Feminismo utópico de primera ola en la ciencia ficción

Tal día como hoy, en 1893, las mujeres ejercieron por primera vez en la historia su derecho al voto en unas elecciones nacionales. Fue en Nueva Zelanda, y aunque tendrían que pasar todavía veintisiete años para que, además, pudieran optar a un escaño parlamentario, constituyó el primer triunfo de un movimiento de reforma social muy importante de finales del siglo XIX y principios del XX: el de las sufragistas.

suffragettes

Dentro de la lucha por la igualdad femenina, todas esas acciones se enmarcaron en lo que ha venido a bautizarse como feminismo de primera ola, centrado sobre todo en conquistar derechos políticos. La ciencia ficción, con su potencial anticipativo, se presentó como una más que adecuada vía para difundir sus ideas (y para atacarlas, esgrimida desde posturas reaccionarias), a tenor sobre todo de la oleada de utopías y distopías que caracterizó la literatura fantástica de la época.

Así, el primer ejemplo de ciencia ficción feminista fue “Man’s right: or, who would you like it?”, de la reformadora social (y espiritista) Annie Denton Cridge, publicada en nueve capítulos (o sueños) a lo largo de 1870. La historia describe el proceso de emancipación… de los hombres de Marte, ya que la autora empleó la sátira para crear una sociedad extraterrestre (por lo demás, idéntica a la suya propia) en la que los roles estaban invertidos (es posible que esta obra influyera en la burla sobre la igualdad femenina que incluyó Edward Bulwer-Lytton en su novela “Vril, el poder de la raza venidera“).

 mizora

Entre 1880 y 1881, Mary E. Bradley Lane publicó en un periódico de Cincinnati “Mizora: a prophecy”, la primera utopía tecnológica feminista y la primera también en describir una sociedad exclusivamente femenina (con reproducción por partenogénesis). Mizora es un mundo perdido subterráneo, al que se accede por un agujero en el polo (según la hipótesis de la Tierra Hueca), en donde las mujeres, tras deshacerse en el lejano pasado de los hombres, han creado una sociedad a su medida.

A su estela (y gracias al tremendo auge que vivieron las utopías tras la publicación de uno de los  mayores éxitos de la época: “El año 2000“, de Edward Bellamy), aparecieron títulos como “New Amazonia: a foretaste of the future” (1889), de la escritora británica Elizabeth Burgoyne Corbett, en el que un hombre y una mujer de la Inglaterra Victoriana son transportados al año 2472, a una Irlanda que ha sido rebautizada como Nueva Amazonia a raíz de los cambios desencadenados por la victoria final de las sufragistas. Los hombres, en este caso, son libres, aunque no pueden desempeñar ningún cargo público. Como curiosidad, la sociedad amazona ha descubierto la forma de prolongar la vida y mantener la salud de sus ciudadanos… absorbiendo la energía vital de perros (las utopías de la época solían contener facetas que, desde nuestra perspectiva, se antojan decididamente distópicas).

 new_amazonia

También británica fue lady Florence Dixie, corresponsal de guerra (en Sudáfrica) y feminista, que en 1890 publicó “Gloriana, or the revolution of 1900”, en la que describe los cambios (positivos, claro) que experimenta su nación en un siglo, desde el momento en que las mujeres ganan el derecho al voto gracias a que la protagonista, Gloriana, consigue hacerse con un escaño de la Cámara de los Comunes haciéndose pasar por un hombre, Hector l’Estrange (inspirado en Oscar Wilde).

De vuelta a los Estados Unidos y en 1893, “dos mujeres del oeste” (Alice Ilgenfritz Jones y Ella Merchant) publicaron “Unveilling a parallel: a romance”, en la que el protagonista (un hombre, al contrario que en buena parte de la literatura feminista hasta la fecha), viaja a Marte en aeroplano, encontrando allí dos sociedades. Por un lado está Paleveria, donde los roles están invertidos y las mujeres se entregan a los mismos excesos que los hombres de la Tierra (lo que da lugar a múltiples comentarios satíricos); por su parte en Caskia los dos sexos han alcanzando un estado de perfecta igualdad (que se muestra como el ideal). A nivel tecnológico, ambas sociedades marcianas son exactamente iguales a la terrestre de la época, limitándose la especulación a cuestiones sociales.

 Unveiling_Parallel

En 1899, Anna Adolph autopublicó “Arqtiq: a story of the marvels of the North Pole”, una novela corta en la que una mujer inventa un vehículo aéreo que le permite alcanzar junto con su marido, su padre y unos amigos el Polo Norte, donde encuentran la ciudad subterránea de los arq. Esta sociedad se caracteriza por la igualdad entre los sexos, por poseer una tecnología muy avanzada y por exhibir capacidades telepáticas, además de ser devotos (hasta el extremo del fundamentalismo) cristianos.

Todos estos ejemplos no implican que los escritores utópicos varones no abordaran la cuestión de la igualdad de sexos (aunque no solían convertirla en el núcleo central de la novela). Así, el propio Edward Bellamy dedica sus capítulos a ella en “Equality” (1897), la secuela de “El año 2000” (“equality” hace referencia no a la igualdad entre sexos, sino a la desaparición de las clases sociales), y su hermano Charles, destacado pensador socialista como él, ya había publicado en 1889 “An experiment in marriage: a romance”. También escribieron sobre el particular Linn Boyd Porter (“Speaking of Ellen”, 1893) y John McCoy (“A prophetic romance”, 1896), otorgando en sus ficciones puestos de responsabilidad política a mujeres, o Henry Olerich en “A cityless and countryless world” (1893), en el que un marciano aterriza en la Tierra para enseñar a los hombres a construir una sociedad más perfecta.

 Republic_Future

De igual modo, tampoco toda la ciencia ficción escrita por mujeres fue feminista. En 1887, Anna Bowman Dodd publicó la novela corta: “The republic of the future; or, socialism a reality”, una distopía reaccionaria, que a través de la visita en el año 2050 de un noble sueco a la ciudad de Nueva York, describe el modo en que las ideas revolucionarias (feminismo, socialismo, tecnicismo…), impuestas desde 1900, han empeorado la vida de los americanos. En cualquier caso, la mayor parte de las distopías antifeministas fueron escritas por hombres, satirizando la pérdida del rol tradicional de las mujeres como algo negativo para ambos sexos, tal y como hizo Charles Elliot Niswonger, autor en 1893 de “The isle of feminine” (una isla caribeña gobernada por mujeres asexuales, con los hombres reducidos a pigmeos atemorizados).

De autoría desconocida se presentó en 1900 “NEQUA or the problem of the ages”, firmada por Jack Adams, quien es también protagonista de la historia, aunque a lo largo de ella se revela que su verdadero nombre es Cassie Van Ness, una mujer que se hace pasar por hombre para embarcarse en diversos navíos en busca de su prometido. Se trata de nuevo de una fantasía sobre la Tierra Hueca (con entrada obligatoria por el polo norte), que descubre la sociedad igualitaria de los altrurios.

De 1905 data una de las muestras más curiosas de ciencia ficción feminista, el relato “Sultana’s dream“, de la escritora bengalí Rokeya Sakhawat Hussain, una utopía feminista musulmana, que invierte los roles masculino y femenino y centra parte de su discurso en la práctica del purdah (siendo los hombres los obligados a vivir recluidos en serrallos y a presentarse en público totalmente cubiertos).

Sultana_s_dream

Begum Rokeya se ha erigido en toda una institución en la India, como impulsora de la educación femenina. Sin embargo, la escritora feminista más conocida de principios del siglo XX fue Charlotte Perkins Gilman, sobre todo por el cuento “El papel de pared amarillo”, que narra con tintes autobiográficos la depresión de una mujer embarazada, obligada por su marido a permanecer “cuidándose” en su cuarto durante meses. Para el tema de esta entrada, tiene sin embargo mayor relevancia su trilogía de novelas utópicas “Moving the mountain” (1911), “Herland” (“Dellas, un mundo femenino”, 1915) y “With her in Ourland” (1916).

“Moving the mountain” trata sobre un hombre que tras treinta años perdido en el Tibet regresa a la Norteamérica de 1940, para enfrentarse a los profundos cambios económicos y sociales experimentados en ese lapso de treinta años. Aunque la igualdad femenina es un elemento importante, la novela constituye ante todo una utopía anticipativa, con la particularidad de que en vez de centrar la atención en un futuro lejano, contempla un lapso breve, para evitar la extrañeza de un cambio demasiado brusco (pese a lo cual, a su protagonista le cuesta adaptarse).

 Herland

“Herland” es, sin duda, su novela más famosa (y quizás la más importante de esta primera ola de feminismo en la ciencia ficción, aunque no ha sido sino hasta hace relativamente poco que ha sido rescatada del olvido). Explora la idea de la sociedad exclusivamente femenina, descubierta en un enclave remoto por tres amigos que se ven obligados a confrotar sus preconcepciones sobre los roles de los sexos con la actidud de las habitantes de Herland. “With her in Ourland” es su secuela directa, e invierte la trama, permitiendo que una de las habitantes de Herland, casada con uno de los visitantes exteriores, examine a través de sus ojos no condicionados la sociedad de la época (incluyendo los horrores de la Primera Guerra Mundial) en un viaje a Estados Unidos.

Ya sea por la consecución (al menos en Inglaterra y Estados Unidos) de sus principales objetivos, ya por el declive de la literatura utópica, la ciencia ficción feminista dejó de cultivarse más o menos a partir de 1920, y como le pasó a la mayor parte de la producción de ciencia ficción de la época, cayó en el olvido, por constituir muestras de un género menor, hasta que el academicismo condescendió en ponerse a estudiar la literatura de género. Tanto es así, que estas obras resultaban desconocidas para las principales figuras del feminismo de segunda ola (entre principios de los años 60 y principios de los 80), que a su vez generó una nueva avalancha de ciencia ficción feminista (con autoras como Ursula K. Le Guin, aunque ella se niega a ser etiquetada meramente como feminista, Joanna Russ, Vonda McIntyre, Sheri S. Tepper…), que a su vez tuvo la virtud de romper el casi monopolio (con notables excepciones como James Tiptree Jr. o C. L. Moore) que mantenían los hombres en el género.

Pero todo eso ya sería tema para otra entrada…

~ por Sergio en noviembre 28, 2015.

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