Allí donde Lawhead construye una fantasía idealizada que se derrumba a poco que intenta crecer sobre fundamentos que son puro tópico, Browne intenta escapar de los lugares comunes de la fantasía épica (por no hablar de los de la fantasía juvenil), para ofrecer un producto que, si bien no es excepcional, sorprende por su honradez y su determinación de seguir su propio camino.

También es de agradecer que no trata al lector objetivo irrespetuosamente. El que sea juvenil no significa que tenga que ser chorra o didáctico. “Guerreros de Alavna” es una novela de aventuras para jóvenes, con sus dosis justas de “realismo” y pocas concesiones a la corrección poítica. Como lectura ligera, su vigencia se extiende mucho más allá del segmento para el que ha sido concebida y eso es algo bueno y malo (desde un punto de vista comercial; estoy intrigado por ver cómo es recibida dado que no encaja por completo en ningún molde preestablecido).

Para terminar, tan sólo comentaré una curiosidad. Parte de la trama gira en torno a la supuesta desaparición de la Legión VIIII Hispana. Hace tiempo que el misterio está más o menos resuelto, pero ello no es óbice para que su historia haya entrado a formar parte del sustrato mítico de las islas británicas (al igual que el ciclo artúrico, que también recibe algún homenaje durante el desarrollo de la historia, por fortuna sin entremezclar demasiado… que hay que reservar algo para más adelante).

Browne publicó “Los guerreros de Alavna” el 2000. Era su primera novela y, desde entonces, ha sacado otras siete, incluyendo “Warriors of Camlann” (2003) y “Warriors of Ethandun” (2009), la continuación de las aventuras de Dan y Úrsula a través del tiempo y de los mitos británicos.

Presentación de “Los guionistas”

•Junio 14, 2009 • 1 comentario

Los compañeros de Nocte están que no paran con nuevas publicaciones. Aunque claro, no todo debe ser terror, de vez en cuando hay que dar alguna sorpresita, que lo peor del mundo es volverse previsible.

Y vaya si ha dado una sorpresa Roberto Malo con su quinto libro. A buen seguro, uno de los proyectos más singulares que verán la luz este año. Lean, lean si no me creen la sinopsis de “Los guionistas”:

Raimundo Chueca y Julián Gordillo son la pareja de guionistas más relevante del actual cine porno español. En su último trabajo, tendrán que llevar al cine español a lo más alto.

El libro refleja las eternas quejas de los guionistas (que no se les reconoce, que no se les paga lo que se merecen), pero, para que hagan gracia, a través del cine en el que se da menos importancia al guión: el porno.

Un retrato irónico y divertido del cine patrio actual, pero a través del cine para adultos en un claro juego de espejos.

Escrito además, para mayor regodeo, en formato de guión.

Los_guionistas

¿Queréis más alicientes? Pues aquí os dejo un extracto de la crítica de Alfredo Álamo para Lecturalia:

[...] hace que te des cuenta de que estás leyendo una obra perdida del bizarrismo pop, el último guión perdido de Pajares y Esteso, la obra definitiva sobre el destape si este hubiera continuado hasta convertirse en porno hardcore.

Roberto estará el próximo jueves, día 18, presentando a partir de las 19:30 “los guionistas” en la librería Estudio en Escarlata de Madrid. Si acudís, no sólo podréis preguntarle en persona cómo se le ocurrió semejante bizarrada (y cómo encontró editor, aunque para los pormenores también podréis interrogar al susodicho, Nacho Escuín, que copresentará el libro junto con Luis de Luis), sino que disfrutaréis a su conclusión de un cóctel “de película” (lo que ya no sé es si será de película acorde a la temática estrella).

Para los que no vamos a poder acudir, siempre nos quedará el libro:

Los guionistas (Eclipsados, 2009).
ISBN 978-84-613-1646-5

Actualización: Crítica del libro en este mismo blog.