Ética jurásica I (de Parque Jurásico 1 a 3)

Este fin de semana se ha estrenado “Jurassic World”, la cuarta entrega de la serie sobre dinosaurios recuperados de la extinción a través de la clonación. Han pasado casi justo veintidós años desde que “Parque Jurásico” impactó al mundo, dando inicio casi por sí sola a la era del cine digital (aunque los efectos infográficos tan sólo sumaban sesenta y tres tomas y ocupaban un total de seis minutos de metraje).

En 1993, “Parque Jurásico” cosechó el récord a mejor estreno de la historia en EE.UU. (47 millones de dólares) y ya no miró atrás, desbancando con más de 900 millones en todo el mundo a “E.T.” como la película más taquillera de la historia. La historia no se repitió del todo con las secuelas. “El mundo perdido”, en 1997, recuperó con 72 millones el trono del mejor estreno (que le había arrebatado “Batman Forever”… curiosamente las pelis de Batman han ostentado este récord en cuatro ocasiones), pero se desinfló mucho más rápido, y alcanzó “tan sólo” dos tercios de la recaudación global de su predecesora. En 2001, con Spielberg ya fuera de la silla de director, “Parque Jurásico 3” debutó con 50 millones y acabó recaudando 370 a nivel mundial. Un gran éxito financiero, pese a todo, aunque confirmando una preocupante espiral descendente en cuanto a retorno de inversión que mantuvo a la serie en el limbo durante casi cinco lustros.

Jurassic-park-3d

Era cuestión de tiempo. En 2013, coincidiendo con el vigésimo aniversario, una conversión de 3D de la película original (que costó 10 millones) recaudó 90 en todo el mundo, lo cual sin duda supuso un buen impulso a los planes de relanzamiento.

Se estima que en tres días, “Jurassic World” lleva ya recaudados 512 millones (posiblemente suba algo cuando se publiquen los datos definitivos el lunes). lo cual bate el récord de hace unos años con la segunda parte de “Harry Potter y las reliquias de la muerte” (que lo hizo aupada en la ola de siete precuelas previas).

Resulta evidente que el factor nostalgia ha golpeado fuerte. Ver dinosaurios en la gran pantalla fue un momento definitorio para muchos de nosotros. Aunque claro, la película no hubiera resultado ni la mitad de significativa si no hubiera sido algo más que un mero alarde técnico.

Jurassic-Park

Steven Spielberg se encontraba en plena forma. Ese mismo año, rodada mientras seguía trabajando en la postproducción de “Parque Jurásico”, estreno su obra maestra: “La lista de Schindler”. Aparte de controlar la tensión como nadie, sabía armar una historia, y sabía que tras la acción debía exitir un andamiaje filosófico que le sirviera de sustento. Y no lo tenía fácil, porque estaba “obligado” a trabajar a partir de la materia prima del bestseller de Michael Crichton.

Crichton nunca fue un escritor sutil. Sabía detectar como nadie los temas de mayor impacto, y poseía una gran habilidad par pergueñar en torno a ellos intrigas tan directas como efectivas, pero desde una perspectiva intelectual no podía sacársele de un par de trucos toscos, consistente el principal de ellos en explotar le tecnofobia del público (lo cual no deja de ser irónico en un escritor de technothrillers). En esencia, explotaba sin rubor el arquetipo del científico loco (a lo Victor Frankenstein), embarcado en experimentos contra natura que antes o depués se rebelaban y destruían a su creador (y a quien encontraran por el camino).

En resumidas cuentas: hay cosas que el hombre no está destinado hacer o conocer… y una de ellas es crear dinosaurios.

Parque_Jurásico

Siendo de 1990, la novela también se centra, como motor de la catástrofe, en la miopía y avaricia empresarial, primero de los responsables del parque (con John Hammond a la cabeza) y después de sus inversores (y la competencia). Todo ello aderezado con mucha jerga científica, haciendo gala de unos conocimientos (muy superficiales) de genética y (muy errados) de matemáticas (a lo largo del libro, en boca de Ian Malcom, demuestra una capacidad infinita para malinterpretar todos los postulados de la teoría del caos). A la postre, por mucha justificación (semi)científica que emplee, la moraleja de la historia es que el hombre no tiene derecho a entrometerse en el Plan Divino, y que si lo intenta recibirá un correctivo.

Evidentemente, no bastaba. Así que David Koepp (el guionista, aunque seguro que Spielberg metió baza) tuvo que aderezarlo con algo más. Por un lado, creó una relación previamente inexistente entre el paleontólogo Grant y la paleobotánica Sattler, haciéndole a él, además, poco menos que alérgico a los niños (para la que obligada convivencia derritiera esa reticencia, evidentemente parte de su resistencia al compromiso), pero sobre todo replanteó el dilema moral en otros términos.

Brachiosaurus

La era de los dinosaurios alcanzó un brusco final hace unos sesenta y cinco millones de años, señalando el término de la era Terciaria y del Cretácico (que no Jurásico) con el probable impacto del meteorito en Chicxulub. Devolver a la vida a criaturas muertas desde hace tanto debería ser un acto trascendente, una empresa que no debería abordarse a la ligera. Sin embargo, las motivaciones que lo propician no pueden ser más banales. Hammond sólo busca sorprender, crear el mayor entretenimiento del mundo, y por supuesto sus inversores no piensan más que en el dinero que ello les reportará.

Este enfoque desplaza ligeramente el conflicto fundacional, la tara en los cimientos de la propia empresa, de la arrogancia por inmiscuirse en terrenos vetados al hombre a la arrogancia de resucitar a los dinosaurios por las razones equivocadas, sin una cuidadosa reflexión sobre las implicaciones del experimento. Es decir, para hacer algo no basta como excusa un simple “porque podemos”, sino que un agente realmente ético habría analizado si debía hacerlo (y a lo mejor hubiera concluido que sí, lo importante no es tanto la conclusión como el planteamiento). A la postre, esa arrogancia lleva a los descuidos que, a través de una cadena de errores, lleva a la destrucción del parque.

When_dinosaurs_rule_earth

Spielberg se suele caracterizar por emplear el lenguaje visual, antes que la mera exposición verbal, para transmitir sus ideas. Parte de lo que he comentado se plasma en una de mis escenas preferidas de la película, cuando el T-Rex irrumpe en el centro de visitantes y salva in extremis a los protagonistas de los raptores, al tiempo que hace añicos el esqueleto reconstruido de uno de sus antiguos ancestros. La escena concluye con el depredador rugiendo desafiante, mientras cae el techo una pancarta con el lema “Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra”. El mensaje es claro y contundente: los dinosaurios han vuelto, ya no son criaturas extintas, sino seres vivos, y eso es algo que los creadores del parque no habían llegado a asimilar.

Tras el éxito abrumador de la película, Spielberg presionó a Crichton para que escribiera una secuela (algo a lo que éste se mostraba reticente), y así en 1995 publicó “El mundo perdido” (en honor de la novela homónima de Arthur Conan Doyle, la primera en mostrar un enclave de dinosaurios viviendo en nuestros días). Se nota, sin embargo, la falta de motivación. La novela es un pequeño desastre, que no hace sino incidir en las ideas de la primera y en acabar recalcando machaconamente que todo el tinglado no constituye sino un terrible error (eso sí, en su defensa cabría mencionar que convirtió a los priones en un elemento importante de la trama, dos años antes de que a su descubridor se le concediera el premio Nobel y uno antes de que estallara el escándalo de la Enfermedad de las Vacas Locas).

lostworld

Decepcionado sin duda por el resultado, Spielberg encargó a Koepp un guión que se inspirara libremente en la novela, manteniendo apenas el concepto central de la isla de pruebas (Sorna), donde se experimentaba con los dinosaurios antes de llevar los productos terminados a las instalaciones principales en la isla Nublar. La fuente de conflicto vuelve a ser la avaricia y ceguera empresarial, en este caso de la propia InGen, que decide contra toda lógica abrir un Parque Jurásico en San Diego, llevando hasta suelo estadounidense dinosaurios capturados en el asentamiento B (lo que cae dentro del arquetipo de “primero en la selva y luego en la ciudad” que proviene al menos de 1933, con “King Kong”.

La desgana del director es también evidente, pues apenas hay una escena (la del ataque del Rex a la caravana) que ponga de manifiesto su talento. En cuanto a mí, he de confesar que me supuso un tremendo desengaño. La serie pedía a gritos hacer avanzar el análisis ético, y quedaba un enorme fleco que atar y que apenas se insinúa. Tras la resurrección de los dinosaurios, aunque hubiera sido ejecutada por razones equivocadas, el ser humano había asumido una deuda moral con ellos (algo que se encuentra ya en la base del conflicto del propio “Frankenstein” de Mary Shelley). Un agente moral ha de apechugar con las consecuencias de sus actos, aunque no sean las que había previsto (si lo había hecho).

Jurassic_Park_III

Casi nada de esto se examina, con lo que la serie descarrila por completo, desembocando en una tercera entrega que, aun siendo entretenidilla a su manera (más honesta que “El mundo perdido”), no pasa de ser un simple Creature Feature (de serie A por lo que se refiere al presupuesto), introduciendo un depredador más grande y terrible que el T-Rex, el espinosaurio, y pteranodones (o lo que es lo mismo, siguiendo la tradición de limitarse a subir las apuestas y el exotismo, sin innovar en absoluto). Cualquier pretensión de reflexión ha desaparecido. Lo único que importa es lograr hilvanar como se pueda un ataque de dinosaurio tras otro.

Tras ella, la serie entró en hibernación por catorce años, durante los cuales circularon constantes rumores sobre posibles secuelas que nunca llegaron a materializarse, aunque algunas de las ideas desarrolladas durante este tiempo han acabado materializándose de un modo u otro en “Jurassic World”… para cuyo análisis, habida cuenta de la extensión que ya alcanza la presente entrada, os emplazo a una futura actualización.

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~ por Sergio en junio 14, 2015.

2 comentarios to “Ética jurásica I (de Parque Jurásico 1 a 3)”

  1. Curiosamente hoy mismo he visto la primera con los niños (10 y 8 años) y sigue funcionando. Estaban histéricos con el primer ataque del T-Rex y la escena de la cocina, a la vez que sorprendidos en la aparición del primer dinosaurio. La magia les ha llegado y el sentido de la maravilla. Para mí, verla después de tantos años (no la había vuelto a ver desde su estreno) ha sido una experiencia interesante. Me ha gustado más que en su momento ya que aprecio mejor la elegancia de Spielberg en alguno de sus momentos. Y ver a los dos emocionados, ayuda.

    La segundo película es un horror y un error. Se nota la desgana de todos los implicados. La tercera es una tontería enorme, pero es entretenidilla.

    Lo que me resulta curioso es lo que apuntas de “la deuda moral” porque es algo que hemos discutido hoy. Al acabar la película, Noa me ha preguntado de qué iba la segunda y qué iba a pasar con los dinosaurios. Cuando le he explicado el argumento de “El mundo perdido” no lo ha aceptado porque encontraba absurdo que no se preocuparan por los que están. “¿Y los dejan y ya está? Pero no pueden hacer eso. Tienen que hacer algo”.

    Supongo que se tiende a la repetición para asegurar que el éxito funcione más que a la lógica del relato. Al leer tu artículo no he podido evitar pensar en la serie de Harry Potter y como, en mi opinión, naufraga y va perdiendo interés a partir de la cuarta novela ya que lo que tendría que implicar al mundo y extender sus consecuencias, sigue la serie en el microuniverso de la escuela olvidando y obviando otras implicaciones generales. No sé si tiene algo que ver, pero es una imagen que se me ha aparecido.

    • Ay si los estudios siguieran la regla de pedir la opinión sobre sus nuevos guiones a niños de 8 años…

      No sé si desarrollada independientemente hubiera tomado otros derroteros, pero la secuela de Crichton, como punto de partida, es nefasta. No contempla a los dinosaurios como una obligación adquirida, sino como un producto defectuoso. No comprende que el momento definitorio de la primera película no son los diversos ataques del tiranosaurio y los raptores, sino el momento en que Allan Grant, boquiabierto, contempla por primera vez un brachiosaurio de carne y hueso, pisando de nuevo la faz de la Tierra.

      En cuanto a Harry Potter, coincido en que pierde el rumbo después de la tercera novela. La promesa de J. K. Rowling era que iba a hacer crecer la serie junto con sus protagonistas (y lectores), y no la cumple. Ya no sólo por lo que a expansión del mundo se refiere, sino también en la evolución psicológica de sus protagonistas y, sobre todo, en los recursos empleados para conectar con los lectores (que se limitan básicamente a someter a Harry a todas las injusticias imaginables… aunque al final siempre se salga con la suya por méritos ajenos).

      También me resultó decepcionante su incapacidad para apoyarse en lo ya creado para ir haciendo su mundo cada vez más complejo. En vez de ello, cada vez que necesitaba algo específico se lo sacaba de la manga (hay detalles imprescindibles para el desenlace que no se nos muestran hasta mediado el último libro) y en las últimas entregas nos encontramos a magos oscuros experimentados peleando con niños utilizando hechizos de (el equivalente a) primaria.

      Todo ello, en conunto, va sacudiendo la credibilidad de la serie. Los cimientos no son sólidos, ni existe una estructura lógico sólida, y eso se va notando cada vez más.

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