El planeta errante

De todos los ganadores del premio Hugo uno de los menos recordado es posiblemente “El planeta errante” (“The wanderer”), de Fritz Leiber, reconocido en la edición de 1965. En parte es debido a que la popularidad del autor se mantuvo principalmente en el campo de la fantasía, dejando su producción de ciencia ficción oscurecida. Aunque también deben considerarse las características específicas de esta obra, a caballo entre dos concepciones diametralmente opuestas del género, la aventura y el sentido de maravilla sin trabas de la Edad de Oro (e incluso del pulp) y las inquietudes estilísticas y temáticas de la New Wave, sin que termine por resultar satisfactoria desde cualquiera de los dos enfoques.

The_Wanderer_Ballantine

En 1964 aún faltaban tres años para la publicación de “Visiones peligrosas” (en la que Leiber participaría con “Hagamos rodar los huesos”, que acabó ganando los premios Hugo y Nebula a mejor cuento largo), pero los vientos de cambio ya se sentían en el campo de la ciencia ficción, soplando principalmente desde Inglaterra, donde J. G. Ballard publicaba sus distopías postapocalípticas con fuertes sublecturas psicológicas (la de aquel año fue “La sequía”, aunque quizás la más influyente fue “El mundo sumergido”, de 1962) y Brian Aldiss empezaba a tantear con afán subversivo los límites tradicionales del género (de aquel año fue “Los oscuros años luz“).

Lo que resulto sorprendente (y quizás a la postre decisivo para la concesión del premio) fue que la primera gran obra americana que se aproximó a los parámetros del futuro movimiento (después que Kurt Vonnegut rompiera moldes y llamara la atención el año anterior con “Cuna de gato”) no fue producida por una joven promesa emergente, sino que surgió de la máquina de escribir de un veterano cincuentón que ya había ganado uno de los primeros Hugos en 1958 con la versión serializada de “El Gran Tiempo“.

La acción de la novela transcurre en apenas dos días, aunque en compensación involucra a dos o tres decenas de personajes, que son testigos del desconcertante fenómeno de la aparición de un planeta del tamaño de la Tierra en la misma órbita que la Luna. La acción gravitatoria del Errante pronto empieza a triturar nuestro satélite, al tiempo que provoca en el planeta madre catástrofes de todo tipo, desde terremotos a erupciones volcánicas, aunque tal vez el fenómeno más destructivo sean las poderosas mareas, magnificadas por un factor de ochenta (Leiber calculó con esmero la cifra, aunque a la postre queda claro que equipara sin más volumen con masa, sin tener en cuenta la densidad), que arrasan todas las zonas costeras, adentrándose a veces centenares de kilómetros en los continentes y sumergiendo por completo ciudades enteras.

El_Planeta_errante_Leiber

En realidad, pese al empeño por ofrecer una imagen global del desastre, lo cierto es que son apenas tres las líneas principales (las tres únicas, de hecho, que se encuentran interconectadas). La más importante versa sobre un grupo de ufólogos que está celebrando una reunión de avistamiento justo cuando queda demostrada más allá de toda duda la existencia de seres extraterrestres. Sus peripecias por los montes californianos ofrecen la mejor oportunidad para abordar el estudio de personajes (aunque su propio número hace que algunos estén más desarrollados que otro).

Unido por casualidad a ellos se encuentra Paul, un periodista que casi a las primeras de cambio es abducido por un platillo volante procedente del Errante, en donde conoce a su felina propietaria, Tigerishka. Aparte de constituir los fragmentos que se le dedican la principal fuente de información acerca de los motivos, objetivos y preocupaciones de los visitantes, Leiber se permite aquí llevar su amor por los gatos (fascinación compartida por un número sorprendentemente alto de escritores de ciencia ficción) quizás demasiado lejos.

The Wanderer_Penguin

Mientras tanto, en la Luna, Don, uno de los tres astronautas americanos de la base estadounidense (hay otra rusa), consigue escapar en un módulo autónomo (llamado irónicamente Baba Yaga) de la destrucción, sólo para ser capturado por la inconcebible tecnología del Errante y arrastrado a su interior, donde le serán revelados algunos de sus secretos. Como detalle adicional, se da la “casualidad” de que Don es el prometido de Margo, que acompaña a Paul en su encuentro con los ufólogos hasta que el platillo de Tigerishka los separa. Don, Margo y Paul conforman un triángulo amoroso que acaba resolviéndose de forma inesperada.

“El planeta errante” rinde homenaje a buena parte de la ciencia ficción clásica, con homenajes directos a “Hacedor de estrellas“, de Olaf Stapledon, y de forma continuada (incluso con personaje dedicado) a E. E. Doc Smith y su space opera. Al mismo tiempo, sin embargo, mira hacia el futuro del género, tanto desde un punto de vista formal (con su compleja estructura, a base de múltiples tramas paralelas, y su tamaño, fácilmente el doble de páginas de lo que solía ser habitual por entonces) como temático (no huye, más bien al contrario, del sexo, aunque eso sí, con gran castidad descriptiva; y aborda con decisión una crítica constante a la discriminación racial, al tiempo que anticipa un giro hacia el universo interior, como nueva frontera a explorar).

El_Planeta_errante

La lista de logros, contextualizados dentro de su época, es notable. Vistos desde nuestros días, sin embargo, no puede dejar de notarse que le faltó mayor atrevimiento para alcanzar una grandeza perdurable. Apenas al año siguiente, por ejemplo, el Hugo fue concedido ex aequo a la novela que redefinió las posibilidades de la space opera y que llevó la complejidad narrativa a una nueva cuota (al tiempo que derribaba a base de ventas los prejuicios contra los libros de ciencia ficción voluminosos), “Dune“, y al primer gran título de la New Wave estadounidense (escrito por una joven promesa emergente), “Tú, el inmortal“.

Condicionantes históricos aparte, lo cierto es que “El planeta errante” (una redundancia el título castellano, ya que, como se encargan de matizar en varias ocasiones los personajes “planeta” significa precisamente “errante” en griego clásico) presenta problemas intrínsecos. Por un lado, el lenguaje de Leiber se percibe anticuado, algo para nada problemático con su fantasía (que mira hacia un pasado mítico), pero sí por lo que respecta a su ciencia ficción. Peor todavía, el resto de tramas que conforman la novela oscilan entre lo irrelevante y lo directamente insoportable (aunque breve, por fortuna). Su intención de ofrecer una visión global del desastre es loable, aunque fallida (algo más de una década después Niven y Pournelle ajustarían el modelo a la perfección con “El Martillo de Lucifer“). Por último, me temo que la edad se le nota en un conservadurismo recalcitrante que muestra a los jóvenes como fumetas idiotas o violentas masas descarriadas, entregadas a todo exceso (y eso que incluye un discurso a favor de la rebeldía… siempre y cuando la ejerzan gatos y a escala planetaria).

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El interés de la historia crece exponencialmente a medida que el escenario y el trasfondo van alejándose de lo cotidiano (aun lo catastróficamente cotidiano), pero no sé si basta para compensar un inicio poco inspirado y los defectos arriba enunciados.

Aquel mismo año John Brunner, que sería una de las figuras destacadas de la New Wave americana, obtuvo una nominación por su primera novela relevante, “El hombre completo” (no exenta de sus propias deficiencias). O sí, y Philip K. Dick publicó seis novelas, siendo la más interesante “Los tres estigmas de Palmer Eldritch” (que no consiguió entrar en el cuarteto de finalistas, aunque la competencia consigo mismo, por no hablar de su reciente victoria por “El hombre en el castillo“, posiblemente tuvieron algo que ver en ello).

Aviso para los espeleólogos de mercadillo: La primera edición española, en Nebulae 1ª época (1967), es el único número de la colección que salió en dos volúmenes, diferenciados sólo por la marca de uno o dos asteriscos junto al título (la reedición de 1988 en Clásicos Nebulae ya fue en tomo único).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

Serie de Lankhmar:

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~ por Sergio en abril 17, 2013.

3 comentarios to “El planeta errante”

  1. Hombre, Sergio, la verdad es que a mí me pareció farragosa, aburrida y pesada… reconozco que no me gustan ni la Nueva Cosa ni las novelas apocalípticas y postapocalípticas, pero la verdad es que me defraudó y se me hizo pesada de leer. Claro está que es mi opinión…

    • Por algo decidí plantear la reseña desde una perspectiva histórica…

      Sí, aunque mejora sensiblemente a partir del momento en que se revela la verdadera naturaleza del Errante, lo cierto es que sólo la recomendaría por motivos puramente estudiosos. Puedo comprender por qué fue premiada en su momento, pero no ha soportado el paso del tiempo. La mayoría (si no todos) de sus logros se ven eclipsados por obras anteriores o posteriores.

  2. Hola. A mí me pasó lo que a José Carlos con esta novela (de hecho no pude terminarla) pero sí que me gusta el tema y veo que hablas en tu reseña de EL MARTILLO DE LUCIFER que no conocía, tendré que “echarla el guante”.

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