Juglar

Del mismo modo que había descuidado los Hugo, hacía tiempo que no reseñaba ningún libro de autor español, lo cual es inadmisible, pues siempre he procurado que el apoyo al fantástico nacional sea uno de los pilares de Rescepto Indablog. Corrijo esta tendencia con “Juglar”, novela de Rafael Marín, finalista del premio Minotauro 2006 (cuando aún nos creíamos que el certamen iba en serio y proporcionaría por fin al género una oportunidad de competir en condiciones dignas en el mercado editorial). En aquella ocasión perdió frente a “Señores del Olimpo” de Javier Negrete (jugada que le devolvería en los premios Ignotus… aunque ésa es otra historia). Como nota adicional, otro de los finalistas del año, “Sombras de una vieja raza”, de Alejandro Guardiola, será publicado en breve por parte de Grupo Editorial AJEC.

Centrándome en “Juglar”, la novela nos narra la vida de Esteban de Sopetrán (Estebanillo, Truhán), un huérfano, criado en un monasterio e iniciado, por aptitudes innatas y capricho del destino, en las artes mágicas. Ese mismo destino lo lanza al mundo convulso de la Hispania del siglo XI, donde los reyes conspiran, soguzgan y combaten entre sí, sin hacer distingos por razón de religión, ni mucho menos de parentesco.  Dadas la nula habilidad guerrera de Esteban, y cierto episodio sangriento en que se ve involucrado, pronto escapa a los caminos e inicia una vida errante como buscavidas que tan pronto recita una canción como aligera una bolsa o mancilla la dudosa virtud de una doncella. En su vagar por las tierras castellanas y levantinas, su destino se cruza una y otra vez con el de un caballero, don Rodrigo Díaz de Vivar, llamado Campeador y Mio Cid, a quien el año 1099, a petición de doña Ximena, revive por un día para vencer a los almorávides de Ben Yusuf que han sitidado Valencia.

juglar

La novela asume la forma de relato autobiográfico, siendo el propio Esteban quien recuerda y nos cuenta sus desventuras, con un tono ciertamente amargo y fatalista. Se trata de un personaje atípico; hedonista cuando puede, estoico cuando no hay otro remedio. Los reveses de la fortuna lo arrastran sin que ofrezca resistencia, constituyendo así uno de los protagonistas más pasivos con los que jamás me he encontrado. Las más de las veces simplemente se deja llevar, ya sea por la buena vida o por la fatalidad, incapaz (por asuencia de deseo) de cambiar de rumbo, y las pocas veces que actúa lo hace sin un plan preconcebido, siguiendo el impulso del momento. Estebanillo juzga con dureza el sinsentido de un mundo donde el hermano se alza contra el hermano y el fuerte sojuzga al débil, y todavía con mayor saña se juzga a sí mismo y se considera indigno siquiera de hacer el esfuerzo de intentar enderezar el rumbo. En ese sentido, la búsqueda del placer efímero (etílico o sensual) se convierte casi en su única fuerza motora.

El Cid, por contra, se alza como figura antitética, idealizada. Es todo aquello que Estebanillo jamás podrá ser: valiente, leal, puro (en cuestiones de magias, que ni tan sólo lo afectan), firme, buen cristiano, buen vasallo y mejor señor. Sin embargo, pese a lo que el prólogo pueda dar a entender (narra precisamente la escena de la resucitación de don Rodrigo), el Cid no deja de ser un personaje muy secundario, pues Estebanillo está demasiado centrado en sí mismo para permitir otro protagonista. Así, quitando de unas breves pinceladas, en la corte de Sancho el Fuerte de Castilla, en el sitio de Zamora donde el rey es asesinado, los juramentos de Santa Gadea que propician su destierro, sus primeras campañas como guerrero a sueldo y un algún breve apunte más, el Cid es una figura distante, casi anecdótica. La promesa implícita en el prólogo nunca se cumple, lo cual deja con un sabor de boca un tanto ambiguo. Si no se le hubiera dado tanta importancia (también en la contraportada del libro), sería aceptable, pero deja un poco con la sensación que se trata de una excusa, una argucia publicitaria para vender un libro distinto por completo.

Por terminar con los defectos del libro, el tono es excesivamente aleccionador y plano, terriblemente plano. Apenas hay variación en el tono, con brevísimos desvíos hacia la épica e incursiones algo más profundas en el fantástico. Se echa particularmente de menos algo de humor que desengrase un poco, porque el discurso transmite una conciencia de autoimportancia que no cuadra con el personaje de Estebanillo. Los mismos temas se repiten una y otra vez: la guerra entre hermanos, los lamentos por la pérdida de su hombría (llega un momento en que casi se convierte en un pasatiempo ver cómo lo expresa en cada página), la condición picaresca (o de gato) del protagonista… sin aportar nada nuevo a lo ya descrito.

En cuanto a lo positivo, el punto fuerte de la novela se apoya en el lenguaje, que resulta cuidado (mimado incluso), con cada frase perfectamente pensada y enhebrada y multitud de oraciones memorables (aunque a veces resulten un tanto forzadas). En este aspecto, “Juglar” es agradable y fácil de leer (la longitud es modesta, aunque quizás incluso le sobren algunas páginas… o le falten un par de cientos, pero para eso hubiera necesitado mayor variedad), alcanzando sus momentos cumbre en episodios sueltos, cuando el sustrato fantástico se apodera de la historia (un encuentro con la Mala Huesta, Estebanillo en una muy peculiar gruta de los tesoros, el enfrentamiento entre Bellido Dolfos y el Cid…).  El conjunto tal vez no acabe de funcionar, pero desde luego las piezas están muy bien trabajadas y constituyen suficiente razón por sí solas para recomendar la lectura del libro.

cid

Para finalizar el análisis, me gustaría comentar un par de detalles secundarios. El primero que me asombra no haber leído ninguna comparación entre Esteban de Sopetrán y Hamlet Evans, el poeta protagonista de “Lágrimas de luz”, la novela más reconocida de Rafael Marín (encargado de componer cantares de gesta para las astronaves de guerra de la Tercera Edad Media). Son dos personajes similares en la superficie y en lo más interno, aunque diferentes en su evolución y motivaciones (Hamlet Evans es mucho más metaliterario y apasionado). En ambos casos, el camino les transforma, los vuelve más cínicos y desencantados, aunque para Estebanillo sean fuerzas ajenas a su voluntad las que lo moldean (con su consentimiento absoluto).

La segunda cuestión tiene que ver con la edición de Minotauro, impecable por otra parte. Pero, ¿a qué viene tildar a “Juglar” de ucronía? ¿Dónde está la ucronía? Todo lo más tenemos una reinterpretación fantástica de hechos “históricos” (las más de las veces legendarios), por lo que se encuadraría en ese subgénero que podría llamarse de fantasía histórica (donde habitan autores como Tim Powers, un territorio también explorado por autores nacionales como Juan Miguel Aguilera [véase “El sueño de la razón” o “La locura de Dios”, de próxima aparición en Rescepto Indablog]). Es evidente que, bajo el epígrafe de “Ucronía”, la editoral pretende vender el libro a un público más amplio que los seguidores del fantástico, pero… ¿funciona eso de verdad? ¿Quién más sabe lo que es una ucronía? En círculos de literatura histórica el subgénero se conoce más como “Historia alternativa” y, desde luego, con lo talibanes que son muchos la inclusión de un elemento fantástico (o no histórico en general) basta para desautorizar toda la obra. “Juglar”, sin ir más lejos, no posee demasiadas virtudes como novela histórica, pues la ambientación tiene un toquecillo revisionista o postmoderno (Estebanillo es un personaje bastante anacrónico) que difícilmente contentará a un purista, y la trama apenas se apoya de pasada en los hechos, ya sean históricos o sólo literarios.

¡Vaya manera de menospreciar el género fantástico! Y eso que la novela proviene del certamen que supuestamente debía sacarlo del guetto. Pues sí, lo saca y luego lo traviste para hacerlo aceptable en la alta sociedad. Así no hay manera.

Otras críticas a “Juglar”:

Otros libros del mismo autor reseñados en Rescepto:

Anuncios

~ por Sergio en marzo 31, 2009.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: