The collapsing empire (El fin del imperio)

John Scalzi es primero y ante todo un fan de la ciencia ficción, que por capricho del destino ha acabado transformando su pasión en oficio, lo que le ha permitido escribir sus propias versiones de “Tropas del espacio” (“La vieja guardia“) o de  una novelita que recomiendo vivamente de H. Beam Piper, “Encuentro en Zarathustra” (“El visitante inesperado”), homenajear a Dick en el título de “El sueño del androide” (en el título y poco más) o marcarse un homenaje/parodia a Star Trek (“Redshirts“). En ello le ha ayudado un estilo ágil, un agudo sentido del humor y mucho, mucho desparpajo, lo cual en una época en que poco más se le pide a la ciencia ficción, lo ha convertido en uno de los autores más destacados de lo que llevamos de siglo.

“El fin del imperio” (“The collapsing empire”, 2017), el inicio de su nueva serie (la de la Interdependencia), comparte con todo lo anterior virtudes y carencias. Es una space opera ágil, con personajes pintorescos, una trama que combina con maestría aventura y entretenimiento, en donde los malos son muy viles y los buenos molan puñaos y acaban saliéndose con la suya pese a todas las zancadillas que les ponen los primeros. También es un escenario simplón, inspirado en este caso, de forma un tanto más libre que de costumbre, en el de la Fundación de Asimov, con una trama política apenas suficiente para sustentar las escenas de lucimiento de los protagonistas y un subtexto sobre la obsolescencia de los sistemas políticos que se ha colado, como el propio Scalzi confiesa en los agradecimientos, impremeditadamente. Es en definitiva fast food que distrae y se lee en un suspiro, pero que desde luego no satisface el hambre.

La acción tiene lugar unos mil años en el futuro, con la humanidad dispersa entre veintitantos asentamientos, conectados por el Flujo, una red de atajos que permiten el viaje entre sistemas separados por años luz en cuestión de semanas o meses. Al poco de descubrirse esta red, la corriente que conectaba con la Tierra se desestabilizó, y las colonias quedaron abandonadas a su suerte. El gran problema al que se enfrentaron es que en su mayor parte eran sistemas estériles, sin planetas aptos para la vida, así que la única forma de mantener la estabilidad fue crear la Interdependencia, un imperio controlado por grandes monopolios comerciales, que aseguraban la distribución de materias primas por toda la red. La casa de Wu, por virtud de controlar el Hub, el sistema central de la red, entronizaron al primer emperox, líder tanto del senado (de nobles comerciantes), como de la iglesia (con una religión creada ad hoc para proporcionar al cotarro una ética y una espiritualidad apropiadas).

En el momento en que empieza la acción, tras ocho siglos de estabilidad, el Flujo empieza a fallar, y pronto nos enteramos de que hay un físico, autoexiliado en el mundo más remoto de la red (“casualmente”, el único con un planeta tipo Tierra habitable) que posee un modelo según el cual todo el chiringuito va a cerrarse… para siempre. Mucho que afrontar para Cardenia, la recién ascendida emperox (de rebote, por la muerte accidental del heredero oficial), que se nos presenta como un personaje honrado en un nido de víboras, ejemplificadas en la casa Nohamapetan, unos comerciantes ávidos de poder y riquezas (no como todo los demás, claaaaaaro), cuyas maquinaciones van desde intentar casar a su heredero con la emperox a mangonear en la rebelión que está intentando echar de su poltrona al gobernador de End (no sé cómo se habrá traducido al español), el Términus particular de la Interdependencia.

Tenemos pues la típica lucha de poder, un juego de nodos light, en el que lo más sorprendente es pensar cómo es posible que la casa Wu se haya mantenido al frente del cotarro durante mil años disponiendo de unas redes de seguridad e inteligencia tan limitaditas. De todas formas, por si hay algún lector despistado, Scalzi se detiene de tanto en tanto para explicar con pelos y señales lo que está pasando (algo particularmente irritante en un flashback al final del primer acto, que pone sobre la mesa toda la conjura, no sea que alguien se pierda). Definitivamente, lo de tejer una trama compleja no estaba entre las prioridades del autor, que se muestra mucho más cómodo en las distancias cortas, describiendo personajes super guays, que pueden pertenecer también a la misma casta de comerciantes explotadores, pero ¡hey, son los buenos! (y si es una joven lenguaraz y con carácter, pues mejor que mejor).

No quiero dar, sin embargo, una impresión equivocada. Scalzi tiene oficio, y eso se nota. Si no te paras a pensar demasiado, “El fin del imperio” es una novelita la mar de entretenida, y tiene algún que otro hallazgo interesante (como la sala de la memoria de los antiguos emperadores). Además, lo pretendiera o no, lo cierto es que sí que refleja muchas de las incertidumbres a las que se enfrenta nuestra sociedad. Tal vez no dependamos de Flujos que están a punto de secarse (o sí, porque una posible lectura de la novela podría relacionar su crisis con la crisis climática a la que nos estamos viendo abocados), pero ese mismo sentimiento de obsolescencia permea nuestra cultura, y es interesante ver cómo la ciencia ficción también le presta atención, aunque sea de refilón (resulta, además, una sublectura mucho más significativa que la inocentona denuncia de los sistemas de poder que se autoperpetúan en su propio beneficio a la que recurre Scalzi para sorpresa de absolutamente nadie).

A la postre, todo queda dispuesto para las secuelas (iba a ser una, pero ahora el plan apunta a trilogía), de la que ya ha sido publicada la segunda, “El imperio en llamas”, con la tercera, “The last emperox”, prevista para el año que viene.

“El fin del imperio” cosechó en 2018 una nominación al premio Hugo (que acabó ganando por tercer año consecutivo N. K. Jemisin por “El cielo de piedra“), y le supuso a John Scalzi su segundo premio Locus (tras “Redshirts”), imponiéndose a otras tres space operas de nuevo cuño, como son “Provenance” de Ann Leckie, “Raven stratagem” de Yoon Ha Lee y “Las estrellas son Legión” de Kameron Hurley.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en diciembre 3, 2019.

4 comentarios to “The collapsing empire (El fin del imperio)”

  1. Pedazo de reseña jeje… Aunque la verdad es que no quedan muchas ganas de echarse el hub a la cabeza y ponerse a leer sus páginas.

    Un saludo!

  2. No, si en el fondo es un lectura agradable y entretenida, solo que taaaaan ligera. Es una pena pensar que representa la ciencia ficción más popular del momento.

  3. De Scalzi sólo he leído Redshirts. Me resultó un libro entretenido pero me dio la impresión de que es un autor menor que simplemente bromea con el género. La verdad es que muchas ganas de leer más obras de este hombre no me dieron.

    • “Redshirts” es el más explícitamente humorístico de sus libros, pero sí, Scalzi es un autor ligero, y es una pena que represente lo más vendido del momento, en vez de una ausente ciencia ficción de mayor calado. De todas formas, su serie de “La vieja guardia” seguiría siendo digna de consideración dentro de la tradición de la space opera aventurera, y posee un nada desdeñable talento narrativo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

 
A %d blogueros les gusta esto: