Historia alternativa (volumen 1)

Normalmente reservo los comentarios de libros de autor extranjero para otros foros (aunque luego los enlace y comente en este blog), pero éste es un caso especial porque estoy involucrado en el resultado final, aunque sea en la más insignificante de las labores, como corrector. Aclarado esto, se comprende que mi objetividad está aún más comprometida que de costumbre (¿qué comentario no es subjetivo?). Así que procuraré ser lo más directo posible.

“Historia alternativa. Volumen I” es una antología formada por un par de novelas cortas y tres cuentos que nos presentas otros tantos escenarios ucrónicos. El de la ucronía es un subgénero curioso. Se considera que forma parte de la ciencia ficción, aunque lo cierto es que, en general, la ciencia tiene muy poco peso específico en sus planteamientos. De hecho, es muy frecuente que la ucronía se inicie con la introducción en el curso histórico normal de un componente fantástico que ni recibe ni exige explicación. Después está la ucronía pura, ésa que se plantea qué hubiera pasado si… y a partir de ahí elabora toda una historia paralela, buscando caminos que sean a la vez reveladores y rigurosos. Salvo por esta obsesión por la exactitud, el componente de CF se me escapa, así que he llegado a la conclusión de que se considera parte integral de la ciencia ficción por la simple razón de que muchos escritores de este género hacen sus pinitos también la especulación ucrónica. O quizás sea que hemos recogido bajo nuestra sufrida ala al hijo tonto y repudidado de la respetable literatura histórica. Sin duda, muchos escritores y lectores “serios” consideran este tipo de juegos una pérdida de tiempo y esfuerzo, sin pararse a meditar acerca de que toda ficción histórica es en mayor o menor medida (casi siempre mayor) pura invención.

Las ucronías nos permiten iluminar personajes históricos con una luz diferente de la natural y destacar quizás facetas suyas escondidas, dedicarnos al revisionismo con total desfachatez (aunque de forma más honrada que aquellos que se aprovechan de la respetabilidad de la novela histórica tradicional para colar su propia idea sobre cómo debieron suceder los acontecimientos) y rendir homenaje a determinadas personas e ideas sobre las que, en algún momento, gravitó quizás el destino del futuro (es decir, la secuencia de acontecimientos que han conducido a que nosotros, ahora, especulemos sobre cómo podría haber sido de otra forma).

Pasando ya al volumen en sí (hay un segundo en preparación, con ucronías escritas por autores españoles), podría quizás destacar le novela corta que supone casi la mitad del tomo: “En las tierras del fondo” de Harry Turtledove (quizás el más renombrado cultivador actual del género ucrónico). A decir verdad, más que historia alternativa, se me antoja un ejercicio de historia paralela, porque el punto de divergencia entre nuestra realidad y la retratada ocurrió hace tanto (algunos millones de años antes de la aparición del ser humano sobre la Tierra), que cualquier pretensión de rigor histórico es risible. Resulta, sin embargo, fascinante, pues nos muestra un escenario novedoso, casi alienígena, en nuestro propio mundo (de hecho, a muy pocos kilómetros de nuestras ciudades): el fondo seco de la cuenca que en nuestra realidad ocupa el Mar Mediterráneo.

Imaginemos una depresión del Mar Muerto, pero a lo bestia. Todo un continente situado muy por debajo del nivel de los océanos, con su propio clima y ecología: las tierras del fondo. La trama política que conduce la novela es casi irrelevante, no es sino el artificio para mostrarnos en todo su esplendor un accidente geográfico sin parangón (todo lo cual no implica que no sea interesante, sólo que es la excusa). Gracias a la prosa de Turtledove nos encontramos verdaderamente en ese espacio sobrenatural, acompañando a un grupo de turistas de visita en ese parque natural casi inconcebible (como añadido, especula con la convivencia, hasta un estado de civilización avanzada, de dos especies humanas: los neandertales y los cromañones). “En las tierras del fondo” deparó a Turtledove el premio Hugo a la mejor novela corta en 1994.

A continuación, John MacDaid narra en “El efecto Ashbazu” la implicaciones que tiene la invención de una imprenta de tipos móviles en la antigua Babilonia. Antes que como ucronía (el giro histórico no resiste el más cauteloso de los ataques), el cuento funciona como reflexión metaliteraria sobre el propio valor de la ucronías.

Chris Roberson presenta en “0 Uno” un siglo XVII en el que el Imperio Chino domina el mundo. De las sojuzgadas tierras británicas, llega a la corte un matemático, el Supervisor Napier, con una rudimentaria máquina de cálculo capaz de realizar operaciones a mucha mayor velocidad de lo que permiten los tradicionales ábacos.

“Los misteriosos Iowans” no es una ucronía al uso. De hecho, se podría considerar más una pequeña broma literaria, pues se trata de la historia alternativa de una historia ficticia. Paul di Filippo nos describe la nación fundada en lo que antes era Iowa por los protagonistas de “La isla misteriosa” de Julio Verne cuando regresan de su aventura poseedores de una ciencia avanzadísima. El relato se desarrolla a mitad camino entre el steampunk victoriano y el homenaje literario, finalizando con un guiño cómplice a todos cuantos disfrutamos de jóvenes con la obra de Verne.

Por último, tenemos la segunda novela corta: “El otro lado de la medianoche: Año Drácula 1981”, de Kim Newman, que se enmarca en el universo alternativo del autor conocido como la serie del Año Drácula. La novela original, de 1992, narra la búsqueda de Jack el Destripador, que se dedica a matar a vampiras prostitutas, en un Londres bajo el dominio de Drácula, que ha triunfado en su empresa y es ahora el gobernante del imperio británico. En esta serie, Newman se dedica a entremezclar personajes históricos y de ficción en este universo alternativo donde el vampirismo está regulado y es completamente legal. Cuenta con tres novelas y varias novelas cortas y relatos, muchos de ellos relacionados con el mundo del espectáculo. En el “El otro lado de la medianoche” tenemos de fondo la pretensión de Orson  Welles de rodar la versión definitiva de “Drácula” (superando a la que Coppola rodó con Marlon Brando y Martin Sheen)¡, para lo cual recibe una importante donación anónima que lo altera lo suficiente como para contratar a una detective vampiresa para que averigüe las razones últimas de su mecenas.

Cierra el volumen una serie de breves artículos sobre las cinco ucronías.

Otras opiniones:

Véase también en Rescepto:

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~ por Sergio en octubre 8, 2008.

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