Paladin of souls (Paladín de almas)

Con la publicación en 2003 de “Paladín de almas” (“Paladin of souls”), Lois McMaster Bujold confirmó que había conseguido por fin realizar exitosamente la transición de la ciencia ficción a la fantasía, haciéndose con los principales premios del sector: Hugo, Nebula y Locus (es, de hecho, la única novela de la autora no ya en conseguir el raro triplete, sino incluso la doble distinción Hugo/Nebula).

Como secuela libre de “La maldición de Chalion“, toma el mismo escenario (el recién creado estado de Ibra-Chalion, en un universo bautizado como el Mundo de los Cinco Dioses), a determinados personajes secundarios del primer libro que aquí cobrar la categoría de protagonistas (o coprotagonistas), e imagina una nueva intervención divina en los asuntos de los hombres, en esta ocasión bajo la advocación del Bastardo, el dios de los rechazados y del caos (aunque no desde una perspectiva negativa). Otra importante evolución es que abandona en gran medida los paralelismos con la historia tardomedieval de España, sustituyendo esa sensibilidad de fantasía histórica por otra que le resulta mucho más familiar y cómoda: el romance.

Las novedades (relativas) no acaban ahí. Bujold centra la acción de una novela de fantasía épica de corte medieval en una mujer, y una mujer que, una vez cumplida su función reproductiva y social, ha sido declarada irrelevante. Se trata de Ista, royina viuda de Chalion, quien tras el levantamiento de la maldición que pesaba sobre su reino ha recuperado la cordura, aunque sólo para encontrar que toda su juventud y buena parte de su madurez han quedado atrás, privándola de cualquier forma de autorrealización. Así, con cuarenta años y sin responsabilidades políticas, se rebela contra los muros y convencionalismos que la han mantenido atrapada. Es, por primera vez en su vida, libre, pero no tiene objetivo alguno al que dedicar su libertad.

Así pues, da inicio a un falso peregrinaje, cuyo verdadero objetivo es simplemente romper con la inercia que la tiene atrapada, pero las cosas se complican cuando se cruza en su camino una pequeña fuerza roknari (equivalente a grandes rasgos a los sarracenos que aún ocupan por esas fechas el norte de la Peninsula Ibrana (los últimos reinos moros del sur de la Península Hispánica). Tras diversas peripecias, Ista y su séquito acaban atrapados en una fortaleza de frontera, al mando de lord Arhys di Lutez (hijo de aquel otro di Lutez que tuvo un papel crucial en la gran derrota de Ista veinte años atrás, en su intento frustrado, inspirado por la madre, de romper la maldición de Chalion).

Pronto, sin embargo, empieza a hacerse evidente que en el conflicto hay más elementos de los que se aprecian a simple vista. Los demonios llevan un tiempo apareciendo con inusitada frecuencia, los roknari del vecino reino de Jokona muestran una actividad inusual y dentro de la propia fortaleza la extraña enfermedad de Illvin, el hermanastro de Arhys, junto con el comportamiento peculiar de la joven esposa de este último, Catillara, apuntan a la existencia de problemas subyacentes que requerirán de toda la atención de uno o varios dioses para encontrar solución… aunque esa solución tenga que pasar por la reticente colaboración de Ista.

“Paladín de almas” elabora sobre el mundo imaginado para “La maldición de Chalion”, profundizando en la que quizás era su característica más original: un politeísmo (pentateísmo, para ser exactos) inspirado no tanto en la teología como en la estética de la religión cristiana (aunque sin su misma jerarquización). En este caso en concreto, por decantarse la exploración hacia el ámbito de influencia del Bastardo (los otros cuatro dioses son el Padre, la Madre, el Hijo y la Hija), tienen especial importancia las posesiones demoníacas, entendidos estos seres como entes provinientes del caos, capaces de poseer a una persona y convertirla en hechicera (a costa de ir devorando poco a poco su alma).

No cabe duda de que el planteamiento es original, sobre todo abordado desde una perspectiva propia de la fantasía épica, aunque es posible encontrar antecedentes, como en el empleo como protagonista de una mujer considerada inútil por su edad (“Restos de población“, Elizabeth Moon, 1996) e incluso esa misma aproximación a las sensibilidades románticas de la vieja novela gótica que podemos encontrar en “Troika” (Louise Cooper, 1991). De hecho, “Paladín de almas” ocupa un curioso puesto intermedio entre esas obras y desarrollos posteriores de la fantasía, como “Los cien mil reinos“, de N.K. Jemisin (2010), en donde se aprecia la misma relación ambigua entre los dioses y aquellos mortales con los que se relacionan.

De igual modo, McMaster Bujold a estas alturas sabe perfectamente cómo narrar la acción, aunque sea una narración limitada a puntos de vista peculiares, alejados de la épica tradicional (sospecho, además, que en la historia de Arhys hay cierta influencia del poema del Mío Cid, y más en concreto en cierta característica de su última batalla que también inspiró a Rafael Marín la escritura de “Juglar” en 2006). Eso sí, curiosamente la trama romántica, de forma muy poco característica en la autora, resulta torpe y forzada. Hay un principio de triángulo que no lleva a ninguna parte, y luego una relación encajada en la trama con no demasiada fortuna, casi por obligación, como si la revitalización de Ista precisara sí o sí de un romance.

Precisamente por culpa de esas necesidades encontradas, se produce a mi entender una sustancial caída de ritmo hacia la mitad de la historia, con un exceso de injerencia expositiva por parte de la escritora, que no parece acertar a la hora de desarrollar la trama sin tropezar con sus propias contradicciones. El caso es que Lois McMaster Bujold está intentando al mismo tiempo presentar a una Ista rota, necesitada de reconstruir su vida sobre las ruinas de una triste existencia pasada… y como una mujer madura, segura de sí misma y capaz de ejercer el control sobre sus propias circunstancias y su entorno (en un claro reflejo de otro de sus personajes, Cordelia Vorkosigan). Las dos visiones son incompatibles, y la transición entre ambas no se realiza ni de forma suave ni creíble.

Por todo ello, considero que, siendo un libro más simple, “La maldición de Chalion” es superior en casi cualquier aspecto (sobre todo como obra renovadora del género), sólo que, como ocurre a menudo con los premios, la apreciación llega un poco tarde y se traslada a su secuela. Otros títulos destacados de aquel año fueron por ejemplo “Cielo de singularidad” de Charles Stross e “Ilium” de Dan Simmons (finalistas del Hugo, el segundo, además, premio Locus de ciencia ficción) y “Tocando fondo” de Cory Doctorow y “El atlas de las nubes” de David Mitchell (finalisitas del Nebula).

La serie del Mundo de los Cinco Dioses se completa, por el momento, con la novela “La caza sagrada” (2006), que traslada la acción a otro país más al sur (de inspiración anglosajona) y la serie de novelas cortas sobre Penric  Desdemona (seis hasta la fecha, publicadas entre 2015 y 2017 e inéditas en castellano).

Otras opiniones:

Otras obras de la misma autora reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en abril 29, 2018.

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