Venus más X

“Venus más X” (“Venus plus X”) fue la última novela original de ciencia ficción publicada por Theodore Sturgeon (y la penúltima de cualquier tipo, contando la edición al año siguiente de la novela de terror “Some of your blood”) y cuando se editó en 1960 estaba a la vez muy adelantada y muy atrasada a su tiempo… y quizás por eso logró una nominación al premio Hugo; y quizás también por eso lo perdió ante la mucho más redonda “Cántico por Leibowitz“.

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El libro, pese a su escasa longitud, no salió del mercado pulp, sino que fue publicado originalmente por Pyramid Books, una editorial con una producción fantástica no muy abundante pero significativa. En esas fechas empezaban a derribarse ciertas barreras, pero seguían muy presentes los vetos a determinados temas (sobre todo el sexo) en revistas que se dirigían a un mercado con un gran porcentaje de lectores juveniles (suele señalarse como la primera historia de ciencia ficción que tuvo el sexo como tema central la novela corta “Los amantes”, de Philip José Farmer, de 1952, y el propio Sturgeon publicó en 1953 el primer relato sobre una relación homosexual, “El mundo bien perdido”). “Venus más X” se articula en torno a dos líneas argumentales: por un lado están las experiencias de un tal Charlie Johns, que cierto día se despierta en Ledom, una comunidad utópica conformada por individuos a todos los efectos hermafroditas y que se presentan a sí mismos como herederos del antiguo Homo sapiens. Por otro, a modo de breves interludios entre los capítulos de esa historia principal, se narran diversas viñetas acerca de la vida contemporánea de dos parejas vecinas en un suburbio cualquiera de los EE.UU., que ponen de manifiesto cómo los roles sexuales tradicionales empezaban a verse desafiados.

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Por medio de ambas líneas, Sturgeon aborda el tema de la relación entre sexos, adelantándose así en unos tres años al inicio del Feminismo de Segunda Ola (y, por consiguiente, a toda la ciencia ficción feminista asociada a ella, escrita mayoritariamente por mujeres), pero también al tratamiento que del sexo (y también de la religión, temas ambos casi testimoniales hasta entonces) por parte de la New Wave en su conjunto (cuyo despegue americano estaría asociado a la publicación de “Visiones peligrosas” siete años después).

Ledom (“Model” al revés) se ha construido en base a dos tecnologías (en realidad tres, aunque la tercera se mantiene en secreto hasta la revelación final). Por un lado, la generación de campos de fuerza de casi cualquier forma y tamaño, algo que se utiliza tanto en arquitectura como en usos tan banales como la cubertería. Por otro, una máquina capaz de registrar e implantar recuerdos y conocimientos. Todo ello se le explica en detalle a Charlie al poco de despertar en Ledom, proveniente según se le cuenta de un mundo exterior que se insinúa devastado por alguna terrible catástrofe (eran los años del pánico nuclear y, de hecho, esta novela podría sumarse a todas las que en esta época propugnaban el reemplazo de la humanidad fallida, capaz de tamaña locura, por otra forma superior, tales como Ciudad” de Clifford D. Simak,  “El fin de la infancia” de Arthur C. Clarke o “Más que humano“, del propio Sturgeon). Según se le cuenta, su función es la de observador externo, capaz de juzgar la sociedad allí creada con ojos libres de prejuicios. La realidad es… diferente, pero eso no se descubre hasta mucho más tarde.

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Hasta ahí la parte en que “Venus más X” constituye una obra claramente adelantada a su tiempo. Por desgracia, el estilo que escoge el autor para tratar todo esto retrotrae a la novela filosófica decimonónica (y a su variante utópica de, sobre todo, las últimas décadas de dicho siglo, que fue de hecho cuando proliferaron las novelas asociadas al movimiento feminista de primera ola). En otras palabras, más que esbozar una trama al servicio de un subtexto, Sturgeon sitúa en primer plano la tesis (en algún que otro capítulo, donde aborda la responsabilidad de la tensión sexual en la creación de las desigualdades y la violencia innata al ser humano, de forma absolutamente explícita), dejando la historia como algo secundario, una mera excusa para sustentar el discurso (que tiene tiempo, además, para ahondar en otras cuestiones como cierto pastoralismo y una peculiar reinterpretación del impulso religioso).

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Esta cuestión se agrava cuando tenemos en cuenta todo lo que ha evolucionado el tema de la relación entre sexos en los sesenta años transcurridos desde su escritura, lo que priva de fuerza al elemento filosófico (no ayuda cierta falta de claridad en la exposición de algunas de sus facetas, como todo lo referido a su postura teológica), ni tampoco que la propia evolución social ha logrado que la trama contemporánea, la de las dos parejas americanas prototípicas, haya quedado radicalmente anticuada, convirtiendo lo que en su momento pudo ser chocante o cuando menos incisivo en anodino y artificioso (obligando a un esfuerzo adicional de contextualización por parte del lector moderno para apreciar lo que intentaba transmitir Sturgeon en 1960). Esta circunstancia sitúa a su vez más presión sobre la trama… y esta, pese a un ingenioso giro de tuerca final, que recodifica toda la historia, simplemente no es lo bastante robusta como para sostener por sí sola el interés, ni siquiera teniendo en consideración la brevedad de la novela.

“Venus más X” es una de esas precursoras tan, tan adelantadas a su época que apenas unos años después ya están anticuadas. El feminismo experimentó durante los años siguientes un extraordinario desarrollo, tanto teórico como social, lo que se tradujo por ejemplo en auténticas obras maestras como “La mano izquierda de la oscuridad“, de Ursula K. Le Guin (1969), que trata igualmente el tema de la relación entre sexos a través del hermafroditismo, aunque bajo un prisma mucho más complejo (y literario).

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Aparte de “Cántico por Leibowitz”, el quinteto de finalistas de los premios Hugo de aquel año se completó con un par de space operas con premisas ingeniosas, “La gran cruzada de Poul Anderson y “El mundo de la muerte” de Harry Harrison; y “El laberinto de la Luna“, de otro de los autores característicos de la Edad de Plata, Algis Budrys; en conjunto, una muestra muy sólida y variada de lo mejor que deparó 1960.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en agosto 26, 2021.

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