El retorno de los dragones

Allá por 1983, TSR era una compañía que experimentaba graves problemas financieros. Fundada en 1973 por Gary Gygax y Don Kaye para comercializar su revolucionario juego de rol Dungeons & Dragons, había pasado por varias reestructuraciones (que, por ejemplo, habían apartado a Gygax de la dirección) y estaba a punto de entrar en quiebra. En ésas, uno de los empleados recién incorporados, Tracy Hickman, presentó a los directivos una idea novedosa, que bautizó como Proyecto Overlord.

En esencia, se trataba de comercializar conjuntamente módulos de campañas, novelas inspiradas en ellos, muñecos coleccionables, cómics… de forma tal que unos potenciaran a otros y la compañía sacara beneficios de todo ello. A tal efecto, se reunió un grupo de trabajo multidisciplinar, que presentó un nuevo escenario para las reglas del Advanced Dungeons & Dragons: la Dragonlance. Poco después fue contratada Margaret Weis, con el propósito original de contribuir a la escritura de los módulos, y tras unas pruebas inciales poco exitosas, se acabó confiando en el dúo Weis/Hickman como escritores principales de lo que acabó convirtiéndose en una de las trilogías más influyentes de la historia de la fantasía: las Crónicas de la Dragonlance.

cronicasdeladragonlance

Así, en 1984, llegó a las librerías la primera novela relacionada con un juego de rol, “El retorno de los dragones” (“Dragons of autum twilight”), a la que pronto sucedieron “La tumba de Huma” (“Dragons of winter night”) y “La Reina de la Oscuridad” (“Dragons of spring dawning”) en 1985. Junto con ellas, se publicaron doce módulos (según el plan original, cada uno debía estar dedicado a un tipo de dragón), y apenas un año después llegó una segunda trilogía, las Leyendas de la Dragonlance, centrada en unos pocos personajes de la serie original.

Pese a la prudencia inicial, para 1987 se habían vendido medio millón de manuales de juego… y dos millones de novelas (lo cual no evitó que la empresa entrara en quiebra técnica, por mala gestión, y tuviera que venderse a un nuevo administrador… pero eso es otra historia).  TSR fue adquirida en 1997 por Wizards of the Coast (que había sabido adaptarse a las nuevas modas, sobre todo gracias a su juego de cartas de Magic), absorbida a su vez por Hasbro en 1999, pero el negocio siguió en marcha hasta 2010, para cuando la franquicia de la Dragonlance se había extendido hasta constar de más de doscientas novelas (escritas algunas por Weis y Hickman, otras por compañeros de TSR de aquella primera época y muchas más por especialistas de los universos franquiciados como Douglas Niles, Richard A. Knaak o R. A. Salvatore (aunque la actividad principal de éste se centró en la franquicia de Forgotten Realms, iniciada en 1987 y con más de trescientos títulos en su haber).

Cronicas_Dragonlance_1

En general, el fenómeno de las franquicias dominó el panorama de la fantasía por al menos una década (y se extendió, aunque no de forma tan predominante, a la ciencia ficción y el terror, con series como Battle Tech o Vampiro: La mascarada). Incluso aquellas obras no relacionadas directamente con ninguna marca se vieron muy influencidas por aquel nuevo modo de entender la fantasía, que atrajo a tantos nuevos lectores como alejó a los antiguos. Y todo ello se inció en 1984 con “El retorno de los dragones”.

La historia del volumen abarca dos móculos de juego, que en este primer caso, por inexperiencia manifiesta, marcan profundamente el desarrollo de la trama (inspirada en sendas partidas jugadas por los autores y unos amigos). Como todo juego de rol que se precie, parte de la formación de un grupo variopinto de personajes pertenecientes a las diversas clases y razas arquetípicas del AD&D. Así tenemos al guerrero semielfo Tanis, al musculoso (y no demasiado avispado) guerrero humano Caramon, con su hermano gemelo (anque consumido), el mago Raistlin (un túnica roja, es decir, alineado con la neutralidad), el paladín Sturm (de una antigua orden de caballería caída en desgracia) y la pareja cómica compuesta por el enano Flint y el kender (una especie de hobbit que no tenía que pagar derechos al Tolkien State) Tasslehoff. A ellos se les unen pronto los bárbaros Goldmoon (que será la sanadora) y Riverwind (cuyo papel nunca terminó de estar bien definido), en una taberna, por supuesto, donde un personaje misterioso (una variante del típico Dungeon Master) los encamina en una gesta, a la búsqueda de una prueba de la existencia de los antiguos dioses que supuestamente abandonaron a los habitantes del mundo de Krynn trescientos años antes, tras un gran Cataclismo.

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Con esta premisa, los dados comienzan a rodar y la trama va desarrollándose de tópico en tópico, bajo la sombra alargada de Tolkien (aunque con una perspectiva ética menos dualista, inspirada más bien en el concepto de equilibrio promulgado por Michael Moorcock). El antagonismo principal queda asignado a unos ejércitos de conquista compuestos por goblins y draconianos (por no explotar el arquetipo del ogro, copia D&D de los orcos tolkinianos), mientras que detrás de ellos se aprecian los manejos de la diosa del mal y sus lugartenientes, los Señores de los Dragones.

La primera “mazmorra” en la penetran es una antigua ciudad destruida y enterrada por el Cataclismo, donde habita el primer dragón al que combaten, una dragona negra que escupe ácido, y de donde obtienen su primer premio, unos discos de platino de los antiguos dioses.

CaldwellBlackDragon

En el proceso, se nos van presentando los personajes, con sus neuras, interrelaciones, anhelos y objetivos (aunque en este primer libro destaca sobre todo el arco de Goldmoon) y se van sentando las bases para el gran enfrentamiento contra las huestes del mal, la futura Guerra de la Lanza, que marcará el devenir de la trilogía. Aunque antes, los personajes (a los que se unen la camarera humana Tika, los elfos Gilthanas y Laurana y el estrafalario mago Fizban) participarán en el segundo módulo que inspira la novela, una operación de rescate de rehenes en una fortaleza dominada por el Señor del Dragon Verminaard y su montura, el dragón rojo Pyros (que, lógicamente, escupe fuego).

El público primario de las novelas (y los juegos de rol) eran los jóvenes, y en consonancia cualquier atisbo de profundidad o sutileza brilla por su ausencia. Incluso la pretendida profundidad de los personajes es tan somera como el sustrato histórico (en imitación, según reconocen los autores, al corpus mítico de la Tierra Media de Tolkien), que apenas se extiende hasta el terrible Cataclismo de 300 años antes (una minucia, cuando los elfos llegan a vivir más de mil) y a semiolvidadas leyendas sobre Huma, los dragones de antaño y la dragonlance, el arma que permitía combatirlos.

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Con estas novelas se completó el proceso que ya había venido verificándose desde la publicación en EE.UU. de “El Señor de los Anillos” en 1965. Por imitación mal entendida y aplicación escrupulosa del camino del héroe (ajustado a menudo al proceso de maduración de personajes jóvenes, con lo que se mataban dos pájaros de un tiro), se había venido produciendo una progresiva juvenilización de la fantasía, que acabó consolidándose al ligarla a los juegos de rol. Así, por ejemplo, nos encontramos con que (posiblemente de forma inconsciente) los grandes traumas de los Compañeros de la Lanza son todos ellos conflictos internos propios de adolescentes (la crisis existencial por su origen dual del semielfo Tanis, el progresivo distanciamiento entre los gemelos Majere, la historia de amor entre Goldmoon y Riverwind… absolutamente impropia para presuntos bárbaros de treinta y cinco años). Todo ello muy simple y con gran potencial identificativo.

Tampoco a nivel narrativo nos encontramos con un trabajo refinado (basta con ver la velocidad con que aparecían los tomos). Las descripciones quedan limitadas a pequeñas pinceladas (que aun así nos permiten identificar claramente parajes de Krynn como Qualinost con sus equivalentes en la Tierra Media como Lorien), que procuran interferir lo menos posible con los diálogos entre personajes (a imitación de los intercambios interprepatativos que se dan durante las partidas de rol) y con las peleas (dominadas por el azar y las características del sistema de combate AD&D, extensible al uso de los conjuros que, incidentalmente, acabaron convirtiendo la magia de bajo nivel en algo común).

El retorno de los dragones

El resultado de todo ello es una aventura tan inofensiva como apropiada para su público objetivo. Su mayor problema es también su mayor virtud. Al verse encorsetada por las reglas de juego desarrolladas para tablero y dados, no puede evitar mostrar al ojo experimentado sus costuras, aunque al mismo tiempo dispone de muchos recursos para abrumar al lector novel con una apariencia de riqueza y profundidad muy convincente. Por añadidura, con tanto personaje (y con transiciones tan rápidas entre ellos), es fácil encontrar un favorito (aunque también es posible lamentar amargamente la presencia de alguno particularmente cargante).

La Dragonlance, como la franquicia de Dungeons & Dragons de la que surge, no se caracteriza por abrir nuevos territorios. Lo que hace más bien es reciclar, triturar y servir como una papilla muy fácil de tragar una aventura construida con bloques prefabricados; los arquetipos básicos del género, deconstruidos y reorganizados en configuraciones siempre cambiantes. Luego, claro está, depende de la pericia de los autores el que esta especie de estructura Lego literaria sea más o menos atractiva, y hay que reconocerles a Weis y Hickman su profesionalidad al respecto.

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No sólo las Crónicas de la Dragonlance constituyen, con sus limitaciones, una de las cumbres del fenómeno de franquicia (y los valles de la misma son muy, muy profundos), sino que lograron superarse con las Leyendas, al podar personajes, centrar la historia en el más interesante de todos (Raistlin, por supuesto) y en el concepto del equilibrio.

En 1987 ambos abandonaron TSR, tras la negativa de la nueva dirección a apoyar su última creación (lo que acabaría siendo la Espada de Joram, cinco títulos entre 1987 y 1988). Durante una década, desarrollaron varios proyectos literarios (tanto en conjunto como por separado), entre los que destacaría la trilogía de la Rosa del Profeta (1988-1989) o el Ciclo de la Puerta de la Muerte (una heptalogía, entre 1990 y 1995), antes de regresar a la Dragonlance en 1994, escribiendo otras doce novelas (no todas ellas coautorizadas) hasta 2009.

Otras opinones:

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~ por Sergio en agosto 22, 2015.

10 comentarios to “El retorno de los dragones”

  1. Echando la vista atrás reconozco las carencias que tenían estos libros, pero aún me emociono al ver esa portada de Timun Mas. Qué le vamos a hacer.

    Saludos,
    Entro

    • A mí me pilló con varias relecturas de El Señor de los Anillos a las espaldas y nunca llegó a impactarme en exceso. De hecho, la desilusión (por los Preludios y el primer e infame volumen de “La espada de Joram”), hizo que abandora la fantasía por muchos años (porque básicamente era imposible encontrar nada más en las librerías). Eso sí, reconozco que iconográficamente la saga es brillante. “El gran libro de la Dragonlance” es un grandísimo tomo.

  2. Me ha encantado la entrada. No tenía nibidea del origen de Dragonlance. Me los leí hace 15 años y entonces me gustaron mucho, precisamente hace una semana se los pasé a mi mujer. Gracias por la información!!

  3. Debe ser por los años que tengo. Lo cierto es que cuando comenzó a salir la serie debo haber tenido unos 2 años (el primer libro según esto salió cuando nací xD) y estoy más cerca a “La Rueda del Tiempo” que me pilló mientras crecía… total, que aunque varias veces se me han mencionado nunca los he leído y a medida que he ido pillando y pillando libros cada vez se me hace más difícil acercarme a cosas que se señalan más como libros prefabricados. Así, cuando decidí leer me fui más atrás y luego he seguido leyendo lo de la actualidad (malaz que si se supera el primer libro se disfruta, sanderson, weeks, etc) supongo que lo mismo se dirá de mi en 20 años y otros verán estos como yo veo a Conan xD.
    Algún día las leeré, tal como me tomé el tiempo para leer el ciclo de la puerta de la muerte, aunque solo pensar en 200 libros hace que ese día esté muy lejano.

    • Ten en cuenta que no es una saga, sino un escenario abierto y compartido. Si tienes curiosidad, con leer las dos trilogías fundacionales (Crónicas y Leyendas), ya es más que suficiente. Ignoro qué tal serán las últimas aportaciones de Weis y Hickman, pero entre los autores de relleno hay auténtica basura.

      Tres cuartos de lo mismo para los Reinos Olvidados. Aunque sean trescientas novelas, por satisfacer la curiosidad ya vale con leer un par de trilogías de Salvatore (por ejemplo, la del Valle del Viento Helado y la del Elfo Oscuro).

      Si has leído el Ciclo de la Puerta de la Muerte, ya sabes lo mejor (“El mar de fuego”) que pueden ofrecer Weis y Hickman.

  4. Gracias por esta reseña. Lei a principios de la adolecencia y me encanto. Trate de leerlos nuevamente el segundo año de universidad y me aburrio mortalmente. A parte de David Gemmel, Ted Williams, ¿que otros autores de fantasia siguien siendo interesantes en la adultes?

    • Asumo que te refieres exclusivamente a fantasía épica (porque si contempláramos todo el espectro de la fantasía la respuesta sería interminable). De aquella época (1985-1995) ya has mencionado a los dos autores más importantes. La siguiente (1995-2005) vivió el retorno de George R.R. Martin con “Canción de Hielo y Fuego” y la irrupción de Steven Erikson con los libros de Malaz y Adrzej Sapkowski con la saga de Geralt de Rivia. Por último, a partir de 2005 irrumpió una nueva generación, liderada por Brandon Sanderson en EE.UU. y Joe Abercrombie en Reino Unido.

      Con ciertas similitudes, aunque unas obras más personales e inclasificable, podría mencionar también a Tim Powers y China Miéville.

      Otros autores populares, que no puedo juzgar pues aún no los he leído, podrían ser Robert Jordan (en la serie de “La rueda del tiempo”, que sus pastiches de Conan no son gran cosa) o Paul Kearney (por ejemplo, sus serie de las Monarquias de Dios). Muchas más dudas tengo con Robin Hobb, Trudy Canavan o Lev Grossman. Técnicamente, Patrick Rothfuss, con su Crónica del Asesino de Reyes, se dirige a un público adutlo, aunque personalmente su ficción no me resulta atractiva.

      Por el blog puedes encontrar críticas de libros de muchos de ellos: https://rescepto.wordpress.com/archivo-de-resenas-por-autor/

      Y claro, también me gusta pensar que mi criaturita, “La ley del trueno”, sigue siendo interesante para adultos…

  5. Muchas gracias por la respuesta. En las proximas semana voy a comprar la ley del trueno para darte mi opinion. ¿Está en Kindle?

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