La estafa de Sunshine

Esta entrada y la siguiente tendrán algo en común, denunciar una de las prácticas que más detesto en la (mala) ciencia ficción. No revelo nada nuevo si pongo de manifiesto mi inclinación hacia la cifi hard, ya sabéis, ésa que se toma la ciencia en serio. Me encanta que todo cuadre con los conocimientos actuales (o que resulte una evolución plausible de los mismos, todo lo especulativa que fuese menester). Sin embargo, tampoco soy un fundamentalista. Comprendo que a veces es necesario tomarse determinadas licencias creativas para transmitir un mensaje o para dar fluidez a la narración. Si la licencia es excesiva no me gusta, pero comprendo que es otra concepción del fantástico (una que yo no llamaría ciencia ficción, ni soft, ni nada, pero bueno…). Lo que no soporto es que se prentenda lo que no se es. Si quieres pasar de la ciencia, perfecto, pero no me vengas con pavoneos acerca de lo superriguroso que eres, porque entonces una licencia se convierte en una mentira, y las mentiras en literatura (toda ficción en el fondo es una mentira) sólo son válidas cuando el lector tiene la opción de elegir libremente si las acepta o si no.

“Sunshine”, la última película de Danny Boyle, es un buen ejemplo de mentira urdida a mala leche (además de ser mala de por sí, pero ésa es otra cuestión). A alguien se le ocurrió que debían promocionarla como ‘la “2001” de las nuevas generaciones’ en vez de la “Star Trek” de turno, sosteniendo que la ciencia en que se basa es rigurosa hasta el infinito. Tal vez empezaban a circular comparaciones insidiosas con “El núcleo” (merecidísimas, por cierto) y los productores quisieron distanciarse de aquel truño envolviendo la película en un halo de respetabilidad. En todo caso, con la producción ya muy avanzada (y el guión bastante cerrado), se les ocurrió contactar con un científico británico, Brian Cox, para que se inventara una coartada que sonara a verídica para su historia de ‘el Sol se está apagando y vamos a mandar un pepino nuclear para reactivarlo’.

Si hay dinero (y publicidad) de por medio, siempre es posible encontrar una solución, así que el tal Cox se sacó de la manga una chorradita (que casualmente tenía que ver con el experimento para el que estaba buscando financiación por entonces) y, hala, a fardar de ciencia.

Lo grave del asunto no es tanto que la solución ofrecida sea ridícula y acientífica, ni tampoco que a parte de ella toda la película sea un cúmulo de despropósitos (un cuerpo humano congelándose en segundos en el vacío, gravedad artificial, un pequeño escape de gas capaz de acelerar a lo bestia una masa de millones de toneladas, órbitas que no tienen en cuenta los pozos gravitatorios, una bombita de materia oscura, la explosión que se verifica en la superficie del Sol en vez de en su centro, sonido y claroscuros en el vacío, etc., etc., etc…), sino que ni siquiera se menciona esta explicación en la película. Su único propósito es servir de ardid publicitario para vender el producto como algo “serio”, cuando tanto en su concepción como en su desarrollo no es sino otra historieta paracientífica (igual les hubiera costado justificarse en una transcripción al sanscrito del horóscopo hitita).

Sunshine

¿Qué solución es ésa? Pues el tal Cox, que por una de esas coincidencias trabaja en un equipo que está intentado detectar un solitón que recibe el nombre de Q-ball (reliquias del universo primigenio), desempolvó un artículo de 1998 en el que Alexander Kusenko y colaboradores proponían como origen de algunos de los estallidos de rayos gamma que se detectan de continuo la destrucción cataclísmica de estrellas de neutrones, devoradas desde dentro por la acumulación de Q-balls (que afectan a la materia bariónica “normal”). Quien tenga interés, puede consultar el artículo en PDF en el siguiente enlace. Hasta aquí muy bien, pero:

a) Una estrella tipo Sol no posee suficiente densidad para que una Q-ball quede atrapada en su interior (el mínimo lo establecerían las enanas blancas).

b) El proceso implica varias Q-balls y un tiempo que oscilaría entre 10 y 10.000 millones de años (vamos, que a estas escalas cincuenta años, que es el tiempo que nos separa de la muerte del Sol en la película es un lapso irrelevante).

c) Si, como afirma la “teoría”, la Q-ball interfiriera en la fusión en el núcleo del Sol, la energía liberada disminuiría, el astro se encogería por efectos gravitatorios y la temperatura superficial aumentaría, por lo que el efecto hipotético sería exactamente el contrario al buscado.

d) No hablemos ya de expulsar la Q-ball con una bombita nuclear. El mismo Sol es una gigantesca reacción de fusión. Ni tamaño de Manhattan ni tonterías. ¿Qué importancia puede tener (la mitad de) todo el material fisionable de la Tierra en comparación con un astro que es 333.000 veces más masivo que todo nuestro planeta. Por no hablar de cómo llegarían las ondas de choque ni remotamente cerca del núcleo solar, habida cuenta que a la energía que produce le cuesta más de cien mil años realizar el viaje inverso.

e) Haremos como que no he leído en ningún lado que la bomba está hecha en realidad de materia oscura.

Y aún tienen la desfachatez de defender que son rigurosos.

Lo que ocurrió fue lo siguiente: el guionista de turno leyó algo sobre la muerte térmica del universo y decidió aplicarlo al Sol, sin pararse a consultar ningún manual escrito durante el último siglo que le hubiera informado de que a nuestra estrella le quedan sus buenos 5.000 millones de años de combustible (no es una suposición, he leído en una entrevista que así fue como ocurrió). Después, cuando decidieron explotar la vertiente científica, contactaron con varios especialistas, y el único que tuvo suficiente morro para aportar algo (aunque sea esta chorrada) fue el tal Brian Cox, con el muy poco desinteresado propósito de conseguir publicidad (=financiación) para su laboratorio.

Si hay algo peor que hacer uso de mala ciencia, es abusar de la “buena” ciencia con intenciones retorcidas, transmutando conocimiento en ignorancia. Eso es “Sunshine”.  No es el “2001” de las nuevas generaciones, es una mala copia de “El núcleo”, que al menos tuvo la sensatez de no pretender ser más que lo que era.

Dejando de lado la cuestión científica, la película tampoco se sostiene. La última esperanza de la humanidad consiste en enviar a un puñado de inútiles inadaptados y con propensión a derrumbarse bajo presion en una misión diseñada por un hatajo de niños de párvulos. Con temas similares, al menos “Horizonte final” era honesta… y respetaba la ingravidez.

Veredicto: un truño pedante.

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~ por Sergio en marzo 31, 2008.

5 comentarios to “La estafa de Sunshine”

  1. eres el puto amo

  2. Mirá, me parecio sumamente interesante tu post, y la verdad hay miles de datos científicos que son reales y que explican muchas cosas, yo lamentablemente no tengo ese nivel de cultura astronómica y científica si se quiere, por ello te agradezco… pero por otro a mi no me pareció mala película, porque es como dijo un profesor de historia ”las películas tienen la particularidad de hacer verosímil lo inverosímil”, y si ese tal Brian Cox se hizo publicidad para avalar su laboratorio, bien por él. Pero no por ello le quito mérito a esta película, porque… vamos, todos sabemos que es imposible que si quiere una nave ”humana” con materiales de un planeta ‘infimo’ comparado con el Sol, pueda si quiera acercarce a Mercurio sin extinguirse… al igual que cuando explota la nava, ¿no debío por gravedad unirse al Sol? Si vamos a ser totalmente críticos, claro que encontraremos millones de fallas y en fin, ciencia ficción no es ciencia, es ficción, en mayor o menor medida. ¿o que fue sino de la película Contacto? Me pareció una película muy interesante, pero… ¿como una raza superior se contacta con humanos, que en teoría no saben si quiera si podemos entenderles? Sería como pretender que yo quisiera entender una hormiga… para mi raza es ínfima e inferior. Bueno, así es.
    Así que, si bien todas tus críticas son acertadas, la película tiene el objetivo de crear un ambiente lo suficientemente fantástico si se quiere, para hacer de todo esto inverosímil en algo ´´verosímil en su contexto”.

    Saludos,

  3. Como escritor de ciencia ficción tengo que discrepar respecto a la importancia relativa de la ciencia en la ciencia ficción, sobre todo cuando existen pretensiones de rigurosidad, como en este caso (evidentemente, a una entrega de La Guerra de las Galaxias no se le puede exigir el mismo grado de verosimilitud… entre otras razones porque no va presumiendo de ello).

    “Sunshine” intentaba vendernos la idea de que su ciencia era sólida (era un punto destacado en su campaña de promoción). Su intención era distanciarse de los productos más aventureros y envolverse en un halo de respetabilidad. La apuesta por la ciencia, en literatura, se explora en la ciencia ficción dura, y es bajo esos parámetros autoimpustos como debemos juzgarla (y a la postre condenarla). Toda obra de ficción requiere en mayor o menor medida la suspensión voluntaria de la incredulidad. De hecho, la misma ciencia, si no estamos familiarizados en ella requiere lo mismo (con la salvedad de que en teoría podríamos verificarla a través del estudio). La estafa de “Sunshine” consiste en pretender estar exigiendo el segundo tipo de suspensión de la incredulidad cuando en realidad se lo está inventando prácticamente todo (o, expresado de forma más castiza, pretende darnos gato por liebre).

    ¿Tiene eso mucha importancia? Quizás no. Pero a mí me molesta sobremanera que se abuse de la ciencia, que se pretenda utilizar su respetabilidad al tiempo que se le da una puñalada trapera por la espalda.

    Aparte de estas consideraciones, por supuesto, pienso que la película es mala. En su contexto no hay por donde cogerla, ni siquiera aceptando sus premisas seudocientíficas (¿La última esperanza de la Tierra puesta en las manos de una panda de desequilibrados?) ¿Un tío sobreviviendo meses solo en una nave calcinada? ¿Montar con recursos limitados dos misiones idénticas?). Hace falta mucho más que humo y espejos para construir una trama coherente y mucho más que cuatro terminos técnicos para aportar ideas significativas.

    En cuanto a “Contact”, mejor dejarla aparte. Admitida su premisa (es el proceso básico para aceptar cualquier ficción), es un completo desastre. Su trama avanza a golpe de Deus ex Machina cada vez que desemboca en un callejón sin salida (cuatro veces, ahí es nada).

    Por último, un apunte científico. Diseñar una nave que pueda aproximarse al Sol con materiales terrestres no está fuera del alcance de nuestra tecnología. De hecho, ya hay un par de sondas que se han acercado hasta la órbita de Mercurio y otra está programada para una órbita a menos de seis millones de kilómetros de la superficie solar (1/10 de la distancia entre el Sol y Mercurio). Penetrar hasta su núcleo, por supuesto, ya es otra cosa.

  4. Debo ser el unico que cuando ve una pelicula de estas piensa que es Ciencie Ficcion y todo vale, porque con ese baremo, Star Wars no deberiamos verla porque es aun mas falsa o como esta eso??

    • No, en ciencia ficción no todo vale. Es un género que se fundamenta en la construcción de escenarios verosímiles, partiendo bien de premisas estrictamente científicas (ciencia ficción dura), bien de planteamientos fantásticos, tomados como punto de partida para construir en torno a ellos una suerte de ciencia alternativa (por cierto, la saga de Star Wars es ampliamente considerada por estudiosos del género fantástico más como fantasía, ambientada eso sí en el espacio, que como ciencia ficción).

      Disquisiciones genéricas aparte, el “pecado” de Sunshine no consistió en pasarse la ciencia por el forro (casi todo el cine supuestametne de ciencia ficción lo hace), sino en hacer alarde, con fines promocionales, de rigurosidad científica… cuando en realidad constituye en ese sentido un desastre incoherente de principio a fin (tampoco es que la trama subyacente sea el colmo de la originalidad).

      En otras palabras, la propia orientación de la película plantea los criterios en base a los cuales debe ser juzgada. Star Wars jamás ha pretendido dar pie con bola en temas científicos (aunque el contravenir en la nueva trilogía los principios ya establecidos, sobre todo en los episodios II y III, le ha ganado su propia ración de críticas).

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