Proxenetas científicos

Vi “Iron man 2” hará un par de semanas. Supongo que en otro momento hubiera escrito una crítica pormenorizada (como ya hice con la 1), pero no me sedujo la idea. La peli me pareció un truño insoportable que no había por dónde cogerlo (sobre todo narrativamente), pero ¿para qué ponerlo por escrito? Da la impresión que eso de contar bien una historia importa un comino siempre y cuando se disponga de un par de escenas de las caras. El único arte que importa en Hollywood es el de los técnicos. Puedes colar un guión de mierda y una dirección de niñato rico con un juguete muy caro, pero ojito con no dar el do de pecho con los efectos especiales (además, con un diseño de producción trabajado puedes llegar a donde quieras sin necesidad de otros méritos, y si no que se lo digan a Burton).

El mismo hastío me disuadió de comentar “Furia de titanes”. Total, para señalar que se trata de una serie de escenas de videojuego engarzadas con hilillos de saliva (con bajo contenido mucoso)…

Mal momento para dedicarse a la escritura éste en que el arte narrativo está tan minusvalorado.

Y si encima se pretende trabajar la ciencia ficción, apaga y vámonos; porque si hay algo más desacreditado incluso que la narrativa, eso es sin duda la ciencia.

Históricamente, la española no ha sido una cultura muy científica. De hecho, cualquier intelectual de medio pelo ha podido considerarse culto pudiendo citar a Rousseau o a Plutarco (mejor en su idioma original) aun siendo un analfabeto científico. Sin embargo, estos últimos años la tendencia no ha hecho sino pronunciarse, y ya no sólo a nivel local (podría achacarse con total certeza a los patéticos planes educativos que han ido cayendo sucesivamente sobre nuestras cabezas), sino incluso mundial (o, cuanto menos, occidental, que resulta difícil pulsar tendencias al otro lado del globo). Hemos llegado a un punto en que defender la verosimilitud científica es sinónimo de pedancia (no necesito ir más lejos que a mi propia entrada respecto a “2012” para constatarlo). A este paso veo mucho más cerca la predicción de “Idiocracia” sobre que en algún momento del futuro simplemente leer será considerado como una desviación.

En fin, como dijo Cicerón: O tempora, o mores! (¡La leche! ¡Pues sí que sienta bien soltar un latinajo! ¿Me estaré culturizando?).

Es el signo de los tiempos y podría constituir un motivo tan válido como cualquier otro para justificar la crisis en que vive sumida la literatura de ciencia ficción. Lo que ya me revienta es encontrarme con sujetos dispuestos a prostituir a la pobre ciencia por unas migajas del producto que constituye actualmente la auténtica riqueza: popularidad.

A Brian Cox, asesor ¿científico? de “Sunshine” podemos sumar un nuevo nombre, el de Mark Wise, consultor experto de “Iron man 2” en la escena de la creación del nuevo elemento (físico teórico, para más señas; por si hiciera maldita la falta presentar credenciales académicas para cumplir con su trabajo de decir que sí a todo, avalar el proyecto y pasar la bandeja).  Vayamos con los antecedentes (y no me importa soltar cuanto spoiler se me cruce por en medio, que la trama es tan estúpida que tampoco estaré desvelando el secreto del acero):

Tony Stark la está palmando poco a poco. El paladio que alimenta su marcapasos de última generación le está envenenando la sangre (porcentualmente, nada menos) y revolviendo entre los cachivaches de papá encuentra la representación esquemática de un nuevo elemento que le irá de perillas (el porqué a su padre le dio por ser tan jodidamente misterioso, y la coincidencia cósmica de que lo descubra justo a tiempo de salvar la vida son detallitos sin importancia, que se pierden en el mar de incoherencias que es la película).

Ni corto ni perezoso, Stark se pone a sintetizar el elemento, montándose un miniacelerador de partículas en el sótano de casa. Así pues, con un par de tubos de vacío, un proyecto de escudo (por eso del Universo Marvel), una llave inglesa y una camiseta de tirantes como escudo antirradiación… ¡Tadá! Ya tiene el nuevo elemento (un sintético transuránico que supuestamente se encontrará en el islote hipotético de estabilidad que debe ubicarse más allá de los 118 neutrones). En total, le ha debido de costar una tarde de trabajo.

Todo esto no tiene ni pies ni cabeza. Sí, ahora alguien podría argumentar que ni falta que le hace. Después de todo viene de un cómic (o, peor, es ciencia ficción; y ya se sabe que la ciencia ficción tiene patente de corso para soltar burradas porque no es real).

Muy bien, admitámoslo (sin compartirlo). ¿Entonces por qué cojones pagan a un mercenario para que los avale científicamente? O asumes que te la sopla la ciencia o apechugas con sus exigencias. No me vale eso de pedirle a un científico que acuda al set de rodaje para asesorar sobre lo que ya está preparado desde hace semanas (supongo que el margen de maniobra del tal Wise habrá sido mínimo). Si de verdad te importa, en la fase de guión consultas con un par de expertos para que te diseñen algo que no sólo tenga sentido, sino que además sea espectacular. Joder, que se han gastado más de 200 millones en hacer la película.

Si no se han preocupado antes es porque les importa un bledo. Y les importa un bledo porque al público se la trae al pairo que tenga sentido (primero, no lo entienden, segundo, no apreciarían el esfuerzo, y tercero, hasta podrían ofenderse si los de la película se las dieran de listillos). Eso sí, una vez soltado el ñordo precisan, por motivos publicitarios, que alguien con cierta autoridad se lo bendiga. Ahí entran en juego los proxenetas de la ciencia.

Se me escapa cómo alguien con un mínimo de prestigio profesional es capaz de arrastrarlo por los suelos con justificaciones del tipo de: “Crear nuevos elementos es posible” o ” Hay adolescentes que se han montado aceleradores de partículas en el sotano de sus casas” (traducción literal de artículos encontrados por internet). Al final, incluso agradecen a los productores que se preocupen lo suficiente por los aspectos científicos para llamarlos a ellos. Es un ejemplo de cinismo superlativo. Ambas afirmaciones, por ejemplo, son ciertas, pero ninguna de ellas se aproxima siquiera a legitimar en modo alguno las chorradas paridas por Justin Theroux (el “guionista”, un actor reconvertido a pergueñador de guiones, con sólo otra película, “Tropic thunder”, en su haber como escritor). Tampoco era tan difícil transformar el diorama de donde parte la idea del nuevo elemento en el esquema de un circuito integrado (de hecho, me da que ésa era la intención original) y currarse un montaje cojonudo en una sala ultralimpia a base de waldos micromanipuladores (posiblemente, pensaron que sería incidir en secuencias similares de la primera película, aunque ahí es donde debería entrar en juego la pericia del director).

Después aún tienen la desfachatez de afirmar que los errorcillos son lógicos, pues al fin y al cabo es ficción, pero que lo importante es que se hable de ciencia.

Sí, claro. Igualito, igualito que las abreviaturas SMS le sientan de puta madre al lenguaje porque al menos hacen que los jóvenes escriban.

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~ por Sergio en mayo 19, 2010.

11 comentarios to “Proxenetas científicos”

  1. pues sí. Pero el caso que yo sí hice una reseña de la película, incidiendo en varios puntos de los que tú tocas. Pero menos científiamente, porque no domino tanto ese campo como sé que lo haces tú. Pero como digo, algunos puntos que nombras ya los tuve en cuenta.

  2. Para juzgar “Iron Man 2” la ciencia es casi accesoria. Sin tenerla en cuenta sigue siendo una mala película. Como comentas en tu blog, demasiados personajes mal entrelazados, incoherencias a porrillo y, añadiría, un nulo control narrativo.

    Eso sí, los 600-650 millones de recaudación no se los quita nadie.

  3. Estupenda entrada. Hombre, por decir algo, al pobre (no tan pobre) Wise le toca la papeleta de urdir alguna explicación congruente con… Bueno…. no congruente pero ebulloniscente… y se monta lo del acelerador en el garaje…de traca… Pero para mérito el Rourke (que está increible) capaz de hacer lo propio con un soldador de boli y lo que va trincando del vertedero más las cañerías del vater. Un aplauso para Rourke… venga… Jar, jar… la jartá de reír que le entra a uno…

  4. Ah, y el destornillador de estrella, que también ayuda mucho…

  5. Ni me he molestado en verla. Ya olía el desastre a la distancia…

  6. El destornillador de estrella que no falte. ¡Qué no hubiera hecho Arquímedes con un destornillador de estrella!

    Respecto a Wise… no le toca ninguna papeleta, la acepta. No me imagino a nadie apuntándole a la cabeza con una magnum cargada con munición de punta hueca. Se vende por dinero (y posiblemente por la promesa de más dinero en algún momento futuro), e incluye en el lote a la física de altas energías, como si fuera suya.

    Lo peor de todo es que Mark Wise es un reputado físico teórico y todo el tinglado estuvo organizado por la Academía Nacional de Ciencias de EE.UU. a través de un programa llamado Science and Entertainment Exchange. En palabras de su directora:

    Science brings new ideas to the table as creative fodder; Hollywood brings science (and scientists) to vivid life in a way that captures the imagination of the general public — it’s a win-win situation for both science and Hollywood.

    Sinceramente, yo no sé dónde está la ganancia en difundir mala ciencia. Comprendo que es una campaña de marketing, pero hay precios demasiado altos para poder pagarlos sin que el perjuicio supere en mucho a los beneficios obtenidos (o también podría dársele la vuelta al argumento y decir que se venden demasiado baratos por unas migajas, en cualquier caso es una situación perder-perder).

  7. Vaya, he notado una ligera irritación en este post… ;)
    Es obvio que es una tontería contratar a alguien para que no haga nada, peor, para no dejarle hacer nada. Pero lo realmente lamentable en películas como esta es lo que señalas al principio: narrativamente son nulas. Un vacío envuelto de una gran nada.

  8. Naaaaaaa, no es que esté particularmente irritado en este post; es en los demás donde me contengo.

  9. Entonces me apiado del pobre autor que te saque de tus casillas!

  10. Con un autor nunca, que bastante duras están las cosas como para que encima un mindundi despotrique contra tu trabajo desde la comodidad de un blog. Opinar sí, incluso si la opinión es negativa, pero con el máximo respeto (lo único que puede azuzarme un tanto son los atentados premeditados contra el lenguaje o la ciencia).

  11. Hola. He visto este enlace (http://www.larazon.es/noticia/9840-la-robotica-nos-hara-superhombres) y me he acordado de esta entrada:

    El científico que aparece en el, afirma que fabricó un acelerador de partículas en el garaje de su vivienda. Como leí hace poco ¿que tendrán los garajes de los EUA? :-)

    La película me gusto, desde un punto de vista meramente juvenil o de entretenimiento. Pero baja muchos enteros respecto de la primera, la cuál me gustó mucho más en todos los aspectos.

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