Amanecer de hierro

Charles Stross es uno de los autores destacados de la nueva ciencia ficción británica, quizás el colectivo más interesante, desde el punto de vista especulativo, de la última década. Como sus compañeros, su obra se orienta hacia la vertiente postsingularista (aunque alcanzó el reconocimiento gracias a la serie de novelas cortas que componen “Accelerando”, historia ambientada justo en el punto de inflexión de un proceso singularitarista). Esto en cuanto a fondo, porque la forma suele ser de space opera hard (variante que también cultivan compañeros como Iain M. Banks, Peter Hamilton o Ken MacLeod). “Amanecer de hierro” (“Iron Sunrise”, 2004) es un ejemplo paradigmático de esta fusión en apariencia contradictoria.

La novela retoma el escenario (general) y algunos de los personajes de su primer libro, “Cielo de singularidad”, en lo que constituye la serie del Escatón (limitada, por el momento, a estos dos títulos). Según su cronología interna, a mediados del siglo XXI, con una población mundial de 10.000 millones, del entramado de redes cibernéticas globales surgió un entidad autoconsciente, que miles de millones de años en el futuro configuraría una conciencia capaz de computar secuencias no causales de eventos (o, dicho de otra forma, controlar las paradojas inherentes al viaje en el tiempo). Desde el mismo instante de su nacimiento, su prioridad es proteger su propia historia, así que en un solo día dispersa por la galaxia a nueve décimas partes de la humanidad, trasladando pequeños grupos poblacionales en el espacio y en el tiempo a diversos sistemas capaces de sustentar vida. Una vez allí, les proporciona las cornucopias, máquinas replicadoras capaces de fabricar cualquier cosa disponiendo de planos y materiales, y los abandona a su suerte bajo el mandato de no incurrir en ninguna violación de la causalidad (por ejemplo, responder “preventivamente” a un ataque viajando a mayor velocidad que la luz, y por tanto hacia atrás en el tiempo, para golpear antes incluso de que se tome la decisión de iniciar el conflicto) que pueda afectar al futuro de la Tierra (el que conduce a su aparición).

Los hechos narrados se inician con la destrucción del sistema de Nueva Moscú mediante un arma capaz de transformar su sol en nova, por un procedimiento que viola el mandato del Escatón, sin que sus agentes, aparentemente, hayan podido hacer nada por impedirlo (en general, él sí actúa preventivamente). Este hecho, de por sí monstruoso, puede tener consecuencias todavía más graves, pues la catástrofe determinó el lanzamiento de unos destructores apenas sublumínicos, indetectables e imparables, que 70 años más tarde podrían aniquilar la vida en Nueva Dresde, un sistema estelar vecino que mantenía relaciones tirantes con Nueva Moscú (hogar de 800 millones de descendientes del contingente colonizador balcánico original).

Un equipo de operaciones especiales terrestre, del que forman parte Rachel Mansour y Martin Springfield (protagonistas de “Cielo de singularidad”), es enviado con la misión de prevenir el evento contactando con los diplomáticos moscovitas en legaciones extranjeras que poseen la clave para anular el ataque (o hacerlo irreversible). El problema es que una tercera parte ignota está asesinándolos uno a uno, siguiendo las escalas del crucero interestelar de lujo Romanov, donde viajan Miércoles, una adolescente moscovita evacuada en contacto desde la niñez con un agente del Escatón y conocedora del lugar donde se ocultan las claves para desentrañar el misterio del ataque, Frank, un corresponsal de guerra interesado en desentrañar las claves del genocidio,… y un comando paramilitar de ReMasterizados de Nueva Paz.

La novela se articula como un juego de espionaje y contraespionaje, con diversas facciones interesadas en desvelar o enterrar las motivaciones políticas subyacentes a la destrucción de Nueva Moscú, donde pocos son lo que parecen y el Escatón (a través de su subunidad Herman), trata de influir en unos acontecimientos que por primera vez le superan por medio de Miércoles.

El disfrute de la obra viene condicionado por dos escollos. El primero es una cuestión de expectativas. Si empiezas con el estallido de una nova (descrito en un capítulo magistral), estás poniéndote el listón muy alto y resulta difícil mantener el nivel. Además, la narración da por sobreentendidos una serie de conceptos imprescindibles para su comprensión. Para empezar, ciertas nociones de relatividad y geometría espaciotemporal no vienen mal (nada demasiado avanzado, lo justo para no perderse y comprender las limitaciones impuestas por San Einstein y los mecanismos aceptados para burlarlas, como sistemas de comunicación instantánea por entrelazamiento cuántico y una especie de motor de Alcubierre impulsado por un micro agujero negro). Pero también algo de cosmología escatológica, pues aunque se nos explica el Escatón con suficiente detalle, la trama implica un plan para sustituirlo por otra entidad omnisciente tipleriana, dispuesta a la recreación computacional de sus seguidores en el Punto Omega (si todo esto te suena a chino, posiblemente te quedes igual tras leer la novela; no es estrictamente fundamental para saber qué pasa, pero sí para comprender el porqué).

Respecto a la primera salvedad, me ha pasado algo parecido a lo que experimenté leyendo “La casa de cristal”, sensación que se podría resumir con la frase: “Para este viaje no hacían falta tantas alforjas”. Para haber ambientado su historia en pleno siglo XXIV, Stross parece curiosamente obsesionado con la historia de mediados del XX. Los ReMasterizados, despojados de sus características transhumanas, no son sino unos nazis de cuidado, obsesionados por la perfección racial, un culto al liderazgo y un fascismo rampante (con campos de concentración incluidos y la autoidentificación como ubermensch). Eso sí, su modelo de conquista se asemeja más a las paranoias anticomunistas de los peores momentos de la Guerra Fría (con agentes durmientes, lavados de cerebro y demás parafernalia). Incluso la respuesta a la destrucción de Nueva Moscú tiene regustos de la política de la Destrucción Mutua Asegurada. Si a esto se le añaden referencias a otras violaciones masivas de los derechos humanos como la Guerra de los Balcanes o la dictadura ugandesa de Idi Amin Dada, tenemos el sustrato ideológico completo.

No quiero implicar que ya se haya dicho todo lo posible sobre estos temas, pero aquí no hay concordancia entre medios y objetivos. Es decir, no tiene mucho sentido aplicar tecnología postsingularista y posturas transhumanas a conflictos de nuestro pasado reciente, al menos no sin tratar de ir un poco más allá de las conclusiones morales evidentes. El escenario permite aumentar la escala (sistemas estelares en vez de naciones, bombas nucleares en lugar de dinamita y armas de destrucción ultramasiva), pero la acción en sí se limita en su mayor parte a una astronave del tamaño de un transatlántico. Lo peor es que se percibe el potencial desaprovechado para algo mucho mayor.

Como ya he comentado, la descripción del amanecer de hierro que da título al libro es extraordinaria, y a menudo nos tropezamos con pequeñas joyas especulativas. Sin embargo aquí, al contrario que en “Cielo de singularidad”, se percibe la ausencia de un armazón filosófico sólido, destinado a dar sentido al conjunto. Para los amantes de la space opera, existen obras más directas (y con una construcción menos confusa); los que deseen una buena reflexión postsingularista se quedarán a medio satisfacer. Casi tengo la impresión de que toda la novela no tiene otra función sino plantar la semilla de un conflicto a gran escala entre el Escatón y un hipotético rival (con claros tintes mitológicos), destinado a ser desarrollado en una tercera novela que, por el momento, no ha sido publicada. Pese a todo, las ideas están ahí, sólo hay que trabajar un poco para tamizarlas, separarlas de la paja y poder recrearse con ellas.

La novela fue finalista al premio Hugo en 2005 (perdió ante “Jonathan Strange y el señor Norrell“) y segunda en la votación de los Locus.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en julio 24, 2011.

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