La vieja guardia

John Scalzi se ha convertido en uno de los autores de ciencia ficción más exitosos y activos de los últimos años. Todo ello se inició en 2005, con la publicación de su primera novela “La vieja guardia” (“Old man’s war”) por parte de Tor Books tras su serialización a finales de 2002 en su página web personal. La novela acabó conquistando el premio John W. Campbell al Mejor Escritor Nuevo y siendo finalista de los premios Hugo en 2006 (ganó “Spin”, de Robert Charles Wilson). Pese a ello, tanto en 2007 como en 2008 Scalzi fue nominado al premio Hugo al mejor escritor aficionado (ganándolo en 2008, cuando ya contaba con cinco novelas publicadas e incluso una segunda nominación a mejor novela ese mismo año).

En cierto modo, esta anomalía es sintomática del estado de la ciencia ficción durante la pasada década. John Scalzi es una especie de superfán, y su narrativa lo refleja con altos niveles de referencialidad (y metarreferencialidad). Es curioso que durante una época de renovación del género hermano de la fantasía, la ciencia ficción parezca haberse refugiado en el pasado, contentándose a menudo con reutilizar viejos esquemas, renunciando a su componente especulativo a favor del simple entretenimiento.

“La vieja guardia” no oculta sus raíces. Se trata en gran medida de un remake de “Tropas del espacio”, de Robert A. Heinlein, aunque purgando casi por completo sus sublecturas políticas (o, mejor dicho, optando por no concederles peso, pues sería imposible escribir algo así sin que rezumara imperialismo).

El protagonista absoluto de la historia es John Perry, un hombre que a los setenta y cinco años se alista en las Fuerzas de Defensa Coloniales. No es un caso atípico. De hecho, las FDC sólo admiten reclutas de esa edad. El trato es simple: dos años de servicio, prologables a diez, a cambio, se rumorea, de volver a poner a punto ese cuerpo gastado, gracias a una hipotética terapia rejuvenecedora fruto de una tecnología décadas, quizás siglos por delante de la terrestre.

A partir de ahí, la historia sigue el típico esquema en tres actos que incorporó Heinlein a la ciencia ficción (y que se ha usado ad nauseam en decenas de libros y películas): prolegómenos, adiestramiento y primeras misiones, ascenso de rango y misión climática). Claro que hay que sorprender a los lectores con algo, y a falta de especulaciones realmente significativas (la tecnología es una amalgama de conceptos, ninguno de los cuales resultará sorprendente al lector habitual de ciencia ficción) toca jugar con el tono.

Si en 1959 Heinlein se tomaba la historia muy en serio, poco después, en 1965, Harry Harrison ya parodiaba el esquema (y las ideas subyacentes) en “Bill, héroe galáctico”, y algo más tarde, en 1974, Joe Haldeman lo sometía a una concienzuda revisión crítica en “La guerra interminable”. Ese doble ataque a la línea de flotación ha forzado que desde entonces los escritores de ciencia ficción hayan optado por planteamientos diferentes en la space opera militarista (un subgénero bastante popular desde mediados de los 80, con sagas orientadas a personaje).

Llega el 2005 (o el 2002, teniendo en cuenta la primera publicación online). Scalzi opta por un empleo autoconsciente del modelo. El que los reclutas sean resabiados ancianos de setenta y cinco años no es casualidad. El autor juega con la idea de que con hombres (y mujeres) de dilatada experiencia (no sólo los reclutas, sino también los lectores del libro… al menos considerándolos herederos de una tradición que se remonta a casi medio siglo atrás) no se pueden utilizar los mismos trucos que funcionaron con jovencitos casi imberbes con muy poco bagaje a sus espaldas (nada de transformar a muchachos en hombres, aquí se trata de reprogramar a personas ya formadas, no exentas de cierto grado de cinismo). El truco, por supuesto, consiste en que en el fondo todo acaba discurriendo por los mismos derroteros. Nos pone sobre aviso para despistar y luego nos la cuela por donde siempre.

Quizás eso era lo que hacía falta. Un hábil prestidigitador para marear un poco la perdiz y dar pie a que el autoengaño funcione, de modo que un lector encallecido vuelva a disfrutar de una historia que no depara en realidad ninguna sorpresa. Todo es cuestión de honestidad. “La vieja guardia” no pretende engañar a nadie. Se limita a solicitar amablemente que le sigamos el juego, prometiendo a cambio diversión (algo que cumple).

Preocupada en recrear la excitación del modelo original, es cierto que a veces se olvida de mantener la coherencia de este enfoque y se deja llevar por la emoción. El protagonista parece olvidar en ocasiones su experiencia (que, todo sea dicho, vale de bien poco en situaciones sin precedentes) y se limita a reaccionar ante los exóticos estímulos como lo haría cualquier novato. También queda en agua de borrajas reflexiones sobre la senectud y la cercanía de la muerte, así como tímidas exploraciones de las implicaciones morales del conflicto y de las soluciones adoptadas para resolverlo. Siempre hay alguna raza alienígena con la que maravillarse o algún detalle de la tecnología colonial en que recrearse.

“La vieja guardia” deviene pues en un espectáculo bastante inofensivo. Es lo que queda si cogemos “Tropas del espacio”, le limamos las asperezas con “La guerra interminable” y le aplicamos una actualización que se queda en el hardware, sin echar siquiera un vistazo al software filosófico.

Todo lo cual no quita que la novela sea entretenida. Muy entretenida, de hecho, haciendo gala de un sentido del humor agudo y de un ritmo frenético que no concede un respiro (y que ayuda a no reflexionar demasiado sobre lo que nos está contando… de nuevo). Es posible, incluso, que parte de su levedad obedezca a simple inexperiencia. La serie cuenta con otras tres novelas, y una cuarta en camino, que a buen seguro expanden los conceptos apuntados en “La vieja guardia”. Aunque lo cierto es que tampoco espero de ellas grandes sorpresas (en cualquier caso, se suele comentar que el humor se vuelve más incisivo).

¿Basta con eso para lograr plaza de finalista en los premios Hugo? Al parecer hoy por hoy no se espera mucho más de la ciencia ficción, lo cual no deja de ser un poco triste.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 11, 2012.

2 comentarios to “La vieja guardia”

  1. A mi este libro no me gustó nada de nada. El planteamiento es muy sugestivo. Un pelotón de jubilados nihilistas “reverdeciendo” en una tecnoadolescencia promete gags hilarantes, y alguno hay. Pero cuando la cosa entra en terrenos militares, adiós, el prota es como cualquier otro héroe henliniano juvenil, hay una ruptura brutal con el contexto… Del todo imperdonable para un novelista bélico es la falta de conocimientos militares… Las batallas se resuelven cuerpo a cuerpo al más puro estilo medieval, del a por ellos y salga el sol por Antequera (rasgo lamentablemente muy extendido en la space opera). Un insulto a la novela bélica. Mal. Fatal. De lo peor…

    • Lo dicho, plana y simple como un plato de sopa. No conviene pedirle más de lo que ofrece (ni reflexionar demasiado sobre el fundamento ideológico, pues parece evidente que el autor ha sido el primero en no hacerlo).

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