En las afueras de la ciudad muerta

Todo escritor de género que empieza suele precisar de una editorial que ya no sólo le ofrezca la primera oportunidad, sino que además le apoye durante los inicios. En los años 60, ACE Books cumplió esa función para un precoz Samuel R. Delany, quien entre 1962 y 1967 publicó con ellos ocho novelas, culminando la relación con sendos premios Nebula, “Babel-17” y “La intersección de Einstein“.

De estas ocho novelas, cinco aparecieron en la colección ACE-Double, que unía en un solo tomo tête-bêche dos obras no muy extensas (a veces llegando hasta novela corta) de dos autores diferentes. Entre ellas se cuenta la primera que publicó, “Las joyas de Aptor” (1962) y dos de los componentes de lo que con posterioridad se conocería como la trilogía de “La caída de las torres” (reeditada normalmente en formato omnibus).

El primer tomo de la trilogía se tituló “Captives of the flame“, y fue publicado en 1963 junto con una novela del prolífico John Brunner (escrita bajo seudónimo). En 1968, para la publicación conjunta de la serie en Gran Bretaña, Delany la retocaría y le cambiaría el título a “Out of the dead city“, siendo ésta la versión que conocemos, bajo la denominación de “En las afueras de la ciudad muerta”, por la edición de Adiax en 1981 (reeditada en 1987 por Ultramar, utilizando la misma [nefasta] traducción).

La serie de la Caída de la Torres se ambienta en el mismo futuro postapocalíptico que “Las joyas de Aptor” (aunque las referencias cruzadas fueron eliminadas). Tras una devastadora guerra atómica, acaecida quinientos años atrás, la única vida conocida en la Tierra se circunscribe a una pequeña nación, el imperio de Toromon, una isla cercana a una franja litoral selvática donde habitan hombres involucionados a la etapa neandertal y otros evolucionados a unos gigantes de dos metros que, ocasionalmente, desarrollan habilidades telepáticas. Más allá, se extiende un desierto magmático hasta alcanzar una mortal barrera de radiación, que aisla al imperio del resto del planeta.

Unos sesenta años atrás, la barrera avanzó llevando la muerte a Telphar, la segunda mayor ciudad (tras Toron), y volviéndola inhabitable. Lejos de acabar ahí los problemas, justo cuando los avances tecnológicos (y la explotación intensiva y forzada de un metal especial, el tetrón) permiten construir aviones capaces de salvar volando la barrera, un accidente parece preconizar la guerra inminente contra un ignoto y terrible enemigo que acecha en la radiación. Claro que todo podría ser un montaje de las autoridades para reactivar una economía en recesión, sujeta a una deflación galopante y a un paro en aumento.

Un grupo dispar, que incluye un recién fugado de las minas de tetrón, una joven acróbata huérfana, un niño que se ha fugado de la aldea de pescadores donde se crio, un gigante con tres cicatrices en la mejilla, un excéntrico posadero y nada menos que una noble, tía del joven (y un tanto incapaz) rey, se disponen a realizar un secuestro que cambie la dinámica y aplaze, quizás, la contienda. Claro que tras ellos puede haber un poder superior, un alienígena con tres mentes trabado por millones de años en combate con una entidad maligna, el Señor de las Llamas, a cuyos manejos en la sombra podría atribuirse la escalada de tensiones que amenaza a Toromon y sus habitantes.

Delany no es un escritor fácil. Sobre todo en esta primera etapa, hizo gala de una gran densidad expositiva (o quizás se trate de morosidad en los detalles). Así pues, nos introduce de sopetón en la compleja política de Toron y va lanzando personajes que deben ponerse a trabajar sin tener ocasión de presentarse de forma adecuada. Esto, que en realidad constituye un sello personal constante en toda su obra, provoca cierta confusión al carecer todavía de suficiente maestría narrativa para sacar adelante el experimento.

Nuestro punto de vista va saltando de evento en evento, dejando por el camino enormes agujeros cuyo contenido nos vemos obligados a reconstruir a través de indirectas. Para agravar la situación, pese a publicarse como un tomo independiente, lo cierto es que resulta complicado darle sentido por sí solo (si he optado por la reseña individual, en vez de la conjunta, ha sido tanto por no saber exactamente cuándo podré terminar la serie, como por ver de recrear la experiencia original de lectura). Dice mucho de la habilidad del autor, sin embargo, que fragmento a fragmento la narración resulte lo bastante absorvente para incitar a concluir la lectura. Y aún más que esto se consiga a pesar de una de las traducciones más lamentables con las que me he topado (ya tiene delito que se utilizara una vez, pero que los de Ultramar la repescaran…).

Analizar la obra aislada, por tanto, resulta complejo. Podría apuntar, por ejemplo, la presencia de ciertos temas habituales en Delany, como la interrelación entre clases sociales dispares, las resonancias míticas, la indefinición de los roles sexuales, la función del lenguaje… Pero todo ello de forma bastante superficial, casi tentativa; un joven escritor comprobando hasta dónde puede llegar y las cabriolas que puede realizar por el camino (lo cual no siempre conlleva una experiencia estética y filosóficamente placentera para el espectador).

Sin conocer nada de los dos tomos restantes (“Las torres de Toron” y “Ciudad de los mil soles”), se percibe quizás cierta crítica encubierta a la actuación de EE.UU. en Vietnam (faltaban unos años para la declaración oficial de guerra, pero ya había unos cuantos miles de “asesores” norteamericanos en la zona, pero el ambiente era prebélico… y en realidad no costaría mucho aplicar las mismas lecciones a eventos más contemporáneos). De igual modo, la configuración de una trinidad (tres héroes en contacto con las tres mentes de una fuerza benigna) en oposición a un mal conocido bajo el apelativo de Señor de las Llamas, presenta claras connotaciones religiosas.

En esencia, podríamos resumir “En las afueras de la ciudad muerta” como los primeros encontronazos tentativos en una batalla más de la eterna lucha entre el bien y el mal (identificado con el afán guerrero, y éste con la ambición y la avaricia). Una vieja historia para un escritor inmaduro que ya apuntaba maneras (algo que podría aplicarse también a la New Wave, que empezaba a configurarse por entonces gracias precisamente al aporte de nuevos autores como Delany).

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en febrero 6, 2012.

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