Norstrilia (Los Señores de la Instrumentalidad III)

Cordwainer Smith (Paul Linebarger) tenía cincuenta y tres años cuando murió de un ataque al corazón en 1966. Fue uno de los más destacados autores surgidos en la década de los cincuenta, y en la poco más de una década en que estuvo activo tuvo tiempo de crear un estilo propio y característico, dedicando la mayor parte de su producción a un escenario de historia futura, el de la Instrumentalidad.

Su prematura muerte, junto con la pérdida accidental de sus apuntes, nos impiden saber exactamente hacia dónde se dirigía, pero lo que está claro es que una pieza fundamental en su universo iba a ser la única novela de ciencia ficción que llegó a escribir, “Norstrilia”, e incluso ahí nos encontramos con una situación subóptima, pues no llegó a verla publicada tal y como la tenía concebida. En lugar de eso, en 1964 apareció en la primera parte, “The planet buyer”, después de que una versión aún más reducida fuera publicada en Galaxy como “The boy who bought Old Earth”. La segunda parte recibió el mismo trato, apareciendo primero en forma reducida en If como “The Store of Heart’s Desire” (1964), antes de aparecer en formato de libro en 1968 como “The underpeople”. La versión definitiva, ya bajo el título de “Norstrilia”, tuvo que esperar hasta 1975.

Este auténtico lío no le impidió suscitar desde el mismo instante de su aparición la atención de los aficionados, y ya en 1965 “The planet buyer” fue candidata al premio Hugo (que ganó Fritz Leiber con “El planeta errante“).

Y es que Cordwainer Smith escribía una ciencia ficción distinta a la de cualquier otro autor. Para empezar, no le interesaba la ciencia, no al menos desde una perspectiva especulativa. Le interesaba, eso sí, las posibilidades que la ciencia podría brindar, pero para eso no necesitaba describir el proceso, sino tan sólo el resultado, y si podía ser utilizando el lenguaje de la poesía, mejor que mejor.

“Norstrilia” narra las peripecias de un joven señor, Rod McBan 151, del planeta Vieja Australia del Norte (o Norstrilia, para abreviar); un mundo duro e inhóspito, y único lugar del universo donde se produce el stroom, una droga que otorga la inmortalidad (aunque, en la práctica, los seres humanos suelen cansarse después de un milenio). Rod ha sido examinado dos veces para determinar si su deficiente capacidad telepática es razón suficiente para privarlo de su herencia y matarlo. La tercera y definitiva consigue la aprobación de sus compatriotas, pero una amenaza se cierne sobre él, que le obliga a tomar medidas extraordinarias para defenderse… como comprar la Vieja Tierra y todo cuanto contiene.

Allá, en la antigua cuna de la humanidad, se está viviendo una especie de revolución, el Redescubrimiento del Hombre (tras haber alcanzado una suerte de estancamiento utópico, en el que la perfección deviene en distopía al privar al ser humano de retos y objetivos). Paralelamente, el subpueblo, animales genéticamente modificados para tener apariencia humana y desempeñar trabajos demasiado pesados para los hombres verdaderos y demasiado especializados para los robots, aguarda el advenimiento de una especie de mesías prometido, que los llevará a un plano de igualdad con el hombre. En medio de todo ello aterriza Rod MacBan, un muchacho sin experiencia, cuya fortuna lo hace objetivo para la Instrumentalidad, para los líderes del subpueblo y miles de terrestres, hartos de su vida sin emociones.

Ahí es quizás donde falla la novela, porque su presunto protagonista no deja de ser una cometa, arrastrada aquí y allá por el viento que más sopla, sin tomar en ningún momento el control de su vida; y dado que se nos narra todo desde su punto de vista, los lectores somos rehenes impotentes de su pasividad.

La gran baza de Cordwainer Smith es su estilo, y efectivamente “Norstrilia” tiene mucho de lo que hace especiales al resto de relatos sobre la Instrumentalidad. En particular, quizás nadie como él supo transmitir la sensación de shock cultural que deberíamos experimentar al asomarnos al futuro. La extensión de la historia, sin embargo, nos hace anhelar algo más firme a lo que aferrarnos, porque lo que tiene que ofrecer en lo que se refiere a la Instrumentalidad, el Redescubrimiento del Hombre y los derechos del Subpueblo (los tres grandes ejes temáticos) es cuando menos vago y superficial, y eso va erosionando poco a poco la novedad y despierta el anhelo por algo un poco más sustancioso (es una carencia que se siente especialmente por lo que respecta al subpueblo, en cuya situación es imposible no ver un reflejo de la lucha por los derechos civiles de la población negra que en ese preciso momento arreciaba en los EE.UU.).

Y es que buena parte del encanto de la serie de Los Señores de la Instrumentalidad (compilada entera por primera vez en la edición de Nova de 1991) reside en su vaguedad, en cómo salta de aquí para allá, revelando el escenario a brochazos aleatorios. Sin embargo, “Norstrilia” es en muchos sentidos la antítesis de esa estrategia. Un intento por reunir varias imágenes independientes (el texto hace referencia directa a al menos media docena de cuentos previos) en un tapiz coherente. Se trata de una evolución osada, que hubiera podido llevar el escenario a un nuevo nivel. Lamentablemente, se queda a mitad camino (y lo que es todavía más lamentable, Linebarger no dispuso de una segunda oportunidad para cumplir con ese objetivo).

Cualquier aficionado a la obra de Cordwainer Smith tiene que leer, por supuesto, “Norstrilia”, aun como proyecto fallido, incluye elementos, capítulos enteros incluso, realmente brillantes. Por desgracia, el formato de novela no aporta nada al estilo del autor, y de hecho supone un paso atrás con respecto a la excelencia de los cuentos individuales. Cabría destacar, eso sí, que quizás el concepto de “novela” que manejaba Linerbarger no sea exactamente el mismo que tenemos en mente. Como experto sinólogo, el modelo para su obra fue una de las grandes obras clásicas de la literatura china, “Viaje al oeste”.

Para terminar, quisiera señalar el curioso paralelismo entre el planeta Norstrilia y su stroom y el Arrakis con su especia de “Dune“. Sería altamente sospechoso de no ser por el ínfimo lapso que media entre la publicación original de los primeros textos de ambos libros (“The boy who bought Old Earth” y “Dune World”)… aunque tal vez Herbert se inspirara, aunque fuera inconscientemente, en los cuentos previos de Smith que ya hacían uso de esos mismos elementos.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en julio 5, 2017.

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