John Silence, physician extraordinary

Algernon Blackwood está considerado como el mejor escritor de entre todos los que cultivaron en sus orígenes el género weird. Tras una variopinta vida laboral en los EE.UU., regresó en torno a 1906 a su Inglaterra natal, bien pasados los treinta y cinco, y empezó a desarrollar una prolífica carrera como escritor, principalmente de relatos, que vendía a los periódicos y posteriormente recopilaba (en hasta diez antologías originales y varias más de material ya antologizado). También publicó catorce novelas adultas, dos infantiles y multitud de obras de teatro (representadas pero en su mayor parte nunca publicadas de forma independiente).

Toda esta actividad, desarrollada sobre todo a lo largo de un par de décadas, fue posibilitada en gran medida gracias al éxito de una de sus primeras compilaciones, que presentó a uno de los personajes fundamentales (junto con Thomas Carnacki, de William Hope Hodgson) en la consolidación del arquetipo del detective de lo oculto: el doctor John Silence.

Acaudalado (por razones que no se revelan), el doctor Silence proporciona sus servicios sólo en casos pecualiares, que le permiten poner en práctica unos conocimientos del mundo comúnmente llamado sobrenatural adquiridos tras años de estudio, que se complementan con una personalidad tan equilibrada como benévola.

La compilación de 1908 nos presenta cinco casos, narrados (en ocasiones de forma explícita, en otras de forma sobreentendida) por su Watson particular, el señor Hubbard (un recurso necesario para distanciar al lector del proceso… deductivo en el caso de Holmes, en el caso de Silence… bien, digamos que distanciarnos de la omnisciencia casi absoluta del personaje y generar así un poco de tensión).

Los cinco casos llevan por título en español: “Una invasión psíquica”, “Antiguas brujerías”, “La némesis del fuego”, “Culto secreto” y “El campamento del perro”, a las que se añade en ocasiones “Una víctima del espacio superior”, escrita en 1914 y sumada a las compilaciones de John Silence desde 1946 (aunque para la elaboración de esta reseña me estoy basando en la edición original de 1908 que no la incluye), y en ellos la participación del personaje titular es variada, desde una investigación completa para la primera y tercera, hasta apariciones más o menos estelares en las dos últimas y simplemente como receptor de una historia extraña en la segunda (al estilo del primer gran arquetipo del género, el doctor Hesselius de Sheridan Le Fanu).

Sea como sea, casi todos los casos siguen una estructura que podría caracterizarse en cinco secciones (en ocasiones, directamente, cinco capítulos), que bautizaría como: premonición, presentación, desarrollo, resolución y explicación.

En la “premonición”, el elemento sobrenatural empieza a insinuarse, generalmente a través de un pequeño conjunto de elementos relevantes que marcaran el tono de la historia. Durante la “presentación”, esos elementos sutiles empiezan a manifestarse de forma más y más evidente, hasta que queda el terreno abonado para el “desarrollo”, donde alcanzan su plena madurez. Entonces suele entrar en acción el doctor Silence, resolviendo la papeleta (de forma harto misteriosa), reservando la “explicación” (enmarcada en la tradición ocultista) para el cierre de la narración. De estas secciones, es normalmente en el “desarrollo” o en la “resolución” donde la prosa de Blackwood alcanza su máximo vigor y donde se recolectan los frutos sembrados durante la “premonición” y la “presentación”.

Por desgracia, el texto debe concluir con una explicación del doctor Silence, por cuya boca se expresan las certidumbres de Algernon Blackwood con respecto al mundo supranatural (y sin embargo perfectamente explicable a través de su propio set de normas), y ahí, para mí, naufraga casi invariablemente, porque rompe el misterio y lo sustituye, básicamente, por charlatanería (en la que el propio autor creía… o ansiaba creer).

En mi caso concreto, esa credulidad destruye casi por completo mis opciones de disfrute de los relatos. Blackwood asume que la explicación, al ser “cierta”, es todo cuanto necesitamos para terminar de disfrutar del relato, y así sería si estuviera fundamentada en la ciencia o en la lógica. No es así. Son “verdades” arbitrarias, que su personaje bien podría estar sacándose de la manga (aunque lo más probable es que pertenezcan a alguna de las tradiciones ocultistas que Algernon Blackwood frecuentaba).

Son la gran revelación, el atisbo hacia una realidad más allá de los sentidos físicos pero, en teoría, no por ello menos real. Deberían provocar asombro y sobrecogimiento… pero sólo si te las crees por un solo instante. Si no, la estructura no es válida. Nada las anticipa, no hay entramado lógico que ate premisas y conclusiones; tan sólo la palabra de John Silence de que eso es así; tan sólo la verdad revelada. Pues vale.

Leyendo los casos de John Silence no puede evitar desesperarme ante la lentitud y reiteración de las introducciones y ante la arbitrariedad de las explicaciones. Así que, aunque en ocasiones el desarrollo logra atraparme (en “Antiguas brujerías”, “La némesis del fuego” y “Culto secreto”), a la postre el golpe final, el fogonazo de maravilla que debe darle sentido a todo, me yerra por completo, dejándome más frustrado que otra cosa.

Incompatibilidad absoluta de intereses. Algernon Blackwood descuida lo que me atrae de un relato y espera que me deslumbre lo que yo sólo percibo como arbitrariedad. Su entusiasmo (y lo pulido de su prosa) alcanza a veces a hechizarme durante unos párrafos, pero a la larga el castillo de naipes se desmorona, dejándome sin nada.

Para concluir, tan sólo quisiera comentar una posibilidad que se me antoja sugerente. Hace unas semanas reseñé “Más oscuro de lo que pensáis“, de Jack Williamson, alabando la originalidad en su tratamiento de la licantropía. El caso es que, tras leer “El campamento del perro”, no puede dejar de pensar que Williamson pudo tener muy presente ese caso del doctor Silence cuando construyó (con un estilo y unos objetivos totalmente diferentes) su novela.

Otras opiniones:

Otras obras el mismo autor reseñadas en Rescepto:

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~ por Sergio en enero 7, 2018.

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