Ética jurásica II (Jurassic World)

Esta entrada concluirá con el análisis, desde una perspectiva ética, de la saga de Parque Jurásico, centrando la atención en la última entrega, de la que ya se ha confirmado que con casi 525 millones de dólares ha batido el récord de mayor estreno hasta la fecha (por poquito desglosando entre EE.UU. y el resto del mundo, pero con un generoso margen a nivel global).

Antes, sin embargo, dada su novedad, convendría comentar con un poco más de extensión de qué va exactamente la película, así como emitir una pequeña valoración sobre la misma.

“Jurassic World” se ambienta veintidós años después de los hechos de “Parque Jurásico” (exactamente el intervalo transcurrido entre ambos estrenos). No se nos informa explícitamente de lo ocurrido en este tiempo, pero nos encontramos con un complejo turístico a pleno rendimiento en la isla Nublar. Su aparente éxito sugiere un historial libre de incidentes (descontando los trágicos sucesos del ensayo general del 93), con recintos bien acondicionados para la exhibición de viejos conocidos como el tiranosaurus, tricerátops, braquiosaurus, pterosaurios, gallimimus, estegosaurios, anquilosaurios… añadiendo además como estrella de la función la primera criatura marina prehistórica, un enorme mosasaurio (además de cuatro velociraptores en un recinto especial de investigación).

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Todo ello, sin embargo, no es suficiente. El público se cansa pronto de los milagros y siempre está exigiendo nuevas y más extremas emociones. Esto lleva a la dirección del parque a encargar a los científicos que diseñen una criatura híbrida; más grande, más fuerte, con más espinas, garras y colmillos. El monstruo resultante lo bautizan como Indomitus rex.

El protagonismo recae más o menos a partes iguales en Claire Dearing, la jefa de operaciones del parque, y Owen Grady, una especie de mezcla entre cazador experto y científico de campo, encargado incialmente de dirigir los experimentos de adiestramiento de los raptores. Para añadir salsa a la mezcla, están de visita en el parque Gray y Zatch, los sobrinos de Claire (de unos trece y dieciséis años), Simon Masrani, el director de la corporación dueña del complejo, y Vic Hoskins, el malo “oficial”, un soldado de InGen (a estas alturas eso es casi como decir que pertenece a la Umbrella Corporation) empeñado en explotar el potencial militar de los dinosaurios.

Por supuesto, cualquier niño de cuatro años podría haberlos avisado de que crear un bicho más fuerte, más inteligente y mejor equipado para matar que un tiranosaurio no era una idea muy buena, pero en tal caso no tendríamos película, así que para sorpresa de absolutamente nadie el Indominus rex se escapa de su recinto de contención y empieza a desatar el caos en el parque.

JurassicWorld

En esencia, tenemos casi más un remake actualizado que una secuela que verdaderamente explore nuevos territorios. Hay pequeños ajustes aquí y allá (la relación entre los hermanos es ligeramente diferente a la que tenían los sobrinos de Hammond), aquí es Claire la que rehuye el compromiso personal (tanto con sus sobrinos como respecto a la atracción que siente hacia Owen) y la avaricia empresarial viene teñida de militarismo post 11-S. Todo ello, sin embargo no deja de resultar familiar en extremo, aunque venga arropado por juguetitos nuevos (la tecnología ha avanzado lo suyo en veintidós años).

También, entrando ya en materia, el trasfondo ético toca muchos acordes conocidos. En la base de todo tenemos el viejo conflicto entre tratar a los dinosaurios como seres vivos, con una dignidad y unos derechos inalienables, o como una atracción industrial (resulta especialmente patética una escena con niños pequeños abusando, con esa inconsciencia egoísta que sólo pueden exhibir los niños, de un grupo de dinosaurios bebés, encerrados en un recinto infantil). En este enfrentamiento encontramos en bandos enfrentados a los protagonistas, con una Claire más preocupada por el funcionamiento impecable de las instalaciones y un Owen, en su agradecido papel de aventurero molón ecologista, abogando por esa dignidad que las exigencias económicas les arrebatan.

Como decía, no es algo nuevo (ni tampoco termina de explorarse a conciencia), pero sí que es agradable ver cómo retorna la serie al buen camino.

jurassicworld2

Sobre todo esto, a instancias del director, Colin Trevorrow (que también está involucrado en un posible remake de “El vuelo del navegante”), se añadió, como una suerte de comentario metarreferencial, el tema del Indomitus rex, como epítome de lo que siempre busca Hollywood en sus secuelas: que sean más grandes, más explosivas y más impactantes… sin preocuparse de si quedan monstruosas o de si siquiera tienen sentido.

Lo que sigue, por supuesto, es una buena ración de caos y de creaciones volviéndose contra sus amos en la más pura tradición de Frankenstein… aunque con matices. La rebelión está doblemente justificada, porque las razones para crear al híbrido (mejor no me meto en las burradas genéticas del concepto, que tampoco es que importen demasiado para el desarrollo de la trama), tanto la oficial como la clandestina, son incorrectas. Por añadidura, una vez obtenido el producto, siguiendo la tradición del parque, no se lo trata con respeto y dignidad (algo que Owen está intentando cambiar con los raptores). Claro que no es lo mismo despreciar a una montaña de carne herbívora con el cerebro del tamaño de una manzana que a un monstruo diseñado para matar.

No voy a hablar mucho más sobre la película. Tan sólo, a modo de valoración general, diría que todo lo comentado respecto a la trama y al sustrato filosófico es extensible a cualquier otro aspecto de esta cuarta entrega de la serie. Al contrario que con “El mundo perdido” y “Parque Jurásico 3”, “Jurassic World” sí que se percibe como una digna secuela del original, aunque sus mayores virtudes (véase también en el diseño de las escenas de acción, la innovación técnica o incluso la banda sonora) se antojan un poco como ecos atenuados de esas mismas virtudes en la revolucionaria creación de Steven Spielberg. El que eso sea suficiente para batir récords (y desde luego es más que suficiente para que la experiencia sea más que satisfactoria) dice mucho, supongo, del estado del cine.

jurassicworld_teaser

Antes de dar por concluida esta entrada, quisiera detenerme a examinar cómo los responsables de la cinta han abordado uno de los principales obstáculos a los que se enfrentaba. En 1993 lo que nos presentó “Parque Jurásico” era novedoso. Los únicos dinosaurios que habíamos visto en la gran pantalla eran muñecos de plastilina, animados con mayor o menor arte. Adecuados para estimular la imaginación, pero evidentemente falsos. La calidad de los efectos digitales de ILM (y de los animatronics de Stan Winston) obró la magia de que pudiéramos contemplarlos como seres auténticamente vivos.

Desde entonces nos han bombardeado cientos de veces con sueños y pesadillas infográficas. Hoy en día tenemos asumido que es posible mostrarnos casi cualquier cosa, e incluso películas infames hacen gala de efectos digitales extraordinarios y apabullantes. Si “Jurassic World” quería triunfar, necesitaba hacernos reconectar con la sensación de maravilla que sentimos al contemplar a los braquiosaurios alimentándose en las praderas arboladas de Isla Nublar veintidós años atrás. Esa tarea crucial descansa sobre las juveniles espaldas de los sobrinos de Claire.

Gray, el pequeño, es un entusiasta de los dinosaurios. Desde el mismo instante en que divisa la isla en la distancia, su excitación es abrumadora, casi cargante en su intensidad. No hace sino arrastrar a su hermano mayor de maravilla en maravilla, aunque para éste todo aquello no es sino un milagro cotidiano, que provoca más indiferencia que pasmo.

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A pesar de todo, el entusiasmo es contagioso, y resulta difícil sustraerse por completo a esa visión libre de cinismo y hartazgo. Zach, el mayor, se ve empujado, forzado casi contra su voluntad a participar de la experiencia de Mundo Jurásico, hasta que en el espectáculo del Mosasaurio no puede evitar verse literalmente empapado por la majestuosidad del concepto. Es una invitación extensible a todos nosotros.

Para disfrutar de verdad de “Jurassic World” hay que hacerlo con ojos de niño. Tenemos que recordar que los dinosaurios siguen siendo fascinantes, y que la posibilidad, por muy remota que sea, de devolverlos a la vida debería colmarnos de asombro y debería alimentar nuestros sueños y esperanzas… por mucho que luego tuviéramos que lidiar con un buen montón de quebraderos de cabeza de carácter ético.

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~ por Sergio en junio 16, 2015.

4 comentarios to “Ética jurásica II (Jurassic World)”

  1. Me han parecido muy interesantes las dos entradas. Recuerdo con cariño lo mucho que me impresionó la primera película cuando la vi, en su día fue algo que jamás se había visto antes. También recuerdo que me compré el libro del making of, que explicaba con gran detalle los distintos pasos de pre y postproducción, y que me pareció fabuloso y apasionante también, me permitió aprender un montón sobre el mundo del cine.

    Por cierto, me ha resultado curioso el comentario que has hecho en la entrada anterior acerca de mostrar a un personaje primero en la selva y luego en la ciudad… Aparte de con King Kong y con los dinosaurios, que yo recuerde ahora mismo se ha hecho también con Tarzán y con Cocodrilo Dundee… ¿Se te ocurren más ejemplos?

    Un saludo

  2. Si nos atenemos estrictamente a la selva, esos que comentas quizás sean los ejemplos más evidentes (podría añadir “El libro de la selva” de Rudyard Kipling). Desde una perspectiva más general, la idea de base consiste en mostrar a determinado personaje dentro y fuera de su contexto, con la posibilidad de que sirva además de contraste con la realidad cotidiana del lector (o espectador). Luego, para una hipotética secuela, nada más fácil que invertir los términos (algo que, desde luego, no hace falta contarle a Disney, basta con ver “Pocahontas” y su secuela).

    Se trata de un tema que surgió posiblemente durante la época victoriana, con la mejora en las comunicaciones que puso por primera vez en verdadero contacto culturas distantes (con no poca influencia de las tensiones coloniales). Por ejemplo, un recurso similar puedes encontrarlo en “Drácula” (dentro de la misma novela, salta de Transilvania a Londres y de vuelta a Transilvania).

    Ahora bien, el origen de verdad quizás cabría buscarlo en la literatura de viajes del siglo XVIII, y más específicamente en su vertiente satírica, como en “Los viajes de Gulliver”.

  3. Eso de que hay que mirar con ojos de niños es muy importante en parte del film, cosa que no conseguí precisamente en los momentos que más lo requerían (lo del Mosasaurio lo mires con los ojos que los mires te empapas igualmente), quizá por eso me quedo con La Escena de la niñera, que me resultó muy terrorífica.

    Está claro que con el éxito que esta teniendo (1000 millones en dos semanas…) no dudarán mucho en seguir explotando la franquicia, aunque con las líneas que han dejado abiertas… debería ser algo bastante diferente… quizá bélica.

    Saludos.

    • El contrato de Chris Pratt era por la película y al menos dos secuelas, así que la idea de continuar estaba clara desde el principio (desde el día del estreno, diáfana). En cuanto al enfoque…

      No creo que tiren por una línea demasiado rupturista, aunque si algo les enseñó la serie original es que repetir sin más la fórmula no sirve (a no ser que medien veintitantos años de adelantos en efectos especiales y, además, pueda intervenir el factor nostalgia). Será difícil equilibrar la ecuación entre continuidad y renovación. Espero que le encarguen el trabajo a alguien con cabeza (y que luego no metan mucho las manazas los directivos).

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