El uso de las armas

La tercera novela sobre la Cultura (y octava publicada en total) de Iain Banks fue en realidad, en cierta forma, su libro más antiguo en llegar a ver la luz, dado que su primera versión data de 1974, diez años antes de que debutara con “La fábrica de avispas”. Por aquel entonces Banks era un escritor inmaduro (de veinte años), pero con una enorme ambición… que la experiencia le permitió encauzar. Así, cuando ya se había labrado un nombre como autor “serio”, e incluso había logrado intercalar su querida ciencia ficción (eso sí, añadiendo una M. a su nombre a instancias de sus editores, por eso de no mezclar churras con merinas), con los dos primeros títulos de lo que se configuraría como la serie de la Cultura, pudo retomar aquel proyecto, reestructurarlo de un modo más racional y presentarlo por fin al público.

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En este caso, más racional no quiere decir en modo alguno que no sea experimental, sobre todo tratándose de un subgénero en el que tradicionalmente han primado los enfoques lo más simples y directos posibles: la space opera.

“El uso de las armas” (“Use of weapons”, 1990) se organiza en dos líneas temporales entrelazadas. Una de ellas avanza hacia el futuro, describiendo a lo largo de catorce capítulos (titulados de “Uno” a “Catorce”) las fases más significativas de una operación de Circunstancias Especiales, la que podríamos llamar organización de inteligencia de la Cultura (encargada, por ejemplo, de conducir al resto de civilizaciones a una integración pacífica). Una guerra local está a punto de descontrolarse, y es misión de la agente Diziet Sma, apoyada por la inteligencia artificial Skaffen-Amtiskaw, intervenir sin dejar huellas. Para ello, precisa del concurso de Cheradenine Zakalwe, un mercenario nacido fuera de la Cultura, poseedor de especiales dotes estratégidas. El problema es que Cheradenine y la Cultura tienen un pasado problemático… parte del cual se explora a través de la segunda línea.

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Esta segúnda línea está compuesta por trece capítulos, numerados del XIII al I, intercalados entre los anteriores, que van alumbrando distintos episodios en la vida de Cheradenine, mostrados de adelante a atrás en el tiempo (empezando por el trabajo inmediatamente anterior a su nuevo reclutamiento y remontándose hasta los hechos cruciales en la formación de su personalidad, doscientos años atrás, en su planeta natal).

El primer problema reside en que nada te avisa de antemano de esta circunstancia (con la confusión agravada por la presencia de un prólogo y un epílogo bastante innecesarios, fuera de secuencia con cualquiera de las líneas), así que la novela te lanza de buenas a primeras a un rompecabezas que cuesta organizar (incluso en los capítulos en los que el tiempo transcurre hacia delante, el lapso entre escenas puede ser en ocasiones bastante importante, con un buen número de acontecimientos desarrollados entre bambalinas).

El lector habitual de space opera lo último que suele buscar es complicarse la vida con este tipo de juegos literarios (aunque ya en 1977 Frederik Pohl había fraccionado la narración de “Pórtico“). No es que eso a Banks le importara demasiado. Él no buscaba satisfacer las expectativas de nadie ni someterse a lo que se esperaba de él… tampoco a nivel de subtramas.

uso de las armas

Porque lejos de pretender seguir simplemente las hazañas militares de un héroe (o antihéroe), Banks aprovecha los distintos capítulos para introducir por un lado su idea de la Cultura, una civilización abierta e inclusiva, en un entorno social post-escasez (la tecnología ha borrado definitivamente las restricciones al crecimiento humano; no hay hambre, ni dinero, ni ningún sueño que no se pueda cumplir con un poco de empeño y cierto respeto por la convivencia). la Cultura es una utopía de tolerancia y respeto… lo cual no quita que presente también una cara un tanto oscura (o cuando menos ambigua).

Porque la Cultura no busca expendirse por la fuerza (que podría), pero sí opera de forma insidiosa para ir dirigiendo poco a poco a quienes no comparten sus planteamientos filosóficos a un punto de confluencia (y con el tiempo a la asimilación), por ejemplo en el tema de la plena concesión de derechos a las IAs. Con este fin hace uso de todas la armas a su alcance, incluyendo entre ellas a Cheradenine, preocupándose sobre todo por el objetivo a largo plazo (aunque ello conlleve injusticias puntuales a corto plazo).

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Lo rígido de la estructura condiciona en gran medida la obra. Obligado a ir alternando capítulos, no todas las escenas resultan igual de interesantes, aunque todas han de ocupar el mismo número aproximado de páginas. Nos encontramos pues con capítulos que se perciben estirados hasta casi más allá de lo que da de sí su contenido (en especial los que examinan el pasado de Cheradenine, que van a su vez alternando entre dolorosas derrotas, recuperaciones truncadas y ocasionalmente algún punto muerto de una campaña condenada, quizás como parte del plan maestro, al fracaso). Los atisbos de una civilización ultra avanzada y sus maravillas son fascinantes, pero están lejos de constituir el foco de atención de Banks, que se centra más en el aspecto psicológico de la novela… y ahí es donde creo que termina de derrumbarse el invento.

Porque el caso es que el clímax, la gran revelación final sobre la que se sustenta toda la estructura, deja mucho que desear. Como en el caso de “La fábrica de avispas”, parece más un intento de impactar por impactar que algo que realmente tenga sentido intrínseco y que permita reevaluar toda la novela bajo un nuevo prisma (lo cual, sin duda, era el objetivo original). El que para conseguir la sorpresa el autor tenga que recurrir a un par de trampas (con algún que otro flashback encajado a martillazos donde por diseño no le toca) no mejora en exceso su posición.

Use of Weapons

“El uso de las armas” sigue siendo una novela fascinante a ratos, con grandes hallazgos y elementos que fuerzan esa vieja ley que indica que toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. En su conjunto, sin embargo, creo que peca de prometer más de lo que finalmente es capaz de ofrecer.

Lo que sin duda consiguió es replantear los límites de la space opera; romper con la noción de que es un subgénero que sólo sirve para narrar aventuras ligeras con una base científica cuestionable. Más allá incluso de la space opera hard que ya había cultivado durante la década anterior David Brin, Banks la llevó al terreno de la especulación sociológica y el retrato psicológico (por no hablar de la experimentación formal). Abrió así todo un abanico de posibilidades, que no tardaron en ser exploradas a conciencia por una nueva generación de autores de ciencia ficción (británicos en su mayor parte, aunque también cabría mencionar a algún canadiense).

Otras opiniones:

Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en diciembre 10, 2015.

Una respuesta to “El uso de las armas”

  1. Lo que realmente me impacto de esta novela fue el final :)

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