Las flechas de la reina

Mercedes Lackey es una de las más prolíficas autoras de fantasía de la historia, con casi ciento cincuenta novelas en su haber (publicadas a razón de casi seis al año, aunque quizás la mitad de ellas en colaboración con toda una plétora de autores).

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Apadrinada por C. J. Cherryh y Marion Zimmer Bradley, tras producir una gran cantidad de fanfiction (ambientado en su mayor parte en el «Mundo de Brujas» de Andre Norton) comenzó a publicar relatos y poemas en 1985 y en 1987 se editó su primera novela, «Las flechas de la reina» («Arrows of the queen»), el primer libro de la trilogía Heraldos de Valdemar y el primero también de su escenario más recurrente, el del reino de Valdemar, cuya historia (a lo largo de más de 3.000 años) se detalla por ahora en treinta y ocho novelas (agrupadas en su mayor parte en trilogías) y unas dieciséis antologías colectivas.

Aunque tiene otras series (especialmente las de Elves on the Road y Elemental Masters) y numerosos libros individuales, es muy posiblemente la fama continuada de la serie de Valdemar la que le valió este mismo año el título de Gran Maestra por parte de la SFWA.

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Para su presentación, Lackey no se complicó mucho. «Las flechas de la reina» es un típico bildungsroman, en el que Talia, una joven de una represiva comunidad rural (en la que tal vez haya ecos de «El cuento de la criada») es escogida el mismo día que pretenden casarla (a los trece años) por un Compañero para convertirse en heraldo (una suerte de mensajeros/agentes especiales/diplomáticos al servicio de la reina de Valdemar).

Los compañeros son caballos especiales (mucho más de lo que se revela en esta primera novela, aunque ya queda insinuado), que establecen en un vínculo telepático único con sus jinetes (aquí es imposible no pensar en otra pionera, Anne McCaffrey y su serie de los dragones de Pern, iniciada en 1968 con «El vuelo del dragón«). La mayor parte de la historia trata de su formación como heraldo en el Collegium de la capital, Refugio, donde tiene que aprender a superar tanto la desconfianza que siente instintivamente hacia los demás, inculcada a base de desengaños por su dura infancia, como sobre todo la sensación de ser indigna de los dones que se le conceden.

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«Las flechas de la reina» es lo que es: fantasía épica ochentera con vocación juvenil. Pero dentro de esa subcategoría, creo que se sitúa claramente en la zona media-alta. Le reconozco, además su condición de pionera al estar dirigida no a chicos, como buena parte de la fantasía (sobre todo franquiciada) de la época (desde la Dragonlance hasta los Reinos Olvidados), sino específicamente a niñas de trece/catorce años, atendiendo a sus anhelos y temores con una sensibilidad que ya quisieran para sí muchos de los intentos actuales por forzar esa misma conexión. Adicionalmente, también presenta una visión positiva de personajes gays, lo que por entonces ya no era estrictamente hablando novedoso, pues ya habíamos tenido previamente títulos como «La atalaya«, de Elizabeth A. Lynn (1979), pero seguía siendo rompedor, especialmente si hablamos de fantasía juvenil.

No todo es perfecto. Desde el mismo inicio, la trama discurre con extremada facilidad, rozando (y más que rozando) el deus ex machina como solución de casi todos los conflictos. El que esa intervención divina se concrete la más de las veces en el compañero (Rolan), lo cual es congruente con la mitología de Valdemar, no hace que el recurso resulte menos facilón. Por otra parte, Lackey esta preocupada sobre todo por mostrar un entorno amable para con Talia, y de nuevo es totalmente congruente con el escenario que todos los heraldos sean buenas personas (básicamente, es un requisito del cargo), pero eso le resta carga dramática a la subtrama de la traición que se está urdiendo contra la reina, porque nunca hay enfrentamiento directo con antagonista alguno.

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Esta cuestión de la falta de tensión se extiende a la excesiva facilidad con la que Talia consigue honores y habilidades extraordinarios (primero como desiganada Heraldo de la Reina, pero también en el ejercicio de sus dotes como jinete, por su excepcional vínculo con su compañero o sus habilidades empáticas. Existe, sin embargo, un detalle que le permite a la novela escapar de la trampa en la que suelen caer las narraciones de Elegidos y es la deficiencia de carácter de la protagonista, su incapacidad para confiar (tanto en los demás como en sí misma).

Sus dudas anclan un personaje que podría haberse convertido fácilmente en una mera fantasía idealizada (aunque algo de eso hay, claro… lo cual en su justa medida no es malo) y ofrecen a las jóvenes lectoras que son su objetivo principal un asidero para que puedan identificarse con las tribulaciones de Talia y experimentar así vicariamente la aceptación de la que acaba disfrutando. «Las flechas de la reina» tiene por tanto un mensaje de aliento que transmitir, y lo hace con seguridad y acierto.

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En resumidas cuentas, «Las flechas de la reina» constituyó una excelente carta de presentación para Mercedes Lackey. Aunque es razonablemente autoconclusiva, como ya he comentado la historia de la introducción de Talia en el cuerpo de heraldos se completó con otras dos novelas: «El vuelo de la flecha» y «La caída de la flecha», para conformar la trilogía de los Heraldos de Valdermar (que constituye todo cuanto tiene traducido al español la autora… aunque curiosamente las portadas escogidas para su edición española corresponden en realidad a la mucho más reciente trilogía de The Last Herald-Mage… cuyo protagonista, además, es masculino).

Por sus carencias en ambientación y por la simpleza de caracterización, no estoy seguro de que pudiera recomendar sin ambages la novela a cualquier lector de fantasía (el fracaso de su introducción a nuestro idioma tal vez pueda achacarse al error de tratar de venderla como fantasía adulta), pero sí, sin vacilar un segundo, a cualquier joven lectora. Resulta bastante evidente, además, que la obra de Mercedes Lackey constituyó una influencia crucial en el desarrollo de lo que actualmente se conoce como literatura YA, pues buena parte de sus características se encuentra ya presentes en «Las flechas de la reina», así que me atrevería a señalarla como lectura obligada para cualquiera que pueda estar interesado en la evolución de este segmento de mercado.

Otras opiniones:

~ por Sergio en julio 29, 2022.

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