En algún lugar del tiempo

No sé si sería la crisis de los cuarenta/cincuenta o el espíritu de los tiempos, pero los años 70 fueron para Richard Matheson los del giro hacia la magufería (él la hubiera tildado, supongo, de paraciencia o quizás de exploración teológica).

En 1971 publicó «La casa infernal» (muy centrada en el fenómeno de los médiums). Subió apuestas en 1975 con «Bid time return» (rebautizada como «En algún lugar del tiempo», «Somewhere in time», tras el estreno de la película que la adaptó, con guion del propio Matheson, en 1980). Todo ello culminó en su testamento filosófico: «Más allá de los sueños» (1978). Si queréis saber a qué me refiero, escribí hace años una par de artículos sobre la (pseudo)ciencia y, lo que ahora nos interesa, el fundamento filosófico de la novela.

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Toca hablar de «En algún lugar del tiempo» , la novela que le valió a Matheson su primer Premio Mundial de Fantasía en 1976 (de un total de dos). Confieso que, pese a su brevedad, me ha costado terminarla. En parte se debe al estilo, en parte a la paraciencia (que, como ya he comentado, era una seña de identidad de la producción de Matheson de esta época, pero sobre todo al «romance».

La historia sigue a un tal Richard (nótese la coincidencia en el nombre) Collier, un guionista de televisión (nótese la coincidencia de oficio) al que se le ha diagnosticado un cáncer terminal a la edad de treinta y seis años. En un último viaje, se aloja en un hotel antiguo (el famoso Hotel del Coronado, inaugurado en 1888 y escenario de numerosos libros y películas) y allí se enamora del retrato de una actriz de 1896, Elise McKenna (inspirada en Maude Adams, con cuyo retrato se obsesionó el propio Matheson tras una estancia en ese mismo hotel).

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Lo que sigue es básicamente la fantasía romántica de un incel, que tan apenas resulta aceptable por estar contada desde el punto de vista de Collier, aunque a poco que se reflexione sobre la historia (viaje en el tiempo aparte), se puede interpretar sin problemas como los delirios de un acosador obsesivo que elucubra en su mente una relación que es inexistente. Lo peor es que Matheson pretendía que fuera una historia de amor. No hay ni un ápice de ironía en la novela (al final especula con que todo se debe a la fantasía de una mente enferma, pero solo para justificar el viaje temporal).

La relación «romántica» descrita es absolutamente unidireccional, atendiendo exclusivamente a las necesidades de Richard, que se presenta como un patán y cuya torpe aproximación solo tiene éxito gracias a una conveniente profecía (de una adivina gitana, nada menos) que guía la vida de Elise. Esto es necesario porque no hay en la novela absolutamente nada que justifique la reciprocidad de la chica. No he visto la película, pero supongo que habrán tenido que abordar esta cuestión, porque si no es imposible interpretar las escenas de establecimiento de la relación como algo distinto a un acoso.

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Lo que lo vuelve todo todavía más condescendiente es la idea de que lo que necesitaba Elise McKenna para alcanzar todo su potencial interpretativo es un hombre que la hiciera mujer de verdad. Vamos, que le echara un par de polvos (muy cariñosos, eso sí… al menos según la descripción subjetiva de Richard) y si te he visto no me acuerdo. Para más inri, resulta que Maude Adams, el modelo biográfico e iconográfico de Elise, no se casó jamás simple y llanamente porque era lesbiana (sí que tuvo un par de relaciones duraderas con sendas mujeres).

Me gustaría poder decir que no comprendo cómo algo así ha podido pasar por novela romántica. El caso es que muchos de los clichés del género reproducen conductas tan o más abusivas (en obras escritas en muchos casos por mujeres… y en fechas bastante más recientes), así que, desgraciadamente, no es un caso excepcional. Sublecturas románticas aparte, lo cierto es que «En algún lugar del tiempo» también fracasa a nivel de estilo y como ficción especulativa.

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En la primera faceta, lo cierto es que comienza de un modo prometedor, con la acción fragmentada en párrafos breves que constituyen transcripciones de grabaciones que Richard efectúa, narrando en primera persona y casi en presente (a veces pasado inmediato) lo que le está suceciendo. Es un recurso arriesgado, pero que funciona bastante bien, hasta que acaba recurriendo a una redacción más tradicional, cuando viaja en el tiempo y se ve obligado a tomar notas de todo (nos encontramos aquí con el problema de qué es lo que le impele a seguir escribiendo… y lo cierto es que habría respuestas interesantes, como que escribe para alterar la realidad, pero eso es un ángulo que no se explora). El otro gran problema es que la introspección psicológica, característica de Matheson (y copiada por autores posteriores) solo funciona (si se requiere cierta empatía por parte del lector) si el protagonista no es idiota perdido… y Richard Collier necesita (auto)justificar todas sus torpezas hasta extremos casi ridículos.

Por último, dado que he apuntado hacia ahí al inicio de la crítica, he de comentar algo sobre el fundamento «científico» de la novela. El viaje en el tiempo se logra (en un lapso sorprendentemente breve) por medio de autohipnosis (convenciéndose a sí mismo de que está en 1896), según un concepto que se basa en los delirios pseudofilosóficos de un tal J. W. Dunne («Un experimento con el tiempo», 1927), a través de J. B. Priestley («Man and time», 1964). Propiciado todo ello por el sistema de creencias de la Ciencia Cristiana de Mary Baker Eddy en la que se educó Matheson (según la cual, el mundo material no es real, sino una ilusión que esconde una realidad espiritual subyacente).

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En esta etapa de su carrera, Matheson se había apartado ya por completo del pensamiento científico y había abrazado un sistema filosófico mágico, razón por la cual, pese al viaje temporal, no puedo clasificar en modo alguno esta obra como de ciencia ficción (pues según mi definición, el pensamiento científico es lo que caracteriza al género).

Incluso como obra de fantasía, no termino de comprender cómo siquiera en 1976 pudo pensarse que esta novela era mejor que, por ejemplo, «El misterio de Salem’s Lot», de Stephen King (la finalista aquel año al premio Mundial de Fantasía).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en mayo 22, 2022.

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