Soy leyenda

Hace unos días falleció Richard Matheson, a los 87 años de edad, dejando tras de sí más de seis décadas de carrera que le valieron el World Fantasy Award a toda una vida en 1987, el Bram Stoker de toda una vida en 1991 y el ingreso en el Salón de la Fama de la Ciencia Ficción en 2010.

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Matheson irrumpió en el panorama fantástico en 1950 con el extraordinario relato “Nacido de hombre y mujer” y pronto se consolidó como uno de los nuevos autores más interesantes del momento, entremezclando en sus historias elementos de ciencia ficción, fantasía y terror. Precisamente en el campo del terror es donde su influencia resultó más importante, al servir de enlace entre el horror clásico (el psicológico de Poe, y el materialista de Lovecraft) y el realismo de la generación siguiente, liderada por Stephen King, que lo consideró uno de sus principales referentes.

Desde 1957 desarrolló una larga y fructífera relación con el medio audiovisual. Sus mayores éxitos en el cine llegaron adaptando sus propias obras (“El increíble hombre menguante”, “La Casa Infernal”, “El diablo sobre ruedas”, “En algún lugar del tiempo”…), o la de Edgar Allan Poe para Roger Corman (“La caída de la casa Usher”, “El pozo y el péndulo”, “El cuervo”, “Historias de terror”). En televisión destacan sobre todo sus guiones para la serie En los Límites de la Realidad (algunos de ellos adaptaciones de cuentos suyos, siendo particularmente recordado la de “Pesadilla a 20.000 pies”, que sirvió igualmente de base para un segmento de la película homónima), así como su adaptación de “Crónicas marcianas”, de Ray Bradbury, en formato de miniserie en 1979.

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Su aportación más famosa llegó relativamente pronto, con su primera novela fantástica, “Soy leyenda” (“I am legend”), publicada en 1954.

La no muy extensa obra narra las experiencia de Robert Neville, el único superviviente de una plaga que ha matado a todos los humanos y los ha transformado en vampiros. Lejos del arquetipo victoriano, los chupasangres de Matheson son criaturas patéticas, meros cadáveres reanimados que se esconden de día y salen al ocaso para asediarlo en su fortificada casa, liderados (si una hueste que actúa por puro instinto puede ser liderada) por Ben Cortman, un antiguo vecino que pasa las noches gritando: “¡Sal, Neville!”.

Protegido por ajos, espejos y cruces, Neville dedica las horas nocturnas a preparar sus defensas, escuchar música, leer, beber y recordar a su mujer e hija, víctimas ambas de la plaga. Durante el día, recorre Los Angeles en su camioneta, buscando vampiros ocultos para eliminarlos clavándoles una estaca (más o menos) en el corazón.

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En los tres años que abarca la trama (incluyendo flashbacks al inicio de la epidemia), Robert Neville va hundiéndose en la desesperación por saberse el último hombre vivo. Todo cuanto emprende tiene por objetivo constituir una excusa para seguir adelante. Al principio con sus cacerías diurnas y luego investigando el origen y las peculiaridades de la plaga, buscando la amistad de un perro callejero que milagrosamente ha sobrevivido como él y, en general, tratando de encontrar un sentido a su existencia.

El horror de la historia surge de esa soledad terrible, hasta el punto que los vampiros más que una amenaza real se transmutan en un puntal imprescindible, en el receptáculo para sus sentimientos (sobre todo odio), en el frágil hilo que lo mantiene unido a su humanidad y ralentiza su progresivo embrutecimiento.

Igual de importante es la faceta de ciencia ficción de la historia, ambientada veintidós años en el futuro, de acuerdo con su fecha de publicación. Matheson racionaliza el mito del vampiro, investigando en explicaciones científicas para sus características tradicionales (la aversión al ajo, a las cruces y a los espejos, su resistencia a los disparos y su vulnerabilidad ante las estacas y el sol). Es un proceso de deconstrucción que lejos de desmitificarlo busca redefinir su esencia, restar importancia a los atavíos superficiales y centrar la atención en las auténticas razones de la monstruosidad (lo que a la postre conduce a la famosa reflexión final del libro).

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Se trata de un enfoque muy característico de Matheson. Abraza la metodología científica y el racionalismo, aplicados ambos al encuentro con lo sobrenatural, que en el fondo no es sino un nuevo ámbito de aplicación de la ciencia, abordada con una mentalidad abierta.  La metafísica de Matheson alcanzaría su culminación con “Más allá de los sueños” (1978), aunque ya puede apreciarse en “El último escalón” (1958) y en su tratamiento parapsicológico del tema de la mansión encantada en “La casa infernal” (1971).

También cabe destacar la estrecha relación de “Soy leyenda” con las inquietudes de la ciencia ficción contemporánea (hasta el punto que se vendió originalmente como una obra de ciencia ficción terrorífica, obedeciendo su inequívoca clasificación actual dentro del género del horror a la superación de sus elementos más especulativos). Uno de los temas estrella de aquellos años, alimentado por la omnipresente amenaza nuclear de la Guerra Fría, fue el fin de la civilización, e incluso la superación de la falible humanidad por una versión nueva (y a ser posible mejorada). Son temas presentes en “Soy leyenda”, así como en “El fin de la infancia” (Arthur C. Clarke, 1953), “Más que humano” (Theodore Sturgeon, 1953) o “Ciudad” (Clifford D. Simak, recopilada en 1952).

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De igual modo, la pandemia global era también un tema clásico de la ciencia ficción, desde la que podría ser la primera obra del género, “El último hombre”, de Mary Shelley, en 1826 (otros otorgan tal distinción a su novela anterior, “Frankenstein”), pasando por “La plaga escarlata” (Jack London, 1912) y mucho más reciente “La Tierra permanece“, de George R. Stewart (1949).

Parte de la fama de la obra cabe atribuirla a sus adaptaciones cinematográficas. La primera, de 1964, se tituló “El último hombre sobre la Tierra”, y es una obra de bajo presupuesto, rodada en blanco y negro y protagonizada por Vincent Price. Si bien la implicación de Matheson fue importante, las grandes modificaciones que se hicieron sobre su guión (para suavizarlo) le impulsaron a cambiar su acreditación como guionista por el seudónimo Logan Swamson. La versión de 1971, la famosa “El último hombre vivo” (“The omega man”), protagonizada por Charlton Heston, supone una adaptación libre, que transforma a los vampiros en mutantes albinos y trastoca por completo el sentido último de la novela. Por último, en 2007 Will Smith protagonizó una nueva versión actualizada, que también transforma los vampiros en algún tipo de bestias mutantes y que era razonablemente fiel al espíritu del original (sobre todo en su exploración de la soledad del superviviente) hasta que los productores metieron las manazas y obligaron a cambiar el final y con él el sentido de toda la película (puede reconstruirse por dónde hubieran ido los tiros en el montaje del director visionando el final “alternativo”).

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Todo ello por no hablar de la influencia que tuvo en el desarrollo de un subgénero que en estos momentos se encuentra en el pico de su popularidad, el de los zombis. Los monstruos de “Soy leyenda” son nominalmente vampiros, pero el escenario postapocalíptico, así como el acoso por parte de ordas sin mente, ha pasado a formar parte de los cimientos del género zombi, de la mano de George A. Romero, cuya “La noche de los muertos vivientes” (1968), se inspira tanto en la novela de Matheson como en su adaptación de 1964, “El último hombre sobre la Tierra”.

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Richard Matheson

Richard Matheson (26 de febrero de 1926 – 23 de junio de 2013)

IN MEMORIAM

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en junio 29, 2013.

Una respuesta to “Soy leyenda”

  1. Excelente libro, de principio a fin. Y profundo en su sencillez. La película de Will Smith es agradable, terrorífica en la medida en que respeta el espíritu del libro, y sensacionalista cuando al final se aparta de él. Hubiera podido ser una excelente adaptación si el ansia de Hollywood por los efectos especiales y los héroes perfectos no la hubiera minimizado… Pero en fin, al menos hizo relevante de nuevo una novela que puede convertirse en clásico. =)

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