La era de Drácula (Anno Dracula)

«Anno Dracula» (Kim Newman, 1992) es una obra de amor hacia un libro, el «Drácula» de Bram Stoker, el género que inauguró y el contexto al completo en que fue alumbrado, allá por 1897.

Kim Newman es un escritor y periodista inglés, que se dio a conocer inicialmente publicando libros de ensayo como «Ghastly beyond belief» (con Neil Gaiman, 1985), recopilando citas terribles de libros de ciencia ficción y fantasía; «Nightmare movies» (1985), sobre películas de terror desde 1968 (con sucesivas ediciones ampliadas a lo largo de los años); y, sobre todo, «Horror: 100 best books» (1988, junto con Stephen Jones, que le supuso su primer premio Bram Stoker… ganarían el segundo por «Horror: another 100 best books» dieciséis años más tarde).

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En 1989 su primera novela, «The night mayor» (una historia de realidad virtual ambientada en un entorno inspirado por el cine clásico negro), ya mostró su interés por entremezclar personajes. Sus primeras novelas, sin embargo, no recibieron especial atención, siendo de hecho su trabajo más popular el que desarrolló bajo el seudónimo de Jack Yeovil para Games Workshop (en sus universos de Warhammer y Dark Future). Precisamente de ahí, de la serie (para Warhammer) de la vampiresa Geneviève Dieudonné, surge quizás la inspiración para acometer en 1992 la publicación de «Anno Dracula».

Corre al año 1888. Tres antes, el conde Drácula llegó a Inglaterra y los esfuerzos del profesor Abraham Van Helsing y el grupo organizado en torno al joven abogado Jonathan Harker por detenerle han fracasado. El vampirismo se ha extendido por el corazón del imperio y el propio Vlad Tepes es ahora príncipe consorte de la reina Victoria y gobernante de facto de la nación más poderosa del mundo.

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Por si las cosas no fueran lo suficientemente raras, con buena parte de la alta sociedad londinense (y una no insignificante porción de la baja) apresurándose a vampirizarse y un secreto milenario por fin exhibido, si bien no a la luz del sol, al menos sí al resplandor mortecino del alumbrado urbano, una serie de terribles asesinatos atrapan la imaginación del público. En el barrio de Whitechapel, alguién está matando a prostitutas vampiras, y esta circunstancia, en medio de tensiones cada vez más patentes, podría acabar haciendo estallar la inestable convivencia entre fríos y cálidos.

Si hubiera que clasificar «La era de Drácula», más que ucronía fantástica (que lo es), cabría meterla en el cajón de la mitología creativa, un subgénero que busca unir en un relato coherente a personajes provenientes de múltiples universos ficticios (compartiendo, eso sí, algún elemento común). En general, además, se da cierta pretensión de veracidad o historicismo, que aporta el elemento ucrónico y un buen número de personajes «reales» y suele propiciar pequeñas modificaciones en los ficticios que permitan su encaje en un universo compartido. 

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Se nota que Kim Newman sabía lo que se llevaba entre manos. «Anno Dracula» (innecesariamente traducida como «La era de Drácula» o, peor, «El año de Drácula») constituye una entretenidísima fábulación que entremezcla personajes con extrema habilidad, mientras bebe tanto de esa historia alternativa en torno a un Drácula triunfante como de los asesinatos de Jack el Destripador (cuya identidad nunca se pretende mantener en secreto para el lector y que nada tiene que ver con las teorías clásicas, aunque muchas de ellas se mencionan a lo largo de la investigación). A todo ello, como ya había indicado, se añade el personaje de Geneviève, como otra referencia más (en este caso autorreferencia), y ya tenemos la historia.

«Anno Dracula» es una novela tremendamente divertida, si bien es cierto que para ser una historia de vampiros, el horror está casi por completo ausente. En ese sentido, me recuerda a otra un poco anterior, «El imperio del miedo», de Brian Stableford (1988), aunque Kim Newman se permite muchas más piruetas metaliterarias al incluir personajes como Mycroft Holmes (no así Sherlock, que ha sido encerrado en una suerte de campo de concentración), Fu Manchú, el doctor Jekyll, Moriarty, Carnacki, Moreau y decenas más, incluyendo por supuesto a varios famosos vampiros literarios (Varney, Carmilla, Lord Ruthven e incluso «jovencitos» como Lestat de Lioncourt). A poco que se conozcan los referentes con los que juega, la historia constituye un entretenimiento de primer orden (con un pequeño juego adicional de «descubre las mil y una referencias»…. aunque muchas de ellas son extremadamente sutiles).

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Es cierto que, a la postre, tanta esfuerzo dedicado a la ambientación acabe pagándolo con una trama detectivesca que nunca termina de engranar a la perfección. El personaje principal, Charles Beauregard, un agente del Club Diógenes (casi, casi, un James Bond victoriano), avanza en realidad a tumbos por la historia, siendo su carácter más bien pasivo, y para cuando por fin va resolviéndose todo, lo hace con más trampas de las deseables y un poco a trompicones (por no hablar de constituir un final tremendamente apresurado, que apunta a ideas que tal vez hubieran podido desarrollarse en mayor profundidad con un enfoque diferente).

Esta circunstancia, sin embargo, no alcanza a empañar el disfrute de la novela (si bien la priva, quizás, de alcanzar el nivel superior). Con nominaciones al World Fantasy (que ganó Tim Powers por «La última partida«), Locus (de horror, quedando en segundo lugar tras «The golden», de Lucius Shepar) y Bram Stoker (perdiendo ante «La garganta», de Peter Straub) y victorias en el International Horror Guild y el Lord Ruthven (específico para ficción vampírica), esta novela impulsó la carrera de Newman y dio origen a una serie que introduce el escenario en el siglo XX con títulos como «El sanguinario Barón Rojo» (ambientada en 1917, durante la Primera Guerra Mundial), «Drácula Cha Cha Cha» (en los círculos cinematográficos de la Italia de 1959), el fix-up «Johnny Alucard» (1976-1990, incluyendo la novela corta «Al otro lado de la medianoche«, finalista del premio Sidewise), «One thousand monsters» (que sería la secuela más directa, pues se ambienta en el Tokio de 1899, adonde son exiliados varios de los vampiros de «Anno Dracula) y «Daikaiju» (de nuevo en Tokio, pero el de 1999).

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Otras opiniones:

~ por Sergio en mayo 18, 2022.

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