Brecha nuclear

El colapso del mercado de las revistas de ciencia ficción en España (que se produjo en torno al 2005), aparte de resultar catastrófico para la ficción breve autóctona, supuso un duro golpe para un género ya de por sí en crisis. La presentación de los nuevos valores internacionales ya no se realizaba a través de una serie de relatos o novelas cortas escogidos, sino que, de golpe y porrazo, aparecían novelas (avaladas por tal o cual premio), en las que se proponía confiar sin otro referente (con lo que se completó la dejación de facetas de la labor editorial por parte de la mayor parte de los sellos españoles, que han devenido en redistribuidores de éxitos foráneos… pero eso ya sería tema para otra entrada, y ni siquiera es algo que afecte sólo a las editoriales especializadas, sino que es una actitud endémica del panorama editorial español).

El caso es que entre los “afectados” se cuenta la nueva generación de autores de ciencia ficción británicos, cuya propuesta aúna la especulación científica del hard con la aventura de la space opera y una pizca de crítica social. Por ejemplo, rebotando de editorial en editorial (cuatro distintas para cinco libros), tenemos a Charles Stross (nominado hasta la fecha, por ejemplo a seis premios Hugo de novela, con dos galardones en la categoría de novela corta y acreedor del Locus por “Accelerando”).

El último de estos libros, “Brecha nuclear”, publicado por Grupo AJEC, viene (a posteriori, aunque a fuer de ser justo ya se publicaron en 2004 y 2005 sendos relatos en Cuásar y la Revista Asimov) a subsanar  en parte esa brecha en nuestro conocimiento del autor, trayéndonos tres narraciones, una novela corta y dos relatos largos (casi novelas cortas también), que abarcan un período entre el 2000 y el 2008, incluyendo “Brecha de misiles”, ganadora del premio Locus del año 2007.

“Missile gap” es una ucronía… más o menos.

El 2 de octubre de 1962, en el momento justo en que la Crisis de los Misiles Cubanos se está precipitando hacia la destrucción mutua (y de terceros sin arte ni parte) asegurada, todos los continentes terrestres son arrancados de la superficie del planeta y depositados en la superficie de un disco de Alderson, en torno a una estrella de la Nube Magallánica Menor, sin que los hombres apreciaran lapso alguno (aunque la Galaxia parece haber envejecido 800.000 años en el proceso).

La nueva situación no sólo altera la situación geoestratégica (desaparace la ruta polar, por lo que Asia y Europa se encuentran muchísimo más cerca de la Unión Soviética que de los Estados Unidos), sino que, debido a las peculiaridades gravitacionales del nuevo sustrato, convierte los misiles balísticos intercontinentales en inútiles. Por si fuera poco, las superpotencias descubren que no están solos. La superficie habitable del disco (varios millones de veces la de la Tierra) está cuajada de nuevos y extraños continentes (con la posibilidad de nuevos y extraños peligros), cuya exploración, privados de la posibilidad de poner un satélite en órbita, llevaría en el mejor de los casos siglos.

Stross toma este punto de partida para jugar con un amplio conjunto de ideas y con cierta tendencia al humor socarrón, dirigido en primer lugar hacia el propio género. Así pues, el disco de Alderson (me reservo su descripción por no privar al lector potencial de las sorpresas, aunque el que lo desee puede informarse sobre él en internet) constituye el epítome de los Big Dumb Objects tan de moda en los años 80, y el punto jonbar (el acontecimiento que propicia la realidad ucrónica alternativa) es un ASB (Alien Space Bat), término irónico con el que se designan alteraciones tan implausibles o desmesuradas que restan todo valor ucrónico al texto. Stross, por supuesto, es consciente de ello, limitándose a utilizar la idea como excusa para dar protagonismo a personajes históricos como Yuri Gagarin (reconvertido de cosmonauta en ciernes a explorador en ekranoplano atómico) o Carl Sagan (como consultor experto de los servicios de seguridad americanos… y potencial traidor por sus inaceptables posturas pacifistas).

Por supuesto, la cuestión de la Guerra Fría, y su estupidez subyacente, puesta ya de manifiesto en el propio título, que hace referencia a los informes alarmistas (e inventados) sobre el potencial atómico soviético, que dictó buena parte de la política exterior estadounidense durante más de una década, asume un papel predominante, sin el que autor parezca concedernos demasiadas esperanzas.

El problema del texto es que estas ideas se entremezclan con especulaciones acerca de la naturaleza del rapto (implicando, potencialmente, hasta simulaciones físicas o informáticas), relaciones con especies “autóctonas” (que evocan a “Los reyes de la arena”, el más famoso relato de George R.R. Martin, ganador de los premios Hugo y Nebula en 1979/80) y la audaz exploración de nuevas y lejanas tierras donde el nuevo hombre soviético no ha llegado. Como resultado, la ejecución resulta un tanto entrecortada y episódica, con muy poca conexión entre las tramas y apenas un atisbo de resolución (dejando la especulación en un muestrario ciertamente espectacular de ideas que, por desgracia, no avanzan hasta mucho más allá de su planteamiento).

El segundo texto de la antología, “Una guerra más fría” (“A colder war”, 2000), reincide (como fue escrito antes cabría decir mejor que anticipa) en algunos de los temas de “Brecha de misiles”. Se trata de otra ucronía desquiciada en torno a la guerra fría y a la escalada armamentística, con la particularidad de que las armas de destrucción masiva implicadas no son bombas nucleares, sino soggoths lovecraftianos. A efectos prácticos, sin embargo, los hombres siguen siendo igual de estúpidos.

Desde un punto de vista técnico, la historia adolece también de falta de focalización, saltando de un elemento al siguiente sin darse espacio para desarrollar en profundidad el escenario y las implicaciones del mismo. En contrapartida, hace gala del mismo humor cínico (del que se ríe por no llorar) y de cierta crueldad de niño que se solaza quemando hormiguitas con una lupa. Claro que las hormiguitas, en este caso, son las ínfulas de poder del hombre.

Esta historia y la siguiente nos muestran una faceta de Charles Stross hasta el momento desconocida para el lector español, la de escritor de horror lovecraftiano, a mitad camino entre el homenaje y la parodia, que fructificó en la serie de The Laundry Files, una mezcla entre historias de espías, ocultismo e informática que cuenta hasta el momento con cuatro novelas (una aún inédita) y un puñado de relatos de diversa extensión, incluyendo “En la loquería” (“Down on the farm”, 2008), que cierra el volumen de “Brecha nuclear”.

Se trata, sin duda, del texto más potente de la compilación. Se nota que Stross se lo pasó en grande equiparando la programación (es licenciado en informática… y farmacia, aunque eso no viene al caso ahora) con la nigromancia. El protagonista es Bob Howard (personaje principal de la serie), un agente novato de La Lavandería, la división especializada en ocultismo (e informática, claro) de los servicios secretos británicos, a quien su jefe encarga un trabajo delicado: la investigación de una nota de socorro enviada desde un sanatorio supersecreto donde se encuentran recluídos los ex agentes enloquecidos por su trabajo.

Un magnífico colofón (¿anticipo?), para una antología que, con sus altibajos, nos ofrece una panorámica novedosa de la obra de un autor conocidos por estos lares sobre todo por su space opera y sus historias postsingularistas.

Agradezco a Grupo Editorial AJEC el envío de un ejemplar de “Brecha Nuclear” para su reseña en Rescepto.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en mayo 7, 2012.

2 comentarios to “Brecha nuclear”

  1. “la serie de The Laundry Files, una mezcla entre historias de espías, ocultismo e informática que cuenta hasta el momento con una novela, dos antologías y dos relatos largos sueltos, incluyendo “En la loquería” (“Down on the farm”, 2008),”

    La serie de The Laundry Files tiene ya tres novelas publicadas y una que va va a salir en breve (y de la que un servidor tiene un eARC que espera poder leer en breve), a saber: The Atrocity Archives, Jennifer Morgue, The Fuller Memorandum y Apocalypse Codex. Lo que pasa es que dos de ellas (la dos primeras) se publicaron acompañadas de un relato cada una (en el caso de The Atrocity Archives, la genial “The Concrete Jungle” que ganó el Hugo, si no recuerdo mal). Y me suena que hay más relatos sueltos, pero tendría que mirarlo.

    La serie es simplemente estupenda, de mis favoritas de todos los tiempos y me alegra que se publique en español, aunque sólo sea un relato. A ver si le siguen más…

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