El lado oscuro de los últimos jedi

Hacía ya bastante tiempo que quería escribir una entrada sobre un tema que, desgraciadamente, parece estar cobrando cada vez más preeminencia, sobre todo en las redes sociales (a las que en cierto modo “culpo” de la situación). Me refiero al fenómeno “hater” o, más concretamente, a la proliferación del uso de dicho término para categorizar cualquier opinión con la que discrepemos.

Por supuesto, en los últimos tiempos nada ha ejemplificado más esta cuestión que la recepción por parte del público de “Los últimos jedi”, la nueva película de Star Wars que nos ha llegado por cortesía de Disney y Rian Johnson. No quería, sin embargo, entrar a fondo sin haber visto primero el núcleo de la polémica, y dado que ayer pude acudir por fin al cine, ya dispongo de todos los elementos de juicio necesarios para desarrollar mi argumentación.

Un par de comentarios previos:

Esto no va a ser exactamente una reseña de la película, aunque sí analizaré algunos aspectos de la misma que considero relevantes para diseccionar aquello que realmente me interesa en estos momentos. Dicho lo cual, sí, es posible que acabe desvelando algo más de lo que alguien que no la haya visto todavía podría desear, así que recomiendo que (siempre que lo deseéis) no leáis esta líneas hasta haber tenido ocasión de experimentar libres de preconcepciones la nueva tanda de aventuras en una galaxia muy, muy lejana.

De acuerdo, os pongo en antecedentes.

Hace un par de fines de semana se estrenó en los cines de medio mundo el esperado episodio VIII de la saga de la Guerra de las Galaxias (que en realidad es la novena película… o la duodécima, si incluimos como canónicos los dos telefilms de mediados los ochenta en torno a los ewoks y la cinta de animación sobre las guerras Clon). El estreno venía precedido de la típica expectación que acompaña a los grandes lanzamientos de Disney (y a las películas de la saga, que han sido número uno del año en cada ocasión en que se ha estrenado una producción de alto presupuesto salvo en 2002 con “El ataque de los clones”). Por supuesto, no llegaba a las cimas imposibles de “El despertar de la fuerza”, pero cualquier estudio mataría por conseguir algo así.

Las críticas, cuando se levantó el embargo, no hicieron sino alimentar la anticipación, con un porcentaje de aprobación en Rottentomatoes (la principal página agregadora de críticas cinematográficas) del 97%, que con el tiempo ha acabado estabilizándose en el 91% (sólo por detrás, y no mucho, de “La guerra de las galaxias”, “El imperio contraataca” y “El despertar de la fuerza”). La sorpresa llegó cuando empezaron a registrarse las opiniones de los espectadores (a través de Flixter) y el espectacular apoyo crítico se vio traducido en poco más de un 50% de aprobación de los usuarios. Inicalmente se llegó a hablar incluso de falsas opiniones iniciales buscando sabotear ese indicador, pero doce días después seguimos encallados en un 52% de aprobación con más de 150.000 votos registrados.

Casi de inmediato empezaron a circular por los foros interneteros las acusaciones de “hater“.

Interesante término… e irónico como pocos. En resumidas cuentas, viene a sostener que aquel a quien se le aplica es poco más que un alborotador que tan sólo busca denigrar algo movido por prejuicios o, directamente, por la mala fe (básicamente, por echar mierda sobre algo que es popular). La ironía viene cuando, al parecer, acusar a las opiniones discrepantes de provenir de haters libera al defensor de la necesidad de argumentar su postura, o mucho menos rebatir cualquier argumento que proponga (y aquí no me importa que ese argumento tenga o no fundamento; lo crucial es que apriorísticamente no necesita ser rebatido).

Expresado de otro modo, acusar a alguien de “hater” no hace sino pavimentar el intercambio de opiniones para enarbolar la infame argumentación ad hominen: todo cuanto afirme un hater es, por principio, falso. Fin de la discusión.

Dicho de otro modo, es la versión hipster de taparse los oídos con las manos y tararear cualquier chorrada a pleno pulmón (ser posible con los ojos cerrados), para no encontrarse en la tesitura de tener que defender tu propia y sacrosanta opinión (las opiniones de los demás, como también se ha puesto de moda insinuar, son opiniones de mierda).

Lo cierto es que no estoy seguro de cómo hemos llegado a esto. Se suponía que internet nos iba a conducir al paraíso del intercambio de información. En vez de ello vivimos en una distopía de postverdad, en la que no importa lo creíble (o anecdótica) que sea una información siempre y cuando concuerde con nuestras preconcepciones y en la que estamos a un click de dejar de soportar para siempre a ese pesado con el que nunca nos ponemos de acuerdo. Las redes sociales, lejos de ser un lugar donde poder confrontar otras realidades, se han ido guetificando, conformando grupúsculos de opinión única en donde la reiteración de nuestras propias ideas, devueltas como un eco por quienes nos son afines, no hacen sino convencernos más y más de que son la verdad suprema y absoluta (no importa lo marginal que sea una idea, sin mucho esfuerzo puedes encontrar cientos o miles de personas que la comparten).

Vale, vale, la situación no es tan negra como la pinto. Estoy exagerando quizás un poquito. ¿O quizás sólo proyecto hacia el futuro en base a las tendencias actuales? Sea como sea, quizás motivada por el gregarismo que está grabado a fuego en nuestros genes, buscamos en las redes cada vez más la validación de nuestras opiniones, antes que un desafío a ellas, y no estoy seguro de a qué podría deberse. ¿Tal vez a una falta de confianza? ¿Son acaso tan frágiles nuestras opiniones que buscamos el modo de apuntalarlas? ¿O será que en el fondo lo que emerge es nuestro yo más competitivo, ése que tiene que triunfar sobre cualquier otra consideración? Internet es un medio muy cómodo para dar rienda suelta a nuestras pasiones y buscar desahogo para nuestras frustaciones, porque al fin y al cabo hay una sensación de que no existen consecuencias.

Al final, la tolerancia hacia la discrepancia está tan erosionada que cualquiera que no opine como yo no puede sino ser un hater, y los haters son peligrosos, porque con su irracionalidad están poniendo en peligro la materialización de mi visión (verdadera e inmutable) del mundo.

Ahora imaginad que aplicamos ese razonamiento a algo un poquitín más serio que una saga cinematográfica. Os dejo escoger ejemplos.

Volvamos ahora a centrar la atención en el núcleo de la minipolémica que nos ocupa: “Los últimos jedi”. Mi opinión, personal e intransferible, es que es una película que dista mucho de ser excepcional, pero al mismo tiempo me ha resultado muchísimo más satisfactoria a todos los niveles que tanto “El despertar de la fuerza” como “Rogue One”. Me atrevería incluso a afirmar que es posible que Rian Johnson haya salvado a la franquicia de meterse en el callejón sin salida al que parecía abocada tras la película de J. J. Abrams.

Irónicamente (para todos aquellos que enarbolan el apelativo de “hater” ante cualquier que ponga en duda la magnificencia de esta nueva etapa), es posible que ello se deba precisamente a las críticas suscitadas contra determinados aspectos de la primera película. El director/guionista parece haber priorizado la corrección de algunos de los principales problemas que exhibía aquélla (ya expresé mi opinión al respecto hace un par de años), tales como la estúpida hipersuficiencia de Rey (aquí sí que le proporcionan un arco de crecimiento, al tiempo que medio justifican algunas de sus más increíbles hazañas en el episodio anterior), la reducción del foco (centrado previamente con extrema miopía en la familia Skywalker; aunque el abrirlo haya sido a costa de faltarle un poco el respeto al personaje de Luke) y tres o cuatro cuestiones más (Poe Dameron, por ejemplo, recibe un arco dramático que permite a su personaje escapar del limitado arquetipo de “piloto rebelde… rebelde”; eso por no hablar de un trabajo muchísimo más cuidadoso en torno a la personalidad y motivaciones de Kylo Ren).

Sí, podría argumentarse que la mejora entre una película y otra se debe a los “haters” de “El despertar de la fuerza”, que señalaron (a veces con cierta vehemencia) sus debilidades, para que Rian Johnson supiera por dónde empezar a enderezar el rumbo.

De todas formas, siguen existiendo problemas por resolver. Por ejemplo, casi ninguna de las escenas de “Los últimos jedi” resulta realmente icónica. Hay que esperar básicamente al final para encontrar en la última batalla imágenes de esas que de verdad se te quedan grabadas en la retina y, ello pese a seguir evocando escenas similares de pasadas películas, en particular, cómo no, de “El imperio contraataca”. Porque sí, el déjà vu no es tan intenso, pero seguimos teniendo escenas que evocan inequívocamente a episodios como la prueba del árbol del lado oscuro en Dagobah o la batalla de Hoth).

Desde un punto de vista narrativo y estructural, sin embargo, las mayores críticas que podría hacerle a la película tienen que ver con el papel de Luke Skywalker, tanto lo que se insinúa que ha sido su vida (algo muy irrespetuoso para con el héroe que creció a lo largo de la trilogía original, como el mismo Mark Hamill no dejaba de comentar hasta que le mandaron un recadito desde Disney), como la escenificación de su gran momento (para el que se tomaron decisiones que no acabo de comprender, porque los elementos estaban todos ahí, ya dispuestos, para hacerlo de un modo totalmente diferente y mucho más significativo).

En torno a todo ello, tal vez, podrían surgir las opiniones negativas con respecto al capítulo VIII. Por un lado, estarían los que se oponen a las “correcciones” de “su” Star Wars (y ahí tendríamos a los nuevos fans); por el otro, quienes consideran la gestión del personaje de Luke una traición (y ahí tendríamos a los fans más veteranos). La solución pasaba por encontrar un equilibrio que difícilmente podría convencer a todos (aunque, sinceramente, creo que hubiera podido hacerse algo más para respetar a los personajes antiguos sin tener que restar protagonismo a los nuevos).

(Gracias por todo, Carrie Fisher, y hasta siempre)

En cualquier caso, como comentaba, la sensación general que me deja la película es bastante positiva (el que ataque la falacia ad hominen de algunos de los defensores a ultranza de la misma no implica que no puedan tener razón en su valoración; afirmar lo contrario sería incurrir en otro falaz argumento ad logicam). En particular, albergo el convencimiento de que “Los últimos jedi” han abierto el universo Star Wars como ninguna película lo había hecho hasta la fecha. En ese sentido, considero una magnífica noticia el saber que a Rian Johnson se le ha confiado la coordinación de una trilogía absolutamente independiente, cuyo primer episodio él mismo se encargará de dirigir.

Concluyo animándoos, simplemente a compartir vuestras opiniones y a aceptar que otros puedan tener opiniones discrepantes sin ser por ello unos haters. Si a todos nos gustara exactamente lo mismo y pensáramos exactamente lo mismo no sólo sería muy aburrido, sino además terriblemente peligroso. La diversidad proporciona flexibilidad, capacidad de adaptación; permite explorar un número muchísimo mayor de posibilidades hasta encontrar el desarrollo óptimo (o la senda hacia ese óptimo ideal e inalcanzable). “Los últimos jedi” me parecen, precisamente, un buen ejemplo de esa dinámica.

También en Rescepto:

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~ por Sergio en diciembre 27, 2017.

2 comentarios to “El lado oscuro de los últimos jedi”

  1. Voy a intentar no alargarme demasiado porque hay muchas cosas que comentar. ¡Ojo, voy a hacer SPOILERS!

    El Despertar de la Fuerza me produjo sensaciones encontradas, porque estaba muy bien hecha pero después de reposarla unos días me pareció un calco sobre todo de la película original… Me gustó más Rogue One, que aunque empieza lenta va cogiendo ritmo en su segunda mitad. The Last Jedi es la que más me ha gustado de los últimos tres estrenos.

    La oleada de críticas por parte de algunos fans (no son todos, pero sí los más ruidosos) se debe a que no se han visto cumplidas sus expectativas ni confirmadas sus teorías sobre los sith que retornan, o sobre cómo todo el mundo tiene que estar emparentado de alguna manera… Sinceramente, muchos de estos chicos tienen demasiado tiempo libre, y paradójicamente sus conclusiones y predicciones no tienen ninguna originalidad, solo esperan reiteraciones calcadas unas de otras, la misma película una y otra vez con distinto envoltorio. Paradójicamente, las buenas puntuaciones de los críticos y las malas de los fans decepcionados se deben a la misma razón: esta película no es más de lo mismo. Y que conste que ya lo advertía el propio Luke Skywalker a los fans en uno de los trailers: “This is not going to go the way you think…”.

    Yo entiendo en cierto modo la reacción y las quejas de Mark Hamill por los cambios en el tratamiento de su personaje; al fin y al cabo, es un personaje en el que se ha pasado cuatro décadas encasillado (doblajes y Jokers aparte). Lo que no entiendo es cómo algunos fans se han tapado los ojos y los oídos a partir del momento en el que Luke tira el sable de luz. Aún diría más: son estos mismos fans frikis los que han encasillado a Hamill, los que han convertido a Skywalker en el punto alrededor del cual gira toda la vida de este.

    Que Luke tire el sable es un movimiento muy valiente por parte de Ryan Johnson (creo que, aparte de Lucas en la peli original, Johnson es el único en haber firmado en solitario un guión de la saga; por eso habrá hecho lo que le ha dado la gana). Hay muchos otros cambios respecto a la trilogía original bastante atrevidos: por ejemplo, la última escena no se centra en los protagonistas, como suele ser lo normal. Además hay muchísimos cambios con respecto a lo trazado en el Episodio VII, Kevin Smith en su crítica los llama momentos “Que te jodan, J.J.Abrams”: Luke tirando el sable, la muerte de Snoke, la revelación sobre los padres de Rey (aunque en esto Kylo podría estar mintiendo)… Ninguno de estos puntos me molesta, me parecen bien.

    Sí hay escenas que me rechinaron un poco. Por ejemplo, la de Leia en el vacío me pareció extraña desde el punto de vista visual (la Mary Poppins de las Galaxias), pero no argumentalmente: al fin y al cabo en esas condiciones se puede sobrevivir hasta dos minutos, aunque luego te tengas que ir al hospital (que es de hecho lo que le pasa a Leia). También me pareció menos interesante el hilo argumental con Finn y Rose; por cierto: ya tenemos otra vez un personaje para atraer al mercado chino, igual que en Rogue One, aunque eso sí, Rose tiene una de las mejores frases de la película, esa sobre salvar lo que amas en lugar de destruir lo que odias… Las monjas-pez de la isla donde se recluye Luke también me rechinaron (así que un centro de poder Jedi con servicio de habitaciones… ¡vaya tela!). Y la que realmente me molestó fue la breve escena con el personaje cabezón interpretado por Lupita Nyong’O, que les da sabios consejos desde una pantalla mientras lucha contra no se sabe quién, como aquel que atiende una llamada del móvil mientras hace una bechamel… Si pudiera quitar solo una escena de la película, sería esta. En cuanto a los Porgs, no sé si los odiais, pero a mí no me molestaron demasiado, proporcionan un par de momentos graciosos (muy bueno, el del Porg a l’ast) sin ocupar demasiado metraje… vamos, que no son los nuevos Ewoks.

    En la peli se exploran nuevas posibilidades del universo Star Wars que dan mucho juego, sobre todo en relación con la Fuerza: la comunicación entre Rey y Kylo (la relación entre estos dos personajes me parece muy interesante), la proyección astral de Luke, Yoda lanzando un rayo desde el Más Allá (confieso que me emocioné un poco cuando lo vi aparecer)… Hay otras novedades interesantes, como que los villanos puedan seguir a la Resistencia aunque salten al hiperespacio.

    Yo sí creo que la película tiene grandes escenas, de las que se quedan en la memoria… Me gustó cuando Poe se hace el sordo con el intercomunicador, me recuerda a la escena de “Todos bien aquí… ¿vosotros bien?” aunque sin ser un calco. También me gustó todo el enfrentamiento en el salón del trono de Snoke, con dos o tres momentos que no te esperabas, o en los que realmente no sabías qué iba a pasar a continuación. La primera batalla de la peli es impresionante, aunque es verdad que no entiendo con qué gravedad caen las bombas, pero me gustó. Y es verdad que eso de “me quedaré yo sola a pilotar la nave” suena poco creíble, pero no me negarás que el salto al hiperespacio de la Almirante Holdo a través de la flota de la Primera Orden es de esos momentos que quitan el hipo… Grandioso.

    También hay grandes escenas con Luke. Kevin Smith explica que lloró (y además llora de nuevo al recordarlo, lo podéis ver en el minuto 22 de su review en YouTube) cuando vio la escena en la que Luke se reencuentra con R2D2 (pensad por un momento en la de cosas que habrían cambiado si el otro androide no se hubiera averiado años atrás, en Tatooine) y este le vuelve a enseñar el holograma de Leia de la película original… Es una imagen muy potente: la última vez que Luke vio ese mensaje era un joven granjero, y las palabras de esa desconocida y guapa princesa eran una invitación a unirse a la Rebelión, correr aventuras y huir de la rutina del lugar donde creció; ahora han pasado cuarenta años y él es un Maestro Jedi escuchando las palabras de su hermana, que de nuevo necesita ayuda, solo que ahora comprende de verdad todo lo que está en juego, y eso lo rompe por dentro… Magistral.

    El enfrentamiento de Luke con los AT-AT y con Kylo al final de la película también es memorable (ese momento en el que se limpia el polvo del hombro… ¡qué grande!). Entiendo que habría quedado mejor si hubiera ido en persona, pero creo recordar que en algún momento dice que había jurado no salir más de la isla; tal vez no quería romper su promesa. Muy chula la última frase que le dice a Kylo, “See you around, kid”, precisamente lo que Han Solo le decía a él en la trilogía original… Este detalle deja bastante claro que Luke aparecerá en el próximo episodio, aunque sea a través de la Fuerza. (Lo de Leia francamente no sé cómo lo solucionarán.) Muy bonita la imagen del verdadero Luke desvaneciéndose, tras contemplar unos soles gemelos distintos de los que le vieron crecer en Tatooine (con ese peaso de música sonando, pero no nos metamos por ahí, que se duplica la extensión del comentario).

    En resumen, que a mí sí me ha gustado la peli, aunque no sea perfecta, y que no entiendo cómo algunas personas pueden ser tan irracionales y cerradas de mente… Ufff, esto me ha quedado larguísimo; como en Facebook no te puedo comentar, aquí para compensar me he quedado a gusto… De hecho, y vista la panzada de escribir que me he pegado, me reservo el derecho de reciclar este texto en mi blog si alguna de estas semanas ando escaso de tiempo para preparar algo… Espero que no te importe. ;-)

    ¡Un abrazo, Sergio, nos vemos! :-)

    • Yo no desdeñaría la crítica como proveniente de unos pocos fans descontentos (aunque quizás sean ellos los que más se hacen notar). Una minoría ruidosa no es capaz por sí sola de afectar significativamente indicadores de aprobación popular como Flixter. Es lo que venía a decir, que no conviene ignorar (o minusvalorar) una opinión simplemente porque no coincida con la nuestra.

      Dicho lo cual, creo que las reacciones están quizás un poco exacerbadas porque afectan, más que al intecto, a las emociones. El rechazo es más visceral posiblemente por un sentimiento de traición (ya sea en quienes se habían montado su propia película, ya por quienes consideran maltratado algún personaje cercano).

      En cuanto a la novedad… Hum, relativa. Es cierto que no calca el desarrollo completo de “El imperio contraataca” (como “El despertar de la fuerza” sí hacía con “La guerra de las galaxias”), pero tampoco se aleja demasiado, y en más de una ocasión hay una sensación de déjà vu (esa base rebelde, por ejemplo, se parece excesivamente a la de Hoth), y tal vez el mayor error (temático y estructural, por no hablar de que roba retroactivamente toda la tensión a la escena precedente) de la película, la telepresencia de Luke, viniera motivada por no calcar la escena similar entre Vader y Obi Wan en la película original.

      Por lo que respecta a la almirante Holdo. Sí, visualmente su sacrificio mola, pero emocionalmente me deja frío por completo, porque no se han preocupado de hacer que me importe. Tendrían que haberla presentado en la película anterior, pero se nota que hay una tremenda desconexión entre Abrams y Johnson. Justo lo contrario de lo que ocurre con el personaje de Nyong’O (que aparece acreditada como personaje principal, aunque lo suyo es apenas un cameo glorificado, impuesto posiblemente por contrato).

      En fin, esperemos que Abrams no se emperre en sus errores y eche a perder todo el buen trabajo de Rian Johnson (que, pase lo que pase, ya ha conseguido su trilogía spin off, así que…).

      El texto es tuyo por completo, Juan, faltaría más. Utilízalo como desees.

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