Invernáculo

Los primeros años de la década de los 60 fueron una época de transición en la ciencia ficción. La vieja fórmula de la Edad del Oro se estaba agotando, pero a la New Wave, como movimiento, aún le falta mucho para madurar. De importancia clave en este proceso fue el cambio de poder en el mundillo de las revistas especializadas, con la corona pasando de Astounding a Galaxy. H.L. Gold, el primer editor de Galaxy (sucedido por Frederik Pohl en 1962) relajó notablemente el énfasis en la ciencia que había sido uno de los pilares de la era campbelliana, ampliando el área de interés a disciplinas como la sociología o la psicología, al tiempo que elevó los requisitos literarios.

Una nueva generación de escritores, muchos de ellos procedentes de las islas británicas, desembarcó en estos territorios y empezó a desarrollar su estilo. Entre ellos, uno de los principales nombres fue el de Brian Aldiss quien, a lo largo de 1961, publicó en The Magazine of Fantasy & Science Fiction (otra de las cabeceras señeras en este cambio de énfasis) cinco novelas cortas ambientadas en una Tierra en el lejanísimo e indeterminado futuro, dominada por completo por las plantas, en donde sobreviven como pueden los descendientes de la humanidad.

Estas historias, serializadas entre febrero y diciembre, recibieron un honor sin precedentes (sin parangón en realidad, pues no ha vuelto a darse el caso), al ser merecedoras del premio Hugo de 1962 a mejor ficción corta, otorgado no a una de ellas, sino a las cinco en conjunto. Así pues, cuando en 1962 fueron recopiladas en un tomo único (“Hothouse”), lo hicieron ya con la distinción de ser una obra ganadora del Hugo (algo que probablemente no hubiera sido posible siguiendo el camino tradicional, dada la fortaleza de los ganadores en novela del año 1962, “Forastero en tierra extraña” de Heinlein, y 1963, “El hombre en el castillo” de Dick).

Desde luego, pocas obras podrían representar mejor el cambio de tendencia. Tanto en lo que respecta al aumento en la calidad literaria como en el sacrificio de la verosimilitud científica. La ciencia ficción presenta básicamente dos componentes: uno es el potencial especulativo, bien sea en alguna disciplina científica (la postura clásica), bien sea ampliando miras para incluir tesis morales o filosóficas; el otro es la fascinación puramente artística, lo que se conoce como “sentido de maravilla”. No son facetas antitéticas per se, pues el potencial de asombro de la ciencia es prácticamente ilimitado, pero muy a menudo la literatura de ciencia ficción se ha recreado en lo imposible como metáfora o por su mero impacto estético.

“Invernáculo” cae de lleno en la categoría de espectáculo para los sentidos (por intermediación de la imaginación), pues incluso su potencial simbólico se encuentra apenas esbozado (en consonancia con el resto de la obra, se trata de imágenes y situaciones que son puro planteamiento, sin desarrollo ni, mucho menos, conclusiones). Eso sí, como tal, pocos hay de más fascinantes. Aldiss nos traslada a un infierno vegetal, donde los seres humanos se ven reducidos a insignificantes alimañas que sobreviven en los resquicios de una ecología extraña y brutal. El peligro es una constante en la efímera vida de nuestros pobres descendientes, muy lejos ya del trono de reyes de la creación que una vez ocuparon.

“Invernáculo” podría ser descrita con propiedad, pese a tratarse de un libro, como una experiencia visual y dinámica. La primera de sus tres partes, sobre todo, constituye una auténtica montaña rusa, un viaje de descubrimiento que evoluciona de amenaza en amenaza, con la única guía del instinto de supervivencia y una tradición simple. El autor nos lleva de los dominios del gran baiano (un árbol titánico, cuyos múltiples troncos tapizan todo un continente), hasta la tierra de nadie entre el terreno firme y el mar, dominio de feroces algas, donde sobreviven los vegetales descastados. Y de ahí, sin apenas reposo, de vuelta a la jungla en cuyas profundidades se esconden prodigios incluso más terribles, a misterios isleños y por último a las frías regiones de la noche eterna (pues la Tierra ha interrumpido su rotación). Eso por no mencionar los traveseros, que atan entre sí al planeta madre con su satélite y salvan el abismo vacío entre ambos con la cotidianidad con que antaño se sucedían el día y la noche.

Sí, la física de “Invernáculo” no tiene el menor sentido. Es más, su visión de la evolución es puramente mágica, más que lamarckista, dirigida, propuesta sin otra planificación que la inspiración del momento. ¡Pero qué poderosas imágenes conjura!

Lógicamente, el nivel de inventiva y dinamismo no pueden mantenerse al mismo ritmo durante toda la obra. Hacia la mitad del libro, una vez reunido el protagonista con los guatapanzas (demasiado largo de contar), la historia decae considerablemente, haciéndose por momentos repetitiva (con un exceso de protagonismo del hongo morilla) y perdiendo la coherencia interna (con la proliferación de especies racionales, e incluso subtipos humanos, del último acto). De igual modo, la historia termina porque en algún momento tiene que hacerlo. El fin no viene marcado por ningún hito de particular significancia. Tan bien hubiera podido concluir antes como proseguir ad nasueam (más de uno podría opinar incluso que ese objetivo ya está cumplido).

Para disfrutar de “Invernáculo” han de controlarse muy bien las expectativas. Nada de aspirar a una historia tradicional, ni mucho menos esperar una visión coherente, incluso bajo las propias premisas iniciales. La clave reside en disfrutar del momento, dejar los análisis para las obras que los piden y acompañar simplemente a los personajes, registrando los acontecimientos a través de sus ojos inocentes.

Como nota de interés local, en 1974 Carlos Giménez utilizó esta obra (en realidad, la versión ligeramente resumida que se titulaba “En el lento morir de la Tierra”, publicada en un recopilatorio de ciencia ficción inglesa), como fuente de inspiración para uno de los cómics más significativos de la producción española, “Hom”, que marca una decidida apuesta por un enfoque adulto para este medio de expresión. La obra, que tuvo una complicada historia editorial, puede leerse en parte como un reflejo de las tensiones sociales de la época (en las postrimerías de la dictadura de Franco), pero, en contra de lo que presuponen muchos críticos especializados, Giménez no creó tanto simbolismos como adaptó los ya presentes (una labor facilitada por la superficialidad en ese sentido de la propuesta original).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en junio 21, 2010.

10 comentarios to “Invernáculo”

  1. que genIAL IDeA reseñar, invernaculo, si no recuerdo mal algo hablamos el otro dia de el, muy bien explicado, comom siempre sergi. un abraqzo

  2. Precisamente. Tenía el libro en el estante de pendientes y me pareció un buen momento para hincarle el diente.

  3. Interesantísima reseña. En http://www.elmondelcomic.com/phom.htm desvelan datos sobre algunos recovecos políticos del magistral tebeo Hom.
    Por cierto que están reestrenando en cine Nausicaa, adaptación del excelente manga homónimo cuya principal influencia, a decir de su dibujante primero y director después, fue precisamente Invernáculo.

  4. Una muy buena reseña, Sergio, que además tiene observaciones que se pueden aplicar a casi toda la obra de ficción de Aldiss: tramas desparejas, invención poderosa, imágenes inolvidables. Lo que además hay que agregar es que este autor, como casi todos sus compañeros de la New Wave británica, tiene una estupenda prosa, lo cual pone los textos en otro nivel.
    Un gusto leer tus cosas. Gracias.

  5. Gracias.

    Sí, ciertamente, la mejor aportación de la New Wave fue subir el nivel de exigencia literaria. Aunque, a decir verdad, la ciencia ficción británica, heredera directa del romance científico wellesiano, siempre había mantenido unos estándares literarios muy elevados, por lo que el movimiento quizás se limitara a generalizarlos (lo cual no es poco).

  6. Otro grandísimo libro de Aldiss ( al margen de este extraordinario Invernáculo) es ” El Tapiz de Malacia”: Picaresca, artes escénicas, toque steampunk, cacerías de dinosaurios, canales y una acertada y meláncolica reflexión sobre el poder, el amor verdadero, la lucha de clases, el sexo y, sobretodo, la fugacidad de la juventud y la felicidad en esta vida. Es un libro perfecto.
    Por cierto, cuando leí Invernáculo, el azar quiso que lo disfrutara con la banda sonora del ” Piano” de Nymann, y la concordandia es tremenda, sorprendente. !!! Que alguien haga la prueba, jajaja¡¡¡. Un saludo y gracias de nuevo por tus comentarios. Victorderqui

  7. Un estupendo libro. Por si te interesa, le hice una reseña publicada en Velero 25 http://www.velero25.net/2005/jun2005/jun05pg09.htm

  8. Enlace actualizado.

  9. No sabía que en el recopilatorio de ciencia ficción inglesa de Aguilar “En el lento morir de la Tierra” es una versión “ligeramente resumida” … ¿Esto es así? Saludos!

    • Sí. Se trata de la traducción de la primera edición estadounidense (que llevó por título “The long afternoon of Earth”). Era una versión ligeramente abreviada de la edición inglesa, “Hothouse”, que acabó publicándose íntegra en 1976 (y desde entonces, al parecer, se han ido alternando ambas).

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