Más allá de los sueños

Tras ser el eje en torno al cual ha girado mi participación en el Liter Imaginarius de este año (podéis consultar la crónica de las actividades del pasado sábado en El Diario del Alto Aragón o dejaros caer por la crónica fotográfica en el blog de Roberto Malo), es de recibo dedicar unas entradas a una de las obras menos conocidas de Richard Matheson (al menos de entre las que han logrado ser editadas en España), “Más allá de lo sueños”. Así pues, hoy escribiré su crítica, y dedicaré las dos próximas actualizaciones a examinar los antecedentes filosóficos y “científicos” de este libro (no será exactamente la conferencia que impartí en tres trozos; hay datos que ampliaré, sobre todo aquellos que se me quedaron en el tintero por falta de tiempo, y otros los obviaré, al tiempo que cambiaré por completo la estructura; pero sí algo parecido, así que desearía que este miniciclo supusiera una especie de reconocimiento a los oscafrikis por su hospitalidad).

Centrándome ya en la novela, fue publicada en 1978, y constituye la última del autor que podría considerarse de género fantástico (aunque quizás el propio Matheson, como veremos, estaría en desacuerdo con ese juicio). El libro narra las vivencias de Chris Nielsen, un guionista de California, casado y con cuatro hijos, a partir del momento de su muerte en un accidente de tráfico.

A estas alturas, los primeros capítulos sorprenden poco. Chris sufre una experiencia extracorpórea. Se ve a sí mismo flotando sobre su propio cuerpo, enlazado con él mediante un cordón plateado, y a continuación se ve atrapado en una especie de limbo neblinoso, sin poder interaccionar con una realidad que salta en el tiempo y en el espacio llevándole a presenciar escenas de duelo (incluyendo, cómo no, la de su propio entierro). Por último, tras una desastrosa sesión de espiritismo que no le ayuda a contactar con su familia, se deja de autoengaños (que si está soñando, que si sufre delirios por culpa de algún tipo de daño cerebral) y acepta su muerte, momento en que puede acceder por fin al otro mundo.

La descripción de la vida tras la muerte, basada en literatura New Age (muy popular en la época de su escritura),  ocupa buena parte de la novela. No me detendré en analizarla salvo para comentar que, en especial tras la angustia que llega a transmitir en la fase anterior, resulta un tanto naíf. Intenta fijar varias ideas, en particular la de que en la otra vida el pensamiento es lo único real.

Este período de adaptación y descubrimiento finaliza abruptamente, al enterarse Chris de que su mujer, Ann, movida por la melancolía (y quizás por culpa de la fallida sesión de espiritismo) ha acabado suicidándose, inmiscuyéndose en su plan vital al acabar con su vida veinticuatro años antes de lo que le correspondía. Este hecho la autocondena (no hay ningún otro poder que la juzgue) a un infierno personal, y Chris, loco de amor, porfía hasta que logra partir en su búsqueda acompañado por Albert, su particular guía a los avernos.

Todo esto, en realidad, resulta mucho menos aventurado de lo que suena. El viaje es más anímico que físico. Los pensamientos lo son todo. Así pues, resulta complicado identificarse con Chris y su obsesión por Ann, pues para tratarse de almas gemelas, sus reacciones son demasiado frías (obstinado, sí, pero falto de pasión). Está descrito con mayor impacto su miedo a perderla que la razón por la que lo siente, y hay fragmentos que se arrastran con excesiva parsimonia y sobreabundancia de explicaciones. Porque la intención de Matheson no es relatar una historia, sino plasmar a través de la ficción sus convicciones religiosas (una religión personal, modelada a partir de años de estudio de ideas filosóficas que detallaré en la próxima entrada).

Cuanto menos, esto es lo que sostiene en el prólogo de la novela, y ahí está la extensa bibliografía que la acompaña para probarlo (aquí he de hacer constar que he leído una edición americana, no la traducción publicada por la Factoría de Ideas en el 2007, así que no puedo asegurar que estos datos vengan recogidos en ella).

Otro problema derivado de este afán revelador podemos encontrarlo en la distribución de las ideas. En vez de presentación, desarrollo y conclusión, Matheson va dejando caer los conceptos uno a uno, creando con ellos una progresión “lógica”, que hace, por ejemplo (ATENCIÓN AL POSIBLE SPOILER), que el que quizás sea el más significativo, la existencia de un ciclo de vida/muerte/estudio/reencarnación, no sea introducido hasta casi el final.

La novela se salva por la convicción de Matheson (cuyo estilo tampoco es que sea excesivamente depurado) y por la tensión que sabe imprimir en determinados momentos de angustia, llegando incluso a generar una atmósfera de auténtica opresión en determinados pasajes relacionados con el descenso a los infiernos (que, no podría ser de otra forma, tiene más de un elemento dantesco).

En definitiva, “Más allá de los sueños” trata de ofrecer, de forma novelada (mucho después, en 1993, escribió “The path, metaphysics for the 90′s”, un ensayo sobre el particualr), una respuesta a la eterna pregunta de qué existe tras la muerte y cuál es el sentido de nuestra vida. En este sentido, el libro juega con distintos elementos, como la repetición de los principales conceptos en forma de sentencias claras y sencillas, o el recurso de titular cada capítulo con las últimas palabras del mismo (lo cual refuerza la idea central de que el fin es tan sólo el principio). En este sentido, Matheson se congratula de que la lectura de la novela haya ofrecido en ocasiones consuelo a personas en trance de muerte.

“Más allá de los sueños” (“What dreams may come”, como cita del soliloquio de ser o no ser de “Hamlet”) es por tanto un libro curioso. A nivel literario quizás sus méritos no sean muy significativos, y sin duda es una obra menor dentro de la producción fantástica de Richard Matheson, pero no deja de presentar elementos intrigantes, y bucear en sus referentes resulta fascinante (como trataré de mostrar más adelante).

En 1998, veinte años después de su publicación original, Vincent Ward rodó una versión de la historia (que propició su reedición en Estados Unidos tras  muchos años de estar descatalogada y, pese a su fracaso en taquilla, propició la aparición de su traducción al español en el 2007), protagonizada por Robin Williams, que se deshace de muchos elementos esotéricos, para centrar la historia en un plano más psicológico, con la inclusión de relaciones paterno-filiales, potenciando de paso la historia de amor (edulcorándola, según ciertas opiniones, aunque personalmente considero que la dota de vida y justifica su singularidad). A nivel técnico el resultado es también notable, cosechando una nominación a los Oscars al mejor diseño de producción y conquistando el de mejores efectos especiales (a lo cual añadiría una efectiva partitura de Michael Kamen). La película desvirtúa sin duda la idea de Matheson, aunque en mi opinión logra con ello construir una historia bastante más poderosa (por una vez, y sin que sirva de precendente, recomendaría antes las versión fílmica que la literaria).

Otras opiniones:

Véase también en Rescepto:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en noviembre 8, 2010.

5 comentarios to “Más allá de los sueños”

  1. Genial tu ponencia, Sergio. Va a ser un gustazo leer lo que no te dio tiempo a contar y volver a leer todo lo que encontraste en tu documentación. Buenas entradas van a ser, desde luego.

  2. Bueno, será un resumen que ya veremos cómo lo organizo, que poner por escrito todo me ocuparía mucho más de las 2.500 ó 3.000 palabras que usaré. Pero bueno… algo es algo, que aún lamento no haber hecho nada con lo que preparé para el Liter de Lovecraft.

  3. De todas formas, nos abriste el apetito a leer esta novela, como dices menos conocida de Matheson.

    Y por supuesto un gusto estar esos días en tu compañía ;)

    Fer

  4. Naaa, yo sí que estuve a gusto; con el nivel justito de implicación, conferencia y presentación, sin tener que preocuparme de nada más. ¡Qué lujazo!

    Lástima que me perdiera tu debut… aunque luego lo compensáramos un poco charlando con buena comida de por medio.

  5. Yo vi la película, no he leído el libro, y he de decir que a mí me gustó. Sí tiene algunas partes quizá muy dulces (en especial, supongo, para gustos europeos), pero en general me hizo sentir las angustias del personaje, su deseo intenso de llegar hasta donde su esposa y “rescatarla” de su infierno. Me gustó mucho el concepto de “infierno personal”, que sólo noté en la suicida. Los demás “condenados” parecían versiones varias del infierno dantesco, pero muy peculiares, sí.
    Recomiendo la película por el momento.

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