The enemy stars

La carrera de Poul Anderson había arrancado de muy joven, con la venta en 1944, cuando apenas contaba con dieciséis años, del relato “A matter of relativity” a Astounding. Pronto se convirtió en uno de los autores recurrentes de la publicación. Para cuando se graduó en Física en 1948 ya era uno de los nombres más conocidos de la ciencia ficción, así que optó por profesionalizarse, y en ningún momento desde entonces hasta su muerte en 2001 se empleó en otra cosa que en escribir ficción, lo cual es algo sumamente raro (la mayor parte de autores de su generación o un poco anteriores compaginaron durante etapas más o menos extensas la literatura con otros trabajos, casi siempre en la radio o la televisión, pero también en el campo del ensayo o los cómics).

Durante aquellos primeros años (en los que también produjo la influyente novela de fantasía “La espada rota“), entre otros títulos de ciencia ficción (incluyendo los primeros relatos de su Patrulla del Tiempo), produjo su primera historia del futuro, la posteriormente bautizada como Liga Psicotécnica, a través de diversas historias publicadas originalmente entre 1949 y 1957 (con una adición muy posterior). Esto dio paso a una segunda y más extensa historia del futuro, fundamentada en ideas algo diferentes, que abarca varios períodos (la Liga Polesotécnica, el Imperio Terrano y la Larga Noche). Justo entre ambas, en 1958, serializó en Astounding una novela independiente, bajo el título “We have fed our seas…”, que fue escogida en 1959 como finalista del premio Hugo (su primera nominación, aunque con posterioridad ha sido finalista en varias ocasiones del retroHugo).

Como buena parte de sus novelas independientes de la época, parte de un concepto singular: la humanidad se ha lanzado a la conquista de las estrellas, enviando astronaves limitadas por la velocidad de la luz, que viajan durante siglos por el vacío atendidas por tripulaciones de relevo que se teletransportan instantáneamente desde la Tierra o sus colonias mediante una tecnología bautizada como “transmisores de materia”. Por lo demás, el futuro que dibuja Poul Anderson es poco agradable. El planeta madre está superpoblado y para mantenerse explota unos mundos coloniales al borde de la rebelión. Una dictadura, el Protectorado, lo controla todo con mano de hierro, imponiendo una política ultraconservadora para mantener a toda cosa el statu quo y con él sus privilegios.

En estas circunstancias, cuatro hombres son designados como el nuevo relevo de la Cruz Austral, la nave de exploración que más lejos del Sol ha viajado. En su periplo ha llegado a las cercanías de una enana negra, y esa es una oportunidad demasiado buena para desaprovecharla. Cada uno de los cuatro llega con su propia historia, sus propios fantasmas y sus propias aspiraciones, pero cuando un accidente destruye tanto el impulsor principal como el transmisor de materia de la nave, dejándolos aislados a cientos de años luz de casa, deberán esforzarse como nunca por aferrarse a una lejanísima esperanza de salvación.

Con mimbres parecidos, otros autores hubieran escrito una historia de superación y de triunfo de la inteligencia frente a la adversidad. Poul Anderson no estaba interesado en eso. Para entender mejor el mensaje de la novela conviene contextualizarla. La carrera espacial había arrancado apenas cuatro años antes, y de hecho aún faltaban dos para que el primer hombre, un ruso, llegara al espacio.

Anderson ya había previsto que ese empeño costaría vidas, y con esta novela (cuyo título original hace referencia a un poema de Rudyard Kipling sobre los marineros británicos sacrificados al mar para asegurar la supremacia naval del imperio) trataba de mostrar por qué había que pagar ese precio. La respuesta, en parte, es que ampliar los horizontes rompe cualquier tipo de parálisis social y confiere libertad, pero sobre todo viene a implicar que forzar los límites es un especie de imperativo moral. Es eso o el estancamiento y la decadencia. Se trata de un tema recurrente en la carrera de Anderson, firme defensor del progreso y de la necesidad de explorar el espacio, y en consonancia con el mensaje, “The enemy stars” no es un historia confortadora, sino dura y desafiante (que, de paso, intentaba superar también las limitaciones temáticas de la Edad de Oro).

Con motivo de su reedición en 1979, Anderson actualizó un poco su fundamento científico (incluyendo los taquiones, que habían sido hipotetizados en 1967, como justificación al funcionamiento instantáneo del transmisor de materia, lo que era el punto débil especulativo de la novela). Lo que no pudo hacer es otorgar un papel más proactivo a las mujeres (la función de la única mujer de la novela es como viuda anhelante que tiene que escapar del control de su conservador suegro) y quizás por eso escribió “The ways of love”, un relato largo que a modo de epílogo se incluye en algunas ediciones desde 1985 (y que a su vez fue finalista del premio Nebula). En él, retoma algunos personajes de “The enemy stars” unos diez años después, modificando, eso sí, el punto de vista, aunque a la postre el conflicto sigue siendo la resistencia del Protectorado al cambio promovido por la apertura de horizontes que había propiciado la resolución de la novela.

En general, una obra interesante, que busca ofrecer más de lo que solía ser habitual en la época. Más allá de la simple aventura, “The enemy stars” (un título poco inspirado, infinitamente más insulso que el original) tiene un mensaje que transmitir, y si resulta quizás un poco atropellada y con unas caracterizaciones un poco superficiales (por las limitaciones editoriales de la época), sigue constituyendo una magnífica muestra de que más allá del mero entretenimiento la space opera podía transmitir mensajes de cierto calado.

Sin duda, hubiera sido más merecedora del premio Hugo que “Un caso de conciencia“, de James Blish, aunque quizás no más que “Immortality, Inc.” de Sheckley. El quinteto de finalistas se completó con “¿Quién?“, de Algis Budrys, y “Consigue un traje espacial, viajarás“, de Robert A. Heinlein.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en mayo 21, 2021.

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