Deathworld (El Mundo de la Muerte)

Antes de obtener grandes éxitos como escritor de ciencia ficción, la relación de Harry Harrison con el género estuvo ligada a los cómics, tanto como dibujante en diversos títulos de EC Comics (antes de que la compañía se centrara exclusivamente en la revista MAD), como a partir de 1950 en labores de guionista, siendo su trabajo más importante al respecto la escritura de tiras diarias para Flash Gordon entre 1958 y 1964 (en colaboración con el guionista principal, Dan Barry).

Coincidiendo a grandes rasgos con esta labor, empezó a publicar con mayor asiduidad en revistas de ciencia ficción, hasta que en 1960 anunció por todo lo alto su irrupción en el género con la serialización de su primera novela, «Deathworld», en Astounding, que le valió su primera nominación al premio Hugo. Quienes están familiarizados con las series cómicas que luego supondrían la columna vertebral de su producción (la de la Rata de Acero Inoxidable, iniciada en 1961, o la de «Bill, héroe galáctico«, iniciada en 1965, tal vez se sorprendan al saber que este debut, aun manteniendo un tono ligero y aventurero, dista mucho de la sátira o la parodia por la que acabaría siendo conocido. «Deathworld» (traducida al español con poca fortuna como «Mundo Muerto» y «Mundo yerto», antes de acabar con el más fiel título de «El mundo de la muerte») es una space opera con elementos muy claros de novela picaresca, que juega con conceptos ciertamente novedosos (más o menos) para la época.

El protagonista de la historia de Jason dinAlt, un jugador profesional que hace uso de cierto poder precognitivo intermitente para vaciar casinos a lo largo y ancho de la galaxia. Cierta noche, en Cassylia recibe una de esas ofertas que no se pueden rechazar, de parte de Kerk, un pirrano con una acuciante necesidad de dinero. Cumplida, con más dificultades de las inicialmente previstas, su función, Jason queda tan intrigado por la situación que se empeña en seguir a Kerk hasta Pirrus, pese a ser advertido de que se trata del planeta más mortal de la galaxia.

Una vez allí, descubre que Kerk no ha exagerado ni un ápice. Cada planta y animal del planeta parece tener un único propósito: acabar con la vida de los humanos invasores; y esto ha dado origen a una sociedad ultramilitarizada, en la que los niños, desde la más tierna edad, se entrenan para siquiera sobrevivir, dando lugar a una raza de poco menos que superhombres (y supermujeres), en la que dejan integrarse a Jason (con el convencimiento de que tarde o temprano va a acabar muerto). Jason, sin embargo, aun reconociendo su ineptitud (nadie que no haya nacido en Pirrus puede aclimatarse a él), se empecina en descubrir el misterio del planeta, sobre todo cuando descubre en registros históricos que en tiempos pasados la fauna y flora del planeta, aun peligrosa, no era ni mucho manos tan mortífera.

A lo largo de las generaciones, parece haberse establecido una suerte de carrera armamentística, en la que la naturaleza planetaria evoluciona rápidamente para ponerse a la altura de los colonos y seguir suponiendo una amenaza sin importar lo mucho que estos se esfuercen por imponerse (en una guerra de desgaste que, por cierto, están perdiendo). Un escenario que se complica cuando Jason se entera de la existencia de otra sociedad de colonos, los mal llamados «grubbers» («aradores»), que parecen haber alcanzado una suerte de compromiso con su entorno, que no trata de eliminarlos activamente (y cuya relación con los habitantes de la ciudad, los chatarreros, que monopolizan el comercio exterior al estar en posesión de la única nave interestelar, está apenas un peldaño por debajo de la guerra abierta). Sin casarse con nadie, Jason intenta resolver el misterio del Planeta de la Muerte, para lo cual serán fundamentales sus habilidades psiónicas.

Después de su experiencia en el mundo del cómic no es de extrañar que el dominio del ritmo por parte de Harrison sea perfecto y la caracterización de sus personajes, incluso en lo que no deja de ser una aventura exótica, está muy por encima de la media del género en aquella época. A nivel especulativo, destaca su enfoque con respecto a los poderes extrasensoriales y su comprensión de la ecología, una disciplina científica que en su formulación moderna era muy joven en la época. Dentro del campo de la ciencia ficción existe un precursor evidente, que tal vez constituyó una fuente de inspiración, en la forma de la novela corta «Equipo de exploración», de Murray Leinster, ganador del premio Hugo de relato de 1956, aunque Harry Harrison lo lleva todo un paso más allá (y su solución resulta mucho más ambientalista).

Con un protagonista que bordea el agradecido papel de antihéroe (cómodamente asentado en el arquetipo del pícaro), un escenario exótico y novedoso y unos giros argumentales muy bien orquestados, no es de extrañar que «Deathworld» obtuviera un éxito instantáneo, que pronto dio origen a dos secuelas: «Deathworld 2» (o «The ethical engineer», 1964; traducido y publicado por Ferma como «Mundo Muerto», tras haber titulado el primero «Mundo yerto») y «Deathworld 3» (o «The horse barbarians», 1968), que extendieron las aventuras de Jason dinAlt (y algunos pirranos que no terminan de acostumbrarse a los cambios que propicia en el planeta) por nuevos escenarios. En 1973, Harrison añadió a la secuencia el relato corto «The mothballed spaceship», escrito como contribución a una antología en homenaje de John W. Campbell. A esto se añaden cuatro «colaboraciones» de Harrison con un par de escritores rusos, en secuelas técnicamente oficiales que nunca han sido publicadas en inglés (o cualquier otro idioma aparte del ruso), publicadas entre 1998 y 2001 como la serie «Retorno al Mundo de la Muerte».

El premio Hugo de aquel año fue (con toda justicia) para «Cántico por Leibowitz«, de Walter M. Miller Jr., pero «El mundo de la muerte» contribuyó con el resto de candidatos («La gran cruzada«, de Poul Anderson; «El laberinto de la Luna«, de Algis Budrys; y «Venus más X«, de Theodore Sturgeon) a que aquella edición fuera una de las más completas no ya hasta la fecha, sino en toda la historia de los Hugo.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en octubre 26, 2021.

2 respuestas to “Deathworld (El Mundo de la Muerte)”

  1. Las dos primeras novelas, aunque chapuceramente (no sólo por el baile de títulos) fueron publicadas en español incluso en varias ediciones. La tercera, por lo que yo sé, está inédita, al igual que las de la serie de la Rata de acero inoxidable excepto las dos primeras.
    Y esta es una tónica general, por desgracia. A los que nos gusta la ciencia ficción clásica norteamericana y vemos al menos con desconfianza todo lo que se traduce ahora, y, huelga decirlo, no somos capaces de leer en inglés, siempre nos tropezamos con ese muro, la gran cantidad de obras de interés que jamás llegaron a ser traducidas. Y es un fastidio.
    Indirecta: ¿Hay algún editor de ciencia ficción en la sala?

    • Es difícil llegar a todo, sobre todo en un mercado como el de la ciencia ficción, que se ha reducido muchísimo (y se ha convertido, al parecer, en coto cerrado para las novedades más candentes). Esta la he leído directamente en inglés, como la otra finalista al Hugo de Harrison, «Planet of the damned», que esa sí que no está traducida, ni bien ni mal, y es también muy interesante.

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