The rapture of the nerds

En 2012 dos de los autores de ciencia ficción más innovadores de los últimos años, Cory Doctorow y Charles Stross, unieron fuerzas para componer un fix-up sobre el tema de moda (que ya ambos habían explorado a conciencia por separado): la Singularidad.

Siendo quienes eran, tampoco podían tomárselo demasiado en serio, y eso se nota desde el mismo título del libro, que hace referencia al momento en que la mayor parte de la población de la Tierra “trascendió”, es decir, copió su conciencia en la Nube (mindcloud), alojada en una matrioshka (una serie de esferas Dyson concéntricas) de computronio fabricada con la materia obtenida del desmantelamiento de los planetas del Sistema Solar, y dejó atrás para siempre la carne y a los retrógrados, indecisos y demás cabezotas, aferrados todavía con obstinación ridícula a la existencia presingularista.

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El protagonismo recae en Huw Jones, un galés reaccionario que no sólo se resiste a entrar en todo ese juego de la trascendencia electrónica, sino que incluso ha optado por un tipo de vida preindustrial, renunciando no sólo a los últimos adelantos tecnológicos, como la materia programable, sino incluso a lujos “modernos” como la propia electricidad. Huw es feliz, o eso cree él, dedicado a la alfarería, mientras trata por todos los medios de superar lo que considera el suicidio de sus padres, migrados a la Nube muchos años atrás.

La obra está compuesta por tres novelas cortas, las dos primeras, “Jury Duty” y “Appeals Court” publicadas con anterioridad, mientras que la tercera, “Parole Board”, fue escrita específicamente para la compilación.

La historia comienza en terreno familiar a Doctorow, con Huw despertando resacoso en un cuarto de baño (recién reconstruido) con un signo de peligro biológico tatuado en la frente. Poco después recibe una citación para ser jurado en un caso de infección memética desde la Nube, pues una superinteligencia trascendida ha decidido interactuar con un par de bebés superdotados (mediante ingeniería genética) y les ha enviado una tecnología misteriosa, objeto del juicio (para determinar si es seguro liberarla entre los pobres simios apenas evolucionados que han quedado en la Tierra o si es preferible destruirla antes de que le propine un empujón demasiado fuerte a la tambaleante civilización postsingularista). Vamos, que poder ejercer a gusto su tecnofobia hubiera sido maravilloso, de no ser por que la vista se celebra en Libia, en el tribunal de la estricta juez Rosa Giuliani… y porque tal vez él mismo este infectado con biotecnología trascendente.

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Este fragmento describe una sociedad que se esfuerza por mantener un mínimo grado de cohesión, a la búsqueda de un sentido a la existencia, estancada en un callejón sin salida evolutivo. Por supuesto, en su seno los hay que están más y menos adaptados a la situación, y Huw precisamente es de los que van dando tumbos, sobre todo cuando se ve en el centro de una conspiración incomprensible, que no sólo implica agentes humanos, sino entidades, por definición, más allá de su comprensión. Luego, tras un enlace brusco y poco convincente, la acción se traslada a lo que queda de los Estados Unidos, en un continente ocupado en su mayor parte por una supercolonia de hormigas y cuyos únicos reductos de ¿civilización? son enclaves de fanáticos religiosos objetivistas que aún aguardan el verdadero rapto (y mientras, matan el tiempo ejecutando a herejes).

Aquí el humor, que en el fragmento anterior surgía sobre todo de los absurdos intrínsecos a la sociedad posthumana, asume preferentemente el aspecto de una sátira, ridiculizando las características más grotescas de la Norteamérica actual (aunque tampoco es que las exagere demasiado; basta con destilarlas).Huw, por supuesto, sigue siendo un personaje patético, que no deja de verse arrastrado de un lugar para otro sin que su voluntad importe demasiado, lo cual lastra el interés de la narración, pues es desde su punto de vista que somos testigos de los acontecimientos (cuya coherencia interna tampoco es extraordinaria).

Solventadas estas experiencias, Huw logra retornar a casa (reconfigurado, eso sí, como mujer), aunque su bien merecido descanso no puede quedar más lejos, pues apenas ha terminado de acomodarse cuando recibe una nueva citación, instándole esta vez a cargarse en la mismísima Nube. Lo peor de todo es que para asegurar su participación aparece a la puerta de su casa un gólem, ocupado por la conciencia de su madre, con la noticia de que se requiere su declaración como testigo en una vista para decidir si se sigue respetando la Tierra como reserva o si ha llegado el momento de desmantelarla para seguir proporcionando computronio a la Nuba (y eso es sólo el principio).

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Aquí nos encontramos ya en terreno puramente Stross (y, en general, los comentarios apuntan a que el tríptico se inclina más hacia el estilo e inquietudes del escocés, que no del canadiense), con una existencia virtual que, paradójicamente, parece por momentos menos alocada que las aventuras transhumanas terrestres, pues entronca en cierto modo con la literatura postcyberpunk (que antecede en al menos una década a la fiebre postsingularista). Más allá de las apariencias, sin embargo, la especulación alcanza los niveles más altos de toda la antología (aunque, quizás para compensar, el humor se acerca mucho al terreno de la parodia), y Huw por fin crece como personaje (le cuesta, mucho, pero lo consigue).

Es difícil realizar una valoración global de “The rapture of the nerds”. Su principal problema es que en ningún momento parece apuntar a ser algo más que una gran broma extendida. Se puede entrar en el juego, e ir detectando así las referencias a elementos tan diversos como el Donkey Kong, el World of Warcraft o el Doctor Who, pero llega un momento en que te planteas si ésa es la única razón de ser de la obra. Al entremezclar los universos especulativos de Doctorow y Stross parecen haber quedado fuera las facetas que podríamos tildar de filosóficas. Vamos, que no aporta nada nuevo a la exploración de la Singularidad de “Acelerando” o al estudio de la sociedad postcapitalista de “Tocando fondo”. “The rapture of the nerds” es un libro que se nutre de la obra de sus dos autores, pero no explora apenas terrenos nuevos. Tampoco es que ése sea un requisito imprescindible, por supuesto, sólo que tratándose de uno de los grandes frentes que mantiene abiertos hoy en día la ciencia ficción, y dado el pedigrí de los autores, tal vez hubiera podido esperarse algo más.

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Por otro lado… tiene momentos (y no pocos) que me han arrancado una carcajada, y muy posiblemente el humor sea la única herramienta de que disponemos para mirar a la cara a una idea tan perturbadora como la de la Singularidad.

Como es la norma con todos los libros de Cory Doctorow, una edición electrónica del mismo se encuentra disponible para su libre descarga en su página web (ofreciendo diversas opciones para retribuir el trabajo, si así lo considera apropiado el lector, desde la adquisición física del libro (en los mercados en que está disponible, a la compra de la edición electrónica de la editorial, pasando por la interesante posibilidad de donar una copia física a una biblioteca escolar… todo lo cual, trasladado a nuestro mercado, forzaría por estos lares los límites de la plausibilidad mucho más que todos los delirios postsingularistas del libro).

Otras obras de Cory Doctorow reseñadas en Rescepto:

Otras obras de Charles Stross reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en agosto 1, 2016.

Una respuesta to “The rapture of the nerds”

  1. Reblogueó esto en Paseos Intersticialesy comentado:
    The rapture of the nerds

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