Ideas en torno al despertar de la fuerza

Hace casi cuarenta años, en una galaxia muy, muy lejana, George Lucas reinventó para todos nosotros el mito del héroe y lo llevó a las estrellas. La trilogía original de Star Wars marcó un antes y un después en el cine (a muchísimos niveles), y dejó una huella igualmente profunda en todos aquellos que hemos crecido jugando primero con los muñecos y luego con las sucesivas iteraciones electrónicas, que nos han puesto en la piel de pilotos, stormtroopers, rebeldes, caballeros jedi y lores sith.

Desde la perspectiva de un aficionado a la ciencia ficción, las películas no pudieron llegar en mejor momento. Tras más de una década de experimentos literarios y exploración interior, se empezaban a añorar las aventuras de antaño; las grandes epopeyas estelares de E. E. Doc Smith o Edmond Hamilton, con naves de guerra del tamaño de planetas, héroes extraordinarios y amenazas apocalípticas… y por fin la tecnología, llevada al límite, podía empezar a plasmar todas esas visiones sobre una pantalla de cine. Ahí, en la confluencia entre necesidad y potencial, se obró el milagro, y la fuerza pasó a formar parte de nuestras vidas, con la promesa de acompañarnos para siempre.

Star_Wars_Logo

No voy a entrar ahora a analizar en detalle las posibles razones de su éxito, pero baste para comprobar su alcace que ni siquiera la sorprendente (por su uniformidad) concatenación de malas decisiones que jalonan la trilogía de precuelas (iniciada en 1999 con “La amenaza fantasma”) logró tiznar el recuerdo de las aventuras de Luke, Leia y Han. Todo lo más, lo acabamos considerando una oportunidad perdida, con unos personajes e ideas fácilmente descartables.

Entre eso y la recepción más bien fría de la cuarta película de Indiana Jones, pareció confirmarse que ya poco podíamos esperar, al menos por unos lutros, de la franquicia en su vertiente cinematográfica. Entonces pasó lo inconcebible: George Lucas dio un paso atrás y vendió el gigantesco legado de Lucasfilm a Disney por 4.000 millones. Sí, hubo alguna que otra broma a costa de Leia y las princesas Disney, pero la gestión de los activos de Pixar y Marvel otorgaba cuando menos el beneficio de la duda a una compañía que ha sabido reinventarse década a década desde hace más de ochenta años, para seguir siendo relevante en uno de los sectores económicos más cambiantes.

Star_Wars_El_despertar_de_la_Fuerza

Una de las primeras decisiones, y quizás la más significativa, fue entregar las riendas del proyecto de relanzamiento de la franquicia a J. J. Abrams, recién salido de la exitosa resurección de la otra gran (¿antitética?) saga galáctica, la de Star Trek. No fue una elección exenta de dudas. Aun devolviéndole la relevancia comercial, algunos fans de toda la vida no estuvieron para nada contentos con “Star Trek” (2009). Claro que la mayor parte de esos aficionados ya habían desertado en masa (con “Star Trek: Némesis”, el único auténtico fracaso comercial), así que se trataba más bien de ganar una nueva audiencia (y recuperar, de ser posible, a los desengañados) que justificara la gargantuesca inversión (150 millones de presupuesto, algo sólo equivalente, inflación mediante, a los 46 que costó cuatro décadas antes la original).

Pese a ello, restaba la duda de cómo funcionaría la transición entre dos filosofías tan diferentes (no entraré aquí en debates sobre hasta qué punto la reinvención trekie respeta  la filosofía de Roddenberry). En retrospectiva, no tendríamos que habernos preocupado. Abrams es un maestro de la emulación. Al fin y al cabo, “Super 8” es sin duda la película más spielbergiana no dirigida por el propio Spielberg.

Force_Awakens_Solo

Así pues, sin duda, “El despertar de la fuerza” tiene el sabor de la vieja y gloriosa trilogía de antaño, algo a lo que la maquinaria promocional de Disney (la más poderosa del universo) podía hincar el diente para diseñar una campaña modélica, que jugó con todos nosotros durante meses al juego de ahora te enseño una migaja, ahora lo oculto todo tras pudorosos velos, subiendo poco a poco el grado de excitación y transformando el evento en algo más que una película, prometiéndonos esa satisfacción que nos fue esquiva hace dieciséis años y cuya ausencia guardábamos enquistada, sin ser muy conscientes de ello.

El resultado ha sido histórico. Mientras escribo estas líneas, a unos nueve días de su estreno mundial, la recaudación global debe de haber superado los mil millones de dólares, con un segundo fin de semana en EE.UU. que se proyecta de 155 millones (lo que le hubiera bastado para entrar en el top ten de los mejores estrenos de la historia). Nadie duda de que le arrebatará a “Avatar” el título de película más taquillera de la historia en EE.UU., e incluso se habla (de forma un poco prematura, aunque no del todo descabellada) de que se convierta en el primer título que recaude 1.000 millones sólo en EE.UU. (de ser así, el récord global de “Avatar” podría estar también en juego, lo que tendría doble mérito pues el dólar está ahora muchísimo más fuerte que a finales del 2009, perjudicando notablemente el cambio de divisa).

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El caso es que he achacado el éxito a la avalancha publicitaria, pero eso no es del todo justo con el producto. Incluso una chapuza a nivel narrativo como “La amenaza fantasma” rompió récords en 1999 (tan sólo “Titanic” se interpuso en su camino por alcanzar la gloria recaudatoria suprema). Tal es la fuerza de… en fin, de la Fuerza.

Lucas sabía lo que se hacía cuando para la escritura del primer/cuarto episodio (de una serie que ya planeaba como de tres trilogías) se puso a estudiar, entre otros referentes, mitología comparada, sobre todo a través de “El héroe de las mil caras”, de Joseph Campbell (y otras obras posteriores del mismo mitólogo). Su objetivo confeso era aplicar la estructura arquetípica a la sociedad moderna y a sus  nuevos cuentos de hadas, que identificó con la ciencia ficción, para reformular el monomito en una iteración que resonara en nuestra sociedad y mirara hacia nuestro futuro y no hacia nuestro pasado.

Nada menos que ése es el reto al que se enfrenta cualquier secuela (o precuela) de “La guerra de las galaxias”: estar a la altura del mito; y es un desafío que podría llegar a ser paralizante en su complejidad (quizás haya sido la consciencia de no haber estado a la altura en los episodios I a III y esa sensación paralizante lo que finalmente ha convencido a Lucas de pasar la antorcha). El reto se complica, además, cuando tenemos en cuenta los cambios de paradigma. Un mito moderno debe ajustarse a su época. La idea misma de reelaborarlo se fundamenta en la (limitada) obsolescencia de las proyecciones antiguas.

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Aquel mismo 1999, de hecho, nos presentó en la piel de Neo otro candidato mucho más cualificado a nuevo rostro del héroe prototípico que el fallido Anakin Skywalker. Sabemos cómo terminó aquello. El fundamento filosófico de la trilogía de “Matrix” se sotenía en pilares huecos y la estética acabó asfixiando a la sustancia. El que el intento fracasara no implica, sin embargo, que estuviera mal dirigido, o que no fuera un buen candidato al trono de Skywalker (Luke), tan sólo previene de que construir un mito no es tan sencillo como seguir una receta y saber captar por dónde soplan los vientos.

(Tampoco ayudó que fuera más o menos por entonces cuando el mito moderno anterior incluso al de Lucas, e importante fuente de inspiración para la saga galáctica, “El señor de los anillos” de J.R.R. Tolkien, encontrara por fin un camino exitoso hacia el cine. Frodo no era un héroe exactamente contemporáneo, pues sus cimientos culturales se asientan en la primera mitad del siglo XX, pero un mito es un mito, y si hoy en día nos seguimos emocionando con la lectura de la Odisea no hay razón para no sentirnos identificados con la desesperanzada misión de un pequeño hobbit enfrentado al poder sin límites del Señor Oscuro).

Quizás todo ello haya pesado en la decisión de Abrams de andarse con pies de plomo y procurar, ante todo, no fastidiarla de buenas a primeras.

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“El despertar de la fuerza” (y aquí empiezo por fin con algo parecido a un crítica; por si os lo queréis saltar hasta haber visto la película) es a efectos prácticos un remake del episodio IV (rebautizado como “Una nueva esperanza”), con cuarto y mitad de elementos del V (“El imperio contraataca) e incluso algo del VI (“El retorno del jedi”). En eso se van quizás dos tercios de la película. El resto sirve de presentación a los nuevos héroes o villanos generacionales (Rey, Finn y Kylo Ren) y de reencuentro nostálgico con los antiguos (Han Solo, Leia, Chewbacca…), mientras se corrigen un par de errorcillos percibidos en la trilogía original (fruto más bien de la evolución social en treinta y ocho años) y sí, tambien se cometen algunos nuevos.

Expresado en otras palabras: “El despertar de la fuerza” intenta replicar el molde mítico de “Una nueva esperanza”, actualizando un par de detalles para mantenerlo culturalmente relevante.

La actualización más obvia la encontramos en el papel protagonista de Rey, que rompe con el arquetipo de damisela en apuros que (injustamente) se le ha endosado a Leia. Rey es una mujer moderna que no necesita a ningún héroe que la salve, porque ya se basta ella sola para salvarse y para ser la heroína de la historia; algo que queda muy claro en su primer encuentro con Finn… y que a la postre te machacan con tanta insistencia que cruza por momentos la frontera de la autoparodia (un error por sobrecompensación). El otro gran nuevo protagonista de la trilogía es Finn, un stormtrooper desertor que lograr el doble objetivo de humanizar a los secuaces (pseudo)imperiales (al tiempo que se hace con un sustrato muy sugerente para explorar su evolución futura) y corregir la cuota racial (los únicos personajes humanos relevantes no caucásicos de las anteriores trilogías fueron los secundarios Lando Calrissian y Mace Windu). Por desgracia, no parece que los guionistas le hayan dedicado mucho trabajo aparte de pintar a brochazos las características más obvias. Finn carece de consistencia interna, lo que abre la puerta a la especulación sobre qué es lo que realmente aporta (y esa misma indefinición le priva del carisma que sí exuda su compañera, aunque cualquiera que haya visto “Attack the block” sabe que el chico tiene carisma para regalar).

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El tercero en discordia es el piloto Poe Dameron, que sufre de una indefinición aún mayor. Eso por no hablar de lo poco impactante que resulta el malo de turno, Kylo Ren, apenas una sombra desvaída de Darth Vader (hay que reconocerle que tenía el papelón más ingrato, pues los otros tres son remezclas de los héroes originales, pero a él le ha tocado calcar a uno de los mejores villanos de la historia del cine). Por cierto, Rey posee su propio tema bien desarrollado en la banda sonora (un gran tema, a la altura de los mejores de la saga), mientras que Poe Dameron y Kylo Ren deben contentarse con pequeños motivos recurrentes y Finn ni eso (su participación suele ventilarse con música genérica de acción). No es casualidad. Esperemos que en posteriores entregas pueda repartirse un poco mejor el foco de atención.

No voy a comentar gran cosa sobre la trama, que no es desde luego el fuerte de la película. Por momentos da la impresión de que las autorreferencias van a terminar por hundirla, pero sale relativamente airosa, gracias al equilibro entre la recuperación nostálgica (fundamentada principalmente en Solo y Chewie) y la renovación (Rey). No era un equilibrio fácil de lograr y resultaba crucial para el éxito de la empresa, pues necesitaba tanto recuperar a los fans antiguos, mostrándonos que aún somos importantes, como no alienar a los nuevos a base de montañas de referencias crípticas.

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Personalmente, eso sí, encuentro preocupantes ciertas tendencias, como la sustitución del trabajo y el entrenamiento duro por pura habilidad innata. Prefiero los héroes que se hacen a los que nacen, y ahí veo, quizá, un menosprecio a la cultura del esfuerzo. En la misma línea, resulta ridículo el acortamiento de los viajes espaciales hiperlumínicos hasta convertirlos en prácticamente instantáneos (con la consiguiente sensación de que esa galaxia tan, tan lejana, consiste en realidad en un corralito de dos o tres sistemas esteleras vecinos) o algún que otro deus ex machina (literalmente, en el caso de la revelación final de R2). No sé estas características vienen impuestas por exigencias del ritmo o si, como me temo, reflejan algo importante acerca de la sociedad contemporánea.

Sea como sea, diría que la fórmula sigue funcionando. Por ahora, Abrams y compañía han tenido más aciertos que errores. A costa, eso sí, de no arriesgar lo más mínimo (curiosamente, la misma estrategia que ha seguido con parecido éxito la otra gran secuela/remake del año, “Jurassic World“). En futuras entregas, sin embargo, les va a tocar buscar soltarse de la mano de papá y buscar su propio camino, y ahí es donde veremos si Rey y Finn están hechos de la materia prima con que se construyen los mitos o si son un simple eco de héroes auténticos.

Force_Awakens_Sunset

Como petición adicional, agradecería también que los guionistas actualizaran su marco referencial. Si “La guerra de las galaxias” original cooptaba elementos literarios con cuarenta y pico años de antigüedad (véase “Triplanetaria“), no estaría de más que esta nueva entrega echara un vistazo, cuando menos, a la space opera de los años setenta (pedir más en un producto popular comprendo que es contraproducente), porque parece más bien que haya retrocedido en ese aspecto en vez de avanzar (Starkiller, no digo más).

En definitiva, mantengo el veredicto en suspenso hasta comprobar cómo se desarrolla todo. Replicar el pasado no es un logro menor, pero quiero más. Fuera muletas. La galaxia se ha redimido. Ahora toca conectar el hiperimpulso y alcanzar estrellas nuevas.

Otras películas de J. J. Abrams analizadas en Rescepto:

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~ por Sergio en diciembre 27, 2015.

6 comentarios to “Ideas en torno al despertar de la fuerza”

  1. Muy interesante. Me gusta la reflexión sobre la “cultura del esfuerzo”. Con tu permiso comparto en un grupo de fb donde comentamos la peli.

  2. ¡Hola, Sergio!

    Por fin he visto la película, voy a comentar mis impresiones intentando no hacer mucho spoiler, aunque tengo un mal presentimiento al respecto, así que cuidado, que puede que se me escape algo sin querer… Empiezo por los puntos flojos: el argumento es simple como el funcionamiento de un botijo, a veces con detalles muy poco verosímiles, y parece que los personajes tienen una suerte infinita en todo lo que hacen; pero no nos engañemos, todo esto ya estaba en la trilogía original, así que no hay que pedirle al nuevo episodio más de lo que se supone que debe ser… Hablando de la trilogía original, sí es verdad que los de Disney no han querido correr riesgos y se tiene una continua sensación de deja vu, hay muchos elementos de la peli (y cuando digo muchos quiero decir muchos de verdad) que nos recuerdan a los episodios IV, V y VI.

    En cuanto a los nuevos actores, me gustan bastante. Los personajes de Finn y Poe están muy poco desarrollados, pero Rey me parece muy interesante y la chica lo hace muy bien (¿la habrán elegido los de Disney porque se llama Daisy?). Totalmente de acuerdo con lo que comentas sobre el desprecio por el esfuerzo y el trabajo duro, Sergio: Rey lo hace todo demasiado bien teniendo en cuenta que ha crecido sola en un planeta de mala muerte, que es autodidacta y que no tiene entrenamiento Jedi… Controla la Fuerza, sabe de tecnología, pilota el Halcón Milenario mejor que Han Solo… ¿Qué mensaje les da eso a los chavales? No me gusta. En cuanto a los personajes malvados, al principio me chocó un poco la juventud de casi todos ellos, pero tal vez tiene sentido, teniendo en cuenta que la Primera Orden ha surgido en los últimos treinta años… Al contrario de lo que tú comentas, a mí Kylo Ren me parece muy interesante, está bien que muestren sus dudas, su ira y el proceso por el que se va pasando al lado oscuro.

    Siguiendo con los actores que regresan de la trilogía original, en mi opinión el que tiene más potencial para dar mucho juego es Hamill; es verdad que Ford es más famoso, pero también debe ser diez años más viejo y no está ya para muchos trotes… En cuanto a Fisher, siento tener que decirlo, pero, parafraseando a Indiana Jones, más que los años se le nota el rodaje… demasiados excesos en los ochenta le han pasado factura. A pesar de que los actores jóvenes son los que le dan el dinamismo a la película, los veteranos proporcionan mayor verosimilitud a la nueva historia, actúan como puente entre la trilogía original y la nueva… Y además, el riesgo que han corrido los guionistas con uno de ellos (los que habéis visto la película ya sabéis quién) le ha hecho ganar muchos enteros a la historia, al menos en mi opinión. Como curiosidad, os diré, por si no lo sabéis, que este miembro del reparto ya pidió que esto ocurriera en el Retorno del Jedi, y Lucas no estuvo de acuerdo.

    Sergio, no he acabado de entender tu comentario sobre el nombre Starkiller… Lo han utilizado en la película como guiño a una de las primeras versiones del guión de Una Nueva Esperanza, en el que el protagonista se apellidaba Starkiller y no Skywalker. Y en cuanto a la BSO, todavía no la he oído lo suficiente, pero le veo pros y contras: hay muy pocos temas musicales nuevos realmente diferenciados de los clásicos, pero el más claro de todos, que es el tema de Rey, me parece precioso… Y si escucháis cómo lo combinan con otro de los temas durante los títulos de crédito, eso da muchas pistas sobre futuras revelaciones referentes a Rey. Me parece que la trama familiar relativa a la nueva generación de personajes puede dar mucho juego, y ya se van viendo conflictos que parecen de difícil resolución (más los que sigan surgiendo en las próximas dos películas). La cosa promete, si lo supieran rematar bien.

    En resumen, el Episodio VII me parece una digna continuación de la trilogía original. Visualmente se parece más a la trilogía original que a las precuelas, con menos CGI y más efectos prácticos, lo cual también es de agradecer, y te hace olvidar el fiasco de los Episodios I y II como si sólo hubiesen sido un mal sueño… No llega al nivel de El Imperio Contraataca o Una Nueva Esperanza, pero yo diría que está a la altura de El Retorno del Jedi o La Venganza de los Sith. Voy a acabar arriesgándome a hacer mi ranking personal de los siete episodios, aunque igual de aquí a unas semanas, dejando macerar el reciente visionado, pueda haber cambiado de opinión en algún detalle… El orden entre los episodios VI y VII es difícil de decidir, pero haciendo un esfuerzo e imaginando que los Ewoks desaparecieran del mapa el desempate está bastante claro. Para mí estarían, de peor a mejor:

    -La Amenaza Fantasma
    -El Ataque de los Clones
    -La Venganza de los Sith
    -El Resurgir de la Fuerza
    -El Retorno del Jedi (sin Ewoks)
    -Una Nueva Esperanza
    -El Imperio Contraataca

    ¡Que la Fuerza os acompañe!

    • Bastante de acuerdo con todo, aunque me mantengo a la espera de lo que vayan a hacer con Luke antes de juzgar su participación (y sí, Carrie Fisher se ha quedado sin expresión, pero tampoco la han ayudado mucho con el guión). Lo de Kylo Ren es más que nada incoherencia interna (tremendo control de la Fuerza y patética habilidad con el sable láser, por ejemplo, y eso que estudió primero con Luke y luego, supuestamente, con Smoke).

      Mis problemas con el Starkiller no son por el nombre, sino por el concepto mismo. En un universo notablemente acientífico, lo de chupar toda la energía de un sol como quien sorbe una horchata se lleva la palma.

      Respecto a la música, lo cierto es que hay mucho que no ha llegado a esta primera edición comercial de la banda sonora. Creo que Williams ha plantado varias semillas que germinarán en los siguientes capítulos. Viendo por segunda vez la película (cosa de compromisos) me he fijado en el modo en que se usa a lo largo de la cinta el motivo de cinco notas de Kylo Ren, con pequeñas variaciones de ritmo que van marcando su evolución de un modo muy interesante. De igual modo, hay un tema para la Resistencia que en la BSO publicada sólo aparece en un breve corte, pero se desarrolla mucho más en la película. Si a eso le añadimos indicios de temas para Smoke (suena sobre todo en su última aparición) y Poe (acompaña a las evoluciones de su X-wing en la primera batalla aérea) diría que es una banda sonora mucho más rica e interesante de lo que la edición comercial (actual) permite apreciar.

  3. “Personalmente, eso sí, encuentro preocupantes ciertas tendencias, como la sustitución del trabajo y el entrenamiento duro por pura habilidad innata. Prefiero los héroes que se hacen a los que nacen, y ahí veo, quizá, un menosprecio a la cultura del esfuerzo. En la misma línea, resulta ridículo el acortamiento de los viajes espaciales hiperlumínicos hasta convertirlos en prácticamente instantáneos (con la consiguiente sensación de que esa galaxia tan, tan lejana, consiste en realidad en un corralito de dos o tres sistemas esteleras vecinos) o algún que otro deus ex machina (literalmente, en el caso de la revelación final de R2). No sé estas características vienen impuestas por exigencias del ritmo o si, como me temo, reflejan algo importante acerca de la sociedad contemporánea.”

    Pense lo mismo, pero no supe expresarlo tan bien. En efecto este es uno de los grandes problemas de la película, sobre todo lo de R2 con ese deus ex machina.

    • Lo de R2 es particularmente molesto porque hubiera podido ser solucionado con facilidad, procurando algún tipo de disparador para su reacción. No sé si lo han eliminado del montaje final o si nunca se tuvo en cuenta, pero en cualquier caso resulta triste que algo tan básico y crucial para la coherencia de la historia se haya considerado prescindible.

      Viendo ayer “El retorno del jedi” en la tele, también confirmé otra impresión que había tenido, y es la absoluta carencia de evolución de los personajes viejos en treinta años. Es algo particularmente grave en el caso de Leia, al habérsenos revelado que era al menos tan poderosa en la fuerza como su hermano, y por tanto una jedi en potencia. Claro que tal vez no había mucha confianza en que se mantuviera en condiciones de rodar, y por tanto se decidió dejar su papel reduciado a mera comparsa nostálgica.

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