Carnacki, the ghost-finder

A principios del siglo XX se produjo una confluencia curiosa, antitética, entre el relato detectivesco y el horror sobrenatural. Por un lado, el mismísimo epítome del pensamiento lógico y racional (ejemplificado, por ejemplo, en las historias de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle); por el otro, la evolución de la tradición victoriana de los cuentos de fantasmas. Esta mezcla aparentemente imposible dio lugar al nacimiento de los detectives de lo sobrenatural.

Por supuesto, no surgiero de la nada. Previamente ya existían claros ejemplos de hombres de “ciencia” (tomada en un sentido amplio), entregados al estudio de (e incluso enfrentados a) las fuerzas sobrenaturales (por ejemplo, el doctor Hesselius de Sheridan Le Fanu, el elemento cohesionador de “In a glass darkly”, de 1872, la colección que incluyó por primera vez la novela corta “Carmilla“; o el propio profesor Van Helsing de “Drácula”, en 1897), pero fue entrados ya en la primera década del siglo XX cuando este tipo de personaje adoptó los rasgos desarrollados originalmente para combatir la maldad humana al servicio del orden y la justicia.

carnacki-1913

El primer ejemplo claro fue quizás John Silence, creado por Algernon Blackwood para su antología “John Silence: Physician extraordinary”, de 1908. Posiblemente inspirado en él, y a la búsqueda incesante de mercados más lucrativos para sus historias, William Hope Hodgson comenzó a publicar en 1910 en la revista mensual The Idler sus cuentos sobre Thomas Carnacki.

La presentación es siempre la misma. Tras cada una de sus aventuras, a su regreso a Londres, Carnacki convoca en su casa a cuatro amigos, entre los que se encuentra el propio Hodgson. Entonces, siempre tras la cena, los reúne en el salón y les narra su último caso, a cuya conclusión contesta un par de preguntas, que aportan alguna que otra aclaración de carácter especulativo (sin llegar en casi ningún caso a dejar zanjado por completo el asunto), y manda a los invitados de vuelta a sus casas.

Carnacki01

En cuanto a los casos, se trata siempre de presuntos encantamientos, con los que Carnacki se tropieza o a los que es convocado por las preocupadas víctimas del mismo. Su aproximación a la resolución es racional, aunque como él mismo hace gala, manteniendo la mente abierta a la posibilidad de una intervención sobrenatural. Así, ante todo examina con sumo cuidado el lugar donde se manifiesta el fenómeno, buscando descartar cualquier fraude o explicación natural. Sólo cuando existe una evidencia sólida de alguna injerencia fantasmal recurre a su equipación mística… e incluso en este caso se pone de manifiesto la fusión entre ciencia y magia.

Según relata, casi todos sus conocimientos del mundo sobrenatural provienen de un tratado, el manuscrito Sigsand (que no para de citar). También recurre a menudo a los ocho signos del ritual Saaamaa (sin entrar en más detalles), y completa su esbozo de mitología identificando a las presencias sobrenaturales como aeiirii o saiitii, según su nivel de poder y peligrosidad (aunque en ningún momento llega a pronfudizar en nada de esto).

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Como protección, sin embargo, suele recurrir a un diseño del manuscrito Sigsand, dibujado con tiza en el suelo y perfilado con velas… que él mismo ha mejorado añadiendo una tercera barrera de protección eléctrica (con válvulas de vacío que se iluminan con un resplandor azulado). Este pentáculo eléctrico (inventado por Hodgson), se basa en presuntos experimentos con mediums, y añade a la parafernalia cabalística un toque de modernidad y, sobre todo, un enfoque cientifista, que acentúa el contraste conceptual que se halla en la base misma de la idea de un detective de lo sobrenatural.

Este discurrir entre dos aguas se ve resaltado por la circunstancia de que nunca se puede estar seguro hasta la resolución de si los fenómenos observados son de naturaleza mundana o fantasmagórica (o incluso una mezcla de ambas). La cámara fotográfica de la que nunca se separa bien puede revelar un fraude como impresionar una placa con la prueba irrefutable de una manifestación ultraterrena.

Hodgson publicó en vida seis relatos de Carnacki, aparecidos en The Idler y The New Magazine. Estos seis conformaron en 1913 la antología “Carnacki: the ghost-finder” (en la que se basa esta reseaña). Tras su muerte durante la Primera Guerra Mundial, su viuda publicó un séptimo en 1929, y veinte años después August Derleth encontró otros dos cuando se propuso en 1948 publicar por primera vez las historias de Carnacki en EE.UU., en una antología de su editorial, Arkham Press (uno de ellos apareció previamente en Weird Tales en 1947). La autoría de estas incorporaciones tardías ha sido puesta en duda, pero yo no dispongo de elementos de juicio para posicionarme al respecto.

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Sí puedo hablar de los seis relatos originales: “The gateway of the monster”, “The house among the laurels”, “The whistling room”, “The horse of the invisible”, “The searcher of the end house” y “The thing invisible”, que resultan muchísimo más efectivos cuando el fenómeno estudiado resulta ser en verdad sobrenatural. El estilo meticuloso y desapasionado de Carnacki contrasta vivamente con las experiencias narradas, y sin duda en su época les confirieron una pátina de verosimilitud que potenciaría la desazón del lector (hoy en día, pese a jactarse de una mente abierta, se nos antoja un poco demasiado crédulo; con la frontera entre ciencia y superstición mucho más definida, unos relatos como estos precisarían de una mayor sofisticación para recrear el mismo efecto).

Personalmente, encuentro más satisfactorios relatos como “The gateway of the monster” o “The whistling room”, que beben más directamente de la tradición del cuento de fantasmas victoriano (con similitudes más que sospechosas con las “Historias de fantasmas de un anticuario” de M. R. James), antes que aquellos en que Carnacki acaba descubriendo algún tipo de superchería. Otro pequeño punto negativo es que, leídos uno tras otro, los cuentos resultan un pelín reiterativos. Por supuesto, al hablar de Hodgson siempre hay que tener en cuenta las circunstancias de su prematura muerte, que le impidió quizás desarrollar en mayor profundidad la mitología interna de la serie (con la que sin embargo juega a menudo, haciendo referencia a casos pasados que no cuentan con su propio cuento).

Carnacki2Entre las influencias directas ejercidas por Carnacki, destacaría  la serie de Jules de Grandin, el siguiente gran detective de lo sobrenatural, creado por Seabury Quinn y protagonista de las páginas de Weird Tales en más de noventa aventuras, entre 1925 y 1951, o Steve Harrison, creado por Robert E. Howard y protagonista de diez cuentos publicados a comienzos de la década de los treinta.

El volumen original de 1913 se encuentra libre de derechos, y puede descargarse en inglés a través del Proyecto Gutenberg.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en agosto 16, 2015.

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