Un caso de conciencia

Allá por 1959, los asistentes a la Worldcon (celebrada en Detroit; de las veintisiete primeras, veinticuatro se celebraron en EE.UU, una en Canada y dos en Inglaterra, pero aun así las llamaron desde el principio “Worldcon”, con un par, por la misma lógica ombligocentrista con que bautizaron sus series mundiales de béisbol o con que llaman al equipo ganador de la NBA, campeón del mundo… si es que no hay nada como pensar a lo grande, tirar para adelante y confiar en que los demás te sigan)… ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Decía que los asistentes a la Worldcon votaron por quinta vez los premios Hugo, y el ganador en novela fue James Blish, por “Un caso de conciencia” (nominada junto con “The enemy stars” de Poul Anderson, “¿Quién?” de Algis Budrys, “Consigue un traje espacial: viajarás” de Robert A. Heinlein e “Inmortality Inc.” de Robert Sheckley, que inspiró levemente la pélícula “Freejack” en 1992).

Algo han conseguido los premios Hugo, porque siguen siendo un referente después de cincuenta y cuatro ediciones. Quizás no hayan premiado siempre lo mejor del año respectivo, pero tampoco han cometido muchos disparates y la lista de ganadores constituye un buen indicador de por dónde fueron los tiros en cada época (no es casualidad que esta última década parezcan haber perdido un poco el norte). A punto de terminar “Un caso de conciencia” caí en la cuenta de que me he leído treinta y seis de los cincuenta y seis ganadores (bueno, caí en la cuenta de que me había leído un buen puñado; los cálculos los hice después), a los que añadir cincuenta finalistas. Es una proporción lo bastante elevada para poder emitir un juicio fundamento, y me parece que, para ser un premio popular y todo eso, los Hugo son en general un referente de calidad bastante bueno (mejor de hecho que los Nebula, y eso que éstos los votan los propios escritores). Tal vez en alguna entrada posterior ahonde en el tema.

Ahora bien, ¿cómo cuadra “Un caso de conciencia” en esta panorámica?

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Lo cierto es que no muy bien. Es sin duda uno de los galardonados más flojos que he tenido ocasión de leer. Y no por haber quedado anticuado. En realidad, constituye un texto razonablemente actual. Se trata más bien de su estructura (un fix-up mal encajado) y de la los pilares lógicos sobre los que se sustenta la trama. Tengo la sospecha de que pudiera ser una sátira, pero si ése es el caso, resulta tan sutil que pierde toda su eficacia. Claro que peor sería que la hubiera escrito en serio…

En fin, antes de entrar en detalles, vaya por delante una pequeña reseña:

El padre Ramón Ruiz-Sánchez, jesuita, es uno de los cuatro integrantes de una expedición de evaluación al planeta Litina, compuesta por un biólogo (él mismo), un físico, un geólogo y un químico. De su informe depende la clasificación del planeta y su relación con la república terrestre (que domina ya varios mundos). Litina es mundo muy parecido a la Tierra, que presenta la particularidad de una especie dominante de inteligencia igual o quizás superior a la humana. Los litinos son unos saurios marsupiales (parecidos, de hecho, a canguros de tres metros de altura), de pensamiento eminentemente lógico. La ausencia de hierro en el planeta ha hecho que su conocimiento del electromagnetismo se limite a la electricidad estática (de la que han sacado gran provecho) y a que su tecnología se base principalmente en la cerámica como materia prima. La carencia de hierro también ha afectado a su conocimiento del átomo (los electrones, circulando por conductores, fueron la primera partícula subatómica que se descubrió, permitiendo el postulado de los primeros modelos atómicos, en torno a 1900). Por contra, el desarrollo social de los litinos es elevadísimo, habiendo una sola lengua para todo el mundo y siendo desconocidos conceptos como guerra, delincuencia o incluso mentira. La conformación de esta ética perfecta, por puros procesos lógicos, sin el auxilio de sentimiento religioso alguno, supone para Ruiz-Sánchez un dilema moral y un ataque a sus creencias más arraigadas… que resuelve llegando a una conclusión un tanto peregrina.

Esta historia ocupa la primera parte del libro, habiendo sido publicada originalmente como novela corta en 1953 por la revista If, y se centra casi en exclusiva en la figura del padre Ramón, mientras resuelve un caso de conciencia oculto en las páginas del “Finnegan’s Wake” de James Joyce e intenta primero desentrañar el misterio de los litinos y a continuación convencer a sus compañeros de expedición de lo pertinente de sus conclusiones (el físico pretende convertir todo el planeta en una factoría de bombas atómicas).

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La segunda mitad de “Un caso de conciencia” acontece de vuelta en la Tierra, cuya civilización ha devenido en troglodita debido a la locura de construir ciudades subterráneas a prueba de bombardeos atómicos (por si hiciera falta alguna señal adicional que indicara que se escribió en los cincuenta). Aquí la narración pierde un poco el foco, mientras seguimos las peripecias de tres de los miembros de la expedición (Ruiz-Sánchez, que se enfrenta a una condena por herejía debido a sus conclusiones; Michaelis, el químico, que deviene en lo más parecido a un protagonista al ser el hilo conductor de los acontecimientos; y en segundo plano Agronski, el geólogo, que ejemplifica el vacío existencial de millones de personas en esa claustrofóbica sociedad), mientras Egtverchi, un litino desarraigado y potencialmente psicótico que se han traído con ellos pone patas arriba la estructura social predicando una suerte de anarquía carente de verdadera ideología.

Resulta curioso constatar cómo, según la crítica que revises, unos ponen por delante la primera mitad de la novela mientras defenestran la segunda y otros opinan justo lo contrario. Desde mi punto de vista, la primera mitad es mucho más original en su planteamiento y, si falla, lo hace por culpa de la irracionalidad extrema de la conclusión (que, repito, no es lo bastante evidente para poder considerarla satírica). James Blish era biólogo, pero en 1953 (cuando publicó la novela corta) tampoco se podía pedir peras al olmo. Los alienígenas son poco más que cangurosaurios hiperlógicos y los ecosistemas litinos son tan similares a los terrestres que incluso comparten la misma bioquímica (desde los componentes básicos, como el ADN para el material genético, hasta extremos ridículos como compuestos químicos que afectan de igual manera a terrestres y litinos). Eso sí, Blish consigue, gracias a una prosa engañosamente alambicada, dar la impresión de estar contando una historia mucho más profunda de lo que en realidad es.

La segunda mitad nunca llega a encontrar su centro de gravedad, saltando de tema en tema en una especie de caída controlada (hasta que se la pega al final, claro). Ninguno de los elementos que presenta es particularmente novedoso, y casi todos ellos ya habían sido desarrollados con mejor fortuna a lo largo de la década (como en “Las bóvedas de acero” de Isaac Asimov, “Ciudad” de Clifford D. Simak o “El fin de la infancia” de Arthur C. Clarke). La descripción de la revuelta de Egtverchi es torpe y la solución al dilema moral de Ruiz-Sánchez doblemente desafortunada (ahonda en el problema inicial, que detallaré e a continuación en una sección con spoilers, y tiene un tufillo a Deus ex machina que echa de espaldas). El único personaje realmente interesante es el doctor Petard (nombre auténtico: Lucien, Conde de Bois de Aveorigne; homenaje a Clark Ashton Smith), una especie de combinación de Einstein, Edison y Tesla, cuyas ecuaciones han logrado superar las limitaciones de la mecánica relativista y cuyo genio inventor proporciona los medios necesarios para comunicar Litina con la Tierra.

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Antes de pasar a la zona de spoilers, quisiera apuntar algo acerca del pretendido contenido religioso de “Un caso de conciencia”. En numerosos lugares se apunta a que es uno de los pocos libros de ciencia ficción que trata la religión, y lo hace además con respeto e incluso admiración. Nada menos cierto. Bajo toda la palabrería y la aparente simpatía hacia el padre Ruiz-Sánchez, se esconden unos cimientos lógicos inexistentes que lo transforman en una parodia (sutil si se quiere, pero no menos destructiva). Lo que no sé es si lo hizo adrede porque quería denunciar o ridiculizar algo (como Heinlein en “Forastero en tierra extraña”, que ganó el Hugo en 1962), o si pretendía lo contrario y le salió el tiro por la culata (pese a que no todo el mundo es capaz de percibirlo así). Si se busca un tratamiento riguroso y una argumentación sólida apoyada en la ética cristiana, recomendaría la lectura de “Cántico por Leibowitz“, de Walter Miller (ganador del Hugo en 1961). Por ejemplo, se puede o no estar de acuerdo con la posición del abad Zerchi respecto a la eutanasia, pero no puede negarse la solidez filosófica de su posición. Las ideas de Ruiz-Sánchez, por el contrario, por muy envueltas en palabrería que nos las presente, no soportan ni un soplido sin derrumbarse.

A partir de ahora entro en un análisis ligeramente más detallado que puede contener spoilers. De aquí en adelante (en el blog), voy a procurar separar claramente lo que es reseña de lo que es crítica (entendiendo por reseña aquel comentario que te ayuda a decidir si comprar o leer determinado libro, y por crítica el que analiza una obra destripándola para hallar apoyo en sus conclusiones). Así, cada cual puede proseguir por su cuenta y riesgo, auqnue tampoco es que vaya a cargarme todas las sorpresas, y una buena novela debería poder sobrevivir a una crítica obligatoriamente somera, pero no es cuestión de privar a los posibles lectores de la reseña del privilegio de sacar primero sus propias conclusiones antes de proceder con la crítica. Como siempre, los enlaces a otras opiniones al final de la entrada.

¿Listos?

De acuerdo pues. Lo que quería analizar es la conclusión del padre Ruiz-Sánchez, que ante la sociedad edénica de los litinos (previa a la caída en desgracia), apoyada exclusivamente en la razón, concluye con que Litina debe ser obra del demonio, una burla a los principios de la iglesia dirigida a minar su autoridad. El jesuita incurre pues en la herejía del maniqueísmo, al conceder al diablo capacidad creadora. Analizada a fondo, esta argumentación se resuelve en una conclusión mucho más parsimoniosa: como lo que le dicta la observación contradice su doctrina, en vez de replantearse sus creencias concluye que las pruebas son creaciones del demonio puestas allí para confundirle (por desgracia, no es una conclusión tan descabellada para algunos líderes religiosos, que a lo largo de la historia han demostrado una extraordinaria capacidad para negar la evidencia). Mi pregunta ahora es si Blish pretendia poner de manifiesto esta contradicción lógica para denunciarla o si, por el contrario, creía de verdad haber hallado un dilema moral y religioso digno de reflexión. Los elementos de juicio son poco concluyentes. Su compañero más cercano, el físico Cleaver, representa una posición férreamente atea y antropocentrista hasta el extremo (su plan conlleva la esclavitud de todos los litinos para fabricar bombas atómicas con las que defender la Tierra de un enemigo que aún no se ha presentado, algo así como una carrera armamentística preventiva). Es un personaje tan extremo que no cabe duda de que es paródico. En contraposición, Ruiz-Sánchez parece un prodigio de intelectualidad, pues argumenta su posición con muchas palabras altisonantes y haciendo referencia a principios universales incuestionables… sólo que su núcleo es hueco.

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Como avalando esta hipótesis de la sátira, la primera mitad concluye de forma irónica con el regalo que un litino hace a Ruiz-Sánchez el día de su partida hacia la Tierra, una vez ya está convencido de que los habitantes de ese mundo son obra del demonio y de que Litina debe ser declarada en cuarentena perpetua. El saurio le ofrece a su propio hijo (una clara referencia mesiánica) para que se lo lleve consigo, plantando así hipotéticamente la semilla del mal en el mundo (al mismo tiempo, cabe pensar si no pretendía apoyar las tesis del jesuita sugiriendo que ese litino está destinado a ser el anticristo).

Saltamos ahora a la segunda mitad de la novela y todo se descontrola. Egtverchi (el litino regalado) es un desastre, pues no pertenece ni a la sociedad terrestre ni a la litina, así que se dedica a torpedear la civilización como si fuera un adolescente enrabietado (con éxito desmesurado, todo cabe decirlo).  Hay pinceladas del temor neurótico al apocalipsis nuclear que dominó la década de los cincuenta en EE.UU. y cierta crítica social encubierta, pero todo se resuelve demasiado rápido y casi por azar. Ni siquiera las viñetas de una sociedad decadente (ejemplificadas en la primera fiesta de alta sociedad a la que es invitado el litino), encuentran desarrollo, difuminándose en un mar de ideas a medio perfilar. La conclusión, por supuesto, abunda en mi perplejidad, tanto por su ambigüedad (¿crítica o apoyo?) como por la manía del traductor de escribir “exorcisar”.

Y ahora, cuando ya me he quedado a gusto, puedo confesar mi principal motivo de desgrado (no menor por la amgibüedad del tratamiento). Al padre Ramón Ruiz-Sánchez, jesuita y biólogo de suficiente prestigio como para formar parte de una expedición científica auspiciada por el gobierno, lo que le acaba de convencer de que Litina ha sido creada por el demonio es que los saurios presentan en su ontogenia externa recapitulación filogenética (es decir, que su descendencia pasa por las etapas de pez y anfibio, antes de metamorfosearse en saurios, en el exterior del cuerpo materno, en contraposición de la recapitulación embrionaria del ser humano). La interpretación de todo esto es que es una burla del demonio para convencer al ser humano de que la evolución es cierta y el ser humano desciende de animales sin alma. ¡Hombre, por favor! ¡Que escribió la novela corta en 1953! Un creacionista ya no tenía lugar en los círculos científicos. Incluso Teilhard de Chardin, biólogo jesuita que propuso la teoría del Punto Omega para conciliar evolución y creacionismo y murió en 1955, era un paria en círculos científicos serios.

Lo que jode es que Blish no deje clara su posición (y, por ende, que la novela no plantee su tesis inequívocamente). No es un caso en que la ambigüedad es deseable. No hay una duda razonable sobre lo idóneo: o es una sátira o va en serio, ahí no puedes encontrar un terreno intermedio. En el primer caso, es un fracaso, porque no existe planteamiento ni resolución de la tesis que se pretende ridiculizar. En el segundo… en el segundo es casi un pecado, porque una novela de ciencia ficción no se puede basar en una negación de la ciencia. Algunos años más tarde, Theodosius Dobzhansky, uno de los padres de la teoría sintética de la evolución, acuñaría una frase célebre, además de ser una verdad como un templo: “Nada en biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución”. Corolario: “Un caso de conciencia” no tiene sentido.

Enlaces a otras opiniones sobre la novela:

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~ por Sergio en enero 29, 2009.

10 comentarios to “Un caso de conciencia”

  1. Gran crítica. Muchas gracias

  2. Gracias a ti. Es un alivio saber que al menos cuento con un lector, que con la crisis inflacionaria de las últimas entradas, en como me descuide ¡acabaré escribiendo críticas más largas que el libro reseñado!

  3. Concuerdo, un libro muy flojo e incoherente, comunmente no dejo un libro antes de terminarlo pero en este hare una excepcion, no me parece creible casi nada, no me ha atrapado y me esta pareciendo tedioso, y ademas tengo otros 10 o 12 libros de ficcion que leer

  4. es cierto que la parte central de la novela es la capacidad creadora del demonio que en todo caso seria la capacidad enga´ñar del mal y creo que blish podria haber resuelto su encrucijada tratando de hacer que se descubriera la inimaginable capacidad de maligno para enga´ñar al la a verdadera creacion que es el hambre y por lo tanto al parecer se quedo tancorto en el desarrollo de la trama que la conclusion es que trabajo por encargo su novela pues hay que comer no sin embargo tuvo una buena chispa de inspiracion exelente critica y rese´ña.

  5. Ah, vaya.. pues io tambièn por momentos pensè ke el libro era muy flojo y eso.. pero la verdad es q a mì si m gustò. Màs q todo por q me la pasaba pensando q hubiera hecho io si estuviera en el lugar de Ruiz, komo hubiera podido ‘explotar’ la capacidades de los Litinos, etc… y weno, màs q todo por el hecho de contrastar la forma de pensar de Ruiz y demàs personajes kon la visiòn q tengo de la naturaleza humana… y pos.. en resumen a mì si m gustò bastante… xD

  6. Para mi es un libro muy interesante, muestra como el ser humano es una creacion social, en el momento que Egtverchi llega a la Tierra se vuelve humano, diferente de sus origenes litinos, y si por asi decirlo existe el mal, la creo el ser humano, o la apreciacion del mal es de este, no significa que otros seres piensen lo mismo, bueno la conlusion es que los seres humanos pueden ser “educados” y formados segun conveniencias…

  7. Me temo que a estas alturas ya no recuerdo lo bastante bien los detalles como para responder con citas firmes. Sin embargo, no tuve la impresión de que estuviera apuntando de forma inequívoca en ese sentido (o en cualquier otro). Dejar abierta la puerta a la interpretación es algo positivo, pero me dio la impresión de que Blish pretendía nadar entre dos aguas… y terminó ahogándose.

  8. Buen blog. Felicidades.

  9. Lei este libro por recomendacion de una persona en cuyas recomendaciones confio. Me parecio tambien un libro bastante flojo. Para mi la mayor decepcion fue que realmente no se explora como es la sociedad litinia, nadamas se nos cuenta brevemente que funciona de maravilla sin conceptos “malos” que al ser humano le son tan familiares. Yo sinceramente pensé en ese momento que la siguiente parte del libro iba al menos a dar un ejemplo o tocar una que otra idea al respecto pero esto no se da en ningun momento. ¿No era acaso la premisa el tratar de emitir un juicio sobre esta sociedad? pero con tan poca informacion resulta imposible.

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