Mundo de Brujas

Andre Norton (nacida Alica Mary Norton) es una de las autoras de literatura fantástica más conocidas y celebradas en los EE.UU., relacionada sobre todo con una orientación juvenil, hasta el punto que a su muerte la SFWA creó un premio a su nombre para ficción juvenil de fantasía o ciencia ficción (que se entrega junton con los Nebula, aunque no es estríctamente un premio Nebula).

Por estos lares la situación es muy diferente, y solo contamos con un puñado de novelas traducidas. De hecho, hubo que esperar hasta 1991 para que viera la luz la que se considera su novela más significativa, “Mundo de Brujas” (“Witch World”, 1963), y eso que hasta hace poco se creía que era la segunda novela escrita por una mujer nominada a un premio Hugo (tras Marion Zimmer Bradley el año anterior por “La espada de Aldones”), pero desde entonces, se ha descubierto que Leigh Brackett lo consiguió antes, en una de las primeras ediciones, por “The long tomorrow” (1955). Aparte de este hecho, lo cierto es que la serie del Mundo de Brujas constituye por sí misma un hito significativo, que se extiende a lo largo de más de treinta años por otros tantos libros (novelas y antologías), escritos por Norton o por otras autores (mujeres, sobre todo).

En otras palabras, la saga del Mundo de Brujas es una de las más importantes del fantástico estadounidense, y de hecho predata la influencia de “El Señor de los Anillos”, que no se publicó allí hasta 1965, por lo que hunde sus raíces más en una tradición americana que podría extenderse hasta la obra de Edgar Rice Burroughs, Robert E. Howard, L. Sprague de Camp y otros precursores de la espada y brujería (y el romance planetario). Por si le faltara algo, también es precursora por su perspectiva de empoderamiento femenino (pese a que el protagonista es un hombre), adelantándose así en unos años a la revolución que espolearía el Feminismo de Segunda Ola en la ciencia ficción.

El comienzo es bastante típico de estas historias. Tenemos a un hombre, Simon Tregarth, que por razones desconocidas está siendo perseguido, y al que se le ofrece una salida, que implica atravesar un portal hacia un mundo en el que podrá desarrollar todo su potencial aunque del que no podrá regresar. Por ahora, no es un planteamiento muy diferente de “Una princesa de Marte” (Edgar Rice Burroughs, 1912), “Almuric” (Robert E. Howard, 1939), “El aprendiz de mago” (L. Sprague de Camp y Fletcher Pratt, 1940) o “Tres corazones y tres leones” (Poul Anderson, 1961, sobre una novela corta de 1953). Al no estar todavía establecido el recurso de la subcreación de mundos secundarios, hacía falta una conexión (mágica o tecnológica) entre nuestra realidad y la aventurera (por medio de un salto espacial o interdimensional).

Un poco desorientado, Simon pronto descubre a una mujer que está siendo perseguida por unos cazadores, y así su impulso instintivo de salvarla acaba determinando su destino, porque esa mujer no es sino una de las brujas de Estcarp, un matriarcado gobernado por un consejo de mujeres que dominan el Poder, y que se enfrenta a poderosos vecinos, así como a la amenaza de un jugador nuevo, los kolder, que ya han conquistado la otrora poderosa nación de Gorm.

La novela prosigue un poco a saltos, detallando diversas etapas en la lucha contra estos enemigos, primero como aliados de los marineros de Sulcar y más tarde infiltrados en la capital del ducado de Karsten, donde pronto se inicia una cacería contra todos aquellos de la Vieja Raza. Por último, Simon acaba prisionero en Sippar, la capital de Gorm, donde irónicamente se hará con la llave que brindará a Estcarp la victoria.

En todo momento la acción de la novela avanza sin conceder un respiro. De hecho, el ritmo es tan ágil que no deja apenas espacio para la descripción de ambientes o para sutilezas políticas, mucho menos para el desarrollo psicológico de los personajes. Esta premura acaba cobrándose un precio, porque todo cuanto nos cuenta posee un ligero aroma a tópico, y al final la confusión acaba instaurándose, y ya no importa mucho quién combate con quién y por qué motivo. Es casi como si Norton estuviera intentando contarnos una historia de fantasía épica desde el primerísimo plano de la espada y brujería, y eso es algo que no termina de funcionar.

Hay grandes momentos, eso sí, como el descubrimiento del hacha de Volt en un túmulo antiquísimo (que evoca el cuento “La cosa de la cripta”, de Sprague de Camp y Lin Carter, aunque posiblemente ambos se inspiren en un relato similar de la Saga de Grettir), o casi todas las ocasiones en las que las brujas ponen en acción su magia, pero en su conjunto resulta todo un poco desestructurado, y no es fácil mantenerse implicado en la historia, ni siquiera cuando da un vuelco hacia la ciencia ficción (algo muy habitual en esta tradición), transformando una narración que era puramente de espada y brujería en algo más cercano a la science-fantasy.

Es comprensible, sin embargo, el impacto que tuvo, sobre todo si tenemos en cuenta que Tolkien aún no había establecido (en los Estados Unidos) los estándares de la fantasía épica moderna. Y por añadidura tenemos el subtexto del Poder femenino y su enfrentamiento con otras magias (o tecnologías) ajenas. De hecho, en el personaje de Loyse de Verlaine tenemos algo aún más raro, lo que desde la perspectiva actual no dudaría en calificar de un actor principal transgénero (es la hija de Fulk, el señor de Verlaine, que huye de un matrimonio concertado y asume el papel de un joven caballero, Briant). Por desgracia, quizás por encajar en los modelos imperantes, Andre Norton acaba echando a perder ambos logros en un final incoherente, con sendos emparejamiento convencionales sacados un poco de la manga.

En su conjunto, “Mundo de Brujas” no es una mala novela, aunque desde la perspectiva actual, cuando estamos acostumbrados a un worldbuilding mucho más profundo y complejo, sí que resulta un tanto simplona (y a nivel literario tampoco es que sea ninguna maravilla, en parte por una decisión consciente de mantener la complejidad al mínimo para facilitar la lectura).

Bastó, sin embargo, como ya había adelantado, para brindarle a Norton su primera nominación al Hugo (conseguiría otra, a relato largo, en 1968), compitiendo con algunos pesos pesados, como son Kurt Vonnegut y “Cuna de gato“, Frank Herbert y “Dune World” (la versión parcial de “Dune“, que ganaría dos años después), Robert A. Heinlein y “Ruta de gloria”, su única novela de fantasía, y por supuesto la ganadora, “Estación de tránsito“, de Clifford D. Simak. Lo que sí le valió a Norton es como credencial para entrar a formar parte como cofundadora de SAGA (Swordmen and Sorcerer’s Guild of America), el grupo de entusiastas de la espada y brujería promovido en torno a 1965 por Lin Carter.

En español solo se han editado otros dos libros de la serie: “Historia de un mundo embrujado” (la traducción de “Web of the Witch World”, una secuela directa de “Mundo de Brujas” dentro del subciclo de Estcarp, que por alguna razón editó en solitario en 1967 Ferma (se reeditó en 1976 como “Un mundo embrujado”), y la antología (dos novelas cortas y un relato) “El planeta de las brujas” (1977), por la argentina Lidiun, que en realidad es traducción de “Spell of the Witch World”, de 1972, perteneciente al ciclo de High Hallack.

Otras opiniones:

~ por Sergio en diciembre 10, 2020.

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