Iron Man, una peli de superhéroes bien forjada

Marvel, harta quizás de ver cómo se desperdiciaba potencial con sus personajes (por cada Spider-Man hay un Daredevil), y de tocar a menos en el reparto del pastel, se ha pasado a la producción. Desde “Iron Man” todas las nuevas franquicias que saquen (incluyendo el reboot de Hulk) estarán financiadas y controladas al 100% por la editorial, con asociaciones puntuales con productoras tradicionales para la promoción y distribución. Era fundamental empezar con buen pie el negocio (que a tenor de los resultados comerciales de X-men, Spider-Man, el Motorista Fantasma, los 4 Fantásticos y otras series menores como Blade, puede ser multimillonario). Y vaya si lo han hecho; 200 millones de dólares en cuatro o cinco días lo atestiguan. Lo mejor, desde nuestro punto de vista, es que además la peli mola

Los críticos, sorprendentemente, opinan de forma casi unánime lo mismo, así que “Iron Man” consigue el raro logro de poner del mismo bando al público, a los críticos, al dinero y al Team Rescepto, algo que no ocurría desde “El retorno del rey”.

Iron Man póster

Lo más curioso es que un somero análisis del largometraje no aporta ninguna pista acerca de los motivos de su éxito. “iron Man” sigue, casi al pie de la letra, la fórmula magistral de una primera-peli-de-superhéroe. A saber: presentación del alter-ego no heroico, crisis que hace aflorar al fenómeno, aprendizaje de los poderes, primeras escaramuzas, surgimiento de su némesis, pelea final (para quien esté interesado la fórmula de la segunda-peli-de-superhéroe consiste en plantear una crisis que retira prematuramente el subtipo solitario o provoca la desbandada del supergrupo hasta que una nueva amenaza cura todas las heridas y hace que llegue de nuevo la hora de las tortas). Sobre este esquema básico, cada cual añade lo que le parece, y ése suele ser uno de los factores que marcan el éxito o fracaso del intento (por irnos con la “competencia”, véanse las últimas de Batman y Superman para ejemplos de ambos destinos). De un tiempo a esta parte, siguiendo el modelo de la trilogía de Sam Raimi, el añadido suele ser una reflexión pseudofilosófica sobre cualquier tema aparentemente profundo; lo cual puede quedar moñas como el discurso sobre la responsabilidad y el poder de Spider-Man, pretencioso como el del miedo de Batman, bien encajado como el miedo a lo diferente en X-men (al fin y al cabo es uno de los pilares de las colecciones de mutantes) o diluido como el de ¿?  de Superman. Y ojo con pasar de rollos macabeos e ir directamente a la chicha, que la crítica te despelleja como si tuvieras que aspirar a convertirte en una Casablanca en leotardos (sí, nos entretuvo “Los cuatro fantásticos”). Para terminar con esta instantánea (parcial en todos los sentidos de la palabra) del mundo de los superhéroes en el celuloide, y volver a centrarnos en el que nos ocupa, sólo cabe destacar como principal innovador dentro del esquema a Guillermo del Toro y su “Hellboy” (esperamos grandes cosas de “Hellboy 2: El ejército dorado”).

“Iron Man” hace gala en apariencia de un contradictorio discurso anti/pro armamentista (las armas son buenas, mientras las usen americanos para matar a los demás, pero vender a los terroristas árabes está mal). El dilema moral de Tony Stark, que le hace abandonar el negocio, no reside en que las armas sean malignas de por sí, sino en la facilidad con que acaban en “las manos equivocadas”. Esto, que duda cabe, ayuda a vender la historia al sector USA-patriótico. Claro que depués está todo lo que no se dice, sino que sólo se muestra. Hacia el final de la cinta queda implícito que los terroristas árabes no son más que un subproducto de la propia industria armamentística que los equipa o, visto desde una perspectiva mayor, de los propios Estados Unidos. No es casualidad que el Némesis de Iron Man surja del propio seno de su empresa. Iron Monger es un producto 100% americano, así que la lucha del héroe contra él arroja una nueva luz sobre sus motivaciones. Si no se explicita, esta crítica a la política americana es perfectamente asumible (enmascarada por el discurso patriotero), pero la ambigüedad del mensaje hace que no sea factible estructurar la película sobre él, así que se imponía buscar algo nuevo.

Iron Man poster 2

A decir verdad, Marvel se ha sacado de la manga dos “algos nuevos”. Por un lado, ha apostado por lo lógico, la extrema fidelidad al material original (con los ajustes necesarios para actualizarlo).  Esto abarca desde el componente visual (las pelis más exitosas han sido, no es casualidad, las que mejor han clavado la iconografía del cómic). Hay que reconocer que era más fácil reproducir una armadura de metal que un pijama de colorines, pero eso no quita que el trabajo de ILM y Stan Winston Studio haya sido sobresaliente (como siempre).  A continuación, han reforzado uno de los aspectos que suelen ser más flojos: la personalidad del alter-ego del héroe. En “Iron Man” las escenas con Tony Stark no son un fastidioso interludio imprescindible para llegar a las tortas. El personaje del billonario playboy / irresponsable / genio / egocéntrico / autosuficiente / irónico / trágico / cómico es tan complejo y fascinante que no nos importa cambiar un par de explosiones por otras tantas réplicas mordaces. Fuera las identidades secretas atormentadas o patosas o dubitativas. Toda esa mierda no va con Tony Stark. Heredó un imperio a los 21 años y lo acrecentó a fuerza de carisma y capacidad intelectual. ¿Por qué tendría que enfundarse en un disfraz para dar rienda suelta a sus instintos reprimidos? No tiene tal cosa. El traje es una herramienta para hacer cumplir sus designios. Sigue siendo Stark lleve o no calzones de latón.

Para hacernos creíble este personaje hacía falta un gran actor, y ahí estaba Robert Downey Jr., flirteando desde hace años con el estrellato (y con las drogas, lo que le ha llevado incluso a prisión). “Iron Man” le ha proporcionado la oportunidad de materializar el gran futuro que se le auguraba desde su nominación al Oscar por “Chaplin” en 1992. Completa así, con el reconocimiento del público, la ascensión emprendida desde “El detective cantante” (2003) y seguida con “Kiss kiss bang bang” (2005), “Una mirada a la oscuridad” (2006) y la grandísima “Zodiac” (2007). Tras ésta, y antes de rodar la segunda parte, le veremos en “Tropic thunder” (haciendo de actor australiano multipremiado que se opera para adquirir rasgos afroamericanos e interpretar mejor al típico sargento negro en una película de guerra a mayor gloria de la estrella del cine de acción Ben Stiller… sí, como suena, delirante) y en un cameo (se supone) en “El increíble Hulk”. Porque he ahí otro de los cambios que parece traer el paso de Marvel a la producción: no más superhéroes solitarios, prepárate cine, que llega el Universo Marvel.

Ya han conseguido la perfección con la fórmula de la peli de superhéroes. Ahora, sólo cabe pedirles que exploren un poco más y nos ofrezcan algo nuevo (“El increíble Hulk” parece que va por el mismo camino, vermos qué tal pintan “Thor” y “Estela Plateada”). Como si un medio tan complejo como el cine no ofreciera posibilidades infinitas…

PS: Algo se me olvidaba: la traducción. Vale que, adelantándose dos días al estreno americano, todo el proceso de doblaje deba haber sido una locura, pero por favor, para la próxima, que algún friqui repase el guión antes de empezar a grabar. Así no se les colará ningún “Escudo” por “S.H.I.E.L.D.”. Si es que luego esos detallitos cantan mucho, y al aficionado profesional hay que cuidarlo.

Otras películas de la misma serie criticadas en Rescepto:

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~ por Sergio en mayo 6, 2008.

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