Materia

La Cultura es el gran escenario de ciencia ficción creado por Iain Banks que revigorizó la space opera con la publicación de “Pensad en Flebas” en 1987 y sirvió de modelo para un par de generaciones de escritores británicos. En el momento de su muerte en 2013, la serie contaba con siete novelas explícitamente enmarcadas en este escenario, además de otra relacionada y una serie de relatos incluidos en una antología.

De todo ello, la antepenúltima obra fue “Materia” (“Matter”), novela publicada en 2008 que se gira en torno a acontecimientos aparentemente irrelevantes en el gran esquema de las cosas que tienen que ver con la accidentada sucesión de un rey muerto (asesinado) de un pueblo de baja tecnología del octavo nivel del mundo concha Sursamen. Los sarlos constituyen una de las civilizaciones menores del complejísimo entramado galáctico, con un grado de desarrollo protoindustrial, embarcados en una guerra contra la civilización similar del noveno. Los mundos concha son antiquísimos planetas artificiales, construidos por una raza ya desaparecida con propósitos ignotos, consistentes en sucesivas esferas concéntricas, sostenidas con pilares titánicos, capaces de sostener en cada uno de sus niveles una o varias civilizaciones.

Al igual que en los mundos concha hay una estratificación, el universo en sí presenta una escala de especies vagamente pupilas y tutoras (aunque no en el sentido que le da Brin a la relación, sino más como una responsabilidad de los más desarrollados ante quienes todavía no han escalado a la misma altura en el ascenso cutural. Así, por encima de los sarlos están los oct (quienes se autodenominan los “herederos”, pues se consideran, aunque nadie más lo hace, descendientes directos de los antiquísimos constructores de los mundos concha), en disputa con los aultrida por el control de los niveles de Sursamen. Pero es que por encima de los oct están los insectiles nariscenos, y aún más arriba en la escala los acuáticos morthanveld, una de las especies involucradas, es decir, en el nivel superior de desarrollo, previo a la decadencia (destino en el que han caído los xinthianos, unos de los cuales habita el centro de Sursamen como Dios del mundo) o a la trascendencia; siendo por tanto las principales resposables de mover el cotarro.

Otra de estas sociedades involucradas es, precisamente, la Cultura, un especie de utopía anarquista basada en la casi absoluta libertad individual y en una economía post-escasez, que tiene como unos de sus principios generales el propósito de “ayudar” (de formas que a veces bordean lo maquiavélico) a otras civilizaciones menos desarrolladas a seguir su propio modelo (con la eliminación del dinero y la concesión a las IAs de los mismos derechos que cualquier otro ciudadano). Para ello cuentan con una división que es todo lo jerárquica que puede serlo algo en la Cultura, Circunstancias Especiales, y un miembro de este grupo tiene precisamente algo que decir respecto a lo que ha ocurrido en Sursamen, pues Djan Seriy es la la hija del rey asesinado, entregada años atrás como una especie de pago a un agente libre de la Cultura.

Pero volvamos a Sursamen. La traición que acaba con la vida del rey sarlo es presenciada por otro de sus hijos, Ferbin, quien ante el tamaño de la conspiración (liderada por el que supuestamente era el más fiel consejero del monarca, Tyl Loesp), decide en el acto huir lo más lejos posible y buscar ayuda en los niveles superiores, mientras el hijo menor, Oramen, queda como regente (ajeno a la conspiración y con una esperanza de vida bastante limitada). Así pues tenemos establecidas las tres líneas dramáticas principales. Por un lado, Ferbin, junto con un criado, el señor Holse (el Sancho Panza prototípico), tiene que huir del octavo nivel y del propio Sursamen, buscando la ayuda de la Cultura; por otro, Djan Seriy realiza el camino opuesto, impulsada por el deber familiar pero, en principio, en viaje no oficial y sin otro propósito que rendir sus respetos al progenitor muerto; y finalmente tenemos la evolución del drama dinástico sarlo, con Tyl Loesp (un villano bastante anodino) considerando cuándo y cómo atentar contra el joven y desprevenido príncipe.

Claro que no sería una novela de Iain Banks si no hubiera más. Así que tenemos a los oct particularmente interesados en unas excavaciones arqueológicas que están teniendo lugar en el nivel noveno (y pareciera que todo el asunto de inmiscuirse en los asuntos de los sarlos tiene como única finalidad facilitar facilitar esta empresa), y aun a más altura diversas consideraciones políticas que tienen que ver sobre todo con la legitimidad o incluso obligatoriedad para las civilizaciones más avanzadas de inmiscuirse en los asuntos un tanto bárbaros de las más simples (en donde se dan comportamientos tan atávicos como la guerra).

Interesante, ¿verdad? Banks tiene grandísimas ideas y, como siempre, escenarios que te quitan el aliento (desde el propio mundo concha hasta la ciudad ancestral que una catarata titánica va sacando poco a poco a la luz, pasando por el impresionante mundo-nido de los morthanveld) y comentarios sociales e incluso filosóficos (con una versión materialista del problema de la teodicea, o la ética de la intervención de quien tiene el poder para subsanar el dolor, a costa de privar al rescatado de su libertad).

Por desgracia, cuatrocientas y pico páginas de minúscula letra (made in La Factoría; rondaría más bien las seiscientas con una tipografía normal) requieren de demasiada paja de relleno, y entre maravilla y maravilla e idea deslumbrante e idea deslumbrante, hay capítulos que se arrastran como gusanos con muy poco que ofrecer (toda la trama política sarla se lee casi como fantasía protoindustrial de la mala). Existe, además, una brutal descompensación entre planteamiento, nudo y deselance, porque a la novela no arranca hasta encontrarse bastante más allá del punto medio, y luego todo se soluciona apresuradamente en un par de capítulos hacia el final, dejando la sensación de que no hay bastante recompensa al esfuerzo de lectura.

Con cualquier otro autor posiblemente esto constituiría un error insalvable, pero Banks de algún modo logra salvar los muebles… aunque poco más. “Materia” es una de esas novelas que hubieran ganado considerablemente con una poda (mayor de la sufrida, pues el propio autor llegó a publicar algún capítulo eliminado como relato suelto). Todo lo que tiene que ver con la Cultura (o con el shock cultural que sufren Ferbin y Holse) se me antoja de enorme interés; lo sarlo, que constituye más de la mitad del volumen… en fin, digamos que para leer historias similares se me ocurren una infinidad de opciones mejores (reconozco que nunca he conectado con la ciencia ficción que presenta sociedades atrasadas; no le veo sentido a “desperdiciar” las posiblidades especulativas del género creando escenarios de ese tipo).

Así pues, mi postura frente a la novela era bastante ambivalente. Por un lado, me gustaba el trasfondo que insinuaba (no me parece casual que “matter” pueda traducirse como “materia” o como “importar”; por que a la postre la decisión ética de intervenir se revela como todo un acierto), pero por otro no le encuentro ningún sentido a su extensión. Todo dependía, pues, de la resolución… y digamos que no me ha parecido a la altura, así que la nota global de este volumen se sitúa algo por debajo del aprobado.

Una pena. Especulaciones de tan alto nivel como las que salpican “Materia” no se encuentran así como así.

“Materia” fue finalista del premio Prometheus (que ganó “Pequeño hermano“, de Cory Doctorow) y quedó segunda en la votación de los Locus (por detrás de la impresionante “Anatema“, de Neal Stephenson).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

~ por Sergio en marzo 22, 2019.

2 comentarios to “Materia”

  1. Terminé la semana pasada “Pensad en Flebas” y la encontré regular a buena. Pero no sé si me interesa leer más textos de Ian M. Banks. Creo que hay mejores autores que leer. ¿Cómo son los otros libros de la Cultura?

    Respecto a: ” (reconozco que nunca he conectado con la ciencia ficción que presenta sociedades atrasadas; no le veo sentido a “desperdiciar” las posiblidades especulativas del género creando escenarios de ese tipo)”. Creo que el único caso en que si vale la pena esto es en A fire upon the deep de Vinge.

    • Sólo he leído otras dos novelas de la Cultura. En mi opinión, Banks tiene grandes ideas, pero las diluye en demasiadas páginas. Me resultó mucho más interesante “El puente” (que no es ciencia ficción).

      En cuanto a “Un fuego sobre el abismo”, hay que tener en cuenta que la sociedad atrasada no es humana. Eso ya proporciona toda la extrañeza necesaria para hacerla interesante.

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