La mano izquierda de la oscuridad

Tras unos pocos años abriéndose paso en el terreno del relato y cuatro novelas (publicadas entre 1966 y 1968), la ficción de Ursula K. Le Guin alcanzó al unísono su madurez literaria y el reconocimiento de crítica y público con su cuarta novela de ciencia ficción, “La mano izquierda de la oscuridad” (“The left hand of darkness”, 1969), la pieza central de su ciclo Hainish, merecedora de los premios Hugo y Nebula y un hito fundacional de la ciencia ficción feminista de los setenta (aunque la propia autora rechazara ese encorsetamiento, que no la filosofía subyacente), junto con “El hombre hembra“, de Joanna Russ (publicada en 1975 aunque escrita en 1971).

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El escenario construido por Le Guin a lo largo de sus primeras novelas de ciencia ficción muestra un conjunto de mundos (al menos ochenta y cuatro), colonizados hace cientos de miles de años por la civilización Hain. Tras un colapso que no llega a explicarse, las colonias pierden todo contacto entre sí e incluso la memoria misma de su origen. Con el redescubrimiento del viaje espacial a velocidades cercanas a la luz (y con posterioridad de la comunicación instantánea), los antiguos mundos Hainish, incluyendo la Tierra (Terra), empiezan a reconstruir los puentes entre los núcleos dispersos de la humanidad, primero a través de una Liga de los Mundos y, tras superar la amenaza de una especie alienígena, de una organización conocida como el Ecumen (también transcrito en ocasiones como Ekumen o Ecúmene).

La mano izquierda de la oscuridad” acontece tras la Era del Enemigo, con el Ecumen ya casi plenamente formado, abarcando ochenta y tres mundos a lo largo de más de cien años luz por el brazo de Orión. El más reciente descubrimiento de los exploradores ecuménicos es Invierno (llamado Gueden por sus habitantes), un planeta singular por varios motivos. Para empezar, se encuentra sumido en una severa edad de hielo, que impone una climatología de extrema dureza; pero además los antiguos Hainish modificaron genéticamente por algún motivo desconocido a los colonos de Gueden, dando origen a una civilización de hermafroditas. Durante el sómer (la mayor parte de su ciclo sexual de veintiséis días), los guedenianos son andróginos asexuados, luego en los pocos días de kémmer, los cambios hormonales los transforman en machos o hembras indistintamente, estimulando su apetito sexual. Pasado el kémmer, siempre que no hayan quedado embarazados (en cuyo caso se mantienen como mujeres hasta después del parto), retornan al estado andrógino.

la mano izquierda de la oscuridad_Minotauro

La novela se centra en la figura de Genly Ai, enviado del Ecumen para invitar a Gueden a unirse al resto de la humanidad. Tras más de un año en Karhide, una de las principales entidades políticas de Invierno (cinco en total, de tamaño continental), su misión parece cada vez menos factible, pues el primer ministro Estraven, a quien había creído su valedor ante el rey, parece traicionarlo justo antes de ser él mismo exiliado como traidor. Inicia entonces un peregrinar, tanto por las comarcas lejanas de Kharide como por Orgoreyn, la otra potencia local, cuyo sistema de gobierno es la Comensalía (un régimen ultracontrolador, que muestra ciertas similitudes con el comunismo).

Es a través de este periplo que Genly Ai empieza a comprender realmente a los guedenianos, e incluso a amar Gueden, a pesar de ser objeto de intrigas, tanto en Karhide como entre los orgotas, que llegan a poner en peligro su vida. Auxiliado en última instancia por el propio Estraven, un viaje a través de los hielos con el antiguo primer ministro le sirve para derribar sus últimos prejuicios y aceptar a los habitantes de invierno no como hombres o mujeres, según la ocasión y sus ideas preconcebidas terrestres, sino como auténticos andróginos, poseedores de los dos sexos en uno.

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La novela es tan lírica como filosófica. Le Guin, formada como antropóloga (sus padres ya fueron famosos antropólogos), aplica sus conocimientos para imaginar cómo podría ser una sociedad sin la tensión dualística macho/hembra, sin discriminación derivada de las diferencias sexuales. Pero no se limita a eso, sino que va mucho más allá, integrando los condicionantes climáticos y políticos (cabe resaltar que los comensales no son comunistas; son algo diferente, aunque con semejanzas) para crear una sociedad extraña, contra la que las ideas de Genly Ai, pese a su buena disposición, se estrellan y se ven obligadas a adaptarse, a cambiar.

Queda demostrado que la misión del enviado del Ecumen no consiste tan sólo en lograr que los indígenas se acostumbren a la idea de una humanidad hermana dispersa por las estrellas (y mucho más avanzada tecnológicamente), sino también en que al menos un ecuménico abrace y acepte en sus propios términos a los habitantes del mundo recuperado.

La mano izquierda de la oscuridad

Filosóficamente, la novela se fundamenta en dos grandes pilares. Por un lado el taoísmo, con la idea central del yin y el yang, contrarios unidos en un todo armónico. Por otro la psicología Jungiana, con especial atención al concepto de la Sombra. Son conceptos que ya había explorado en libros anteriores (“La ciudad de las ilusiones” y “Un mago de Terramar”), y que seguiría desarrollando en obras posteriores. En “La mano izquierda de la oscuridad” impregnan la novela, desde la androginia de los guedenianos hasta el concepto de Shifgredor, que condiciona tanto las relaciones interpersonales como los grandes conflictos políticos. Un análisis detallado de esta faceta de la novela ocuparía muchos, muchos párrafos (y me obligaría a muchas más lecturas), así que me limitaré a comentar cómo la autora aboga a la postre por el dualismo armónico. Si en “Un mago de Terramar” Ged, el protagonista, acababa abrazando literalmente su Sombra, en “La mano izquierda de la oscuridad” defiende la integración del yin femenino y el yang masculino (una unión literal en los andróginos guedenianos), del yo y del otro (Ai y Estraven, por ejemplo); la necesidad de contraste para que exista definición, es decir, la necesidad de opuestos que se complementen, aunque siempre en un plano de igualdad.

No acaba ahí la riqueza temática de la novela. A través de las dificultades de Ai para expresar en su (nuestro) lenguaje sexista la realidad de Gueden, Le Guin pone de manifiesto el machismo implícito en muchas de nuestras estructuras lingüísticas, desafiándonos a superarlas (estoy seguro de que es una faceta que queda inevitablemente difuminada por la traducción, aunque aún persisten contrastes como títulos inequívocamente masculinos aplicados a guedenianos en fase kémmer femenina). También examina el patriotismo (ojo a la raíz masculina del concepto), y por extensión el nacionalismo (en Gueden nunca ha habido guerras, bien sea por la ausencia de un dualismo intrínseco en una sociedad hermafrodita, bien por condicionantes climático-tecnológicos, pero eso está cambiando a instancias del nuevo primer ministro de Karhide, que está impulsando una escalada de tensión nacionalista, no demasiado diferente a la que había desgarrado el mundo apenas década y media antes de la escritura de la novela), así como el concepto de traición, y de cómo a través de la traición (y el sacrificio) puede prestarse el mayor servicio.

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Respecto al estilo, nos encontramos con una prosa ya completamente desarrollada, de una calidad tal que le valió a la autora el reconocimiento fuera de los círculos especializados. Existen tres puntos de vista: el de Genly Ai, a través de un informe novelado; el de Estraven, que ofrece la perspectiva guedeniana (a veces en hechos narrados también desde la suya por Ai) y se articula a menudo en forma de diario; y por último mediante el intercalado de leyendas locales, que arrojan luz sobre la psicología y la sociedad de Invierno.

“La mano izquierda de la oscuridad” es sin duda uno de los grandes títulos de la ciencia ficción (por aquel entonces fue clasificada como soft, por centrarse en ciencias “blandas” como la antropología y la psicología, aunque en los últimos años esa clasificación ha caído en desuso, en parte por el “endurecimiento” metodológico de dichas disciplinas), muy posiblemente la obra cumbre de su autora (aunque los hay que anteponen “Los desposeídos“). Categoría ésta que le fue reconocida muy pronto, valiéndole, como ya he adelantado, a Ursula K. Le Guin los premios Nebula (1969) y Hugo (1970), en competencia con títulos como “Incordie a Jack Barron“, de Norman Spinrad, “Matadero Cinco” de Kurt Vonnegut u “Órbita inestable” de John Brunner. Absolutamente imprescindible.

Otras opiniones:

Otras obras de la misma autora reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 27, 2013.

4 comentarios to “La mano izquierda de la oscuridad”

  1. vaya, me sorprende una crítica tan positiva sobre una novela de Doña Ursula de tu parte. Leí tu opinión sobre Los desposeídos, la cual comparto totalmente. ¿Tan superior ves este libro respecto al otro o te has acostumbrado más a su estilo? (A mí las únicas que me gustan de esta mujer son las dos primeras de Terramar, las siguientes partes era para tirarle los libros a la cabeza).

    • Es verdad que “Los desposeídos” lo leí hace muchísimo tiempo, y es posible que mis gustos y fobias se hayan limado un tanto, pero me da la impresión que también tiene mucho que ver con la evolución de Le Guin. Una vez pagadas sus novatadas (“El mundo de Rocannon” o “Planeta de exilio”), sus primeras obras de madurez (entre las que se cuentan tanto “Un mago de Terramar” como “La mano izquierda de la oscuridad”) no son tan rígidas y sentenciosas como las posteriores. Hace muy poco leí y critiqué “El nombre del mundo es Bosque”, y con él no cambió en gran medida mi percepción de la autora, así que me atrevería a sostener que mi valoración de “La mano izquierda de la oscuridad” se fundamenta en algo intrínseco a la propia obra, que la hace destacar para mí de entre el corpus de la autora..

  2. Una gran reseña la verdad, actualmente estoy pendiente de leer esta novela que adquirí hace poco, ya que mi idea es sumergirme en el mundo LeGuin y entrar por la puerta grande. Además, como amante de la antropología me ha resultado muy atractivo saber este dato sobre la novela, además de su gran componente psicológico. Gracias a tu análisis voy a tener más claras las cosas en el momento de leer la obra.

    PD: Un placer conocerte en el Celsius Sergio. Un grande.

    • Bueno, no tan grande como Vaquerizo, pero por encima de la media…

      Lástima que no haya podido pasar más tiempo en el Celsius, que tocó despedirnos casi apenas presentados. Para el año que viene ya me planteo acudir desde el primer día.

      Espero que disfrutes de “La mano izquierda de la oscuridad” (y de otros dos libros que también sé que has adquirido recientemente…).

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