Nova

Una vez más recurro a una reseña publicada originalmente (aunque para la ocasión la complemento con unos cuantos añadidos) en Scifiworld. Sí, lo sé, es hacer trampas, pero prometo dejar de hacerlo pronto (más que nada porque se me está agotando la reserva estratégica).

Hoy quisiera presentaros “Nova”, publicada por Samuel R. Delany en 1968, una novela que, sin renunciar a la aventura, alcanza una densidad temática inigualable al narrarnos la obsesiva búsqueda, con resonancias míticas, del capitán Lorq von Ray por obtener ilirión y alterar el equilibrio sociopolítico de la galaxia. A lo largo de estos años he ido destacando la importancia de las modas en la literatura de ciencia ficción. Pues bien, he aquí una obra que las desafía, pues en pleno auge de la New Wave asumió la apariencia de una space opera clásica (más propia de los años 50), lo cual le ganó el despreció de la influyente New Worlds, al tiempo que adelantaba temas e incluso estéticas que no terminarían de eclosionar hasta mediados de los años 80, de la mano de los autores cyberpunk.

En una reseña tan breve como ésta resulta de todo punto imposible enumerar siquiera todos los temas desarrollados en sus apenas 260 páginas. En su superficie (que da para una muy satisfactoria lectura superficial, por cierto), “Nova” es una narración de aventuras que sigue las andanzas del heredero de un rico clan de la Federación de las Pléyades en busca de una estrella a punto de entrar en nova, pues es en su interior el único lugar del universo donde puede obtenerse ilirión en grandes cantidades. Este material es fundamental para el desarrollo de los viajes interestelares, pues es el único lo bastante energético para impulsar a las naves a través de los abismos interestelares. Dado que su extracción está bajo el control de las viejas aristocracias de la Tierra, la irrupción en el mercado de varias toneladas provocaría un maremoto político, la balanza de poder se inclinaría hacia la Federación de las Pléyades y un nuevo orden surgiría.

Se trata de una empresa tan loca que sólo Prince Red, compañero de infancia de Lorq von Ray y heredero de la aristocrática familia Red de la Tierra, está dispuesto a perseguirlo, aunque su empeño tiene raíces más profundas que la simple competencia empresarial. Existe una rivalidad mutua (potenciada hasta el odio en el caso de Prince), alimentada por un largo historial de enfrentamiento entre las dos familias (los von Ray obtuvieron originalmente su riqueza a través del pirateo), así como por los celos enfermizos suscitados por monopolizar el amor de su hermana Ruby (dejando entrever una relación casi, o no tan casi, incestuosa). Se enfrentan así dos obsesiones: la de Lorq por encontrar su nova y la de Prince por encontrar y matar a Lorq, dependiendo del resultado del resultado del choque el futuro de toda la galaxia.

Es sencillo encontrar referencias, algunas explícitas otras no tanto, en el relato. La búsqueda obsesiva de Lorq von Ray presenta enormes paralelismos con la del capitan Ahab en Moby Dick. Al igual que aquél, Lorq está dispuesto a cualquier cosa por conseguir su objetivo, y para ello recluta en su nave a un variopinto grupo de tripulantes (reflejo de la multirracial y extremadamente móvil sociedad espacial del siglo XXXII), emulando a Jasón en su búsqueda del Vellocino de Oro (dos de ellos, los gemelos Lynceos e Idas, incluso poseen homónimos en el Argos). Por añadidura, la empresa, como reflexiona Katin Crawford, otro de los tripulantes, intelectual aspirante a recrear el perdido arte de la novela, presenta poderosos ecos de la búsqueda del Santo Grial.

La mezcla homogénea de misticismo y materialismo está también presente en la sociedad que Delany construye como fondo para su historia, donde conviven el tarot, como forma extendida y respetada de obtener una guía para alcanzar una mejor comprensión de los eventos, y los implantes cibernéticos, que permiten una ubicua interfaz hombre-máquina. Precisamente este último aspecto, es el que ha elevado a “Nova” al rango de precursora del cyberpunk (el mismo William Gibson la cita como inspiración para “Neuromante”), aunque allí donde éste es pesimista, la novela de Delany posee un sesgo claramente optimista hacia el futuro de la humanidad (lo cual no es óbice para que puedan presentarse tragedias personales).

Para finalizar este somero análisis, unas pequeñas referencias a la historia de su publicación. En 1968, cuando el agente de Delany (¡que la escribió con 25 años!, ¡habiendo ganado ya dos Nebula!) la presentó a John W. Campbell, el editor de Analog, éste la rechazó alegando que “los lectores de ciencia ficción no están preparados para un protagonista negro” (Lorq von Ray es de padre escandinavo y madre senegalesa). Al parecer, esto no era del todo cierto, pues la novela fue candidata al Hugo de 1969 (perdió ante la extraordinaria “Todos sobre Zanzíbar” de Brunner). Quizás Campbell estuviera más preocupado por las insinuaciones de incesto y de experiencias psicodélicas, aunque no cabe descartar que la explícita cuestión racial (los líderes de la hegemónica Tierra son todos caucásicos o, al menos, poseen nombres anglosajones, y uno de los personajes, de etnia gitana, rememora episodios de xenofobia), pudiera ciertamente influir en la decisión (no dejaría de ser sintomático, por supuesto, que un editor utilizará la discriminación racial como excusa “aceptable” de ser otros los motivos).

En España sólo contamos con una edición, de Minotauro, en 1989, aunque existe una previa de Minotauro Argentina en 1979. Se trata de un libro de tamaño algo mayor que el típico de bolsillo, en tapa dura, que aún es posible encontrar a muy buen precio. Ni qué decir tiene que es extremadamente recomendable.

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 15, 2010.

Una respuesta to “Nova”

  1. Me la apunto para agosto.
    Gracias por la reseña “recocinada”.
    Saludetes.

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