Enemigos del Sistema

Hacia finales de los años setenta, con la New Wave dando sus últimos coletazos, Brian Aldiss, uno de sus máximos representantes (aunque nunca llegó a ser un autor extraordinariamente popular más allá de un reducido círculo de entusiastas), concitaba menos interés por su ficción que por sus otras actividades relacionadas (o no) con la ciencia ficción (antólogo, ensayista, historiador…).  Destacaba en particular su tomo “Billion year spree: The true history of science fiction”, en el que ofrecía un repaso al género desde “Frankenstein” hasta la fecha (1973), con cierto sesgo, por supuesto, hacia el romance científico británico y la “literatura de ideas” frente al pulp americano y el mero divertivertimento popular. Su actualización en 1986 (“Trillion year spree”, junto con David Wingrove) le supuso el premio Hugo de no ficción (su segundo y último, después del ya lejano por “Invernáculo” en 1962).

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En 1979 cosechó su cuarta nominación, en la categoría de novela corta, por “Enemigos del Sistema” (“Enemies of the System”), un texto publicado originalmente en el número de junio de 1978 de The Magazine of Fantasy and Science Fiction (la revista más representada de lejos en las papeletas aquel año). Al final el triunfo fue, sin embargo, para un joven autor que entraba pisando fuerte en el género, John Varley, nada menos que con una de las más importantes novelas cortas en toda la historia del género: “La persistencia de la visión”.

Lo cierto es que “Enemigos del Sistema”, ya por aquel entonces, debía de oler un poquito a superada (la carrera de los otros cuatro nominados: Gene Wolfe, Joan D. Vinge y Christopher Priest, aparte de John Varley, había empezado casi veinte años después que la de Aldiss, lo que da una idea más de los vientos de cambio que soplaban sobre el género que, necesariamente, de la calidad intrínseca de las aportaciones de unos y otros).

Enemies of the System

La historia arranca con la llegada de un contingente de turistas, procedentes de la Tierra, al planeta Lysenka II. Por un millón de años, la humanidad ha vivido bajo el biocomunismo, en un régimen conocido como Utopía, caracterizado por la superación del Homo sapiens, por medio de la ingeniería genética, para dar lugar al Homo uniformis (algunas ediciones de la obra llevan como subtítulo “A tale of the Homo uniformis“). Las modificaciones se centran sobre todo en la anulación de la lucha de clases en el sistema nervioso humano, sometiendo el sistema nervioso autónomo al control del neocórtex (lo que potencia el pensamiento lógico sobre el emocional).

A través de las conversaciones, descubrimos que dicho estado presenta en realidad características similares a las grandes antiutopías británicas: las gestaciones ex-útero y la educación en fratrías de “Un mundo feliz“, por ejemplo, y el adoctrinamiento y vigilancia policial de “1984”. También constituye, por supuesto, una proyección del régimen soviético (que por entonces estaba en el cenit de su poder e influencia… al menos a juzgar desde el exterior del impenetrable telón de acero).

enemigossistema

Durante el transcurso de un viaje programado, uno de los autobuses turísticos sufre un accidente que deja a los cincuenta y pico turistas (todos ellos de la clase privilegiada, por supuesto), a cientos de kilómetros del puesto civilizado más cercano, lo que impulsa a seis de ellos a partir en busca de ayuda, en contra del ambiente alienígena y hostil de un planeta que aún se encuentra en un estadio evolutivo similar al devónico terrestre.

Por dicha razón, no debería caber la posibilidad de que hubiera en Lysenka II vida animal superior. Sin embargo, se da la circunstancia que más de un  millón de años atrás, antes de la instauración de Utopía, una astronave de exploración capitalista se estrelló allí, y los lejanos descendientes de aquellos forzosos colonos se han diversificado hasta ocupar todos los nichos ecológicos, desde predadores salvajes a animales de monta y de engorde, bajo el dominio de una tribu que se ha mantenido más o menos humana (aunque haya degenerado culturalmente hasta quedar reducido su pasado a meros ritos sin sentido).

Enemies_System

La mayor parte de la novela versa sobre las discusiones entre estos seis utopistas, a medida que, alejados de la protección hipertecnológica del sistema, su pureza ideológica se ve puesta a prueba y su supuesta uniformidad se resquebraja (siempre con argumentaciones muy lógicas). La tensión derivada de sus desventuras revela dudas inexpresables en otras circunstancias, heterodoxia intelectual e incluso abierta subversión (que siempre encuentra a alguien dispuesto a denunciarla). A la postre, se nos revela un régimen estancando, que apenas ha logrado avanzar en un millón de años, donde la ciencia e incluso la lógica están supeditadas a la doctrina. De hecho, el nombre del planeta hace referencia a Trofim Lysenko (en ruso las “o” átonas se pronuncian como “a”), director por más de cuarenta años de la política a agrícola soviética, en base a catastróficas teorías acientíficas (que negaban la influencia de la herencia y la genética en favor de una suerte de neolamarquismo) cuyo mayor mérito era su consonancia filosófica con la doctrina marxista (y que Stanlin se mostró interesado en aplicar a los hombres… algo parecido a lo que supuestamente constituye el evento fundacional de Utopía).

A menudo se ha interpretado la novela corta como mera propaganda anticomunista; y aunque algo de eso tiene, lo cierto es que tampoco el capitalismo sale muy bien parado. El destino de los antiguos colonos es tan cruel como crítico respecto a la explotación de unas clases por otras bajo un régimen capitalista, enlazando con los otros grandes referentes de Aldiss: H. G. Wells (“La máquina del tiempo“) y Olaf Stapledon (“La primera y la última humanidad”), dos de los máximos exponentes de la literatura de ideas que tanto ensalzaba en sus ensayos.

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Pese a estas reflexiones subyacentes, lo cierto es que no se puede decir que “Enemigos del Sistema” llegue a ser una lectura memorable. Por un lado, su tesis se encuentra desdibujada, enterrada bajo capas y capas de discusiones (bastante pedantes) sin fin ni objetivo. Por otro, los planteamientos teóricos son difícilmente conciliables. Aldiss precisa un millón de años para dar tiempo a la evolución a crear el ecosistema lysenkiano (un hallazgo sugestivo aunque, por desgracia, infradesarrollado), pero para ello necesita obviar la enormidad que desde un punto de vista cultural implica ese lapso. Nuestra especie cuenta apenas con 200.000 años de existencia. Para emular detalles claves de la historia tendríamos que haber mantenido rituales reconocibles desde los tiempos del Homo antecessor de Atapuerca.

Muy al fondo, se aprecia quizás una mirada desencantada hacia la humanidad en su conjunto y hacia todos sus sistemas sociales (que conducen al estancamiento o a la degeneración), destino del que sólo podrían salvarnos esos “enemigos del sistema”, que son la imaginación, la libertad, la solidaridad y la curiosidad. Lo que queda, sin embargo, es una mirada nostálgica hacia el pasado, más allá incluso de su época, hacia el época dorada del romance científico, con aquellos autores que tanto admiraba Aldiss. El estilo, por desgracia, no estuvo a la altura del reto y denota quizás a un autor agotado, perdida ya la frescura y el atrevimiento de sus primeros años.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en febrero 8, 2014.

2 comentarios to “Enemigos del Sistema”

  1. Este escritor nunca me gustó.

    • No es un autor fácil (y carece de ese gran título imprescindible que termina de consagrar las carreras de otros autores, quizás no tan buenos a nivel estilístico). En cualquier caso, para abordarlo aconsejaría probar antes con su producción de los años sesenta (salvo “A cabeza descalza”, claro).

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