La dama muerta de Clown Town (Los señores de la Instrumentalidad II)

La ciencia ficción de los años 50 y principios de los 60 se ve a menudo etiquetada como de transición, entre la efervescencia juvenil de la Edad de Oro y la experimentación temática y formal de la New Wave. Yo mismo pasé casi de puntillas por ese período (batuizado en ocasiones como Edad de Plata) durante la Cifilogenia. Simplemente, resulta difícil encontrar patrones y elementos comunes que ayuden en una hipotética sistematización.

Ello puede conducir a la falsa impresión de que no se produjo en todos aquellos años nada de interés… idea que no resulta difícil rechazar tajantemente a poco que se eche un vistazo al listado de premios Hugo de la época… que apenas empieza a mostrar la riqueza temática y la calidad literaria que se alcanzó durante esos años, sobre todo por parte de autores que se incorporaban entonces al género, como Philip K. Dick, Algis Budrys, Theodore Sturgeon o Kurt Vonnegut… y a los que coincidentemente el éxito, medido en títulos publicados o volumen de ventas de los mismos, les fue relativamente esquivo (descontando al último, gracias a la popularidad conquistada con “Matadero Cinco“). Entre ellos se cuenta Paul Linebarger, más conocido (entre los aficionados) por el seudónimo que escogió para su obra de ciencia ficción, Cordwainer Smith.

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Toda la obra de género de Cordwainer Smith cabe en cuatro volúmenes no demasiado gruesos. De hecho, así es como la recopiló Ediciones B en su colección Nova, bajo el título genérico de “Los señores de la Instrumentalidad”. 32 cuentos y una novela que componen en su mayor parte (entre los relatos hay al menos seis independientes) una truncada (por la repentina muerte del autor) historia del futuro, como ninguna otra que se haya escrito.

Nos muestra, a través de pequeñas viñetas, la expansión de la humanidad por las estrellas y la evolución de sus estructuras sociales a lo largo de unos 15.000 años (según la cronología diseñada por Miquel Barceló a partir de trabajos de J. J. Pierce y Pablo Capanna). Ojo, la secuencia no está ni completa ni es completamente coherente. El propio autor publicó los cuentos “desordenados”, y lo que es peor, sus notas sobre la estructura y el devenir de la serie se perdieron (al parecer en un accidente de pesca) poco antes de sufrir el infarto que acabó con su vida a los 53 años. Lo que resta, sin embargo, basta y sobra para disfrutar de una obra en la que el destino, fuera cual fuese, importa mucho menos que el camino.

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Arthur C. Clarke afirmó unos años más tarde que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Linebarger, sin duda, tenía una visión diferente. Para él, cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la poesía, y son precisamente sus descripciones metafóricas de la Instrumentalidad, así como su estilo, que podría caracterizarse como la narración de leyendas ancestrales del futuro remoto, lo que hace sus relatos tan fascinantes hoy como el día en que se publicaron por primera vez.

“La dama muerta de Clown Town” es el segundo volumen recopilatorio. Incluye relatos tardíos del ciclo (publicados originalmente entre 1961 y 1966, más una obra póstuma que no vio la luz, completado por la esposa de Linerbarger, hasta 1975) y trata más específicamente que el precedente, “Piensa azul, cuenta hasta dos“, y abarca un período bautizado como el Redescubrimiento del Hombre, en el que tras instaurar una falsa utopía, la Instrumentalidad descubre que al alcanzar la completa felicidad y seguridad, en una sociedad en la que incluso la muerte está controlada y planificada, le ha arrebatado algo importante al ser humano. Ese algo, presente todavía en el subpueblo (animales modificados para adquirir apariencia humana, cuya lucha por conquistar derechos civiles equiparables a los hombres verdaderos es uno de los principales ejes temáticos de la serie), incluye anhelos, miedos y esperanzas, y presenta también una faceta religiosa, con la recuperación de la vieja religión fuerte (el cristianismo).

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En el caso de antologías de autor único no suele ser mi costumbre examinar una por una cada narración. El caso que nos ocupa, debido a la fuerza individual de algunos de los fragmentos, es especial, así que sin más dilación paso a hablar de…

“La dama muerta de Clown Town” (“The dead lady of Clown Town”), no sólo es el título global del volumen, sino también el de la novela corta que lo abre, publicada originalmente en Galaxy en agosto de 1964. En ella, Elena, una sanadora bruja, concebida por un error en el ferreo sistema de la Instrumentalidad, se ve involucrada en la rebelión del subpueblo, que aspira a conquistar derechos civiles equiparables a los humanos. Dicha rebelión fue concebida por la grabación electrónica de la personalidad de una antigua dama de la Instrumentalidad, la Dama Panc Ashash, que a lo largo de cientos de años elaboró una profecía (apoyada en cálculos estadísticos), según la cual cuando llegara una persona como Elena al refugio del subpueblo, debía estar lista una niña-perro, P’Juana, que los llevaría a conquistar su libertad.

La historia es profundamente simbólica, con referencias al paleocristianismo, paralelismos (buscados por la propia Dama Muerta) con la vida de Juana de Arco y análisis político de los mecanismos propagandísticos de la lucha por los derechos civiles de minorías oprimidas. De hecho, pocos meses después de la publicación del relato, en marzo de 1965, tuvo lugar el Domingo Sangriento de Selma, un punto de inflexión en la lucha por el voto de la población negra de los estados del sur. En la brutal represión policial de una manifestación pacífica, se refleja el martirio de P’Juana… y los resultados de ambos acontecimientos, el real y el ficticio, son similares.

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Sublecturas aparte, he de hacer hincapié en lo que de verdad separa a la prosa de Cordwainer Smith del resto: un estilo único y hermoso, que humaniza la tecnología al olvidarse por completo de los cómos y que se posiciona en un punto equidistante entre la historiografía, el mito y la exaltación hagiográfica. Una auténtica maravilla.

Sigue “Bajo la vieja Tierra” (“Under old Earth”), el último relato que publicó el autor en vida (de nuevo en Galaxy, en 1966). En él, el señor Sto Odin, a pocos días de su muerte voluntaria, decide investigar los rumores sobre un lugar alejado del control de la Instrumentalidad, en las profundidades de la Tierra. Su objetivo, poner de manifiesto el fallo en la utopía asfixiante que han creado los hombres en su empeño por borrar de sus vidas cualquier incomodidad.

“Barco ebrio” (“Drunkboat”), publicado en Amazing Stories en 1963, muestra un paso adelante en el dominio del espacio respecto a la planoforma (el sistema que había ideado apenas unos meses antes… o unos 6.000 años según la cronología interna, en “Piensa azul, cuenta hasta dos”). También guarda paralelismos con “El coronel volvió de la nada”, un cuento póstumo que bien podría haber servido de boceto a este otro, mucho más elaborado.

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“Los mininos de mamá Hitton” (“Mother Hitton’s littul kittons”), publicado en Galaxy en 1961, centra la atención en Norstrilia, el planeta de la Instrumentalidad que produce la droga de la inmortalidad (aunque en general los hombres se contentan con vivir 400 años). Este monopolio, por supuesto, hace a los norstrilianos extremadamente ricos y los marca como objetivo de ladrones como Benjacomin, aunque al estar el planeta protegido por los susodichos mininos su empeño está condenado al fracaso… y lo marca como objetivo de las represalias, tan devastadoras como sutil es su proceder, de los servicios secretos norstrilianos.

Como curiosidad, no he podido dejar de percibir una posible relación entre la situación de Norstrilia en su universo y la posterior de Arrakis y su especia en la saga de “Dune“. También cabe destacar la mención, casi de pasada, de un sistema enciclopédico muy, muy similar a las actuales enciclopedias electrónicas.

“Alpha Ralpha Boulevard” es un cuento extraño (aun más extraño), inscrito decididamente en el proceso del Redescubrimiento del hombre. Apareció el mismo mes y año que el anterior, aunque en The Magazine of Fantasy and Science Fiction, y muestra a un pareja recientemente “despertada” (con unas personalidades francesas) en su viaje iniciático hasta una remota máquina con supuesta capacidad profética.

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Como la mayor parte de los principales relatos de la Instrumentalidad, “La balada de G’Mell” (“The ballad of lost C’Mell”) fue publicada en Galaxy, en ocubre de 1962. De nuevo vuelve a la lucha por conquistar derechos civiles del subpueblo, un par de siglos después del martirio de P’Juana. G’Mell es una mujer-gato, empleada como acompañante de placer de los dignatarios que visitan el Terrapuerto (un oficio completamente legítimo, sin connotaciones negativas), con quien contacta el Señor Jestocost (lejano descendiente de Elena) para urdir un plan que favorezca la situación del subpueblo y lo ayude en su largo proceso por alcanzar la plena ciudadanía.

La importancia del relato reside sobre todo en que constituye la precuela de “Norstrilia“, la única novela del ciclo (publicada originalmente como dos novelas cortas), que comparte con “La balada de G’Mell” algunos personajes.

Otro punto fuerte del volumen lo encontramos en “Un planeta llamado Shayol” (“A planet named Shayol”, Galaxy, 1961), uno de los relatos de ciencia ficción más aterradores que he leído nunca. Ambientado en un mundo-presidio, narra las penurias de un condenado por un crimen desconocido en un entorno pesadillesco y casi surrealista de endosimbiontes, drogas aturdidoras y producción de órganos. Sin apenas recurrir a elementos explícitos, Cordwainer Smith logra transmitir el horror puro de lo inevitable.

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Cierra la antología “Hacia un mar sin sol” (“Down to a sunless sea”), relato completado póstumamente por Genevieve Linebarger, la esposa del autor, y publicado en 1975 en The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Superficialmente tiene elementos de contacto con “Un planeta llamado Shayol” (lo que justifica su inclusión en el volumen), con la Instrumentalidad, ya reconducida, ejerciendo una suerte de tutelaje sobre  otras asociaciones políticas menores. El texto, sin embargo, carece de las sutilezas y los matices, tan difíciles de explicar y tan evidentes durante la lectura, que hicieron de Cordwainer Smith un autor único.

No hay mucho más que añadir. Una saga imprescindible, injustamente olvidada, que explora los límites de la capacidad evocativa de la ciencia ficción. Su única pega es la certeza de que, leídos los cuatro volúmenes de “Los Señores de la Instrumentalidad”, y pese a la riqueza del género, ya nunca volverás a encontrar nada parecido.

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en mayo 13, 2016.

3 comentarios to “La dama muerta de Clown Town (Los señores de la Instrumentalidad II)”

  1. No lo conocia. Muchas gracias. Lo anoto para proximas lecturas

    • La obra de Cordwainer Smith es realmente única, y la edición de Nova es ejemplar. Hay que reivindicar la ciencia ficción de los años cincuenta y principios de los sesenta. Tal vez carezca de una etiqueta molona, pero no tiene nada que envidiar a ninguna otra época. ¡Que lo disfrutes!

  2. Smith es uno de mis autores preferidos. Ciencia ficción extraña y hermosamente poética. Hasta escribí una antología de relatos inspirada en su universo.

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