La colonia perdida

El año 2007 John Scalzi se planteó dar carpetazo al universo de la vieja guardia con el último libro de la pretendida trilogía, “La colonia perdida” (“The last colony”).

Licenciados los protagonistas de las entregas previas, John Perry (el setentón terrestre reclutado en “La vieja guardia” para las Fuerzas de Defensa Coloniales, dotado ahora de un nuevo cuerpo de especificaciones civiles) y Jane Sagan (la mujer probeta de “Las brigadas fantasma“, cuyo cuerpo fue construido a partir del ADN de la fallecida mujer de Perry), desempeñan ahora cómodas tareas administrativas en una colonia de su elección. Junto con ellos se encuentra su hija adoptiva, Zoë, hija natural del traidor Charles Boutin y poco menos que diosa para la poderosa raza de los obin, a los que Boutin dotó de conciencia.

Last_colony

Su tranquilo retiro se ve truncado por la solicitud de su antiguo comandante para que se hagan cargo de la dirección de la última colonia de la humanidad, Roanoke (hay que tener humor para bautizar así una colonia), que se fundará en un mundo recientemente cedido por los obin. Tras aceptar el encargo, pronto descubren que tras todo ese tinglado hay mucho juego sucio, pues se encuentran en un planeta distinto al esperado, con las órdenes de abordar la colonización en solitario, sin el menor contacto con el resto de colonias y con una terminante prohibición para emplear tecnología detectable a distancia (lo que implica renunciar a la electricidad).

El motivo de todo esto es que el equilibrio de poder en la galaxia está cambiando, habiéndose formado una gran coalición de razas, el Cónclave, que ha impuesto restricciones a la colonización de nuevos mundos, amenazando con la destrucción a quienes traten de romper el bloqueo. Las Fuerzas de Defensa Coloniales han elaborado un plan para oponerse a una fuerza que, militarmente, es muy superior a cuanto podría aspirar cualquier raza por separado (salvo quizás los misteriosos consu, que en principio no muestran interés en apoyar a ninguna facción). El elemento clave del mismo es que Roanoke esquive la detección (y por tanto la destrucción), durante el mayor tiempo posible.

Colonia-perdida

Perry y Sagan se encuentran pues en una difícil posición, como líderes de una colonia especial (la primera cuyos integrantes no proceden de la Tierra, sino de otras colonias), amenazada por el mayor peligro imaginable y con sus propios problemas internos (desde desavenencias entre colonos provenientes de distintos planetas hasta el descubrimiento de una especie inteligente nativa, atrasada y en principio hostil). Albergan, además, la sospecha de que el engaño de sus superiores no termina en lo que les han contado, y que Roanoke no es más que un peón, sacrificable, en un arriesgado juego cuyas apuestas controlan unos pocos altos mandos en nombre de toda la humanidad.

Con “La colonia perdida”, Scalzi completa el giro moral de la serie, desde el militarismo incuestionado de “La vieja guardia” (que nació como mera puesta al día de “Tropas del espacio” de Heinlein) hasta un escenario más complejo de claroscuros éticos, en el que pesa tanto la lealtad a la propia especie y la fidelidad al uniforme como el cuestionamiento de los propósitos ulteriores.

The_Last_Colony

Esta ambivalencia queda de manifiesto en la asignación del antagonismo al general Gau, ideólogo y líder del Cónclave, que pese a la contundencia de sus medios busca un fin loable: acabar con los enfrentamientos que desangran a las distintas especies del vecindario local y les impiden abordar proyectos de mayor envergadura, a escala incluso galáctica. En contraposición, los mandos militares de las Fuerzas de Defensa Coloniales se muestran retorcidos y maquiavélicos a cada paso, despertando en Perry y Sagan(y en el lector) un rechazo instintivo y obligándolos a buscar una salida para su familia, para la colonia que es su responsabilidad y en última instancia, si no hay más remedio, para la raza humano en su conjunto.

“La colonia perdida” prescinde en gran medida del militarismo para centrarse en otros aspectos. Desde las tribulaciones (y disensiones) de un grupo humano obligado a prosperar en condiciones adversas (escenario también muy clásico dentro de la ciencia ficción) hasta una atención mayor hacia la política interestelar (e interespecífica), con reminiscencias de David Brin y enlazando con el tono de la novela anterior de Scalzi, “El sueño del androide” (aunque los escenarios en sí sean independientes).

Last_Colony_prelude-to-destruction

Otro importante referente que se vislumbra es nada menos que Isaac Asimov, con su serie de los robots. Prescindiendo de los alienígenas, la posición de partida es muy similar, con una Tierra superpoblada supeditada a los manejos de unas colonias tecnológicamente más avanzadas. Esto ya se encontraba presente en “La vieja guardia”, pero con “La colonia perdida” el péndulo se inclina muchísimo más por el humanismo de Asimov que por el individualismo de Heinlein.

La lectura de la novela, como en toda la producción de John Scalzi, resulta ágil y satisfactoria (o también ligera e inconsecuente, según se valore). Sigue dotando a todo de las dosis adecuadas de humor y los pequeños homenajes de aficionado (para aficionados) abundan. Ahora bien, conviene no pensar demasiado en las implicaciones de lo que está relatando, porque a poco que se haga, la trama empieza a romperse por las costuras. ¿Adónde conduce todo el asunto de la población nativa del planeta? ¿Cómo se desarrollan en realidad las gestiones de Zoë con el Cónclave y con los obin? ¿No resultan quizás un poco deus ex machina las sucesivas victorias de los colonos en Roanoke frente a fuerzas inmensamente superiores?

Last_Colony_the-obin

El clamor en contra de la chapucilla llegó a ser tan generalizado que el propio autor, en un gesto bastante inusual, admitió su error y se propuso subsanarlo… escribiendo una cuarta novela que atara y explicara todo. Así pues, al año siguiente sacó “La historia de Zoë“, una paracuela, que narra en paralelo los mismos acontecimientos de “La colonia perdida” desde el punto de vista de Zoë, rellenando los huecos y complementando la historia (al momento de escribir esta reseña, ignoro el grado de éxito del empeño).

Por añadidura, el autor ha regresado al mismo escenario en una secuela más tradicional, “The human divison” (2013), que es a su vez el inicio de un nuevo arco narrativo, con nuevos protagonistas. Como nota curiosa, fue publicada originalmente en ebook, serializada en trece capítulos (a un dólar por capítulo), probándose la experiencia rentable (lo cual abre nuevas posibilidades de negocio en el mundo de la edición digital, aunque personalmente encuentro el precio excesivo).

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Como muestra de la popularidad de Scalzi, “La colonia perdida”, pese a sus reconocidos defectos, obtuvo una nominación al premio Hugo de 2008, que ganó Michal Chabon con “El sindicato de policía yiddish“. Entro los finalistas se contaban también “Brasyl” de Ian McDonald, “Halting state” de Charles Stross y “Vuelta atrás” de Robert J. Sawyer.

(Las últimas imágenes corresponden a ilustraciones interiores de Vincent Chong para una edición especial de la novela en Subterranean Press).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en marzo 29, 2014.

3 comentarios to “La colonia perdida”

  1. No he leido nada de él, pero al leer las reseñas anteriores estas no me habian llamado la atención. En cambio creo que ha este le daré una oportunidad. ¿Se puede leer directamente o es necesario haber leido los dos libros anteriores?

    • Pues no sabría decirlo. La trama es independiente, pero se apoya mucho en conceptos ya expuestos en las entregas previas. Además, como comento, es en cierto modo fallida, por lo que casi exige continuar con “La historia de Zoë”. Yo, de lo que he leído, recomendaría probar con “El sueño del androide”. Da una buena idea de lo que se puede esperar (y de lo que no conviene exigir) de la ficción de Scalzi.

  2. Muchas gracias, voy a empezar con “el sueño…” entonces!
    Saludos

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